Pensamiento ético de Platón

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5. EL SABER DE LO POSIBLE. LA ÉTICA

5.1. La felicidad (eudaimonia) como fin último


La ética de Platón, al igual que la socrática, identificaba el bien con el conocimiento, caracterizándose Por un marcado intelectualismo. Por naturaleza, el hombre tiende a buscar el bien, por lo que bastaría Conocerlo para obrar correctamente; el problema es que el hombre desconoce el bien, y toma por bueno lo Que le parece bueno y no lo que realmente es bueno. De ahí que Platón, en la República, insista en que la Idea de Bien debe necesariamente conocerla quien quiera proceder sabiamente tanto en su vida privada Como en su vida pública; una Idea de Bien que es única y la misma para todos los hombres. Para Aristóteles, sin embargo, del mismo modo que el ser se dice de muchas maneras, hay también muchos tipos De bienes: «Todo arte y toda investigación científica, lo mismo que toda acción y elección, parecen tender a Algún bien; y por ello definieron con toda pulcritud el bien los que dijeron ser aquello a que todas las cosas Aspiran» (…) «Siendo como son en gran número las acciones y las artes y ciencias, muchos serán por Consiguiente los fines. Así, el fin de la medicina es la salud; el de la construcción naval, el navío; el de la Estrategia, la victoria, y el de la ciencia económica, la riqueza». Toda acción humana se realiza, pues, con vistas a un fin, y el fin de la acción es el bien que se busca. El Fin, por lo tanto, se identifica con el bien. Pero muchas de esas acciones emprendidas por el hombre son un «instrumento» para conseguir, a su vez, otro fin, otro bien. Por ejemplo, nos alimentamos adecuadamente Para gozar de salud, por lo que la correcta alimentación, que es un fin, es también un instrumento para Conseguir otro fin: la salud. ¿Hay algún fin último? Es decir, ¿hay algún bien que se persiga por sí mismo, y No como instrumento para alcanzar otro bien? Aristóteles nos dice que la felicidad (eudaimonia) es el bien último al que aspiran todos los hombres por Naturaleza. La naturaleza nos impele a buscar la felicidad, una felicidad que Aristóteles identifica con la Buena vida, con una vida buena. Pero no todos los hombres tienen la misma concepción de lo que es una Vida buena, de la felicidad: para unos la felicidad consiste en el placer, para otros en las riquezas, para otros En los honores, etc. ¿Es posible encontrar algún hilo conductor que permita decidir en qué consiste la Felicidad, más allá de los prejuicios de cada cual? Como Platón, Aristóteles se vuelve al estudio de la naturaleza humana, estableciendo el principio de que Cada ser es feliz realizando la actividad que le es propia y natural. Este principio es una consecuencia que se Sigue lógicamente de la concepción teleológica de la naturaleza que tiene Aristóteles. En efecto, si todo ser Natural tiende a realizar determinadas actividades, el ejercicio de éstas traerá consigo la satisfacción de sus Tendencias y, con ello, la perfección y la felicidad. Ahora bien, la actividad más propia y natural del Hombre, aquélla que corresponde más adecuadamente a la naturaleza de éste, es la actividad intelectual. La Forma más perfecta de felicidad sería, por tanto, la actividad contemplativa. Sin embargo, Aristóteles sabe (Platón ya lo había subrayado) que el hombre no se agota en la facultad de La razón ni en la actividad intelectual. Una vida dedicada a la contemplación solamente sería posible si el Hombre no tuviera necesidades corporales, problemas económicos, interferencias sociales, etc. Este ideal de Felicidad y perfección es, pues, una aspiración fácticamente irrealizable para la inmensa mayoría de los Hombres, y aun aquellos que pueden dedicarse a la contemplación (los sabios) solamente logran hacerlo Durante escasos períodos de tiempo a lo largo de su vida. El hombre no puede, pues, alcanzar esta felicidad Absoluta, propia de Dios, sino que ha de contentarse con una felicidad limitada. La consecución de esta Forma rebajada de felicidad exige la posesión de virtudes éticas, para regular la parte apetitiva y volitiva de La naturaleza humana y el trato con los demás, y virtudes dianoéticas, propias de las funciones intelectivas Del alma, así como la posesión de ciertos bienes corporales (salud, etc.) y exteriores (medios económicos, Etc.). 

