Aristóteles: Vida, Metafísica, Ética y Teoría del Conocimiento

Introducción

Aristóteles nació en Estagira en el año 384 a. C. y fue un filósofo macedonio del siglo IV a. C., cuyo pensamiento estuvo influido por las ciencias naturales de su padre, médico. Fue llevado a Atenas para terminar sus estudios e ingresó en la Academia de Platón. A la muerte de este, decepcionado, se marchó a Assos y fundó una sección de la Academia que dirigió él mismo durante tres años. Allí probablemente desarrolló su teoría contra el Mundo de las Ideas. También se hizo cargo de la educación de Alejandro Magno y, de vuelta a Atenas, creó su propia escuela, el Liceo. Finalmente, murió en el año 322 a. C.

Platón (427-347 a. C.) nació en Atenas y en su juventud tomó contacto con la filosofía, aunque sus primeros intereses fueron políticos, hasta que la corrupción de los Treinta Tiranos y la condena a muerte de Sócrates lo decepcionaron. Ante el escepticismo de los sofistas, elaboró su teoría de las Ideas, uniendo el pensamiento de Parménides, Heráclito y Pitágoras mediante su dualismo ontológico. Escribió en forma de diálogo, es decir, mediante conversaciones entre personajes para exponer distintas posturas filosóficas, como en Fedón y República.

Antropología: el ser humano

La teoría de la sustancia de Aristóteles hace que su interpretación del hombre sea distinta a la de Platón. Aristóteles ve al ser humano según su teoría de la sustancia: no considera posible la existencia de formas separadas, pues la sustancia no se puede separar de la materia y la forma. El ser humano tiene materia y forma (cuerpo y alma). Aristóteles ve el alma como principio vital; todos los seres vivos la tienen. Piensa que el alma es la forma de la sustancia, el acto del hombre, que representa la actualización de una sustancia. No hay cuerpo sin alma ni alma sin cuerpo; ambos existen solo en la sustancia del ser humano. Su distinción es real, pero solo en el pensamiento. El alma no es inmortal, porque no puede existir separada del cuerpo.

Aristóteles distingue tres tipos de alma:

  • Alma vegetativa: asimila y reproduce, y es propia de las plantas. Es la de escala más baja, porque no cumple las funciones sensitivas ni de movimiento local.
  • Alma sensitiva: es propia de los animales. Les da percepción sensible, deseo y movimiento local, lo que garantiza su supervivencia gracias a sensaciones como el gusto o el tacto. Les otorga también imaginación y memoria, que derivan de su capacidad sensitiva.
  • Alma racional: es la superior. Realiza todas las funciones anteriores, pero además otorga la capacidad de pensar. Es propia del ser humano y constituye su forma, por lo que no existe otra alma que realice funciones irracionales y racionales. Para Aristóteles, el alma es principio vital y de conocimiento. El hombre es un animal racional y social.

Ética

La ética de Aristóteles es teleológica, es decir, orientada a un fin. Ninguna acción es buena o mala por sí misma, sino según nos acerque o aleje del bien del ser humano, que se relaciona con la causa final, el propósito hacia el que se dirigen nuestras acciones. Lo bueno será aquello que nos ayuda a alcanzar nuestro fin propio, mientras que lo malo será lo contrario. Todos los bienes se subordinan a un fin último: la felicidad (eudaimonía), deseada por sí misma y no como medio para otro fin.

Para comprender en qué consiste la felicidad, Aristóteles observa la naturaleza del ser humano, una sustancia compuesta de cuerpo y alma (hilemorfismo). Cada ser tiene una función propia: así como un cuchillo es bueno si corta bien, el hombre será bueno si cumple la suya, que consiste en vivir según la razón (forma del alma) y desarrollar sus capacidades (materia y potencia), alcanzando su ser en acto. Por tanto, la felicidad consiste en actuar conforme a la función racional del ser humano, uniendo conocimiento, virtud y acción.

El alma humana tiene una parte racional y otra apetitiva, y de ahí surgen dos tipos de virtudes:

  • Virtudes éticas: se refieren a la parte apetitiva y se adquieren mediante el hábito. No somos buenos por naturaleza, sino que llegamos a serlo a través de nuestras acciones. Consisten en elegir el término medio entre dos extremos viciosos (exceso y defecto), adaptándose a cada persona y situación.
  • Virtudes dianoéticas: pertenecen a la parte racional y se relacionan con el conocimiento y la sabiduría, conectando la ética con la metafísica y el entendimiento. La más importante es la sabiduría (sophía), que distingue lo verdadero de lo falso y constituye la auténtica felicidad, pues representa el ser en acto del entendimiento.

Entre ambas virtudes se encuentra la prudencia, que implica deliberar y actuar correctamente. Es dianoética por su reflexión y ética porque orienta la acción al bien. Así, Aristóteles une la razón y los deseos del alma, la metafísica del ser, la causa final y la vida política, mostrando que la felicidad solo puede alcanzarse viviendo según la virtud y en comunidad, ya que el hombre es un ser social por naturaleza (zóon politikón).

