Lacan y Descartes

Fundamentación DEL Método:


Entendemos que fundamentar significa justificar o dar razones de algo. En este caso que nos ocupa, el método cartesiano, debemos exponer el “por qué”, el “pará qué” y el “cómo” de dicho método. Para ello, primero seguiremos a Descartes en el itinerario filosófico a través del cual él mismo nos muestra cómo llegó a plantearse y elaborar un nuevo y, a su parecer, definitivo procedimiento de conocimiento y después expondremos las partes del mismo. El itinerario filosófico que llevó a Descartes a establecer un método para hacer filosofía el “por qué” y el “para qué” del método.

El desengaño filosófico:

El primer paso en su filosofar lo da al desengañarse de los estudios realizados, abandona el colegio jesuita de la Flèche con un profundo desengaño en la mayor parte de las ciencias, excepto en las matemáticas y renunciando a los estudios académicos se dedica a leer en el gran libro del mundo, viajando.

Necesidad de un método:

Descartes piensa que la búsqueda filosófica debe ser personal, y para ello es imprescindible una metodología. La necesidad de un método en filosofía ya se había sentido en el Renacimiento. Descartes, convencido de la certeza y solidez de las matemáticas, quiere emplear en filosofía un método que conduzca a la misma seguridad. Admira la certeza, la claridad y la seguridad a la que llegan los científicos. Al mismo tiempo aborrece la Escolástica decadente que ha estudiado. Todo ello le lleva a una verdadera obsesión por encontrar un método adecuado. Como el método más exacto y seguro es el matemático, éste debe ser el preferido: un método que nos haga llegar, por medio de la deducción, de una
verdad a las demás verdades. Así se podrá construir un edificio filosófico sólido, como un verdadero árbol de la ciencia, asentado sobre un fundamento seguro. El fracaso de los filósofos anteriores está en que no han sabido encontrar ese método para su reflexión filosófica. Un método que nos procure la verdad absoluta sin posibilidad de error.

Reconstruir la ciencia:

toda la sabiduría de la época es un viejo edificio falto de unidad e inservible: es imprescindible derribar y construir un nuevo edificio enteramente unitario. Pero Descartes fue algo más modesto en su intento. No se derriba una ciudad entera, pero algunos hombres echan abajo sus viviendas particulares para reedificarlas de nuevo: “Mis designios no han sido nunca otros que tratar de reformar mis propios pensamientos y edificar sobre un terreno que fuera enteramente mío”. Si lo que él hace vale para otros, tanto mejor. El proyecto cartesiano supone la unificación de todas las ciencias en una sola. Elle es posible, ya que, según Descartes: La ciencia es única porque la inteligencia que las produce es única – Existe un método universal, único para todas las ciencias: para la Física como para la Moral, para las matemáticas como para la Medicina, para las ciencias teóricas como para las prácticas. El mayor esfuerzo debe dirigirse a construir este único método para construir cualquier saber – El símil del árbol: Todo ello pretende realizarlo por sí mismo mostrando una enorme confianza en la inteligencia humana: *****************


Descartes a se le considera como iniciador de la Filosofía Moderna es por la importancia que concede a la razón individual: el sujeto que conoce y las evidencias que es capaz de construir es la única, pero suficiente, garantía de conocimiento seguro.

REGLAS DEL Método:

Lo primero, entonces, es el método. “Por método entiendo lo siguiente: unas reglas ciertas y fáciles, gracias a las cuales todos los que las observen exactamente no tomarán nunca por verdadero lo que es falso, y alcanzarán -sin fatigarse con esfuerzos inútiles, sino acrecentando progresivamente su saber- el conocimiento verdadero de todo aquello de que sean capaces”. El método deberá pues deberá ser cierto -infalible, si se sigue exactamente- porque tendremos la seguridad de no dar por verdadero lo que es falso o simplemente dudoso; fácil, de aplicar -el sentido común es el más común de los sentidos, dice Descartes-, no dependerá de la inteligencia de que se disponga sino de la atención que se ponga; eficaz, es decir, que nos permita avanzar en la ampliación y construcción de los conocimientos. Las reglas del método cartesiano:

