Influencias Hume

Share Button

CRÍTICA DE LA IDEA DE SUSTANCIA Y LA CAUSALIDAD


Hume es el más radical de los empiristas modernos. Retoma sus planteamientos y los lleva hasta sus últimas consecuencias. La experiencia constituye el origen y el límite de nuestros conocimientos. Nada hay en la mente que antes no haya pasado por los sentidos y más allá de la experiencia no se puede afirmar nada con certeza. Una idea es verdadera si procede de una impresión y si no podemos señalar de qué impresión procede, la tomaremos como falsa (criterio de certeza: evidencia sensible).

 La idea de sustancia no tiene sentido plantearla porque no hay impresión en la que se sustente. La idea de sustancia es una idea ficticia que no existe en la realidad. Una sustancia no es más que un conjunto de percepciones particulares que nos hemos acostumbrado a encontrar juntas. Hume sólo admite impresiones, es decir, aquello que aparece o se manifiesta. Todo lo demás, no sabe si existe o no.

 Cuando se afirma que una cosas es causa de otro, no existe impresión alguna en que se basa esta afirmación. La mente, al hacerla, va más allá de lo que esta inmediatamente presente. En virtud de la causalidad se pretende inferir una cosa o acontecimiento de otra cosa o acontecimiento.

 ***Hume considera que el llamado principio de causalidad no tiene valor por sí mismo, a priori. Su validez sólo puede provenir de la experiencia, y no existe ninguna experiencia de la causalidad. Si la hubiera,  se podrían descubrir los efectos de una cosa aunque ésta se viera por primera vez, y esto no es así./  “”Adán no hubiera podido inferir de la fluidez  del agua que podía ahogarse, o de la luz y el calor del fuego que podía abrasarle”. Solo la experiencia permite inferir uno de otro, estableciendo de este modo la relación de causalidad. La constante uníón de la clase de fenómenos A con la clase B lleva a inferir que B procede de A, o sea, que ÇA es causa de B; por ejemplo, que si acerco mi mano al fuego se quemará, o que si salgo a la calle cuando llueve me mojaré.

 Esta constante uníón lleva a pensar que hay una conexión necesaria entre la causa y el efecto. Ahora bien, ¿existe realmente esta conexión necesaria? Analizando la relación que hay entre la causa y el efecto, Hume descubre que solo hay contigüidad y sucesión. Cuando se produce un choque y el movimiento de un cuerpo es considerado causa del movimiento del otro, ambos cuerpos están próximos- contigüidad-, y el movimiento del primero es anterior al del segundo –sucesión-. Pero no son causalidad. Un objeto puede ser continuo y anterior a otro sin que sea causa.

 ***Fijándose, por ejemplo, en lo que ocurre cuando chocan dos bolas de billar, se puede ver que la primera se mueve hacia la segunda y, al llegar a esa, se detiene y la segunda se pone en movimiento. Se piensa entonces que el movimiento de la primera es causa del movimiento de la segunda, pero ¿se capta eso realmente en la experiencia? La experiencia tan solo atestigua, la primera se para y empieza a moverse la segunda. Nada más; no existe ninguna impresión de “conexión necesaria”.

 Claro que se sabe, también por la experiencia, que suele ocurrir que causas semejantes produzcan efectos semejantes. Y esto es lo que lleva a hablar de causalidad, aunque ésta no esté en absoluto justificada por la experiencia. Es más bien una suposición, un supuesto de la experiencia. Es imposible demostrar que el futuro será semejante al pasado. La experiencia no lo garantiza en absoluto. Una idea es verdadera si procede de una impresión y de un futuro no.

