Introducción a las Demostraciones Metafísicas
“Así pues, solo queda la idea de Dios…”
El texto propuesto es un fragmento de la obra “Meditaciones metafísicas”, concretamente la Tercera Meditación. Esta obra fue escrita por el filósofo René Descartes (Francia, s. XVII).
Tema Central
El tema tratado en el texto es la demostración de la existencia de Dios.
Argumentos Cartesiano
Descartes demuestra la existencia de Dios mediante dos argumentos:
- El argumento ontológico, denominado así por Kant y utilizado anteriormente por San Anselmo.
- El argumento causal, el cual se desarrolla en este texto.
Este argumento causal distingue entre:
- Realidad objetiva: lo que representan las ideas.
- Realidad formal: la causa que produce ideas.
Comienza el texto reflexionando que todo queda comprobado y la idea de Dios puede proceder de mí mismo, comenzando a analizar a Dios (idea). Después concluye que Dios es una sustancia infinita, aplicando esto a la realidad formal del sujeto pensante.
El principio de causalidad establece que todo efecto tiene una causa capaz de realizar dicho efecto. Como el yo pensante es una sustancia finita, no puede ser causa de dicha idea con realidad objetiva infinita. Por lo tanto, la idea de un ser infinito requiere una causa con realidad formal infinita, que es Dios mismo. Descartes en el texto, lo explica de la siguiente manera: “cita”.
De esta manera, Descartes cree demostrar la existencia de Dios, lo que le permite demostrar la existencia de alguna realidad extramental.
La Primera Certeza: El Cogito
“cuando dudo no dudo…”
Este fragmento pertenece a la obra “Meditaciones metafísicas”, concretamente a la Segunda Meditación, y trata sobre el problema del conocimiento, más concretamente de la duda y la búsqueda de la primera certeza.
El Proceso de la Duda
Descartes comienza dudando de todo para encontrar la verdad básica, la absolutamente cierta. Para ello empieza dudando de todo aquello de lo que podamos dudar (por ejemplo, los sentidos). Encuentra la primera certeza de la cual no se puede dudar: “pienso, sin duda”.
El filósofo lo explica en la frase “pienso, luego existo” (cogito), algo común en otra obra (Discurso del método).
Pero esto le conduce a sí mismo. Para salir de la duda, para demostrar una realidad extramental, se verá obligado a demostrar la existencia de Dios en esa misma obra.
En conclusión, Descartes explica su argumento para encontrar la verdad absoluta, esto lo llama duda metódica.
Comparativa de Planteamientos sobre la Existencia de Dios
Comparación con San Anselmo
San Anselmo también aborda la demostración de la existencia de Dios desde planteamientos distintos:
- Santo Tomás: Defiende la demostración a posteriori, basada en la experiencia sensible y en la causalidad. Sus 5 vías parten de hechos observables del mundo para llegar racionalmente a la existencia de Dios como causa primera.
- San Anselmo: Demostración a priori, conocida como argumento ontológico, que no parte de la experiencia, sino de la propia idea de Dios.
Mientras Santo Tomás considera imprescindible la experiencia para demostrar la existencia de Dios, San Anselmo cree que la razón, a partir del concepto mismo de Dios, es suficiente para probar su existencia.
Descartes: El Problema de Dios
La Duda Metódica y el Cogito
- Para Descartes, la existencia de Dios es fundamental.
- La duda metódica: Descartes duda de todo hasta encontrar una certeza absoluta; resultado: solo queda una certeza indudable: “cogito ergo sum”.
- Problema en el cogito: Descartes solo puede afirmar con certeza su propia existencia. La demostración de la existencia de Dios le permitirá salir de esta situación: si existe, es bueno y perfecto, no puede ser engañador. Consecuencia: el criterio de verdad de claridad y distinción será fiable; lo que se perciba con claridad y distinción será verdadero.
Primera Demostración: Argumento Ontológico
- Dios es un ser perfecto. No se puede concebir la esencia de Dios y su existencia igual que un triángulo no puede no tener tres lados.
- Conclusión: Dios existe necesariamente.
Segunda Demostración: Argumento Causal (Idea de Dios)
- Distinción de dos tipos de realidad:
- Objetiva: lo que una idea representa.
- Formal: la causa real que produce la idea.
- Tenemos la idea de un ser infinito, perfecto y absoluto (Dios).
- Según el principio de causalidad: todo efecto debe tener una causa con igual o mayor realidad.