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No admitir jamás como verdadero cosa alguna sin conocer con evidencia que lo era; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios más que lo que se presentase a mi espíritu tan clara y distintamente que no tuviese motivo alguno para ponerlo en duda”. Debe confiarse en la razón. Sin embargo puede ser desviada por los prejuicios, la precipitación, las pasiones. Por ello, la primera regla dice que sólo se ha de aceptar como Verdadero aquello que aparece con absoluta evidencia. La evidencia sólo se alcanza en la intuición, es decir, en un acto puramente racional por el que la mente “ve” de modo inmediato y transparente una idea.
Las carácterísticas de la evidencia son la claridad y la distinción. La claridad implica que lo que pienso no puede ser de otra forma, y por lo tanto debo aceptarlo como tal; la distinción, que lo que pienso no puede ser confundido con alguna otra cosa. Una evidencia es una verdad simple e indubitable.

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Dividir cada una de las dificultades que examinase en tantas partes como fuese posible, y cuantas requiriese su mejor solución”. Se indica cómo proceder para alcanzar la evidencia. Si la evidencia es una verdad simple, que se puede separar de otras verdades, entonces, al reflexionar sobre un problema deberé aislar todos sus componentes, separarlos hasta donde sea posible de manera que no quepa confundir una verdad con otra. Estaré de este modo seguro de hallarme ante algo bien definido, delimitado.

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Conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco apoco, como por grados, hasta el conocimiento delos más compuestos”. Es el proceso inverso: ahora, seguro de los conocimientos simples, iniciaré un razonamiento deductivo, como en aritmética, que me permita encadenar verdades de un modo ordenado. Obtendré así conocimientos complejos, es decir más amplios y, sin duda, seguros, puesto que no serán sino una serie ordenada de verdades simples.

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Hacer, en todo, enumeraciones tan completas, y revisiones tan generales, que estuviera seguro de no olvidar nada.******


*** Si he seguido los pasos anteriores podría asegurar que el conocimiento obtenido es indudable. Sin embargo, justamente porque lo que se necesita sobre todo en este método es atención, he podido distraerme en algo: se impone un repaso sistemático de todo el trabajo realizado. Descartes se inspira en el método de “resolución y composición” seguido también por Galileo y en el método deductivo de Euclides empleado en su geometría: una larga cadena de deducciones a partir de unos principios simples y evidentes (definiciones y axiomas). Está claro que Descartes prescinde de la observación y de la experimentación y que su metodología se mantiene dentro del más puro Racionalismo excluyendo el conocimiento sensible.

3 SUSTANCIAS:

De lo anteriormente expuesto, se comprende fácilmente que Descartes distingue tres esferas o ámbitos de la realidad: Dios o sustancia infinita, el yo o sustancia pensante y los cuerpos o sustancia extensa. El concepto de sustancia es un concepto fundamental en Descartes y, a partir de él, en todos los filósofos racionalistas. Una célebre definición cartesiana de sustancia establece que sustancia es una cosa que existe de tal modo que no necesita de ninguna otra para existir. Tomada esta definición de un modo literal, es evidente que sólo podría existir una sustancia, la sustancia infinita (Dios), ya que los seres finitos, pensantes y extensos, son creados y conservados por Él. Descartes reconocíó que tal definición solamente puede aplicarse de modo absoluto a Dios, si bien la definición puede seguir manteniéndose por lo que se refiere a la independencia mutua entre la sustancia pensante y la sustancia extensa, que no necesitan la una de la otra para existir .La teoría cartesiana de la sustancia establece que en cada sustancia se distinguen el atributo (o esencia o naturaleza de la misma) y los modos (forma de ser o presentarse la sustancias, sus variaciones). Así, “Dios”tiene como atributo la infinitud y todas las demás cualidades como la perfección, la omnisciencia… Serían sus modos; el atributo del “yo” es el pensamiento, y sus modos, todo ejercicio del pensamiento: imaginar, sentir, dudar…; el “mundo”, tiene como atributo la extensión, y sus modos, la figura y el movimiento. Por otra parte, la separación entre sustancia pensante y sustancia extensa, entre cuerpo y alma introduce, como hemos dicho, un nuevo problema: ¿cómo se relacionan ambas realidades?, ¿cómo es posible que mi alma y mi cuerpo se coordinen siendo cosas distintas?. “Mi yo pensante no es mi cuerpo”. Mi pensamiento no necesita del cuerpo para existir. Esta independencia del alma respecto al cuerpo trata de salvarla Descartes para defender la libertad del hombre: la conexión mecanicista del mundo, de la materia, no deja espacio para la libertad, y todos los valores espirituales del hombre que Descartes trata de defender no se pueden salvaguardar si no es liberando el alma de la materia. Se afirma así que el alma está en una esfera autónoma e independiente de la materia. ¿Cómo salvar esa unidad?, ¿Cómo se establece esa unidad? Descartes habla de la glándula pineal, que está en el cerebro, que es la sede del alma: a través de esa glándula se consigue la unidad, originándose una doble circulación hacia el alma y hacia el cuerpo, y así se realiza la uníón entre los dos. Spinoza criticará esta solución por no ajustarse a su principio de 


