Paso del mito al logos filosofia

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El nacimiento de la filosofía occidental


La filosofía occidental surgió en Grecia y las colonias que los griegos habían fundado en la parte occidental de Asia Menor y en el sur de Italia. Corrían por entonces los primeros años del siglo VI a. C. y, aunque el ser humano siempre ha tenido una actitud natural hacia la reflexión, en torno a estas fechas comenzó a aspirar a un tipo de saber que podemos caracterizar como público y racional. Público porque los filósofos divulgaron sus ideas y las sometieron a la crítica, dando lugar con ello al debate. Racional porque intentó comprender tanto la realidad que nos envuelve como a nosotros mismos sin acudir a relatos infundados, sino a buenos criterios.
Cuando el saber filosófico irrumpió en la cultura griega ocupó el lugar del mito y asumió sus funciones.
Los mitos son relatos ancestrales, situados en un tiempo primordial, que explican los fenómenos por medio de la fantasía y de la imaginación, acudiendo a seres sobrenaturales. Aceptan que cuanto percibimos tiene su origen en la voluntad antojadiza de los dioses y que podemos influir en ellos mediante ritos. Además, las explicaciones míticas defienden que una fuerza sobrenatural maneja nuestro destino. Y esta fuerza es superior, incluso, a los dioses. Por ello, decimos que los mitos son finalistas ya que consideran que todo cuanto sucede tiene una finalidad, sigue un plan. Las respuestas que dan los mitos se aceptan sin cuestionarlas. En este sentido, afirmamos que son respuestas dogmáticas. El saber filosófico o racional, también denominado logos, proporciona explicaciones basadas en la razón. En lugar de acudir a los dioses acude a conceptos, pruebas y criterios. Como se trata de un discurso argumentado, crítico y contrastable puede cuestionarse, es decir, se somete a revisión.
El logos busca explicaciones causales que excluyen la finalidad y trata de traducir los fenómenos de la naturaleza a leyes físicas. Los conceptos de arbitrariedad y necesidad son fundamentales para entender el paso del mito al logos o, dicho de otro modo, el paso de la explicación mítica a la explicación racional. La filosofía criticará la arbitrariedad de las intervenciones divinas porque rechazará que tanto los fenómenos naturales como nuestra conducta o la conducta de la sociedad estén sometidos al capricho de los dioses. Sin embargo, aceptará la idea de necesidad: todo cuanto sucede es inevitable, no puede suceder de otro modo, pero podemos averiguar por qué sucede, cuáles son sus causas. Esta idea de que las cosas suceden como tienen que suceder está ligada a lo que los griegos denominaban esencia (eidos):
lo que hace que una cosa sea lo que es a pesar de sus cambios. Por ejemplo, cada uno de nosotros ha ido cambiando a lo largo de la vida y, a pesar de los cambios, seguimos siendo nosotros.

¿Qué opinaban los griegos de tales cambios?

Como lo permanente constituía la esencia de las cosas, lo cambiante formaba parte de sus apariencias. La esencia se consideraba fundamental y la apariencia se consideraba accesoria. Esta concepción ontológica propició, a su vez, una concepción
epistemológica, una nueva forma de conocimiento, según la cual la razón era más importante que los sentidos por ser ésta la que nos ayuda a penetrar más allá de las apariencias en busca de lo que las cosas son realmente: su esencia. Observa el siguiente gráfico. La búsqueda de lo permanente esta ligada a la convicción de que todo el universo se reduce, en último término a uno o muy pocos elementos. A este elemento originario de la realidad lo llamaron arjé (arché), que significa principio.
Responder a la pregunta acerca de la constitución del arjé dará lugar a distintas concepciones sobre el universo (physis) y hará posible la ciencia. Los griegos utilizaban la palabra physis, que hemos traducido como “naturaleza”, con dos grandes acepciones. De acuerdo con una de ellas, physis es la totalidad del universo, es decir, el conjunto de seres que lo componen, exceptuando las cosas producidas por el hombre. De acuerdo con la otra acepción, physis es la esencia o modo de ser permanente y constante de las cosas. En líneas generales, diremos que para los griegos la physis o naturaleza se caracteriza por ser un cosmos y no un caos y poseer en sí misma el principio de permanencia y de cambio. Como podemos comprobar, algo muy parecido a un organismo vivo.

