Libertad, dignidad y responsabilidad: derechos, reconocimiento y democracia

La libertad

La libertad es uno de los valores más importantes de las sociedades actuales. Podemos pensarla de dos formas que están estrechamente relacionadas: la libertad individual y la libertad política o social.

Formas de libertad

  • Libertad individual: nos referimos a la que se relaciona con los pensamientos, gustos, deseos y acciones que tenemos y realizamos las personas en forma individual y que no afectan directamente a otras personas. Esta forma de libertad es propia de cada individuo y constituye uno de los derechos que tenemos como seres humanos.
  • Libertad política o libertad social: en cambio, se define como la que resulta de las relaciones entre los miembros de una comunidad. Esta forma de libertad no suprime la libertad individual, pero la condiciona, ya que se relaciona con las libertades individuales de los otros miembros de la sociedad. Por ese motivo, la libertad política se reconoce como la libertad propiamente humana: como somos seres sociales, no podemos vivir ni imaginarnos aislados de la sociedad, sin la compañía de otras personas.

Dignidad y libertad

La dignidad humana es el resultado del modo en que cada persona puede desarrollar concretamente su vida. Una vida digna es la que nos permite desenvolvernos como humanos con todas nuestras capacidades.

Relación de la libertad y la dignidad

Sin libertad, la dignidad se convierte en un anhelo y en una lucha, más que en una realidad. Será la lucha por liberar a la humanidad de la pobreza, entonces, la que vuelva digna la vida humana. De este modo, libertad y dignidad están íntimamente unidas, ya que no podemos pensar vidas dignas sin libertades individuales, como la libertad de pensamiento y de expresión; o sin libertades políticas, como la libertad para decidir y actuar de acuerdo con las propias convicciones y luchar por lo que se cree justo.

Libertad y reconocimiento

Libertad y reconocimiento son dos conceptos íntimamente unidos. Somos libres cuando nos reconocen como tales y nos reconocen libres cuando reconocemos libres a los demás. A su vez, reconocer a otro es reconocerse a uno mismo, como cuando estamos frente a un espejo. La libertad que surge del reconocimiento es la libertad propiamente humana. Esta libertad deja de existir cuando una persona somete a otra a la esclavitud. La libertad nacida del reconocimiento es, fundamentalmente, la libertad de ser distintos.

Libertad y responsabilidad

Las personas nos educamos y desarrollamos en relaciones sociales; es decir, nuestros pensamientos, creencias, gustos y forma de actuar están en gran parte influenciados por las normas, los valores y las prácticas de la comunidad en que vivimos. Además, implica que nuestras acciones tienen consecuencias y afectan a las personas que nos rodean y, en mayor o menor medida, a la sociedad en su conjunto.

Por eso, todos los países plantean límites a la libertad individual con sus leyes y grados de responsabilidad por los actos de las personas cuando afectan a otros. Podemos decir que la unión entre la libertad de actuar y la responsabilidad por lo actuado es la libertad política. Responsabilizarnos por nuestros actos no supone negar nuestra libertad de actuar, pero nos obliga a considerar sus consecuencias.

Para establecer el grado de responsabilidad y las sanciones correspondientes, se toman en cuenta al menos dos elementos: si la persona actuó por voluntad propia y si era plenamente consciente de sus actos. La voluntad, es decir, la libertad para decidir cómo actuar, determina el grado de responsabilidad sobre los actos y sus consecuencias. Al mismo tiempo, la responsabilidad social que estemos dispuestos a asumir sobre nuestros actos es la que determinará la posibilidad real de actuar libremente, es decir, según nuestra propia voluntad.

Libertad y democracia

Tanto la libertad individual como la libertad social de las personas y de las comunidades dependen de la organización política del lugar donde viven. Nacemos en pueblos, ciudades y países que tienen reglas, normas jurídicas y leyes que regulan y organizan las actividades públicas. Las leyes y normas dicen qué está prohibido hacer y también qué está permitido hacer. Cuando las normas, las leyes y, en general, la propia forma de gobierno pueden ser propuestas, debatidas y modificadas por los ciudadanos y las ciudadanas, directamente o por medio de sus representantes, se dice que esa estructura política es democrática.

Desde la Antigüedad se ha propuesto a la democracia como la forma de gobierno que mejor articula la libertad individual con la vida en sociedad, es decir, con la libertad política.

Libertad como derecho

En la actualidad, se reconoce para cada persona un ámbito privado donde cada uno es libre. Esto es lo que hemos llamado libertad individual. Al mismo tiempo, también se establecen límites a esa libertad, que resultan de la propia vida en sociedad. En la actualidad, la libertad adquiere un carácter más profundo, ya que se la considera como la condición propia del ser humano. Somos personas en tanto somos libres.

Otra novedad que aparece con el pensamiento contemporáneo es que tanto las libertades individuales como las libertades políticas son propuestas como derechos. Decimos que la libertad de salir y entrar del país es el derecho que tenemos a transitar libremente, y que la libertad de expresión es el derecho que tenemos a expresar nuestras ideas.

Libertad moderna

A partir del siglo XV, en el período histórico conocido como Renacimiento, la relación entre libertad individual y libertad social o política se invirtió. Surgió un nuevo sistema económico, el capitalismo, que no necesitaba de esclavos sino de trabajadores. En la sociedad capitalista, la libertad individual sirve de fundamento a la libertad política. Las personas no nacen esclavas sino libres, y la sociedad tiene que organizarse para proteger la libertad individual que se considera la libertad natural del ser humano.

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