El poder en las sociedades primitivas según Pierre Clastres: resumen completo del capítulo 6

Resumen completo: “La cuestión del poder en las sociedades primitivas” (Pierre Clastres)

Capítulo 6 de Investigaciones en antropología política (1982, pp. 111-116).

Nota: el archivo trae también la portada y la nota de procedencia del capítulo 7 (“Libertad, desventura, Innombrable”), pero no su texto, así que no entra acá.


1. Punto de partida: tomar en serio a las sociedades primitivas

La etnología de las últimas décadas permitió que las sociedades primitivas escaparan, si no a su desaparición, al menos al exilio al que las condenaba la tradición occidental del exotismo. La ingenua convicción de la superioridad europea fue reemplazada por un relativismo cultural que renuncia a jerarquizar valores. Ya no se las mira con curiosidad de aficionado: se las toma en serio. La pregunta es hasta dónde llega ese tomarlas en serio.

2. Qué son las sociedades sin Estado

Este es el punto de partida de todo el argumento.

Definición. Según la antropología clásica, lo que hace de las sociedades primitivas formaciones irreductibles es que son sociedades sin Estado: su cuerpo social no posee un órgano de poder político separado.

Clasificación. La presencia o ausencia de Estado permite ordenar las sociedades en dos grupos: sin Estado (primitivas) y con Estado (las otras).

Las sociedades con Estado no son todas iguales. No se puede confundir el Estado despótico arcaico con el liberal burgués ni con el totalitario fascista o comunista (confundirlos impediría ver la novedad radical del totalitario). Pero todas comparten una propiedad que las opone en bloque a las primitivas: la división. Todas están divididas en dominadores y dominados.

Las sociedades sin Estado ignoran esa división. Son homogéneas en su ser, indivisas: sin clases (sin ricos que exploten a pobres) y sin órgano de poder separado.

Fórmula central: “el poder no está separado de la sociedad”. En ellas no puede aislarse una esfera política distinta de la social.

3. La mirada occidental sobre lo político

  • Desde Grecia, el pensamiento político occidental ve en lo político la esencia de lo social (“el hombre es un animal político”) y halla la esencia de lo político en la división entre dominadores y dominados, entre los que saben y por eso mandan y los que no saben y por eso obedecen.
  • Para Heráclito, Platón y Aristóteles no hay sociedad sin la égida de los reyes; donde falta el ejercicio del poder estamos en lo infrasocial, la no-sociedad.
  • Así juzgaron los europeos del siglo XVI a los indios de América del Sur: como los “jefes” no tenían poder sobre las tribus y nadie mandaba ni obedecía, declararon que no eran verdaderas sociedades sino salvajes “sin fe, sin ley, sin rey”.

4. La paradoja del jefe sin poder

Los propios etnólogos se vieron en aprietos: los líderes están desprovistos de todo poder y la jefatura se instituye exteriormente al ejercicio del poder político. Parece absurdo (¿para qué sirve un jefe que no puede mandar?), pero Clastres muestra que la sociedad lo inviste de tareas: es una especie de funcionario no remunerado de la sociedad.

Función externa: portavoz de la totalidad

  • Se le encarga asumir la voluntad de la sociedad de aparecer como una totalidad única: el esfuerzo concertado de la comunidad por afirmar su especificidad, autonomía e independencia frente a otras comunidades.
  • Las otras comunidades se dividen siempre en amigos (alianzas) y enemigos (guerra). El jefe es quien habla en nombre de la sociedad en esas “relaciones internacionales” y necesita talento diplomático y coraje guerrero.
  • Objeción: ¿no son las tareas de un ministro de Exteriores o de Defensa? Sí, con una diferencia fundamental: el jefe primitivo nunca toma por sí mismo la decisión para imponerla después a la comunidad. La estrategia responde a la voluntad explícita de la tribu, las negociaciones son públicas y la guerra no se proclama hasta que la comunidad lo quiere. No podría imponer nada: no tiene poder. Tiene un deber más que un derecho: ser portavoz.

Funciones internas

  • La confianza que la comunidad le acredita es el prestigio, “generalmente erróneamente confundido con el poder”.
  • Su opinión se atiende con más consideración, pero su palabra nunca se vuelve palabra de mando: solo es escuchada cuando expresa el punto de vista de la sociedad como totalidad.
  • No da órdenes (sabe que nadie obedecería).
  • No arbitra conflictos según una ley: apacigua, apelando al sentido común, a los buenos sentimientos de las partes y a la tradición de los ancestros.
  • Lo que sale de su boca es el discurso de la sociedad sobre sí misma, por el cual se proclama comunidad indivisa y voluntad de seguir siéndolo.