¿Por qué surgió la filosofía occidental en Grecia y no en otro lugar?


Alrededor del siglo VII a. C. la situación política de Grecia comenzó a cambiar. Hasta entonces, la sociedad griega se dividía en dos clases sociales: el rey y la aristocracia, por un lado, y los campesinos, artesanos, pescadores…, por otro. A partir de este momento la sociedad empieza a organizarse en polis, ciudades que tenían la extensión de una pequeña provincia o comarca aunque con su propia constitución, su ejército, sus
dioses,…La polis griega es un pequeño Estado, de aquí que con frecuencia nos refiramos a ella como ciudad-Estado, y constituye la antesala de la democracia. Basada en el diálogo y la rotación de cargos públicos, logra asentarse en el siglo V a. C., que también conocemos como siglo de Pericles. Ahora bien, cuando hablamos de democracia no debemos pensar en nuestra actual forma de gobierno porque entre la democracia griega y la nuestra hay notables diferencias. Sólo una cuarta parte de la población griega gozaba del estatus de ciudadano y tenía derechos. Estaba formada por la aristocracia. El resto -mujeres, niños, esclavos, trabajadores manuales, comerciantes y extranjeros- carecían de derechos. Por sorprendente que nos parezca, esta forma de gobierno estaba muy poco extendida en la antigüedad. La mayor parte de territorios estaba gobernada por tiranos y el número de ciudadanos, es decir, de personas con derechos, era mucho menor que en las democracias. La capacidad para el diálogo y el acuerdo que hizo posible el surgimiento de la democracia, constituye una de las razones que posibilitan el nacimiento de la filosofía en Grecia. Las otras razones son el intercambio de conocimiento que se produjo gracias a los viajes que realizaron los griegos por toda la cuenca del Mediterráneo y su ausencia de libros sagrados: hecho que propició una manera más libre y crítica de pensar, menos dogmática. Esta última característica fue crucial, ya que no existía un sistema educativo organizado. El papel del educador lo
desempeñaban los poetas, como Homero, y los aedos. Ellos transmitían conocimientos de historia, geografía, matemáticas, moral, economía, teología, cosmología, navegación,…No había sacerdotes que velaran por la ortodoxia.

