Espíritu apolíneo y dionisíaco

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Nihilismo:


Negación de toda creencia. Surge en el Siglo XIX, tratándose en principio de un estado de desesperanza propio de los que no saben qué hacer con sus vidas. Posteriormente, se convirtió en una doctrina cuyo objetivo inmediato era acabar con todas las ideas adquiridas y los prejuicios sociales, aproximándose a los planteamientos anarquistas. La concepción nietzscheana de Nihilismo es compleja. No se trata de una teoría filosófica o una proposición teórica sino un movimiento propio de la historia de nuestra cultura. El Nihilismo del espíritu occidental es radical y absoluto porque propone la destrucción completa de todos los valores vigentes y su sustitución por otros radicalmente nuevos. Este Nihilismo es una fase necesaria para la aparición de un nuevo momento en la historia de la cultura, para la aparición de una nueva moral y de un nuevo hombre, el superhombre (utilizado por el fascismo alemán). Nietzsche representa esta figura del espíritu con la metáfora del león (por su agresividad y su capacidad destructiva) El Nihilismo es también una fuerza destructora y desintegradora de Dios. La muerte de Dios» aparece por la consciencia del carácter radicalmente infundado de la creencia en lo sobrenatural, El Nihilismo es un proceso ambivalente y dialéctico. Ambivalente porque posee dos caras: una negativa, símbolo de la decadencia y desintegración de valores; y otra positiva, signo de la voluntad de poder como carácterística peculiar de la vida.
Dialéctico porque consiste en un movimiento que va de lo negativo a lo positivo. Negar para afirmar, destruir para crear, aniquilar para producir.       

Dionisíaco/:

Estos conceptos derivan de los dioses griegos Apolo (Dios griego del Sol, símbolo de la mesura, la armónía y la serenidad) y Dionisos (Dios del vino, símbolo de la pasión y sensualidad, del ansia de vivir y de la creación artística) a los que Nietzsche contrapone como facetas opuestas del espíritu humano. Con el concepto de “apolíneo” Nietzsche hacer referencia al componente armónico, luminoso y sereno del espíritu griego, en oposición con el componente pasional y entusiasta, doloroso y oscuro representado por Dionisos que muestra la embriaguez, el entusiasmo y el desenfreno pasional. Apolo representa al orden, Dionisos a lo que desborda al orden. Con los conceptos de apolíneo y dionisíaco, Nietzsche esta designando dos aspectos contradictorios del alma humana: el espíritu dionisíaco se abandona pasionalmente a sus arrebatos e impulsos, el espíritu apolíneo los canaliza dentro del pensamiento ordenado, equilibrado y armonioso. El espíritu dionisíaco impulsa a gozar de la vida, de la sensualidad, del placer carnal. Quien vive dionisiacamente, vive apasionadamente la vida. El espíritu apolíneo, por el contrario, nos lleva a una vida racional y ordenada, armónica y equilibrada.     

Moral contranatural:

Es la moral propia de los débiles y resentidos contra la vida, de los que rechazan al cuerpo y sus pasiones, de los que afirman la realidad de un mundo superior por cuya consecución debemos sacrificarnos en esta vida. La moral contranatural surge como contraposición a la moral natural que es la de los fuertes, la que se basa en la voluntad de poder y la valoración de esta vida como lo más importante de todo. La moral contranatural nace del resentimiento que los débiles tienen hacia los fuertes, y pretende hacer de sus defectos virtud. Toda moral que exija sacrificio y mortificación en esta vida para ganarse la vida en el más allá, es una moral contranatural, es una moral propia de “esclavos” opuesta a la moral “señores”       Mundo aparente/:
Con estos conceptos Nietzsche hace referencia a la división de la realidad en dos mundos establecida por la metafísica y la religión: un mundo superior y verdadero (el mundo de las ideas) y un mundo inferior y con un grado de realidad menor (el mundo sensible). Nietzsche considera que debe invertirse esta división y considerar mundo verdadero al que hasta ahora se ha considerado como mundo aparente y mundo falso e inexistente al que hasta ahora ha sido considerado como el superior y verdadero.       

Transmutación…:

Nietzsche propone invertir la tabla de valores que había sustentado la cultura occidental para superar la moral de renuncia y resentimiento hacia la vida, mediante una nueva tabla en la que se muestren los valores que supongan un sí radical a la vida. Con el triunfo del cristianismo se sustituye la moral aristocrática por la moral de los “esclavos”, de los débiles, de los que quieren huir del rigor de la vida inventándose un nuevo mundo objetivo de reposo, de justicia.  Para superar esa moral de “esclavos” y construir una nueva moral propia del superhombre, Nietzsche defiende la afirmación de la vida, de la voluntad de poder, del orgullo y de fuerza de la pasión como constitutivos del nuevo hombre.    

Inocencia…:

En opinión de Nietzsche, la filosofía tradicional ha sentido siempre rechazo al devenir, al carácter cambiante y fluyente de las cosas, persiguiendo el ideal de una realidad superior que poseyera los caracteres contrarios a los de este mundo cambiante en el que habitamos.  Para estos filósofos el carácter fluyente de la realidad, el incesante cambio de todas las cosas, el devenir, en suma, ha sido algo molesto que no coincidía con las carácterísticas que, según ellos, debería tener la verdadera realidad: inmutabilidad, eternidad, universalidad, etc. Frente a esta actitud de rechazo al devenir y de minusvaloración del mundo sensible, Nietzsche afirma la sola existencia del mundo del devenir y de las apariencias, considerando que no existe más que este mundo, perpetuamente móvil y cambiante, sin que exista ninguna realidad superior a esta, ni ninguna meta ni estado último que sea la culminación del devenir.


A Nietzsche le parecen errados y falaces los intentos de encontrarle un sentido al devenir, una interpretación verdadera y exclusiva, un modo único de valorar a una realidad que, es fluyente y cambiante, multiforme e inabarcable, en nada parecida a esa supuesta “verdadera realidad”, de la que siempre han hablado los metafísicos y los creyentes. Aceptar que el mundo es tal como se nos aparece y no como a la Razón le gustaría que fuera implica comprender la inocencia del devenir y la vanidad de las pretensiones humanas de hallar verdades y valores absolutos.

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