Método y estructura de la razón según Descartes
Se plantea, por tanto, la necesidad de conocer la estructura de la razón para poder aplicarla correctamente a los objetos de estudio. El conocimiento racional se apoya en dos operaciones fundamentales: la intuición y la deducción. La intuición se entiende como una luz o instinto natural que permite conocer un concepto con absoluta certeza; la deducción consiste en la cadena de conexiones necesarias que se establecen a partir de las intuiciones.
Las cuatro reglas del método
El método cartesiano consiste en cuatro reglas recogidas en El discurso del método y en Reglas para la dirección del espíritu, que garantizan el empleo correcto de estas dos operaciones de la mente:
- Evidencia: consiste en no precipitarse y admitir solo como verdad aquello que se presente a la razón como evidente, es decir, claro y distinto. Una idea es clara cuando la percibimos sin obstáculos y distinta cuando la percibimos separada de cualquier otra idea. Solo la intuición puede proporcionar certezas de este tipo.
- Análisis: consiste en descomponer los conocimientos hasta llegar a los elementos más simples.
- Síntesis: a partir de las ideas simples y evidentes percibidas por la intuición, comienza el proceso deductivo mediante una cadena de intuiciones, hasta reconstruir lo más complejo.
- Enumeración: consiste en revisar y comprobar el proceso analítico-sintético.
Las reglas del método que propone Descartes suponen poner en duda todo el saber tradicional y aceptar únicamente aquel principio que resista a toda crítica.
Contexto histórico (H. C.)
H. C.: Filósofo del siglo XVII, cuya obra más importante, El discurso del método, escribió durante el Siglo de Oro francés. En esta época en Europa comienzan a prevalecer potencias como Francia, Inglaterra y Holanda frente a las principales del Renacimiento, viviéndose así un tiempo de inestabilidad y guerras entre los estados europeos.
El desarrollo de la burguesía y del capitalismo rivaliza con la nobleza en el campo político. Una de las guerras religiosas más conocidas fue la Guerra de los Treinta Años, en la que participó Descartes, y en la que lucharon dos civilizaciones por imponerse: la feudal y católica contra la burguesa y protestante. Es también la época de la Contrarreforma y de la creación de la Inquisición, que se oponía al espíritu renacentista; con ello comenzó la lucha contra la libertad de pensamiento.
El punto de vista cultural del momento es el barroco, ya que el tono general de la época era el pesimismo. También sobresale la invención y el desarrollo de la imprenta, que permite que el ámbito de la cultura salga de los círculos eclesiásticos y se haga accesible a todos.
Cabe destacar un hecho importante en la vida de Descartes: su conocimiento de la condena de Galileo por la Inquisición. Tras esto, decide no publicar su Tratado del mundo y, solo unos años más tarde, publica una parte de su obra científica —Dióptrica, Meteoros y Geometría— precedida por El discurso del método. Probablemente fue el miedo lo que le llevó a publicar la obra anónimamente; en el capítulo II aclara que sus intenciones no son otras que las de reformar su propio conocimiento, desaconsejando a todo el mundo que haga lo mismo y destacando la importancia de Dios como garante de cualquier conocimiento. Sin duda, lo contrario podría haber sido entendido como una llamada a una revolución absolutamente inaceptable.
Factores filosóficos (F.)
F.: Hay dos factores filosóficos que influyen directamente en Descartes:
- Por un lado, hereda los grandes problemas filosóficos de su época. En esto cabe destacar el poder educativo de la Compañía de Jesús, que será punta de lanza de la Contrarreforma. El teólogo más importante de Europa para las enseñanzas jesuitas, Francisco Suárez, tiene una influencia decisiva en Descartes, pues este estudia en La Flèche, un colegio jesuita.
- Por otro lado, en la Francia de Descartes reina la crisis y la inseguridad. Gracias a esto se difunden ampliamente los escritos de los antiguos escépticos griegos y se impone la figura de Montaigne, cuyos ensayos son una obra magistral del escepticismo.
También cabe destacar el giro antropocéntrico y naturalista que dieron los humanistas del Renacimiento: situaron al hombre como centro de interés intelectual y recuperaron a los pensadores grecolatinos, lo que provocó una «crisis» de la conciencia europea. Por su parte, el avance del conocimiento científico y técnico exigía una puesta al día del saber, defendiendo que había que sustituir antiguos paradigmas por otros de carácter físico-matemático, fundados en la experiencia y en un método lógico para establecer la razón.
Estos cambios se consolidaron en el siglo XVII en dos sistemas filosóficos contrapuestos: el empirismo y el racionalismo, que coincidían en ciertos puntos comunes:
- El sujeto es el centro y el fin de todo, y es quien decide sobre la verdad o no de cualquier enunciado, comenzando por un examen del conocimiento para determinar su alcance.
Pero mientras el racionalismo defiende que el conocimiento y la razón se construyen deductivamente a partir de unos principios innatos e independientes de lo sensorial, el empirismo sostiene que el conocimiento parte de la experiencia y, por inducción, llega a hipótesis explicativas de los fenómenos.
El proyecto cartesiano
El proyecto de Descartes es construir, mediante la razón, un sistema de proposiciones ciertas basadas en principios verdaderos e indudables. El modelo tiene como referente una ciencia en la que la mente pase de verdades evidentes por sí mismas a otras deducidas a partir de las primeras. Descartes considera entonces posible conseguir una representación matemática del mundo mediante la geometría analítica; llegando a plantear en sus Principia la idea de una «mathesis universalis», una ciencia general que explique todo lo que nos preguntemos sobre el orden y la medida y que sea aplicable a cualquier otra ciencia.
La hipótesis cartesiana fundamental en este sentido es la posibilidad de un método científico universal, porque la razón es una y la misma para todos los seres humanos. Este principio garantiza que el saber sea uno: hay una sola ciencia con numerosas ramificaciones y un único método científico aplicable al saber. El proyecto cartesiano comienza por la metafísica, para la que será necesario formular reglas del método y normas morales que cumplir.
