filosofia

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Escepticismo:


 es una corriente filosófica que consiste en dudar de la validez y legitimidad del conocimiento humano, planteando argumentos que de una forma u otra pretenden derribar cualquier pretensión de verdad. El escepticismo puede entenderse así como teoría filosófica, pero también como una actitud vital que consiste en desconfiar de toda verdad. En la modernidad, Hume y su Empirismo consecuente será uno de los mayores escépticos, pues desconfía del valor de conceptos como causa, yo, verdad, Dios o sustancia. 

Experiencia:

En Hume experiencia sería sinónimo de percepción. Lo importante en este caso es el papel que desempeña en el conocimiento humano, que para Hume comienza en la experiencia, termina en la experiencia y sólo es válido cuando puede referirse a una experiencia empírica. De esta forma termina convertido en uno de los conceptos más importantes del Empirismo de Hume. 

Percepción:

Hume define percepción como “todo lo que puede estar presente a la mente, sea que empleemos nuestros sentidos, o que estemos movidos por la pasión o que ejerzamos nuestro pensamiento y nuestra reflexión”. Como se ve, la definición humana es muy amplía, e incluiría lo que podemos ver, oír o tocar, pero también lo que sentimos, o aquello que estamos pensando o razonando. Para Hume la percepción se puede dividir en dos tipos fundamentales de conocimiento: impresiones e ideas.

Ideas:

es una clase de percepción en la que “reflexionamos sobre una pasión o sobre un objeto que no está presente. […] Las ideas son las percepciones más tenues y más débiles.” Las ideas son entonces la copia debilitada de las ideas, la “huella” que nos dejan las impresiones. Por lo que conviene dejar muy claro que serán consideradas ideas válidas aquellas que tienen su origen en una impresión, mientras que el resto, como por ejemplo las ideas abstractas, será sometido a una dura crítica por Hume. 

Deber:

una conocida frase de Hume nos indica cuál es su concepción del deber.
Según el pensador británico, “la razón es, y solo debe ser, esclava de las pasiones”. Es decir, no hay deber moral más que aquel que nos marcan nuestras pasiones, nuestros deseos, nuestro propio interés. La simpatía, la benevolencia y la utilidad personal son las que marcan lo que debemos hacer. A este respecto es bien conocida la crítica de Hume a todas aquellas teorías éticas que pretenden fundar deberes en nuestra naturaleza. Todas ellas incurren en la falacia naturalista, según la cual no se puede inferir el deber a partir del ser, error que de una forma más o menos manifiesta comete la mayor parte de teorías éticas precedentes. 

Sentimiento:

desde un punto de vista psicológico, Hume nos diría que el sentimiento es una impresión, una percepción vívida, intensa, que nos llega de un modo inmediato. Con todo, este concepto se completa con su dimensión moral: para Hume todo ser humano experimenta, ante cualquier acción de otro ser humano, un sentimiento de aprobación (placer) o censura (dolor) y estos sentimientos básicos, agrado y desagrado, serían la base de nuestro comportamiento moral. 

Causa:

 es un concepto falso, sin correlato real alguno, que el ser humano se inventa y utiliza para creer que conoce la realidad. Hume elabora una aguda crítica al razonamiento causal que en su opinión no es ni una cuestión de hecho ni una relación de ideas, sino una universalización infundada de la acumulación de experiencias particulares. El hábito nos llega a formar la creencia de que el futuro repetirá el pasado, pero no podemos afirmar con certeza que sea así. Por si fuera poco, el concepto de causa es una abstracción inobservable en cualquier experiencia empírica. Nos basamos tan solo en la costumbre para establecer todo tipo de razonamientos causales.


Principio empirista


: La experiencia sensible es el origen, el límite y la fuente de validez y legitimidad de nuestro conocimiento. El ser humano conoce a partir de la experiencia y no puede ir más allá de la experiencia. En último término, ésta se convierte en el criterio último para separar al conocimiento verdadero, el que está bien fundado, del conocimiento falso, que sería aquel que va más allá de la experiencia o incluye conceptos de los que no cabe una impresión inmediata.

