La Unidad de la Razón como Fundamento Humano
Según Descartes, la razón que constituye la sustancia del ser humano es igual en todos los hombres, de manera que la diversidad de las opiniones humanas se origina solamente en los diferentes modos de usarla. Este principio de la unidad de la razón fue la primera gran inspiración de Descartes. En las Reglas para la dirección del espíritu (1628), afirma claramente la unidad del humano, fundada en la unidad de la razón.
Bajo el título general de filosofía, Descartes incluía no solo la metafísica, sino también la física o filosofía natural, que estaría en relación con la primera como un árbol; las ramas procedentes de ese tronco son las otras ciencias, las tres principales de las cuales son la medicina, la mecánica y la moral.
La Ruptura con la Tradición Aristotélica
En general, Descartes rompió consciente y deliberadamente con la filosofía anterior. Acusó a los aristotélicos no solo de ampararse en la autoridad de su maestro, sino también de no haberle entendido adecuadamente.
El Método Universal y el Giro Epistemológico
Descartes se resolvió a confiar en su propia razón, no en la autoridad; por eso se considera que Descartes es el promotor del giro epistemológico, en el que el primer interés del pensamiento no es explicar el mundo, sino la manera en que el sujeto de conocimiento accede a él. Del mismo modo que hay una sola razón común a todos los seres humanos, Descartes pensaba que debía haber un método común a todas las ciencias; en otras palabras, que debe existir un método universal del conocimiento.
Se trata de adoptar el método de las matemáticas y darle una formulación general para poderlo aplicar a todas las ramas del saber. Así comienza el nacimiento de la ciencia moderna a finales del siglo XVI de la mano de astrónomos como Copérnico, Kepler y, sobre todo, Galileo. Descartes se proponía así matematizar el proceso de obtención del conocimiento.
Las Reglas del Método Cartesiano
Descartes hizo un primer intento de formular el método en su obra Reglas para la dirección del espíritu, pero en el Discurso del método reduce a cuatro las reglas fundamentales:
- La primera es la de la evidencia: solo hay que aceptar como verdadera la idea que se le presenta a la mente como clara y distinta. La evidencia es contrapuesta por Descartes a la conjetura, que es aquello cuya verdad no aparece a la mente de modo inmediato. Se entiende por claridad la presencia y manifestación de la idea en la mente, y por distinción la separación de todas las otras ideas. El acto por el cual el alma llega a la evidencia es la intuición.
- La segunda regla es la del análisis de las dificultades: una dificultad es un complejo de problemas en los cuales están mezclados lo verdadero y lo falso. La regla supone, en primer lugar, que su problema sea absolutamente determinado y, en segundo lugar, que sea dividido en problemas más simples.
- La cuarta regla es la de la enumeración: hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan generales que estemos seguros de no omitir nada.
La Duda Metódica y la Búsqueda de la Certeza
Por otro lado, Descartes señala que un rasgo que también tienen en común todos los conocimientos es que deben tener certeza. La certeza significa la imposibilidad de duda acerca de un conocimiento; solo es cierto aquello de lo que el pensamiento humano no puede dudar en absoluto.
Con el fin de asegurar la certeza de nuestro conocimiento, Descartes lo somete a la prueba de la duda, a la que ha llamado la duda metódica universal, y que consiste en considerar falso todo aquello de lo que podamos dudar. Se llama metódica porque dudar de todo es solo un método para encontrar una primera verdad; sin embargo, esto no significa que Descartes sea escéptico. Descartes confía en la capacidad de conocer de la razón humana, pero piensa que el primer paso es eliminar de él todo aquello sobre cuya verdad podamos dudar.
Los Tres Momentos de la Duda
Descartes sostiene que ninguna forma de conocimiento se sustrae a la duda:
- Los sentidos: el primer momento de la duda consiste en que los sentidos nos engañan.
- El sueño: Descartes nos recuerda que durante el sueño tenemos por verdaderas cosas que no lo son, y no existe un criterio seguro de distinción entre la vigilia y el sueño.
- El Genio Maligno: el tercer momento es la hipótesis del genio maligno. Así, la duda se extiende a todo y se convierte en absolutamente universal. A la duda llevada a este extremo se le ha llamado duda hiperbólica.
El Cogito: La Primera Certeza
Pues, al dudar de todo, descubrimos que hay una sola cosa de la que es absolutamente imposible dudar: podrá ser falso lo que pienso, pero lo que es absolutamente indudable es que yo lo estoy pensando. Cuando dudo, se realiza la actividad de pensar; esto me permite concluir mi existencia. Para expresarlo con la célebre afirmación cartesiana, llego a la primera certeza: «Pienso, luego existo» (Cogito ergo sum).
Hay que hacer unas precisiones sobre esta afirmación: se refiere únicamente a que yo existo como pensamiento; por tanto, no se refiere a la existencia de mi cuerpo, el cual es algo empírico, y ni siquiera se refiere a mi alma en un sentido tradicional. La formulación cartesiana del cogito recuerda mucho a la que San Agustín de Hipona había elaborado más de un milenio antes en su obra La ciudad de Dios, criticando también a los escépticos. Es muy probable que Descartes conociera esta obra y se inspirara en la formulación agustiniana, pero el objetivo es diferente: Descartes intenta encontrar una primera certeza en la que fundar el conocimiento científico.
Críticas al Cogito: Huet y Gassendi
Descartes cree que esta certeza primera puede fundamentar la validez de la regla de la evidencia. Pero ya a algún contemporáneo de Descartes esta relación entre el cogito y la regla de la evidencia le había parecido problemática.
Crítica de Huet
Si el principio del cogito se acepta porque es evidente, surge la duda: ¿son el cogito y la evidencia verdaderamente dos principios distintos entre los cuales hay que establecer una prioridad? En realidad, el cogito no es una evidencia, sino que más bien se identifica con la evidencia al ser el origen de todas las evidencias.
Crítica de Gassendi
Esto permite responder a otra objeción: si el cogito es o no es un razonamiento. El mismo Descartes ha afirmado contra sus críticos el carácter inmediato e intuitivo del cogito. En realidad, la identidad entre la evidencia y el cogito establece también la identidad entre el cogito y la intuición, que es el acto de la evidencia. Así pues, el cogito no es un razonamiento.
La Existencia de Dios en el Discurso del Método
En este fragmento del Discurso del método de Descartes, el tema central es la formulación de la regla de la evidencia. La idea principal es que, gracias al cogito, Descartes se da cuenta de que todo lo que su mente conoce con claridad y distinción es verdadero de forma indudable. Después de este fragmento, Descartes demuestra la existencia de Dios para salir de ese callejón sin salida al que le ha llevado el cogito.
Primera Argumentación sobre Dios
El tema central es la explicación de la primera argumentación para demostrar la existencia de Dios:
- La primera idea principal es que puedo pensar en algo más perfecto que yo.
- La segunda idea es que la idea de perfección no procede del exterior, ni de la nada, ni de mí mismo.
- Por último, la idea de mayor perfección procede de una naturaleza más perfecta: la existencia de Dios.
Segunda Argumentación sobre Dios
El tema central es la explicación de la segunda argumentación para demostrar la existencia de Dios:
- La primera idea principal es que en las verdades matemáticas, aunque sean evidentes, no está incluida la existencia del objeto al que se refieren.
- La segunda idea es que en la idea de un ser perfecto, la existencia de ese ser está incluida de forma evidente.
- Por último, es evidente que Dios existe.
En este fragmento hay una argumentación que tiene como premisas las dos primeras ideas y la tercera idea como conclusión.
