El hombre como ser histórico

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4. PENSAMIENTO:

Vivir es no tener más remedio que razonar ante la circunstancia. El hombre piensa porque le falta disponer de una imagen del mundo que le rodea. El conocimiento nace de la necesidad de saber, puesto que al hombre “le duele su ignorancia”. Pero no para saber qué son las cosas, sino para saber a qué atenerse en la vida.
Para lograr esto, el ser humano produce ideas. La idea es un pensamiento que se nos ocurre, es una obra nuestra pero nunca es  anterior a uno mismo. La idea sólo existe cuando y en tanto la pensamos, y deja de existir cuando no actúa en mi vida

Pero el ser humano para vivir no está creando y utilizando continuamente ideas, sino que vive en la creencia. Las creencias son una clase de ideas que se hallan en nosotros constituyendo la sustancia de nuestra vida. Son una imagen mental, pero a diferencia de las ideas nunca son ocurrencias nuestras, sino algo anterior que nos encontramos hecho. Toda creencia es originariamente una idea que se ha extendido a una colectividad y que ha sido transmitida. Saber a qué atenerme es algo que se produce si creo en algo y si dispongo de una idea sobre ello. La duda surge cuando se ha perdido la fe en la creencia.

5. EL QUEHACER HUMANO:

Hemos visto que para Ortega el yo y la circunstancia son los elementos constitutivos de toda vida. En todo momento de la vida el individuo tiene una serie de posibilidades. En consecuencia, la vida consiste en una permanente elección de lo que vamos a hacer a continuación. En la elección hay una “autoelección” de uno mismo para realizar en mí el proyecto que yo he elegido.

Somos libres porque cada uno construye su vida y eso nos coloca en el plano moral: somos responsables de nuestra vida y debemos llevarla a lo personal, transformando la circunstancia. La vida humana es hacer.

Puesto que nuestra esencia es vivir, más que naturaleza tenemos historia

Pero cada ser humano no estrena la vida humana, sino que es heredero de la historia recibida. El ser humano, al no tener naturaleza inmutable, es una potencia y encuentra en la historia las coordenadas para orientarse en el futuro.

El objetivismo moral

Los valores tienen una existencia objetiva y son aquello por los que el hombre guía su quehacer. Hay valores mejores y peores, valores nobles e innobles. Ortega los define como la cualidad de las cosas que promueven nuestra conducta. Ortega hace una clasificación  jerarquía de los valores de menor a mayor importancia:

Útiles;


Vitales

Espirituales:intelectuales, morales y estéticos



Religiosos


6. SOCIEDAD E HISTORIA:

Si la vida de un hombre es en esencia un proyecto, lo mismo ocurre con las sociedades humanas. Las sociedades son grupos de individuos que constituyen una serie de proyectos. Pero el proyecto social no es un agregado de proyectos sino que es aquel de los individuos mejores, de los hombres-élite. Es la minoría sobresaliente que en cada generación recoge el testigo de la historia. El resto es, el hombre-masa que se deja arrastrar por las élites. El hombre masa es el hombre vaciado de su propia historia, instituido solo por los “idola fori”, es un hombre sin nobleza. La élite está formada por hombres creadores de un proyecto de vida, y su misión es dirigir a las masas. La sociedad es un aparato de perfeccionamiento que imita a los hombres élite. La moral del hombre-élite es la moral heroica, e implica que se guía por unos valores determinados.

Para Ortega, el mundo moderno se caracteriza por la llegada de las masas al poder, lo que él llama la “rebelión de las masas”. Pero las masas no pueden, ni deben dirigir la existencia y, por ello, Occidente está en crisis. Y este es el problema de España. España no tiene proyecto porque ha llegado a una desmoralización. Las masas en España no quieren someterse a una élite y están atadas al terruño, no tienen proyecto de nacíón.

Los cambios se imponen colectivamente aunque deban su origen a la creatividad individual, creando un vínculo entre lo personal y lo social. Este vínculo es la generación. Cada generación tendrá sus hombres élite y sus hombres masa.

Ortega propone una distribución de la historia por generaciones. La generación es la división mínima de la historia que afecta en sus creencias, ideas y costumbres a la vida de cada hombre. Los contemporáneos comparten un mismo periodo de la historia, pero sólo los coetáneos pertenecen a la misma generación:

Cuando una generación trata de conservar lo recibido de sus padres dará origen a una época cumulativa, y aquellas que pretenden superar a sus antecesores dan lugar a épocas eliminatorias. El hombre es su propia historia. El avance de la historia es una lucha entre generaciones.

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