no aceptar lo que no sea claro y evidente como criterio de verdad. Esta antropología dualista cartesiana nos recuerda la también antropología dualista platónica. 

LA DUDA Metódica PRIMERA EVIDENCIA:

Hemos dicho antes que para construir la filosofía sólo podemos fundarnos en evidencias, es decir, en ideas “claras y distintas”. ¿Cómo proceder?
Descartes elige el camino de la duda: dudar de todo para ver si queda algo que resista a toda duda, algo que permanezca indubitable y cierto. Ahora bien, ¿cómo debe entenderse y aplicarse la duda? Descartes utiliza la duda “tan sólo para buscar la verdad”. Dudar de todo es tan sólo un procedimiento para encontrar una verdad indubitable. Descartes, pues, no es un escéptico en ningún momento. La duda no es para él la postura mental definitiva; ni siquiera la postura inicial: parte de la confianza en la posibilidad de alcanzar la verdad. De ahí que, su duda sea tan sólo una duda metódica.

¿A qué aplicar la duda?

A todo. A todas las creencias, especialmente a las que parecen más sólidas y evidentes. Si es posible dudar de ellas, es necesario dejarlas, de momento, a un lado (aunque se recuperen más tarde, una vez confirmadas) por que no valen para fundamentar la metafísica.

¿Ha de aplicarse también a las creencias de la vida práctica, por ejemplo a la moral y a la política?

Deducimos que sí, puesto que Descartes quiere rehacer todos los conocimientos, los prácticos y los teóricos. Sin embargo, considera oportuno continuar provisionalmente con nuestras costumbres hasta hallar su fundamento, su justificación racional.
Los conocimientos teóricos, comenzamos por ellos: En primer lugar, todo conocimiento que proceda de los sentidos es dudoso dada su escasa fiabilidad: los sentidos con frecuencia nos y si nos han engañado aunque tan sólo sea una vez cabe suponer que nos engañen siempre. La sola duda de que nos puedan engañar elimina la certeza absoluta y la garantía de la evidencia.
Además, podría muy bien suceder lo que sucede en los sueños, en los que tomamos como reales cosas y sucesos inexistentes excepto en nuestra imaginación; y tan reales las tomamos que incluso nos asustamos por ellas. Pudiera ocurrir que nuestra vida de vigilia no fuera sino un sueño.
Aunque así fuera, aún en sueños, las verdades matemáticas no dejarían de serlo. Dos más dos son cuatro, lo pensemos despiertos o lo imaginemos dormidos. Y es aquí donde Descartes llega más lejos en la aplicación de la duda: cabe pensar, aunque con probabilidad remota, en la existencia de un espíritu maligno “de extremado poder e inteligencia que pone todo su empeño en inducirme a error”. Esta hipótesis del “genio maligno” equivale a suponer: tal vez mi entendimiento es de tal naturaleza que se equivoca necesariamente y siempre cuando piensa captar la verdad. Si cabe la hipótesis, cabe la duda. No queda ya ningún conocimiento libre de duda, de ninguno podemos obtener evidencia, ni de los sensoriales ni de los racionales. La duda, pues, parece haber eliminado todas las creencias, y los escépticos tendrían razón. Pero aquí mismo se hace la luz: puedo creer que no existe el mundo, ni Dios, ni la verdad matemática… No obstante, algo se resiste a toda duda: Aestoy dudando”, y para dudar hace falta pensar, y para pensar, existir: pienso, luego existo. Esta verdad puede con todas las dudas. Y es la sola verdad que tengo.


