La Naturaleza Humana y la Búsqueda del Bien
Por naturaleza, al margen de posibles patologías, el ser humano busca ineludiblemente su felicidad. Esta es la meta irrenunciable de toda persona: SER FELIZ. Por esta razón, todo el mundo busca lo bueno; es decir, tiende hacia aquello que considera que es el bien, busca «su bien».
El problema surge cuando percibimos que existen concepciones distintas del bien. Existen muchos ejemplos. ¿Quiere decir eso que no existe un criterio objetivo para considerar el bien? ¿Qué cualidad tienen los valores morales? La división de opiniones no significa que el bien sea subjetivo: la necesidad del aire que respiramos no es un capricho, sino una verdad independiente de nuestra opinión subjetiva. De modo similar, valores objetivos como la paz o la justicia siguen siendo valiosos para todos.
El Relativismo Moral
Esta posición está muy extendida; sostiene que un juicio moral depende de cada cultura o de cada grupo. Es decir, ante un mismo hecho, unos lo ven como bueno y otros como malo. De tomarnos en serio esta posición, resulta que el diálogo moral se haría imposible entre culturas, ya que entre dos interlocutores que no hablan en el mismo plano jamás puede haber entendimiento. Según esta postura, no existe ningún criterio para establecer un juicio válido y objetivo acerca de los valores morales. ¿Qué son, entonces, los valores morales?
El Subjetivismo Moral
Está igualmente extendido y considera que cada uno opina como quiere. Aquí no existe ningún criterio para discernir acerca del fenómeno moral, ya que depende del individuo y su arbitrariedad.
Dogmatismo Moral
Frente a las otras, existe otra postura muy distinta que supone que todo juicio moral parte de una concepción muy determinada, fuera de la cual no hay moralidad posible: todo es inmoral. Serían posiciones más o menos fanatizadas que se juzgan bajo un determinado código moral.
No tenemos por qué pensar únicamente en nuestra cultura aquí y ahora, sino que a lo largo de la historia se han conocido muchas manifestaciones que tienen como punto de partida una posición social, considerando que esta es universalmente válida y que cuanto salga de ella es malo. Si bien tiene una dimensión positiva en el hecho de ser más dialogante que el subjetivismo y el relativismo, ya que reconoce la subjetividad del fenómeno moral.
Corrientes Filosóficas y la Finalidad del Ser Humano
Veremos distintas corrientes filosóficas que, a lo largo de la historia, han reflexionado acerca de cuál es la finalidad del ser humano y en qué consiste el bien. Para explicar cuándo una elección es moralmente razonable, han nacido las diferentes teorías éticas. Por lo general, todas ellas obedecen a una determinada concepción del mundo, del hombre y de la vida.
Vamos a ver que los grandes pensadores griegos, cristianos y contemporáneos han entendido que la felicidad es el fin último de todo ser humano. No hay nadie que pueda abandonar la búsqueda de su felicidad. Todos nos proponemos ser felices en la vida y, por lo general, nos preocupa que los demás también lo sean. En términos generales, es una constante en el pensamiento occidental considerar que la virtud es el fin último del hombre y que su consecución nos lleva a la perfección personal y, con ello, a la felicidad.
Pensamiento Socrático
Sócrates inicia una forma sistemática de hacer filosofía y, aunque no escribió absolutamente nada, sabemos de él a través de sus discípulos. Nos ofrece la primera reflexión acerca del bien del ser humano y funda un sistema de pensamiento llamado mayéutica, cuyo carácter principal es ayudar a los demás a «dar a luz» la sabiduría.
El pensamiento moral socrático se caracteriza por su optimismo basado en un intelectualismo moral antropológico. Sócrates parte de que el ser humano es bueno por naturaleza y que el desarrollo intelectual está en el vértice de su actualidad y mayor realización del bien. Una persona formada e instruida debe ser necesariamente buena. Quien hace el mal lo hace por ignorancia; su obligación es el bien, pero lo desconoce.
Principios del Intelectualismo Socrático:
- 1. El hombre se realiza a través del conocimiento.
- 2. Quien conoce obra necesariamente el bien.
- 3. Quien obra el mal no lo hace con mala intención (sino por ignorancia).
- 4. Identifica la sabiduría con el bien.
- 5. La virtud es la sabiduría.
Esta concepción ética ha sido muy discutida tanto por su discípulo Platón como por Aristóteles; no obstante, presenta planteamientos ético-antropológicos de gran interés.
Platón
Platón es discípulo de Sócrates, nace hacia el 427 a.C. y vive el periodo de mayor esplendor del clasicismo ateniense. Funda una institución de enseñanza llamada La Academia. Es el primer filósofo del que se conserva la mayor parte de sus escritos, los cuales tienen forma de diálogos, siendo Sócrates el protagonista principal de todos ellos.
Proyectó la ética y la política de un modo similar a como conoció el orden del universo. Para él, la sociedad está jerarquizada en tres estamentos:
- Los Productores: Los que trabajan con sus manos.
- Los Guardianes: Cumplen una doble función: mantener el orden interno y actuar como ejército.
- Los Gobernantes: Aquellos que ostentan el poder.
Para Platón, existe una división del alma en tres partes: el alma concupiscible, el alma irascible y el alma racional. Esta última tiene por misión propia el conocimiento del BIEN. Su virtud es la justicia; para él, una sociedad justa es aquella en la que cada uno cumple la función que le corresponde. Define la virtud como la mezcla proporcionada de placer y sabiduría.
Aristóteles
La ética eudemónica (de la felicidad) de Aristóteles, discípulo de Platón, nos ha llegado a través de una extensa obra filosófica de la que destaca la Ética a Nicómaco. Considera que el ser humano tiende, por exigencias de su propia naturaleza, a la consecución del bien (la felicidad).
El ser humano se distingue de los animales por tener un alma racional. Para Aristóteles, las virtudes son hábitos que capacitan al sujeto para obrar y vivir bien.
La Ética del Placer: Hedonismo
El hedonismo clásico nace en Grecia con Epicuro de Samos hacia el 341 a.C. Se pregunta qué es lo que mueve a los hombres en la vida: el placer hedonista.
Sin embargo, el placer no es un mero gozo de la sensibilidad humana. Epicuro sostiene que por placer debemos entender la «ausencia de dolor corporal y turbación del alma» (ataraxia). La sabiduría es un elemento del ser humano comprendido como un cálculo prudente.
El Hedonismo Social: Utilitarismo
En el siglo XIX y en el ámbito anglosajón surge el utilitarismo, en el que destacan dos autores: John Stuart Mill y Jeremy Bentham. Sostienen que el móvil básico de la conducta humana es la búsqueda del placer.
Los hombres están dotados de sentimientos sociales; la simpatía consiste en ponerse en el lugar de otra persona, y esa simpatía lleva al ser humano a extender a los demás su personalidad. La finalidad moral de todo ser humano será alcanzar la mayor felicidad (placer) para el mayor número posible de personas. Será más moral quien decida actuar procurando dar la mayor felicidad al mayor número de personas.
John Stuart Mill entiende que hay placeres superiores e inferiores, estando legitimados para decidir cuáles son superiores aquellos que hayan experimentado ambos. Estas personas siempre han preferido los placeres intelectuales. El utilitarismo no es una forma de hedonismo egoísta.