Realidad

Aristóteles, aunque fue discípulo de Platón, rechazaba la teoría de las Ideas. Si las ideas estuviesen separadas de las cosas, conocerlas no explicaría la realidad concreta ni el movimiento, ya que las ideas son inmutables. Para Aristóteles, las cosas sensibles son auténticas realidades, y consideró que las ciencias adquieren valor por sí mismas, pudiendo hacerse ciencia de las cosas sensibles.

La naturaleza, en su pensamiento, es el principio interno del movimiento y puede interpretarse de tres maneras: como el principio ontológico de cada ser, es decir, la naturaleza de un ser concreto individual; como la totalidad del universo o cosmos; y como concepción teleológica, según la cual la naturaleza de un ser viene determinada por su fin, aquello a lo que tiende para llegar a la perfección. Los seres naturales, aquellos que tienen en sí mismos el principio del movimiento y del reposo, existen por naturaleza y tienden a obtener el bien específico de cada uno. También existen los seres inertes, en los que se da el automovimiento, ya que esas sustancias tienden hacia su región natural en el universo.

La metafísica es la ciencia filosófica que estudia la naturaleza de la realidad del ser y sus primeros principios; para Aristóteles, es la culminación del ámbito del saber. El ser fundamental es la sustancia, el individuo concreto y particular al que normalmente denominamos cosas y que adquieren las características de la experiencia. La sustancia primera es el ser y la sustancia segunda es la esencia. Para explicar la realidad, Aristóteles propone el hilemorfismo: todo ser está compuesto de materia y forma, y no puede darse por separado. En el ser humano, el cuerpo se relaciona con la materia y el alma con la forma.

Además, distingue que entre el ser y el no ser hay un intermedio llamado ser en potencia: lo que todavía no es, pero puede llegar a ser. Al ser acabado lo denomina ser en acto. Se produce un cambio del ser en potencia al ser en acto. Aristóteles defiende dos tipos de cambio o movimiento:

  • Cambio accidental: en él se distinguen tres factores: algo que permanece, algo que desaparece y algo que sustituye a lo que desaparece.
  • Cambio sustancial: aquel en el que se da un cambio de sustancia. Aristóteles considera que todos los seres están formados por materia prima, que puede ser cualquier cosa, y por forma sustancial, que hace que cada cosa sea lo que es.

Aristóteles explica los procesos de cambio recurriendo a cuatro causas. Para él, causa es todo principio del ser esencial para dar una explicación y responder al porqué una sustancia se convierte en otra:

  • Causa material: aquello a partir de lo cual algo llega a ser.
  • Causa formal: lo que determina la materia.
  • Causa eficiente: el motor del proceso de cambio.
  • Causa final: el fin al que puede llegar a ser.

Finalmente, en su concepción del cosmos, Aristóteles sostiene que el movimiento de las esferas requiere un principio que lo impulse. Este es el primer motor inmóvil, que no está sujeto a cambio y no necesita ser movido, pues es acto puro; por eso es identificado con Dios dentro de su metafísica.

Teoría del conocimiento

Aristóteles considera que el conocimiento es una capacidad propia del ser humano que lo diferencia del resto de los animales. A través de los sentidos externos (vista, oído, tacto, gusto y olfato) percibimos las cualidades sensibles de los objetos, como su color, forma o textura, captando así su esencia o sustancia segunda. Luego, los sentidos internos unifican esa información: el sentido común relaciona los distintos aspectos para conocer las cosas, la imaginación crea una imagen mental de ellas y la memoria permite conservarlas y recordarlas.

Sin embargo, el ser humano no se conforma con conocer cosas particulares, sino que busca conocer lo universal. Para ello utiliza la abstracción, proceso mediante el cual eliminamos los rasgos concretos de algo y captamos lo que tiene en común con otros objetos. Este proceso es posible gracias al entendimiento activo y al entendimiento pasivo. La imaginación produce una imagen del objeto llamada fantasma, que aún conserva rasgos particulares. El entendimiento activo actúa sobre ese fantasma y extrae de él la idea universal, es decir, lo que está en potencia. Este entendimiento activo no pertenece a cada individuo, sino que es común a toda la humanidad y es eterno. En cambio, el entendimiento pasivo es individual, mortal y propio de cada persona; es donde se reciben y comprenden los conceptos universales formados por el entendimiento activo.

Aristóteles explica este proceso con el símil del sello y la cera: la cera representa el entendimiento pasivo, que está en potencia para recibir cualquier forma, mientras que el sello simboliza el entendimiento activo, que imprime la forma sin cambiar la materia. Así, el alma humana puede conocer las esencias de las cosas sin poseer su materia, lo que hace posible el conocimiento universal.

Este uso de la razón es, para Aristóteles, lo que nos distingue y lo que da sentido a nuestra existencia. Conocer y comprender la realidad mediante el entendimiento nos permite desarrollar nuestra parte más racional y, por tanto, vivir conforme a la virtud, alcanzando así la felicidad (eudaimonía), que constituye el fin último del ser humano.