El Raciovitalismo de Ortega y Gasset: La Vida como Realidad Radical

El Raciovitalismo: La Unión entre Razón y Vida

En el segundo periodo de la vida filosófica de Ortega y Gasset (1923-1955), el autor desarrolla su doctrina raciovitalista como un conocimiento arraigado en la vida. El raciovitalismo es la teoría del conocimiento que parte de la vida e integra el perspectivismo anterior. Ortega se defendió contra los que consideraban su pensamiento como un vitalismo al estilo de Nietzsche. Pero tampoco quiere que lo identifiquen con el racionalismo, que pretende imponer la realidad a las estructuras de la razón, convirtiéndose en idealismo.

El raciovitalismo pretende ser un punto medio: reconoce el valor de la razón y la pone al servicio de la vida; es decir, estrecha e íntima la unión entre razón y vida, entre razón e historia. Toda razón es vital, da cuenta de los hechos vitales, no solo de los puramente biológicos. A continuación, desarrollamos los puntos más importantes de esta evolución de su pensamiento.

Crítica al Realismo y al Idealismo

En su obra ¿Qué es filosofía?, Ortega se plantea cuál es el tema de su tiempo e intenta resolver la tarea más importante de la filosofía en ese momento. Para él, esta tarea no es otra que la superación del idealismo y del positivismo. Ambas son teorías contrapuestas que se han venido repitiendo a lo largo de la historia de la filosofía.

Crítica a la ciencia (realismo)

El realismo ingenuo parte de la existencia de lo dado. Asume de un modo acrítico que lo que se le presenta a la vista es tal y como aparece, y piensa que el universo está ya ahí (es lo que la fenomenología llamará «actitud natural»). Se presupone que hay un mundo objetivo en el que las cosas se manifiestan tal y como son (objetivismo).

Para esta corriente, que Ortega conocía muy bien, tan solo existe lo dado, lo inmediato, todo lo medible; en definitiva, lo positivo. Así, la realidad objetiva se convertiría en el objeto fundamental de la filosofía, con lo que se cometería un olvido imperdonable al dejarlas.

Crítica del idealismo

El idealismo es la teoría que ha dominado toda la modernidad y que es la responsable de alejar al ser humano de la realidad. Descartes ha sido el primero en poner en tela de juicio el realismo, sentando los pilares del auténtico idealismo que es la base del subjetivismo moderno, y que lleva a una única seguridad: la de mi pensamiento. El «pienso, luego existo» cartesiano convierte al mundo en un objeto pensado, y volver a contactar con las cosas no es tan fácil como a primera vista pudiera parecer.

Este es el auténtico subjetivismo: el yo, el sujeto, se traga el mundo exterior. El idealismo nos expulsa del mundo. Ya no cabe aceptar ingenuamente la existencia de un mundo exterior en el que las cosas son tal y como se me presentan. Por eso es necesario liberar al yo de la prisión en la que él mismo se ha encerrado desconfiando de la realidad, que es interpretada como un posible engaño, una ilusión:

«El idealismo me propone que suspenda mi creencia en la realidad exterior a mi mente que este teatro parece tener. En verdad, me dice, este teatro es solo un pensamiento, una visión o imagen de este teatro.»

El idealismo subjetiviza el mundo, lo convierte en un contenido más de mi conciencia, de mi pensamiento. El cogito es una realidad cerrada; solo puedo estar seguro de lo que pienso, es decir, la realidad exterior queda reducida a mi experiencia interior. Supera al positivismo y al realismo ingenuo, pero produce una situación artificial en la que el sujeto se encuentra encerrado dentro de sí, incapaz de aceptar datos que parecen evidentes por el sentido común. El idealismo nos enseña a desconfiar de las cosas, a preguntar, pero va demasiado lejos en este afán interrogador.

La Vida como Dato Radical de toda Filosofía

Ni solo la realidad, ni el sujeto solo pueden ser el dato radical del que se encargue la física. Ambas posibilidades quedan mancas ante nuestra experiencia cotidiana del conocimiento en la que el individuo tiene mucho que decir (proyectando, por ejemplo, ideas, prejuicios, sentimientos, categorías…), pero la realidad impone también una serie de condiciones. Por ello, Ortega busca un nuevo objeto que concilie y supere al realismo y al idealismo: la vida como dato radical de toda filosofía.

Ortega afirma que el pensamiento no es independiente de las cosas. No puedo hablar de las cosas sin el yo, pero tampoco puedo hablar de un yo sin cosas. Por tanto, el dato radical del universo no puede ser el pensamiento, sino el pensamiento y las cosas: el yo con las cosas. El pensamiento no es una sustancia pensante, sino que es una relación: un sujeto que piensa una cosa.

Por lo tanto, el realismo y el idealismo son el mismo error. Hay que concluir que ni el idealismo ni el realismo: ni las cosas solas ni el yo solo. La verdad está en el yo con las cosas, es decir, en la vida. La naturaleza no es realidad auténtica, sino que es algo relativo al intelecto del hombre. A su vez, el intelecto humano no posee realidad por sí mismo, sino que la posee funcionando en una vida humana. Luego la realidad radical es la misma vida humana.

Frente a este antagonismo (realismo-idealismo), para Ortega lo auténticamente real es el yo y las cosas, el yo permanentemente referido a las cosas, actuando con y sobre ellas. Este encuentro, relación y trato entre el yo y las cosas es lo que Ortega entiende por vida. ¿Qué es lo auténticamente real? Yo y las cosas, la vida, mi vida. La vida es una realidad radical.

Concepto de Vida como «Realidad Radical»

El punto de vista del filosofar de Ortega no es el mundo externo (realismo), ni su conciencia (idealismo), sino la vida. La vida es el dato radical del universo, es decir, la coexistencia del yo y su mundo: «El dato radical no es mi experiencia, sino mi coexistencia con el mundo».

Ortega dice que la primera realidad es la vida (que incluye sujeto y mundo) de cada uno en particular. Con esto:

  • No niega el pensar, pues supone un sujeto que vive.
  • No niega cualquier realidad, pues supone otra realidad que la fundamenta: nuestra vida.

Rompe con esta concepción ontológica tradicional y propone una nueva realidad: la vida. Esto es verdaderamente original en Ortega y Gasset: la vida es algo

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