Principio de inmanencia

Aunque Hume no llega a utilizar este término, sí que defiende en sus obras que cualquier dato de la realidad es siempre inmanente, es decir, permanece dentro del sujeto. A partir de este principio se deriva una consecuencia muy importante: el sujeto pierde el contacto con la realidad misma, con los objetos y debe conformarse con tener impresiones sensibles de los mismos. Hume define estos conceptos esenciales de la siguiente manera (citas textuales del Resumen del Tratado de la Naturaleza Humana):

Percepción

“todo lo que puede estar presente a la mente, sea que empleemos nuestros sentidos, o que estemos movidos por la pasión o que ejerzamos nuestro pensamiento y nuestra reflexión” Impresión:
Aquella percepción en la que “sentimos una pasión o una emoción de cualquier clase, o cuando las imágenes de los objetos externos nos son traídas por nuestros sentidos. […] Son nuestras percepciones vivas y fuertes.” Idea:
Es una clase de percepción en la que “reflexionamos sobre una pasión o sobre un objeto que no está presente. […] Las ideas son las percepciones más tenues y más débiles.” Principio de copia:
Para Hume, las ideas son las huellas o copias que dejan las impresiones en nuestra memoria o imaginación. Así lo afirma en la Investigación:Todas nuestras ideas no son sino copias de nuestras impresiones, es decir, que nos es imposible pensar algo que no hemos sentido previamente con nuestro sentidos internos o externos”.Evidentemente, con este principio levanta Hume una dura crítica contra el innatismo de filósofos como Descartes o Platón: no existen ideas innatas, sino que cualquier idea, incluida la más abstracta que se pueda pensar, no es más que una creación de la mente humana a partir de las impresiones concretas. Además, Hume utilizará este principio como criterio de discriminación, para separar aquellas ideas legítimas Principio de asociación de ideas

: según Hume, las ideas no aparecen de un modo aislado, sino que la imaginación se encarga de enlazar unas con otras, estableciendo diferentes conexiones. Pero además, las ideas mismas ejercen entre ellas una cierta fuerza de atracción (¿una “gravedad” de las ideas?) que introduce un cierto orden en nuestro pensamiento. La naturaleza de las ideas es la que provoca que éstas se relacionen de un modo determinado y ordenado. Hume habla de 3 leyes distintas: semejanza, contigüidad y causa-efecto.

Principio de negación de las ideas abstractas

: conectando con toda la tradición empirista y nominalista anglosajona (desde Ockham a Hobbes o Locke), Hume negará la validez y legitimidad de las ideas abstractas. Estas son, sencillamente, complejas creaciones de la mente humana, que en cuanto se le deja una mínima libertad tiende a generalizar los datos concretos y particulares. 


La teoría ética de Hume es uno de los pilares de la reflexión anglosajona moderna sobre cuestiones morales. Todos los pensadores posteriores van a referirse a las ideas del escocés de una forma más o menos manifiesta, y en él se encuentran formuladas las tesis centrales de dos grandes teorías morales en las que centraremos la exposición: el emotivismo, y el utilitarismo. Veamos cuáles son sus ideas esenciales. 1.La ética de Hume se inspira en el emotivismo de Hutcheson. Según esta teoría, las acciones deben ser valoradas en función del sentimiento de agrado o desagrado que generan. La ética no se puede fundar en la razón, sino en los sentimientos. La pasión, la emoción es lo que realmente mueve al hombre a obrar, y no los motivos aportados por la razón. La libertad es, una vez más, un concepto vacío: Hume niega su existencia. Para él, las éticas fundadas en la razón o las que se autodefinen como “realistas”, cometen lo que después se ha llamado “falacia naturalista”: tratan de deducir el “deber ser” (la norma o el valor moral) a partir del ser (las cuestiones de hecho). En realidad, se enfrenta Hume con esta crítica a toda la tradición naturalista, identificándose más con el convencionalismo moral que ya defendiera Ockham: no existe algo así como una “naturaleza humana” a partir de la cual puedan deducirse las normas o los valores morales. Los únicos “hechos” que pueden ayudarnos a construir juicios morales son los sentimientos o las pasiones que generan las acciones y decisiones en el propio individuo. Es “bueno” lo que despierta en el sujeto la aprobación o un sentimiento agradable, mientras que sería “malo” lo que despierta desaprobación. Las ideas de Hume son similares en este sentido a las epicureas: el placer y el dolor con orientaciones fundamentales de la moral, pero existen también otros sentimientos morales esenciales, como puede ser la compasión, que sirven de motor para la acción moral. 2.En el fondo, está adelantando Hume tesis utilitaristas y consecuencialistas: las acciones deben evaluarse en función de la utilidad que reportan, en función de sus consecuencias. Quizás de un modo provocador, Hume llegó a afirmar que no había contradicción alguna en que un individuo prefiera que el mundo sea aniquilado antes de que se le rompa una de las uñas de su mano. Aunque también parte de la reflexión de Hume una corriente egoísta, lo cierto es que hay que entender sus propuestas morales dentro del contexto ilustrado, comenzando a incluir también preocupaciones sociales en su reflexión. Así dirá Hume: “Todo lo que contribuye a la felicidad de la sociedad merece nuestra aprobación”. Hume entiende a la razón como la esclava de las pasiones, que son las que, por así decirlo, marcan el rumbo de la ética. Este utilitarismo de Hume sería una de las principales influencias de Adam Smith, con el que mantuvo una intensa amistad. La economía puede interpretarse como un símbolo de la moral humeana: cada uno busca su propio interés, aquello que le proporciona el mayor placer y bienestar. Y de este afán personal surge un equilibrio en el que todos se benefician. El capitalismo encontraría fundamentos morales y de esta forma es precisamente como aparece en las obras de Hume y de Adam Smith, autor de una obra cuyo título no puede ser más significativo: Teoría de los sentimientos morales.