5. Sociedades indivisas y crítica al evolucionismo

  • Las sociedades primitivas son indivisas, y por eso cada una se concibe como totalidad: sin clases y sin dominadores y dominados.
  • ¿La separación entre jefatura y poder implica que son apolíticas? El evolucionismo y el marxismo (sobre todo el de Engels) responden que sí: serían la infancia de la humanidad, incompletas, destinadas a crecer y pasar de lo apolítico a lo político. El destino de toda sociedad sería la división: el poder separado, el Estado, órgano que conoce el bien común y lo impone. La ausencia de Estado marcaría su incompletud y su ahistoricidad.
  • Clastres lo llama prejuicio ideológico: supone la historia como movimiento necesario, con figuras sociales encadenadas mecánicamente (una “neo-teología de la historia”, un “continuismo fanático”). Sin esa teleología, las sociedades primitivas dejan de ocupar el grado cero de la historia.

6. Tesis central: por qué son sociedades sin Estado

Liberada de ese exotismo, la antropología puede formular la verdadera cuestión: ¿por qué las sociedades primitivas son sociedades sin Estado?

  • Son sociedades completas, acabadas, adultas. Carecen de Estado porque se niegan a él: rechazan la división del cuerpo social en dominadores y dominados.
  • Su política se opone constantemente a la aparición de un órgano de poder separado e impide el encuentro “siempre fatal” entre la jefatura y el ejercicio del poder.
  • No hay poder separado porque lo detenta la sociedad como totalidad, para mantener su ser indiviso y conjurar la desigualdad entre señores y sujetos.
  • Detentar el poder es ejercerlo, y ejercerlo es dominar: eso es lo que no quieren. Por eso los jefes no tienen poder.
  • Saben que si dejan de contener las “fuerzas subterráneas” del deseo de poder y el deseo de sumisión (sin cuya liberación no se comprende la dominación y la servidumbre), perderían su libertad.

7. El poder real y la vigilancia sobre el jefe

  • La jefatura es solo el lugar aparente del poder; el lugar real es el cuerpo social, que lo ejerce como unidad indivisa con un solo proyecto: mantener indiviso su ser.
  • Ese poder se ejerce sobre lo que pueda introducir desigualdad, sobre todo la jefatura, de donde podría surgir la captación del poder.
  • El jefe está bajo vigilancia: la sociedad vela para que el gusto por el prestigio no se vuelva deseo de poder. Si este se hace evidente, se lo abandona y, a veces, se lo mata. El espectro de la división amenaza, pero la sociedad tiene los medios de exorcizarlo.

8. Conclusión: el Estado no es eterno

  • La división no es inherente al ser social: el Estado tiene en todas partes una fecha de nacimiento.
  • El problema del origen se reformula: ¿en qué condiciones una sociedad deja de ser primitiva? ¿Por qué fallan en algún momento las codificaciones que conjuran al Estado?
  • Solo la interrogación atenta de las sociedades primitivas permitirá aclarar ese origen y, quizá, las condiciones de posibilidad (realizables o no) de su muerte.

Apéndice: la totalidad en Clastres

1. La sociedad como “totalidad única” (función externa del jefe)

El jefe primitivo está encargado de asumir la voluntad de la sociedad de aparecer como una totalidad única. Clastres lo define como “el esfuerzo concertado, deliberado, de la comunidad con vistas a afirmar su especificidad, su autonomía, su independencia en relación con otras comunidades”.

Es decir, cada comunidad primitiva se afirma como una unidad cerrada y autónoma frente a las demás, que siempre se clasifican en amigos (con quienes se anudan o refuerzan alianzas) y enemigos (con quienes se hace la guerra). El líder es el portavoz de esa totalidad cuando se relaciona con el exterior: negocia alianzas y conduce la guerra, pero nunca según su propia decisión, sino según el deseo explícito de la tribu.

2. La palabra del jefe expresa la sociedad “como totalidad” (función interna)

Hacia adentro, el prestigio del jefe le permite ser escuchado con más consideración, pero su palabra nunca se vuelve palabra de mando. Clastres dice que “el punto de vista del líder sólo será escuchado cuando exprese el punto de vista de la sociedad como totalidad”. Lo que sale de su boca es “el discurso de la propia sociedad sobre ella misma”, por el cual se proclama comunidad indivisa y voluntad de perseverar en ese ser indiviso.

3. Totalidad = indivisión

Más adelante la idea se vincula directamente con la tesis central: las sociedades primitivas son indivisas, y por ello mismo cada una se concibe como totalidad. Totalidad significa aquí:

  • Sin división interna entre dominadores y dominados.
  • Sin clases (sin ricos que exploten a pobres).
  • Sin órgano de poder separado: el poder lo detenta la sociedad entera “como totalidad”, con el fin de mantener su ser indiviso.

Por qué importa

La totalidad es lo que el poder separado (el Estado) vendría a romper. Por eso la sociedad vigila a la jefatura: si el jefe empieza a desear el poder, introduce la desigualdad y fractura la totalidad. La sociedad primitiva se concibe y se defiende como un todo indiviso, tanto hacia afuera (frente a otras comunidades) como hacia adentro (frente a la división interna).