 *** Es cierto que los seres humanos “creen” en la causalidad y que, además esa creencia es fundamental en sus vidas. Pero la causalidad, la conexión necesaria que supone, no existe. El origen de la creencia no es otro que  la costumbre y el habito./


Cuando dos cosas van habitualmente unidas, las personas se acostumbran a esperar que al ocurrir la primera ocurrirá la segunda. La costumbre les hace esperar, por ejemplo, que mañana saldrá el sol o que el fuego les quemará si se acercan mucho a él. Es la costumbre la que hace confiar en que el curso de la naturaleza seguirá siendo como hasta el presente. En el fondo, ¿se percibe alguna relación entre la causa y el efecto? Hume cree que no. Y si no se tiene impresión de esa relación no es posible afirmar la existencia de la causalidad.

***Por tanto, no podemos admitir el principio de causalidad ontológico (Todo efecto tiene una causa) porque nuestras impresiones son del pasado, no del futuro y porque no tenemos impresión de la idea de causa, de la conexión necesaria entre la causa y el efecto. Existe una uníón de impresión a impresión, pero esa uníón causal no es real ni necesaria, sino que es simple sucesión de impresiones. De una impresión no podemos pasar a algo de lo cual no tenemos impresión y no tenemos impresión de la causa como tal. De este modo, Hume defiende una causalidad gnoseológica basada únicamente en la creencia, el hábito y las costumbre que cumple estos tres principios: contigüidad espacio temporal entre la causa y el efecto, prioridad en el tiempo de la causa y conexión constante, es decir, que siempre se repite en circunstancias semejantes.

 Los seres humanos normalmente creen en la existencia de un mundo externo, de un mundo que está más allá de las impresiones y que es distinto de ellas, de un mundo externo de cosas que tienen existencia continuada e independencia de ellos mismos y que es el origen de las impresiones

 Hume, sin embargo, que sólo está dispuesto a aceptar aquello de lo que se posean impresiones o que se deduzca necesariamente de éstas, y que no acepta causalidad, no puede pasar de las impresiones a algo diferente de ellas. La existencia de un mundo exterior en el que existen cosas independientes del ser humano en las que se originan las impresiones es fruto de una creencia poco racional. La existencia de cosas externas independientes de los sujetos es algo que se acepta por puro sentimiento o instinto, y no por argumentación racional.***Por tanto la creencia en la existencia de una realidad superior distinta a mis impresiones es injustificada apelando a la idea de causa.

 *** Es claro que de Dios no se poseen impresiones y tampoco se puede demostrar su existencia por medio del principio de causalidad, que no tiene valor alguno. Racionalmente no se puede saber nada de Dios.

 Ahora bien, ¿ se posee experiencia del yo? Aparentemente sí. Cualquier persona ve las cosas a su alrededor, siente calor o frío, está alegre o triste, sufre un dolor de muelas… Cualquier per persona posee, pues, muchas impresiones. Ahora bien ¿es alguna de ellas impresión de su yo?¿hay alguna impresión en la que se campte su yo como capta los sonidos o los colores?

 Hume afirma rotundamente que no. Se tienen impresiones de cosas que pasan, pero no del propio yo. Hay, es cierto, en cualquier ser humano una pluralidad de impresiones ligadas entre sí por la semejanza y la causalidad. Y, en virtud de esta última, se supone que esas impresiones son causadas por un yo que se mantiene idéntico. Sin embargo, *** del yo no tenemos impresiones constantes e invariables. Hay que contentarse con considerar el yo una pura colección de impresiones, una gavilla o un haz de impresiones. La sucesión de impresiones que conectará la memoria y mo debemos confundir con idealidad.

 ***Estos razonamientos son utilizados por Hume para profesar su escepticismo respecto a la metafísica de Descartes. Según Hume, no se puede justificar la existencia del yo (sustancia pensante), ni de Dios (sustancia infinita) ni del mundo (sustancia extensa). No se puede justificar la existencia de ninguna de estas sustancias en particular, ni la certeza de la idea de sustancia en general. Una sustancia no es más que un conjunto de percepciones particulares que nos hemos acostumbrado a encontrar juntas. Aquí radica el fenomenismo y el escepticismo de Hume: tenemos impresiones y no sabemos ni podemos saber de dónde proceden, no sabemos si existe algo fuera de ellas, algo más allá de mis impresiones.

Share Button

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.