¿Quiénes fueron los primeros filósofos? De Tales a Demócrito


Los primeros filósofos, los presocráticos, se preguntaron ante todo de dónde procedían las cosas, por qué cambiaban y si había algo que permaneciera invariable a pesar de los cambios. Sus respuestas fueron variadas aunque, en el fondo, muy parecidas ya que fueron conscientes, por primera vez en la historia, de que en el universo había algo inmutable y necesario a partir de lo cual se generaron todos los seres. 3 Así pues, a este principio o arjé lo consideraban origen (¿De dónde han surgido los seres?) y causa (¿Por qué cambian?) de todo lo existente. Esta consideración dio lugar, por su radicalidad y su universalidad, a la filosofía occidental, ya que desde su nacimiento pretendió abarcar la totalidad de lo real. Los presocráticos, llamados también filósofos de la naturaleza y físicos, protagonizaron el “giro cosmológico” ya que mantuvieron una preocupación común: comprender el cosmos. Pero no propusieron un solo modelo de explicación. Tampoco fueron todos ellos anteriores a Sócrates, aunque sí la mayoría. Formaban un grupo heterogéneo de estudiosos de la matemática, la
astronomía, la medicina, la geografía, la ingeniería,… Los primeros presocráticos fueron Tales, Anaximandro y Anaxímenes (siglo VI a.C.) procedían de Mileto y, por ello, se les denominaba milesios. Propusieron una explicación monista, es decir, establecieron que el arjé o principio del cual todo emanaba era único. Tales propuso como sustancia primordial el agua y Anaxímenes el aire. Anaximandro se inclinó por una sustancia
indeterminada que denominó ápeiron (indeterminado, indefinido). Heráclito, también monista, propuso como sustancia primigenia el fuego, una sustancia en constante transformación como la realidad misma. Al mismo tiempo estableció que una ley o medida universal se encargaba de introducir el orden y de evitar el caos en este constante devenir. Todo cambia, todo fluye, pero una armonía oculta nace de las tensiones entre los contrarios “como ocurre con el arco y la lira” Los pitagóricos forman un grupo fundado por Pitágoras. Se les considera dualistas a pesar de que propusieron que el origen del que todo procede está en los números. A su juicio los número proceden de lo par y lo impar , adoptando de este modo una explicación dualista. Observaron el universo y supusieron que todos los seres que lo forman, sus propiedades y comportamientos,
podían formularse matemáticamente. La filosofía de Parménides trata de acercarse a la realidad de lo que existe partiendo de dos afirmaciones: a partir de una sola realidad es imposible que surja la pluralidad (si en el origen había agua, ¿por qué no sigue habiendo sólo agua?) y lo que hay o existe ha de ser necesariamente único. Lo que hay – el ser- es ingénito, indestructible, inmutable, finito, compacto, homogéneo, indivisible y esférico. De estas afirmaciones concluyó que el movimiento y la pluralidad son irracionales. Como la experiencia nos muestra una realidad plural y cambiante –las apariencias- , Parménides niega tal realidad y afirma la importancia de la razón, sentando con ello las bases para una oposición radical entre la razón y los sentidos que recorrerá la historia de la filosofía, acentuándose durante los siglos XVII y XVIII. El monismo de Parménides se conoce como
monismo extremo. A los presocráticos que consideran que son más de dos los elementos constitutivos del universo lo denominamos pluralistas, siendo los pluralistas más importantes: Empédocles, Anaxágoras,
Demócrito y Leucipo. Para estos pensadores existe un multitud de realidades o partículas indivisibles (átomos). Pero, ¿cómo se inició el movimiento? Anaxágoras recurre a una causa exterior o nous (entendimiento), un principio rector que imprime un remolino a los átomos que en un principio formaban una masa compact. Demócrito, discípulo de Leucipo y contemporáneo de Sócrates, fue más audaz y se enfrentó directamente con el razonamiento de Parménides afirmando que entre los átomos existe el vacío y que en él los átomos se mueven libremente. Este movimiento es eterno y no es necesaria ninguna fuerza externa ni plan alguno. El universo es resultado de una necesidad ciega, del azar. Así, mientras la explicación de Anaxágoras es teleológica, la de Demócrito es mecanicista (la primera incluye la finalidad; la segunda, la niega). Empédocles, por el contrario, habló de cuatro elementos o raíces: fuego, tierra, aire y agua. Su combinación dio lugar al cosmos bajo la combinación de dos fuerzas: el amor y el odio. Dos fuerzas capaces de atraerse y repelerse. Solemos clasificar a los presocráticos en dos grandes grupos.

Los filósofos de Jonia basaron sus investigaciones en la observación empírica, es decir, en la información que nos suministran los sentidos. A este grupo pertenecen Tales, Anaximandro, Anaxímenes, Heráclito, Anaxágoras, Empédocles y Demócrito. En cambio, los filósofos itálicos basaron sus investigaciones en 4 razonamientos especulativos y abstractos, ya que consideraron que los sentidos nos proporcionan una información engañosa. Por lo tanto, solo a través de la razón puede alcanzarse la verdad. Dentro de este grupo hay que incluir a Parménides y a los pitagóricos. A pesar de la distancia histórica que nos separa de los presocráticos es mucho lo que les debemos. Nos enseñaron a interrogar a la naturaleza y a pensar de una manera más racional, menos dogmática. Con ellos aprendimos a ser más libres y plurales.
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