EMPIRISMOLocke será, como buen empirista, un crítico de las ideas innatas: no hay ningún tipo de conocimiento al margen de la experiencia empírica. Todas nuestras ideas pueden provenir de la sensación (experiencia del mundo) o de la reflexión (experiencia interna), pero ninguna de ellas tiene una existencia previa o pertenece a la razón como facultad de pensamiento. A partir de estas distinciones, Locke clasifica las ideas en:

Ideas simples:

son aquellas que nos proporciona de una manera directa la experiencia, sea por medio de la sensación o la reflexión. Locke se refiere a estas ideas como los “átomos de la experiencia”, es decir, las unidades elementales de nuestro conocimiento. Este tipo de ideas “nos entran” por los sentidos, ya que el sujeto de conocimiento permanece totalmente pasivo y se limita a recibir la información, sea del mundo exterior o de su propio cuerpo Ideas complejas:
Son aquellas que nuestra mente construye a partir de las ideas simples. Las ideas complejas se forman combinando las simples o abstrayendo algunas de las cualidades de las ideas simples. En este apartado estarían todas aquellas ideas que podemos deducir de las simples, y también las ideas abstractas que se basan en las ideas simples. En estas ideas nuestra mente no es pasiva, sino activa: no se limita a “recibir datos” sino que los elabora y los mezcla para producir nuevo conocimiento.Locke separa además las cualidades de las ideas. Mientras que las ideas están en nuestra mente, las cualidades están en las cosas y pueden ser de dos tipos: primarias y secundarias. Las cualidades primarias son “capacidades del objeto”: extensión, forma, solidez… Por su parte, las cualidades secundarias no están en las cosas sino que son subjetivas: olor, gusto, color, sonido… Esta distinción es una de las claves que permitirán el progreso de la ciencia: al centrarse en las cualidades primarias de las cosas, el conocimiento logra cuantificar dichas cualidades, expresarlas numéricamente y establecer regularidades sobre las mismas.

A partir de estas ideas, Locke expresa un Empirismo complejo y amplio, en el que las ideas abastractas son válidas para comprender la realidad: tal y como defiende en su obra, nada impide emplear algunos de los conceptos centrales de la metafísica, como el de sustancia. Más aún: Locke admitirá la existencia de Dios, que será demostrable aplicando el principio de causalidad. Igualmente, la propia intuición nos lleva a concebir un yo, que es concebido como una sustancia pensante. Así, los grandes conceptos de la metafísica siguen considerándose vigentes, aunque Locke no deja de buscar siempre un fundamento empírico para estas ideas.El Empirismo de Hume va a ser una continuación del planteado por Locke. Como vamos a ver un poco más adelante, compartirá dos ideas esenciales: no hay conocimiento innato, y los sentidos son el origen de todo lo que conocemos. Igualmente hablará Hume de la experiencia interna (impresiones de reflexión) y la externa (impresiones de sensación). Sin embargo, aplicará los criterios empiristas de una manera más radical que la de Locke. Criticará la idea de sustancia, así como cualquier idea abstracta que no venga exigida por la experiencia empírica: no se puede admitir la exitencia del mundo, del yo o de Dios. El empirista coherente que representa Hume termina dejándole en una posición cercana al escepticismo: si fuéramos absolutamente coherentes con las tesis del filósofo escocés, quizás tendríamos que renunciar a la posibilidad el conocimiento humano. En los próximos apartados iremos analizando por qué.

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