5.2. La virtud


5.2.1. Virtudes éticas


A lo largo de nuestra vida nos vamos forjando una forma de ser, un carácter (éthos), a través de nuestras Acciones, en relación con la parte apetitiva y volitiva de nuestra naturaleza. Para determinar cuáles son las Virtudes propias de ella, Aristóteles procederá al análisis de la acción humana, determinando que hay tres Aspectos fundamentales que intervienen en ella: la volición, la deliberación y la decisión. Es decir, Queremos algo, deliberamos sobre la mejor manera de conseguirlo y tomamos una decisión acerca de la Acción de debemos emprender para alcanzar el fin propuesto. La naturaleza de cada sustancia tiende hacia Determinados fines que le son propios, por lo que también en el hombre los fines o bienes a los que puede Aspirar están ya determinados por la propia naturaleza humana. Sobre la primera fase de la acción humana (la volición), por lo tanto, poco hay que decir. No así sobre las otras dos: La deliberación acerca de los Medios supone una reflexión sobre las distintas opciones que se me presentan para conseguir un fin; una vez Elegida una de las opciones (decisión), y ejecutada, sabré si me ha permitido conseguir el fin propuesto o Me ha alejado de él. Si la decisión ha sido correcta, la repetiré en futuras ocasiones, llegando a «automatizarse», es decir, a convertirse en una forma habitual de conducta en similares ocasiones. Es la Repetición de las buenas decisiones, por lo tanto, lo que genera en el hombre el hábito de comportarse Adecuadamente («No me porto bien porque soy bueno, sino que soy bueno porque me porto bien»); y en éste Hábito consiste la virtud para Aristóteles. Por el contrario, si la decisión adoptada no es correcta, y persisto En ella, generaré un hábito contrario al anterior basado en la repetición de malas decisiones, es decir, un Vicio. Virtudes y vicios hacen referencia, por lo tanto, a la forma habitual de comportamiento, por lo que Aristóteles define la virtud ética como un hábito, el hábito de decidir bien y conforme a una regla, la de la Elección del término medio óptimo entre dos extremos. «La virtud es, por tanto, un hábito selectivo, consistente en una posición intermedia Para nosotros, determinada por la razón tal como la determinaría el hombre prudente. Posición intermedia entre dos vicios, el uno por exceso y el otro por defecto.» (Ética a Nicómaco, libro 2, 6) No hay una forma de comportamiento universal en la que pueda decirse que consiste la virtud. Es a Través de la experiencia, de nuestra experiencia, como podemos ir forjando ese hábito, mediante la Persistencia en la adopción de decisiones correctas. Lo que para uno puede ser excesivo, para otro puede Convertirse en el justo término medio; la virtud mantendrá su nombre en ambos casos, aunque actuando de Dos formas distintas. No hay una forma universal de comportamiento y sin embargo tampoco se afirma la Relatividad de la virtud. La virtud, por una parte, en tanto implica una elección, supone una dimensión intelectual: es la razón la Que debe elegir de un modo prudente (por tanto los ignorantes difícilmente sabrán elegir); pero, por otra Parte, es necesario, además, poseer fuerza de voluntad para superar la pereza y las inclinaciones negativas, Es decir, es preciso estar habituado (poseer el hábito) de comportarse del modo debido. Así, tenemos que Desde el punto de vista moral, una conducta correcta conlleva tanto un esfuerzo intelectual como un Esfuerzo volitivo. Porque, mientras que en el vicio caemos fácilmente, en cambio, en la virtud nunca Caemos, sino que a ella sólo llegamos mediante un constante esfuerzo.

5.2.2. Virtudes dianoéticas


Si para determinar las virtudes éticas partía Aristóteles del análisis de la acción humana, para determinar Las virtudes dianoéticas partirá del análisis de las funciones de la parte racional o cognitiva del alma, de la Dianoia: la función productiva, la función práctica y la función contemplativa o teórica. A cada una de ellas Le corresponderá una virtud propia que vendrá representada por la realización del saber correspondiente. El conocimiento o dominio de un arte significa la realización de la función productiva, a la que Corresponde la virtud de la técnica (techné). A la función práctica, esto es, la actividad del pensamiento que Reflexiona sobre la vida ética, económica y política del hombre tratando de dirigirla, le corresponde la virtud De la prudencia (phrónesis) o racionalidad práctica. Mediante ella estamos en condiciones de elegir las Reglas correctas de comportamiento por las que regular nuestra conducta. La prudencia es una virtud Fundamental de la vida ética del hombre, sin la cual difícilmente podremos adquirir las virtudes éticas. Aplicada a las distintas facetas de la vida, privada y pública, tenemos distintos tipos de prudencia (individual, familiar, política). Por lo que respecta a las funciones contemplativas o teóricas, propias del conocimiento científico, la Virtud que les corresponde es la sabiduría (sophía). La sabiduría representa el grado más elevado de virtud, Ya que tiene por objeto la determinación de lo verdadero y lo falso. El hábito de captar la verdad a través de La demostración, la sabiduría, representa el nivel más elevado de virtud al que puede aspirar el hombre, y Aristóteles la identifica con la verdadera felicidad. En efecto, el saber teórico no «sirve» para nada ulterior, No es un medio para ningún otro fin, sino que es un fin en sí mismo; sin embargo, como hemos visto al Analizar las virtudes éticas, el hombre debe atender a todas las facetas de su naturaleza, por lo que Necesariamente ha de gozar de un determinado grado de bienestar material si quiere estar en condiciones de Poder acceder a la sabiduría. Será un deber del Estado, por lo tanto, garantizar que la mayoría de los Ciudadanos libres estén en condiciones de acceder a los bienes intelectuales. Pero este es un tema que enlaza Ya con la política y con el sentido social de la vida del hombre
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