Resumen metafísica de Aristóteles

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El término metafísica procede de la expresión griega tá metá tá physicá (cuya traducción literal sería más allá de la física). Es una denominación que empleó por primera vez Andrónico de Rodas (siglo I a. C.) para referirse a una serie de libros de Aristóteles que trataban básicamente de dos tipos de cosas:De los primeros principios del movimiento o cambio. Aristóteles parte de que todo lo que se mueve (cambia) es movido por algo; por lo tanto, concluye, tiene que haber un primer motor (al que también llama Dios), que mueva a todo lo demás. Del ser en tanto ser (a veces se traduce del ente en tanto ente, en todo caso nos referimos a la reflexión sobre el ser, el sentido del ente en general). Todas las ciencias se ocupan de parcelas particulares del ser, así la Aritmética se ocupa del número, la Medicina de la salud y la enfermedad, etc. Pues bien, Aristóteles considera que debe haber una ciencia que se ocupe del ser en sí mismo, no del ser de los números, o del ser de la naturaleza o del ser de Dios, sino del ser, sin más. Al mundo tal como se aparece ante el común de los mortales (como una realidad múltiple y cambiante, en la que permanentemente están surgiendo manifestaciones diversas y permanentemente están desvanecíéndose) los primeros filósofos griegos  lo llamaron physis (naturaleza). Estos primeros filósofos, los presocráticos, pretendían explicar la multitud de cosas a partir de un arché (principio, razón u origen) común, del que todas surgirían y al que final todas irían a parar en un eterno retorno. Al saber sobre el ser Parménides  lo llama vía de la verdad. Al  pretendido saber que tenemos sobre el mundo múltiple y cambiante lo llama vía de la opinión, pues de este mundo sólo se puede decir que me parece así pero no que es así. El problema de la postura de Parménides es que esta manera de concebir el ser no nos permite explicar la realidad natural, múltiple y cambiante. Una vez descubierto el ser lo único que cabe decir con sentido es que es uno, eterno, indivisible y nada más. El intento de superar esta situación provoca la aparición de dos actitudes nuevas: (1) Por un lado, aparece en escena un grupo de pensadores, conocidos como sofistas, que sostienen que no existe el ser, sólo el parecer (2) Por otro lado aparece en escena de manos de Sócrates (y, sobre todo de su discípulo Platón), una nueva manera de entender el ser: el ser se concibe ahora como lo universal, como la esencia de las cosas. La esencia es el conjunto de notas o rasgos que determinan a una realidad para ser algo (a ser un hombre, un triángulo, oro, etc.). Así, según Aristóteles, la esencia del hombre residiría en ser un animal racional. Igualmente podríamos decir nosotros que la esencia del oro viene dada por tener como número atómico 79 y masa atómica 196,9665; de modo que cualquier elemento que tenga estos determinados rasgos será oro, y, a la inversa, cualquier elemento para ser oro tendrá que tener necesariamente esos rasgos. Si entendemos que saber es descubrir lo que hay de universal y necesario en la realidad, la existencia de esencias es lo que permite el saber. Por ello, la noción de esencia está en estrecha relación con la de concepto. Concepto es la representación mental de algo universal; es el equivalente mental de las esencias. Los conceptos se expresan a su vez mediante signos orales o escritos. Así, los signos hombre, mench, man, home, serían representaciones gráficas de un mismo concepto. A Sócrates (V. A.C.) le interesaba saber qué es la justicia, qué es la virtud, qué es la belleza y cosas semejantes. Esto es, buscaba descubrir la esencia de tales cosas. Para Sócrates la esencia de algo residiría en una definición universal, es decir, en una definición que valiese para toda la especie o conjunto de realidades de las que se habla. Así, la esencia del bien consistiría en dar una definición que valiese para todas las realidades o actos  de lo que podemos afirmar que son buenos. Esta definición sería algo universal (valdría para todo considerado bueno) y eterna (una vez encontrada no cambiar con el tiempo). Platón considera que hay dos niveles de realidad: El mundo sensible. Este es el mundo que percibimos a través de los sentidos. Está hecho de materia ordenada. Por estar hecho de materia diferenciamos en él individuos: cada trozo de materia ordenada es un individuo. Tales seres están además compuestos de partes, y son cambiantes y,  por ello, perecederos, pues la materia tiende al desorden. Tales seres sólo son algo, son caballos, triángulos, cosas bellas, buenas, en tanto que tal carácterística la reciben del mundo inteligible, en tanto son copias del mundo inteligible. El mundo inteligible sólo puede ser conocido a través de la razón o inteligencia . Está constituido por entidades inmateriales a las que llama Ideas o Formas. Estas Ideas son universales ya que, dado que no hay en ellas elementos físicos que establezcan diferenciaciones individuales, solo se podrán diferenciar unas de otras porque respondan a una definición diferente. Justamente esta definición diferente implica una especie o universal distinto. Las Ideas poseen un ser, son algo y constituyen la esencia del mundo sensible. Entonces  tenemos dos tipos de realidades: las Ideas y las cosas sensibles. La diferencia entre unas y otras consistirá en que las Ideas serán auténticas realidades. Mientras que el mundo sensible será un mundo aparente, una especie de copia de las Ideas. Aristóteles fue un discípulo de Platón que cuestiónó la validez de la teoría de las Ideas de su maestro. La razón principal que le lleva a no aceptar tal teoría es la de que si las Ideas están separadas del mundo sensible no nos sirven para explicar el funcionamiento de éste, que es, a fin de cuentas, el mundo en el que vivimos. Al revés que Platón, Aristóteles considera que el mundo natural es plenamente real. Además, define lo natural como aquello que tiene en sí un principio de movimiento o cambio . Así, por ejemplo, es natural un abeto porque llega a ser abeto por sí mismo, pero no lo es una mesa hecha de abeto, porque sólo llega a ser mesa en virtud de los cambios producidos mediante la técnica humana. A las realidades individuales e independientes que constituyen el mundo natural, les llama sustancias. La sustancia es el sujeto de las cualidades. Las sustancias son los entes, las cosas: un hombre concreto (por ejemplo, Pedro), un caballo concreto (por ejemplo, Babieca), etc. Toda sustancia natural es, según Aristóteles, un compuesto de dos tipos de principios: La materia primera. Dado que las cosas se transforman unas en otras, hay que suponer un sustrato que permanezca tras los cambios. Y a esto es a lo que IIamamos materia primera. Por ejemplo, podemos convertir un abeto en una mesa y a ésta en ceniza. En este proceso cambia lo sustancial, pero hay algo, materia primera, que permanece porque que un ente no puede diluirse en la nada –de la nada no surge nada-. La materia primera es eterna y absolutamente indeterminada. Y no puede existir, ni siquiera ser pensada, con independencia de la forma o esencia. La forma sustancial. Es lo que da entidad a la materia primera. La forma sustancial es universal, es decir, es común a todos los individuos de una misma especie, constituye la especie. Así, hay una forma sustancial de hombre, una forma sustancial de caballo, etc. Pero no hay una forma sustancia Pedro, ni una forma sustancial Babieca. Las formas sustanciales es el equivalente en Aristóteles de las Ideas platónicas. Al igual que aquéllas, constituyen la esencia de las cosas.
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