RESUMEN DEL mito de la caverna de Platón

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Platón propone como remedio a los problemas políticos de su tiempo un gobierno de filósofos, al considerar que sólo la filosofía puede ofrecer una visión adecuada de lo justo y de lo bueno, imprescindible para que los gobernantes se conduzcan recta y sabiamente como individuos y para que gobiernen sabiamente encaminando el Estado hacia la justicia, la felicidad y la armónía.  
Como se sabe, Platón rechaza la democracia como forma de gobierno, pues ésta se basa en el supuesto de que cualquiera está capacitado para dirigir el destino político del Estado. 
Por contra, propone como gobierno ideal una especie de aristocracia o gobierno de los mejores, pero bien entendido, pues se trata de una aristocracia del saber y de la virtud, no del linaje o de la sangre. Sólo un gobierno así puede ponernos a salvo de la incompetencia, de los abusos y de la ambición de los gobernantes corrientes. Este es, en suma, el núcleo fundamental de la propuesta política de Platón.

De lo anteriormente dicho puede deducirse el importante papel que la educación de los futuros gobernantes juega en esta propuesta política. Es el Estado el que debe de educar en la filosofía y en otras disciplinas a los futuros gobernantes. Para ello deben elegirse las mejores naturalezas, aquellas que posean dotes naturales adecuadas para el estudio y destaquen también por cierta predisposición natural a la virtud. La educación consistirá en lograr que estas naturalezas bien dispuestas se encaminen hacia el conocimiento de lo verdadero, de lo bueno y de lo justo. Para ello, el alma debe volverse hacia lo inteligible, apartándose de lo sensible. 
Para entender esto es inevitable referirnos a la teoría de las Ideas, que constituye el núcleo fundamental de la filosofía platónica. La teoría de las Ideas afirma que, aparte de las realidades sensibles, cambiantes, materiales y sometidas al nacimiento y a la muerte, existen ciertas realidades superiores, ingénitas e imperecederas, inmutables, inmateriales, abstractas, indivisibles, accesibles sólo a la inteligencia, y que constituyen las esencias de las cosas sensibles y los paradigmas o arquetipos ideales que las cosas sensibles copian.

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A estas realidades Platón les da el nombre de “Ideas”. Sólo de ellas puede haber conocimiento en sentido estricto (episteme), mientras que de las realidades sensibles, aparentes y cambiantes, tan sólo puede haber simples opiniones (doxa), jamás conocimiento. Entre las Ideas destacan la Justicia en sí, la Belleza en sí, etc., y, en la cima de todas ellas, el Bien en sí. Frente al relativismo de los sofistas, Platón defenderá, pues, la existencia de ciertos valores éticos y estéticos objetivos, inmutables y eternos cuyo conocimiento es indispensable para que sirva al gobernante de guía en el gobierno de la ciudad.

Uno de los aspectos importantes, es cómo pensaba Platón que debía enseñarse. Sus métodos educativos y su actitud respecto del proceso de aprendizaje, dice mucho sobre sus ideas en torno a la psicología humana y sobre su filosofía. Sócrates, claro está, pensaba que nada podía enseñarse, sino tan sólo encaminar a los demás en la buena dirección, y esta idea es la que Platón propone. No se puede obligar a nadie a aprender, ni podemos abrir las cabezas para meter los conocimientos en ellas. Sólo se puede mostrar el camino, para que cada cual piense por sí mismo.

Las ideas de Platón sobre el proceso educativo van en la línea de sus convicciones metafísicas: la creencia en la existencia de una Verdad, una realidad, un mundo de las formas. La mejor educación posible es, por tanto, el acceso al conocimiento de las formas y, especialmente, a la forma del bien. El mito de la caverna es también una metáfora sobre el proceso educativo. Conforme el prisionero liberado realiza su particular viaje hacia la salida de la cueva y contempla por primera vez , con dolor, la luz del día, está llevando a cabo un proceso de aprendizaje. Otra forma de imaginárselo, es compararlo con el ascenso por una escalera, peldaño a peldaño, hasta llegar a lo más alto


Y aquí es donde entra en juego la dialéctica. La dialéctica es el saber acerca de las Ideas y sus relaciones, el conocimiento de las esencias eternas e inmutables de las cosas, cuyo término final es la visión del Bien en sí o Idea suprema, la cual es el fundamento de todo lo real y la expresión suprema del orden racional que gobierna el mundo, a imitación del cual el gobernante deberá gobernar el Estado. 
Sin embargo, la dialéctica requiere como preparación y entrenamiento previo el cultivo de las matemáticas, que constituyen, por así decirlo, su preludio o antesala. Platón distingue además entre la dialéctica ascendente y la descendente. La primera representa el camino que el alma debe recorrer desde los objetos matemáticos hasta las Ideas, partiendo de hipótesis que se tomarán como simples supuestos que servirán de trampolines o peldaños para ascender hasta las Ideas.