Método RESOLUTIVO:


También denominado de «análisis y síntesis». Aunque la concepción no es totalmente patrimonio de Galileo, fue él, sin embargo, quien lo sistematizó y le dio carta de legitimidad. Este método para hacer ciencia presupone ciertos principios tales como: a) Rechazo del criterio de autoridad. B) La simplicidad de la Naturaleza, principio de economía. C) La posibilidad de explicar la Naturaleza mediante las Matemáticas. D) Fenomenismo: se trata de explicar lo que puede ser observado y medido, dejando a un lado las consideraciones metafísicas. E) Necesidad del experimento. La experiencia puede ser tan sólo la observación subjetiva de los hechos. El experimento, por el contrario, es un proyecto matemático que elige de antemano las carácterísticas relevantes de un fenómeno y que son cuantificables y desecha las demás. A las cualidades o carácterísticas no cuantificables las denomina Galileo cualidades segundas; a aquéllas que son mensurables, cualidades primeras.

La estructura del método: 1

Resolución Se analiza el fenómeno a estudiar y se reduce (o resuelve ) a sus propiedades esenciales, desechando todas las demás. Por propiedades esenciales se entiende aquellos datos que pueden explicar el fenómeno. Ya se ha dicho que sólo las cualidades primarias serán tenidas en cuenta, pero muchas de ellas habrán de desecharse por no ser relevantes en la explicación del fenómeno. Se pone en marcha, pues, un proceso de abstracción que debe partir de la observación cuidadosa y repetida de los hechos.

2 Composición

Contiene, a su vez, dos pasos: formulación matemática de una hipótesis explicativa del fenómeno y deducción de las consecuencias derivadas de esta hipótesis y que puedan ser sometidas a experimentación. Este es el momento fundamental del método, y por ello se le llamará más tarde método hipotético-deductivo.

3 Comprobación experimental:

Se pone a prueba la hipótesis mediante experimentos que comprueben la veracidad de las consecuencias deducidas de la hipótesis explicativa. Es importante resaltar del método la importancia que concedida a la construcción de un modelo mental que explique los fenómenos. Es incontestable que una ley natural sólo lo será al verse confirmada en la experimentación, pero si esto no ocurre, sigue teniendo el valor de una explicación matemáticamente válida; no se deshecha, sino que queda en espera del avance experimental. Por otra parte, la razón utiliza a la propia Naturaleza, en el experimento, para verificar sus propias explicaciones. Tal actitud anuncia el Racionalismo moderno (en Descartes, por ejemplo): la razón se impone sobre la experiencia y se desliga de toda autoridad sea la de la tradición o la de los sentidos.

CONCLUSIONES:

Las aportaciones de la ciencia moderna transformaron el futuro de la sociedad occidental. En el campo de los conocimientos podemos apuntar: 1 La nueva visión del universo. El Cosmos cerrado y geocéntrico de Aristóteles es sustituido por un Universo-máquina, en el que todo se explica a partir de la materia en movimiento, y en el que van desapareciendo concepciones metafísicas de la Naturaleza (como los fines y causas primeras), se sustituye el concepto de alma del mundo por el de fuerza física. 2 La nueva metodología científica, que se convertirá en modelo e ideal para los filósofos y científicos de los siglos siguientes. En concreto, ******


