Antropocentrismo como factor de la crisis ecologica

Share Button
  • Animales humanos y no humanos


Autores como Zubiri o Aranguren parten de la consideración de que no “hay mundo sin seres vivos” “ni seres vivos sin mundo”. Para poder sobrevivir los seres vivos deben ajustar su conducta al medio. Sin embargo, este ajuste difiere en el caso de los seres humanos y el resto de animales. El comportamiento animal se caracteriza por un alto grado de especialización, un comportamiento mecánico e instintivo y, por tanto, obedece a patrones biológicos. El comportamiento humano tiene un menor grado de especialización pero a cambio tiene una mayor versatilidad: ante los mismos estímulos no siempre reacciona de idéntico modo.

Lo social es un mecanismo adaptativo muy poderoso. En los tres mil millones de años en los que ha existido vida en la tierra han existido millones de especies animales de los que solamente un 1% ha logrado sobrevivir. En el caso del ser humano lo social deja de ser un mero mecanismo adaptativo y pasa a convertirse en una pieza muy importante en nuestra definición como especie.: nos permite superar los límites que nos impone nuestra propia estructura biológica. En el caso del ser humano, su comportamiento se define no solamente por patrones biológicos sino también patrones culturales y sociales, incluso lo social tiene mayor importancia que lo biológico.

El modo en que concibe un animal el mundo es distinto al modo en que lo concibe el ser humano. Para el animal el mundo es un medio estimulativo que le sirve satisfacer sus necesidades. Para el ser humano el mundo es una realidad dotada de posibilidades de las que debemos apropiarnos y justificarlas. Esto es posbile en el ser humano porque éste tiene inteligencia, responsabilidad y libertad.

  • La responsabilidad personal y social


La responsabilidad es la exigencia básica para marcar nuestra atención para responder a los retos de nuestra vida como seres comprometidos con nosotros mismos. Un primer sentido que adquiere la responsabilidad es la de imputar que significa atribuir una acción a un agente como causa.

El concepto de responsabilidad significa, en rigor, el conocimiento previo de las consecuencias de una acción. Esta condición humana hace posible que podamos dirigir nuestra conducta en base a sus previsibles consecuencias, Por tanto, podemos encaminar nuestras acciones a partir de los objetivos que marquemos y ser así dueños de nosotros mismos. Esto significa que tenemos la posibilidad de ser autónomo.

Weber distingue entre ética de convicción y ética de responsabilidad.

  1. Ética de convicción


    Los principios morales son absolutos e incondicionados, además de independientes de los contextos en los que se desarrollan las acciones y de las posibles consecuencias.
  2. Ética de responsabilidad


    Los principios morales deben tener en cuenta los contextos y las consecuencias de su aplicación.

Surge la necesidad de una nueva ética de la responsabilidad, según la cual no podemos evitar el compromiso con nosotros mismos, con el resto de la sociedad y con el conjunto de la naturaleza. A pesar de no ser una ética incondicionada, Weber recoge de Kant la idea de dignidad como condición que poseemos los seres humanos como agentes racionales, por la cual  podemos dirigir nuestras vidas por principios morales.

La responsabilidad que el ser humano tiene consigo mismo supone asumir el compromiso de desarrollar conductas saludables y respetuosas con su cuerpo, así como con su entorno familiar y social más próximo. Esta idea nos lleva el compromiso con el conjunto de la humanidad y con el de la naturaleza.


  • La responsabilidad ecológica


Como consecuencia del vertiginoso proceso de industrialización iniciado en el siglo XVIII, se ha llegado a una situación límite: las condiciones de habitabilidad e incluso de supervivencia del ser humano en el planeta Tierra están en peligro, no inminente pero igualmente cierto.

Es imprescindible planificar un desarrollo sostenible o sustentable que permita el crecimiento social y económico de manera equilibrada, de tal manera que las necesidades de los seres humanos y de las generaciones futuras estén cubiertas. Los factores que harían posible este desarrollo sostenible son tres:

  1. Causar la mínima perturbación posible a los distintos sistemas ecológicos


    De esta forma, nos podríamos situar dentro de los límites de la capacidad de carga de os ecosistemas.
  2. Controlar el uso de las materias primas y de la energía


    De esta manera, tanto las materias como la energía se podrían rentabilizar al máximo. Además, en el caso de los recursos no renovables, deberían ser sustituidos en la medida de lo posible por otros renovables.
  3. Controlar el crecimiento e la población


    Incluso con un consumo ahorrativo y eficiente por parte de sus habitantes, un planeta superpoblado tampoco podría abastecerlos a todos.

Esta sociedad sustentable puede crearse y mantenerse pero, para ello, debemos ser conscientes de que un progreso ilimitado es imposible y actuar en consecuencia. Sin duda, esta idea no es fácil de encajar en una sociedad como la actual, que busca siempre un progreso económico cada vez mayor.

Sin embargo, nunca se resolverán los problemas actuales a menos que se cambien los valores y modelos de producción y consumo de las sociedades industriales. En este sentido, es obvio que el consumismo y la producción desaforada son los principales enemigos a batir.