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A partir de ahí, el alma, valíéndose exclusivamente del poder dialéctico de la razón, de argumentos y refutaciones, debe ir de Idea en Idea, sin recurrir a nada sensible, hasta alcanzar el Bien en sí. Esto se refleja muy bien en el mito de la caverna, en el que la dialéctica ascendente está representada  por el camino que recorre el prisionero liberado a partir del momento en que sale al exterior de la caverna, y que culmina con la visión del sol (representación metafórica de la Idea de Bien). 
Por otra parte, la dialéctica descendente consistirá en la aplicación del conocimiento alcanzado acerca de lo inteligible y eterno, al mundo de lo sensible, y en particular al ámbito político. 
En efecto, una vez contempladas la Idea de Bien y las restantes Ideas, el filósofo debe ocuparse de los asuntos humanos y asumir la dirección política de la polis, gobernando el Estado y su propia vida a la luz del conocimiento de esos principios eternos. En el mito de la caverna esto se representa simbólicamente con la vuelta del prisionero liberado al mundo de sombras en el que viven sus antiguos compañeros de prisión.

Es entonces cuando Platón rechaza la democracia y otras formas de gobierno, y en su lugar propone, como solución a los problemas políticos de su tiempo, el gobierno de los mejores en virtud y en saber. Esta propuesta política se completa con un ambicioso programa educativo que persigue como objetivo final formar a ciertos individuos en el conocimiento de las esencias inmutables y  eternas, a la luz del cual serán capaces de gobernar sabia y rectamente. Y justamente este conocimiento es el que nos proporciona la ciencia dialéctica, la cual requiere del cultivo de las matemáticas como propedéÚtica o preparación. La dialéctica es, pues, la ciencia suprema y el remate de las demás disciplinas en las que deberán educarse los futuros filósofos-gobernantes, los cuales tomarán el Bien en sí como guía y modelo para gobernar, tanto a sí mismos como a la ciudad.




Relación entre Platón y Descartes. Las Ideas innatas:


Platón y Descartes son dos autores que, aunque muy alejados en el tiempo mantienen en algunos aspectos similitudes apreciables. Señalaremos solamente una:

 

– Los dos autores necesitan de las conocidas como “ideas innatas”. Sin embargo, eso no significa que las comprendan del mismo modo pues Platón mantiene la realidad de las Ideas en un mundo aparte, si bien, el hombre por reminiscencia las puede conocer, aún con dificultad. Según el autor griego, el hombre las habría conocido en una vida anterior y ahora las reconoce, no son nuevas para él. En Descartes, las ideas innatas se encuentran únicamente en la mente del sujeto y no tienen las mismas carácterísticas que en Platón. En el racionalista francés, las ideas innatas están puestas por Dios en el hombre y son como predisposiciones según las cuales éste puede conocer.

Podemos llegar a las ideas innatas porque en la mente humana no solo existen ideas adventicias (de fuera) o facticias (fabricadas) sino que encontramos otras que no podemos saber de ellas sino únicamente entender que sin ser nosotros los autores, sin embargo, están ahí en nosotros. Se refiere Descartes a las ideas de infinito, de perfección de las cuales no podemos ser nosotros “responsables” pues no somos ni infinitos ni perfectos. Tampoco las podemos obtener de una realidad que no es perfecta ni infinita, por tanto, no tenemos más remedio que atribuir a Dios su origen. Nada de esto último hay en Platón aunque seguramente alguno estaría dispuesto a suponerlo.


Todo el problema que intentan resolver tanto Platón como Descartes es cómo puede ser posible un conocimiento desde la nada puesto que habitualmente conocemos algo nuevo por comparación a algo ya conocido. Por ejemplo, podemos saber lo que es una cebra si decimos que es un caballo con rayas. Pero si no sabemos nada de nada es imposible poder entender algo. De aquí parte pues la necesidad de plantear unas ideas primigenias, innatas a partir de las cuales comenzar a conocer. Y no parece posible tener esas ideas sin más ni más puesto que el conocimiento humano tiene algo de divino.

La crítica de Nietzsche a la ciencia es una crítica de la matematización de lo real. Esta matematización no nos ayuda a conocer las cosas sino, sólo a establecer una relación cuantitativa. El modelo matemático de la naturaleza se basa en la cantidad, que tiende a la igualación, y no en la cualidad propia de cada cosa. Pero querer reducir todas las cualidades a cantidades es un error y una locura. Él mismo pone un ejemplo en su libro “La gaya ciencia” : suponiendo que alguien apreciase el valor de una pieza musical según lo que de ella pudiese ser pesado, contado, calculado, etc., resultaría enteramente absurda semejante apreciación científica de la música.


Lo que Nietzsche ataca no es la ciencia en sí, sino una metodología determinada el mecanicismo y el positivismo de la época. Mediante esta metodología no es posible saber nada de los aspectos morales del hombre. Como la ciencia sólo conoce cantidad y número (nada sabe de la pasión) ,del amor, del placer, etc… Además, ni la física, ni la química, ni las matemáticas explican al hombre, sino que es éste quien explica a aquellas.


Además, la ciencia está al servicio de los intereses creados. Concretamente, el Estado la ha tomado a su servicio con el fin de explotarla para sus fines

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