los racionalistas se inspirarán en el matematicismo del método, y los empiristas ingleses en su aspecto experimental.  3 Se establecen los presupuestos para la ciencia futura: 3.1 Racionalismo: la estructura de la realidad no es tal como se muestra a nuestros sentidos, sino tal como exige nuestra razón. 3.2 Matematicismo: la estructura de la realidad es, pues, matemática y la de nuestra mente también lo es, por lo que, cuando ésta actúa correctamente, es decir, matemáticamente, es infalible y expresa la realidad. 3.3 Fenomenismo: la misión de la ciencia no es estudiar el por qué ni el para qué suceden los fenómenos, sino el cómo, y para ello sólo cuenta lo cuantificable. 3.4 Simplicidad: la Naturaleza funciona de la manera más simple (no hace con muchas cosas aquello que puede ser hecho con menos), por lo que la explicación sencilla es preferible a la compleja. 3.5 Se modifica la noción de causa: en general, los filósofos antiguos y medievales tendieron a considerar la relación causa-efecto desde el punto de vista predominantemente ontológico (para Aristóteles la causa de algo es aquello por lo cual algo es y se comporta como lo que es, y, por lo tanto, nos proporciona todo lo necesario para poder explicarlo). Además, se inclinaron con frecuencia a considerar la noción de causa en estrecha relación con la de substancia. En lo que toca a la investigación sobre la causa durante el Renacimiento y comienzos de la época moderna puede decirse grosso modo que hay una diferencia de principio entre la mayor parte de las concepciones antiguas y medievales, y la mayor parte de las concepciones modernas con respecto a la idea de causa. El modo de causalidad que se expresa en la nueva física constituye una línea divisoria bien marcada. Antes de Galileo la noción de causa tiene por motivo principal dar razón de las cosas mismas; desde él la noción de causa da razón de variaciones y desplazamientos en tanto que susceptibles de medida y expresables matemáticamente. La física moderna renuncia a explicar la naturaleza ontológica del cambio; se limita a dar una razón mensurable del movimiento. 1 Se inicia así una línea de pensamiento que intenta aproximar el concepto de causa a las nociones de condición, relación, ley y función. En este sentido, en paralelo al método empirista como fuente de todo conocimiento, se plantea una definición que ha alcanzado hoy una gran aceptación. La causa de cualquier efecto es consecuencia de un precedente sin el cual el efecto en cuestión nunca se hubiera Producido. Esta es una idea mecanicista de la causalidad, muy popular en círculos científicos. En el contexto de esta nueva forma de concepción mecanicista del universo, de los cuatro aspectos de la relación causal que había formulado Aristóteles sólo se mantiene el de la causa eficiente. En este enfoque, el término causa se emplea para designar un conjunto de eventos que de una u otra forma dan lugar a otro evento denominado efecto. Pero ese dar lugar, ocasionar o «causar» es precisamente el punto sobre el que difieren las escuelas y autores.


El origen de la Teoría de las Ideas


En los primeros diálogos Platón se mantiene fiel a la orientación fundamental de la investigación socrática: buscar la definición de las virtudes. Así, Platón se pregunta, por ejemplo: ¿Qué es el valor? Un sofista como Protágoras respondería que la palabra valor no puede recibir una definición universal, ya que hay tantas opiniones como hombres acerca de lo que es el valor. La postura de Sócrates y Platón es muy distinta: debe haber algo común a todos los actos valientes que pueda ser definido como el valor. Ese algo común es llamado por Platón Idea. En este estado inicial, la teoría de las Ideas tiene una intención ética de inspiración socrática: para ser virtuoso es preciso saber qué es cada virtud. Es decir, se trata de averiguar cuál es ese carácter o idea común que debemos encontrar en las acciones humanas para afirmar que son virtuosas. Una vez que la hayamos descubierto y definido, esa Idea nos servirá de medida para juzgar acerca del valor moral de una acción. Ya no es -contra Protágoras- la opinión de cada uno lo que sirve como medida de la virtud: la medida es algo objetivo e independiente de toda opinión. Pero en los diálogos de madurez, Platón, preocupado por salvar la objetividad y universalidad del conocimiento, fue más allá de Sócrates afirmando rotundamente la existencia de realidades inmutables y, por lo tanto, extra-empíricas que podían ser objeto de conocimiento inteligible (racional). Esto, en principio, parecía necesario afirmarlo en el campo de la ética, pero más tarde Platón lo llevó a cualquier otro campo del conocimiento y de la realidad. Al hacerlo así separó dos mundos (dualismo) o dos niveles de existencia: el mundo inmaterial e inteligible de las Ideas; y el mundo material y sensible de las cosas. El primero transciende al segundo, es superior por poseer mayor realidad y es objeto de las aspiraciones más altas del hombre. Así de una cuestión gnoseológica y ética pasamos a otra ontológica (qué es y cómo es la realidad). En esta teoría platónica se funden tradiciones anteriores en una nueva síntesis: Heráclito y Parménides, materialismo y pitagorismo, los sofistas y Sócrates.

La noción de Idea en Platón

Las Ideas no son simples conceptos mentales, sino seres reales. Esta es la primera gran novedad de Platón. La Idea, no es algo que sólo exista en la mente, sino una entidad extramental, que tiene existencia objetiva: hay, por ejemplo, multitud de cosas sensibles bellas, pues bien, la Idea de la Belleza no es, para Platón, la mera construcción mental, formada a base de los caracteres comunes de las cosas sensibles bellas, no es lo que habitualmente se conoce como el concepto o la idea de lo bello; la Idea de la Belleza existe por sí misma, más allá de la mente y con independencia de los objetos sensibles bellos. Lo mismo, respecto de las Ideas de Bondad, Justicia, Verdad, Semejanza, etc. Así, una acción justa es distinta de la Justicia, y ambas distintas del concepto que yo tengo de la Justicia. El concepto de justicia está en mí (aspecto gnoseológico); la acción justa es un hecho particular entre otros muchos, que podemos constatar por los sentidos; Justicia es una realidad, para Platón, cuyo conocimiento me permite conocer cuándo una acción es justa.


El término Idea, Eidos en griego, posee variados significados: lo que se ve, la forma de algo, la esencia de una cosa. Pero Platón dio al término un sentido estricto: Aquello que hace que las cosas sean, su esencia; pero en sentido universal, es decir algo que es común a una variedad de cosas, como cuando decimos que varias acciones distintas las podemos considerar justas porque poseen la esencia o lo propio de la Justicia; a veces Platón a las Ideas las denomina formas, en cuanto que la forma es lo que hace que una cosa sea lo que es, y hay una forma común para distintos objetos. Al tiempo, lo que es común o esencial, no es algo que podamos captar por los sentidos, es tan sólo objeto de conocimiento inteligible porque es inmaterial. Las Ideas son, por tanto, objetos inteligibles.

Relación hay entre el mundo de las Ideas y el mundo sensible


A lo largo de su obra Platón también fue modificando la relación que establecía entre ambos niveles. En sus obras de madurez, afirmó que las cosas materiales existen y son realidad en cuanto que participan o imitan a las Ideas. También, que las Ideas son causa de las cosas, en el sentido de que una cosa material y concreta, diríamos, por ejemplo, una casa, lo es en cuanto que posee aquello que es la esencia o idea de casa; o que las Ideas son modelo (paradigma) de las cosas particulares, queriendo significar que una cosa, la misma casa del caso anterior, lo es en cuanto copia o sigue el modelo perfecto y original de la Idea de casa. De cualquier manera, de las Ideas a las cosas materiales y concretas hay pérdida de realidad y perfección, tan sólo son reflejo y apariencia de la auténtica realidad que son las Ideas. De ahí también la inferioridad de un Mundo respecto del otro. La teoría cosmológica Se trata tan sólo de una teoría hipotética sobre el origen del mundo material que se encuentra en el diálogo Timeo, y que viene a completar la Teoría de las Ideas. Hace ver como al formarse el Mundo Material, el Mundo de las Ideas sirvió de modelo o paradigma, de ahí entre ambos se establece una relación de imitación. ¿Cómo se ha originado el cosmos? Platón supone la preexistencia de estos elementos: • Un Artífice divino, llamado Demiurgo (artesano, en griego), causa activa e inteligente (inspirado, quizá, en el Nous de Anaxágoras). • El Modelo eterno (el Mundo de las Ideas, al que se llama también en este diálogo con el extraño nombre de Viviente inteligible). • Una masa material preexistente, móvil y caótica; • El espacio vacío también preexistente. El trabajo del Demiurgo consistíó, pues, en ordenar la materia en el espacio de acuerdo con el Modelo eterno. De su obra surgíó el Cosmos o mundo ordenado de la Naturaleza. Platón insiste en que el Demiurgo, especie de Dios artesano, ha querido que todas las cosas fueran buenas, y, por tanto, ha hecho el mundo mejor y más bello posible, siguiendo el ideal de perfección las Ideas. Aunque la materia, por sus propias limitaciones no puede traducir la perfección de las Ideas. El Demiurgo obra, pues, de acuerdo con un fin, y es el fin el que explica que este mundo sea así y no de otra manera. Frente a las explicaciones mecanicistas de los presocráticos, Platón adopta una explicación teleológica, negando que el mundo material se rija por el azar, sin orden ni finalidad.

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