Sócrates y los sofistas
Si los presocráticos se preocupaban por la reflexión sobre la naturaleza, los sofistas y Sócrates se preocupan por problemas como la educación, la ética y la política. El ser humano es el centro de la reflexión y no la naturaleza (el llamado «giro antropológico»).
Los Sofistas
Los sofistas conforman un movimiento filosófico que se desarrolla en Atenas. El término sofista designa a aquellos sabios que se dedicaban a enseñar cobrando una remuneración. Enseñaban a aquellos ciudadanos interesados en participar activamente en la vida política de la polis.
Tras las Guerras Médicas, Atenas se ve fortalecida con su victoria contra los persas. El pueblo, tras su participación decisiva en la contienda, reclama su protagonismo en el gobierno. La participación pública se abre a todos los ciudadanos libres. El individuo que quería participar en la asamblea debía poseer conocimientos sólidos en oratoria, retórica y leyes; para ello resultaba imprescindible la formación que ofrecían los sofistas.
Entre los sofistas más importantes podemos destacar a Protágoras, con su célebre sentencia: «El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto que son, y de las que no son en cuanto que no son».
Características de los sofistas:
- Se encargan de los problemas políticos, morales y religiosos, ofreciendo una enseñanza humanística de carácter general.
- Adoptan una actitud claramente relativista y escéptica frente a la verdad.
- La mayoría eran extranjeros (metecos) en Atenas; habían viajado ampliamente y conocido distintas leyes e instituciones, por lo que realizaron una aguda crítica cultural y fomentaron nuevas costumbres distinguiendo entre physis (naturaleza) y nomos (convención).
- Sostenían que todos podían opinar e intervenir, lo que les atrajo tanto el recelo de los aristócratas tradicionales como tensiones en la política ateniense.
Sócrates
Sócrates puede considerarse como el contrapunto ético e intelectual de los sofistas. Resulta fundamental comprender su método dialéctico, el cual consta de dos fases principales: la ironía y la mayéutica.
- La ironía: Sócrates parte de la premisa de su propia ignorancia («solo sé que no sé nada») e interroga a sus interlocutores. Preguntaba qué era determinado concepto o virtud, y tras recibir una respuesta inicial, evidenciaba mediante preguntas sucesivas sus contradicciones. Este proceso continuaba hasta que el interlocutor reconocía que realmente carecía de un conocimiento certero. Así, Sócrates lo conducía a tomar conciencia de su ignorancia, condición indispensable para comenzar a aprender.
- La mayéutica: Su nombre alude al arte de las comadronas («dar a luz»). Sócrates sostenía que toda persona puede alcanzar el conocimiento por sí misma si se la guía adecuadamente a través del diálogo reflexivo, alumbrando verdades universales y definiciones precisas.
Respecto a la ética, Sócrates defendió el intelectualismo moral: consideraba que quien conoce el bien no puede obrar mal de manera deliberada; el desconocimiento es la causa del vicio. El obrar bien conduce a la felicidad (eudaimonía). En cuanto a la política, la entendía como el arte de cuidar el bien común de la comunidad; en él, cada ciudadano debe contribuir a la justicia de la ciudad.
Diferencias principales entre Sócrates y los sofistas
- Remuneración: Sócrates vivía con modestia y nunca cobró por enseñar, mientras que los sofistas cobraban honorarios elevados.
- Sentido de pertenencia: Sócrates se mantuvo profundamente vinculado a Atenas y a sus leyes, mientras que los sofistas eran itinerantes y cosmopolitas.
- Búsqueda de la verdad: Sócrates aspiraba a un conocimiento universal, objetivo y absoluto; los sofistas defendían un relativismo moral y gnoseológico.
- Finalidad formativa: Sócrates buscaba que el individuo alcanzase la virtud (areté) y el cuidado del alma, mientras que los sofistas se orientaban hacia la elocuencia y el éxito político personal.
Relación con la teoría del conocimiento
Al situar la epistemología clásica en perspectiva histórica, es posible contrastar y relacionar las doctrinas de los presocráticos, sofistas y Sócrates con Platón y la tradición filosófica ulterior.
Presocráticos y el dualismo platónico
Tanto Platón como Parménides son pensadores metafísicos que sitúan la verdadera realidad inteligible más allá de la experiencia sensorial contingente. Ambos niegan la realidad ontológica del devenir continuo y afirman la primacía de lo inmutable y eterno. Por contraposición, Heráclito sostiene el cambio incesante (panta rhei), fundamentándolo en una razón cósmica material (el fuego o logos), postulado dinámico compartido también en otros términos por autores pluralistas como Anaxágoras.
Sócrates y Platón
Para Sócrates y Platón, el conocimiento auténtico (episteme) posee un valor universal y absoluto, resultando imprescindible para la búsqueda de la verdad. No obstante, mientras Sócrates vincula de forma inseparable el saber con el comportamiento virtuoso (intelectualismo moral), Platón eleva la Idea del Bien al rango ontológico supremo: el Bien supremo es la causa y cúspide de todo conocimiento inteligible.
Conexión con San Agustín de Hipona
Es evidente la impronta platónica en la filosofía medieval a través de San Agustín, quien cristianizó elementos nucleares del platonismo: la distinción entre dos realidades (mundo inteligible frente a mundo sensible) se plasma en la separación entre la Ciudad Celeste y la terrenal, así como en la superioridad del conocimiento racional e iluminado sobre la percepción sensible. Sin embargo, San Agustín rechaza frontalmente doctrinas paganas como la transmigración o reencarnación de las almas (metempsicosis), compatible con la anámnesis platónica, pero opuesta a la teología cristiana.
Del Racionalismo Moderno a la Crítica Empirista
La primacía de la razón sobre los sentidos hermana a Platón con el racionalismo moderno de Descartes, Leibniz y Spinoza, quienes desconfiaron de la información sensible como base de certeza indudable.
- Ideas innatas: Mientras que para Platón son realidades subsistentes y esencias contempladas por el alma con anterioridad, para Descartes constituyen contenidos cognoscitivos inherentes a la mente o razón humana.
- Dualismo antropológico: Platón concebía el alma inmortal y preexistente, aprisionada en el cuerpo; Descartes concebía el ser humano como la unión interactiva de dos sustancias radicalmente distintas (res cogitans o pensamiento y res extensa o materia), unidas en su formulación física a través de la glándula pineal.
Esta tradición dualista y racionalista sería sometida a una crítica sistemática por Aristóteles en la Antigüedad, y por la corriente empirista moderna representada por John Locke y David Hume. En particular, Hume rechazó la existencia de ideas innatas y de sustancias metafísicas indemostrables, afirmando que ningún concepto tiene legitimidad cognoscitiva si no deriva directamente de impresiones sensibles.