- Problema: Nosotros somos seres finitos, no podemos ser causa de una idea infinita.
- Conclusión: La causa de la idea de Dios solo puede ser Dios mismo, por tanto, existe.
Consecuencias de la Existencia de Dios
- Dios es infinito, perfecto, bueno y veraz.
- Dios no engaña, por tanto, el conocimiento claro y distinto es verdadero; se puede afirmar la existencia del mundo exterior.
- El mundo existe en aquello que se presenta con claridad y distinción: extensión y movimiento.
Santo Tomás de Aquino
Italia, s. XIII. Fiel a los principios cristianos. Obra principal: Suma Teológica.
Conocimiento: Aristotelismo Cristiano
Santo Tomás adaptó la filosofía de Aristóteles con la fe, integrando la obra de Aristóteles con las verdades de Dios reveladas al ser humano y de las que la Iglesia es depositaria.
Razón y Fe
Comienza distinguiendo entre el orden natural y sobrenatural del conocimiento:
- Natural: Viene del trabajo de las puras fuerzas de la razón (llega a Dios).
- Sobrenatural: Proviene de la revelación de Dios (orienta a la razón).
Su colaboración resulta en la Teología = aportaciones fe + razón [sobrenatural / natural] [divino / humano].
Camino hacia Dios: Las Cinco Vías
El hombre, en su actual estado de conocimiento, necesita demostrar la existencia de Dios.
Rechazo al Argumento Anselmiano
Rechaza el argumento de San Anselmo (prueba a priori), pues considera que la razón, partiendo solo de la definición de perfección, no es suficiente. Santo Tomás sostiene que lo que se puede pensar no es necesario que se dé fuera del entendimiento.
Propuesta: Vías a Posteriori
Propone las vías a posteriori, que parten de la experiencia para llegar al “principio incondicionado”.
Las Cinco Vías
- Vía por el Movimiento: Los entes mundanos se mueven y son movidos por algo que ya está en movimiento. Esta cadena debe terminar en un Primer Motor que no es movido por otro, sino que mueve a los demás → DIOS.
- Vía de la Causalidad Eficiente: Los entes sensibles tienen poder de causalidad eficiente. Las causas operan en orden, y nada puede ser causa de sí mismo. No se puede prolongar indefinidamente sin encontrar un “límite” → DIOS.
- Vía por la Contingencia de los Seres Humanos: Parte de la observación del carácter contingente de las realidades creadas (son, pero podrían no haber sido). Si no existiese un Ser Necesario al que deban su existencia, ninguna realidad hubiera existido → DIOS.
- Vía por los Grados de Perfección: Las cosas se presentan con mayores o menores cualidades positivas, lo cual se determina con relación a un máximo. Debe haber pues “algo máximamente perfecto” → DIOS.
- Vía Teleológica o Físico-Teleológica (Estudio del Fin): Explota el concepto de finalidad. Seres sin inteligencia se comportan de forma conveniente a sus intereses, lo cual no cabe pensar que se deba al azar. Existencia de un “Ser Inteligente” → DIOS, que orienta hacia su fin las cosas naturales.
Estructura Común de las Vías
No hay ente finito que pueda ser causa de sí; esa explicación necesita encontrarse en una fuente de esas realidades → DIOS.
La Esencia Divina y Nuestro Lenguaje
Si no podemos formar ninguna idea adecuada de la esencia divina, menos aún podemos emplear un lenguaje propio para definirla. Nuestro lenguaje imperfecto no es totalmente inadecuado, permitiendo dos procedimientos:
- Vía Negativa: Describir a Dios en términos de lo que no es, aquello que no comparte con los entes sensibles.
- Vía Positiva: En virtud de que entre Dios (causa) y las criaturas (efecto) tiene que haber alguna semejanza. No conocemos directamente a Dios, pero conocemos los efectos, por lo que es lícito afirmar que todas las perfecciones que se encuentran en las criaturas están también en su creador, aunque de manera infinitamente superior.
La Esencia de Dios
Dios se presenta como “el Existente”. Esa condición de existente por antonomasia es la que Dios escogió mencionar en el libro del Éxodo (3,14): “Yo soy el que soy” (en latín: “Ego sum qui sum”).
En Él, y a diferencia de sus criaturas, la esencia se identifica con la existencia.
El mundo es creado de la nada (ex nihilo creatio) por Dios → por amor.