Es necesario, pues, que en todo el planeta las personas tomen conciencia de la crisis ecológica y se comprometan a actuar en consecuencia, con un consumo limitado y eficiente de los recursos que la naturaleza nos ofrece.

Además, debemos reconocer que los países pobres también sufren los efectos de la crisis ecológica provocada por las sociedades industriales.

  • Tipos de ética ecológica


Esta actual concienciación ecológica deriva de los resultados de una nueva rama del saber, denominada fisiodulia, y que se ocupa del respeto a la naturaleza. El término proviene de fisis que significa naturaleza y doulos que significa respeto.

  1. Antropocentrismo


Esta perspectiva entiende al ser humano como medida de todas las cosas. _Así pues, si otros seres tienen valor, es porque le sirven al hombre para algo. Desde el punto de vista de la ética ecológica, esto significa que los problemas ambientales son importantes en función del bienestar del ser humano, y han de evitarse.

La destrucción del medio nos afecta por varios motivos: nos hace infelices vivir en un medio contaminado y empobrecido, nuestra salud se puede ver deteriorada por ello, nos conmueve y entristece la muerte y el sufrimiento de os animales que habitan en él…

Sin embargo, para el antropocentrismo lo importante no es el estado de los bosques o la desaparición de los animales sino cómo este estado nos afecta a nosotros.

  1. Los animales como centro


Desde esta perspectiva ética, todos los seres con capacidad de disfrutar merecen ser considerados moralmente, lo que incluye a todos los animales que poseen la capacidad de tener experiencias positivas y negativas, sean humanos o no. Más allá de esta consideración, los animales merecen diferente significación moral de acuerdo a sus distintas capacidades. Este punto de vista, aunque cada vez está más extendido, se ha introducido muy tarde en  Occidente: nuestra mentalidad heredera del antropocentrismo, sólo daba a los animales se abrió en el ámbito anglosajón en la década de los setenta y coincidió con la preocupación del medio ambiente.

Este punto de vista, aunque cada vez resulta más extendido, se ha introducido muy tarde en Occidente: nuestra mentalidad, heredera del antropocentrismo, sólo daba a los animales u valor instrumental.
Peter Singer fue pionero al realizar un análisis crítico de esta cuestión desde el ámbito de la filosofía.


  1. Biocentrismo


La posición ética del biocentrismo defiende que todo ser, por el hecho de esta vivo, merece respeto moral. Así pues, en esta perspectiva sea amplía el campo de consideración moral al incluir a los seres con conciencia (humanos), sensibilidad (animales) y vivos en general.

Esto es así porque todo ser vivo valora la vida y lucha en cualquier condición por seguir viviendo, aunque no sea consciente de ello. Por lo tanto, deberíamos respetarlo, aunque no todo ser vivo tenga la misma significación moral.
Ésta puede depender de su evolución y complejidad o de la importancia que tiene para un nicho ecológico una especie determinada que forma parte de él. Esto significa que, cuando interactuamos con la naturaleza, debemos atender a cuáles son los resultados de nuestra acción para los seres vivos moralmente más significativos.

El biocentrismo radical, conocido como “ecología profunda”, es una variante que considera que todo ser vivo es importante. Por tanto, exige que se aplique a todos los seres la misma consideración moral. Así, pues, todo ser tendría el mismo derecho a la vida, al margen de sus capacidades y autodeterminación, ya que todos forman parte por igual del ecosistema.

  1. Ecocentrismo


También conocido como “holismo ecológico”, el ecocentrismo es una teoría ética que mantiene que lo moralmente relevante es la biosfera y los grandes sistemas que la forman, no los individuos, ya sean animales racionales o no, vegetales o minerales. Así, pues, el valor que se debe respetar siempre es el conjunto y no los individuos que lo componen.

Para superar el alcance limitado del biocentrismo, ha de entenderse que el marco de la vida, la Tierra, es lo primero que debemos respetar.. No pueden excluirse de la ética los mares, el cielo y las playas, sólo porque no están vivos, cuando además son el único modo posible de mantener la vida. Diferencia de modo radical entre orgánico e inorgánico pone en peligro la biosfera y su potencial. La Tierra, en la cultura industrial, no se entiende como el único hogar de todos, y esta actitud fomenta su destrucción.

La ecosfera es el único lugar posible para toda actividad humana: incluso desde un punto de vista egoísta, el ser Huambo debería entender que el respeto global por el ecosistema une a odas loas culturas y supera todos los conflictos humanos, pues nos une un interés común. Al analizar los distintos puntos de vista éticos sobre los ecosistemas naturales, resulta claro que mantener una visión fuertemente antropocéntrica no resuelve el problema sino que lo agrava.

La cuestión es encontrar un punto de vista que nos permita entender que dependemos de la biosfera y que, además, pertenecemos a ella, somos un fragmento de medio ambiente, por lo que nuestros intereses son los suyos. Defender el medio ambiente es preservar la vida humana, y esto implica que todo aquél que se preocupe por la vida ha de ser un defensor de nuestra especie. El biocentrismo y el egocentrismo no pueden caer en el antihumanismo. El ecologismo hace imposible una actitud misántropo. Carece de sentido si se pretende respetar la vida, o a los seres dotados de la capacidad de sentir.

Share Button

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *