Ideas antropologicas de platon

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PLATON

LA ANTROPOLOGÍA DE PLATÓN


Dualismo antropológico


Platón, basándose en elementos órficos y pitagóricos, elabora una teoría antropológica como soporte de sus concepciones éticas y políticas. Su concepción es dualista: concibe al ser humano como un compuesto de cuerpo (sôma) y alma (psijé) unidos accidentalmente. 
El cuerpo es una cosa sensible más que se genera y se muere. Es un obstáculo para lograr la perfección, por lo que la misión del ser humano en vida es tratar de purificarse (cátharsis) para poder ascender el alma a su lugar natural: el mundo de las ideas, alcanzando la felicidad. Es la tumba (sema) del alma.
El alma es inmortal y domina sobre el cuerpo. Es una sustancia homogénea. Su actividad propia es la contemplación de las ideas y constituye la esencia del ser humano, por tanto, la antropología platónica es una psicología. Platón divide el alma en tres partes:

La teoría del alma


El alma es el fundamento del movimiento y de la vida. Proviene del latín ánima, que es lo que anima a un cuerpo, por lo que tiene movimiento.
El alma es el principio del conocimiento.
Conocemos gracias al alma. Se identifica con el noûs, es una inteligencia capacitada para conocer las auténticas realidades: las ideas.
Tiene diversas capacidades o dynamis. Tiene tres dimensiones y funciones:

Racional


Representada por el auriga, que es la que contempla las ideas, la que toma decisiones.

Irascibles o volitiva


Es la dimensión en que radican los impulsos voluntarios.

Concupiscible o apetitiva


Es la fuente de los deseos y las pasiones relacionadas con el cuerpo.


El comportamiento adecuado Platón lo define como virtud. La virtud correspondiente a la razón es la prudencia(phrónesis), la de la irascible es la fortaleza (andreía) y la de la concupiscible es la templanza (sophrosyne). Existe una cuarta virtud que consiste en el equilibrio y armonía entre las partes: la justicia (dikaiosýne)
Platón, al igual que Sócrates, afirma la inmortalidad del alma por su reminiscencia (conocer es recordar y al nacer el alma ya conoce las ideas), por no ser engendrada (lo que es engendrado no puede perecer), por ser simple (pues no se puede deshacer) y por justicia universal (el justo debe recibir su premio y el malvado su castigo).

El ascenso del alma de lo sensible a lo inteligible


El alma está encerrada en el cuerpo. El ser humano debe volver a su estado natural, purificándose (cátharsis) para hacer el alma buena y virtuosa. Platón propone cuatro caminos para conseguirlo:

Amor


Ascenso hacia la perfección a partir de las cosas bellas como tensión hacia lo careciente.

Dialéctica:


 método cognoscitivo que eleva el alma a lo inteligible.

Muerte:


 Platón cree en la pervivencia del alma. La muerte libera el alma del cuerpo.

Vida virtuosa:


 la virtud es lo que permite al alma volver a su equilibrio inicial.

 

Teoría del conocimiento

Platon heredo de Socrates la conviccion de que es posible el conocimiento objetivo y universalmente valido, y se propuso demostrarlo racionalmente.

Conocer es recordar

No se puede conocer aquello que todavía no se conoce, porque si nos encontramos con ello no lo reconoceríamos. Por  otra parte, gracias a los sentidos podemos hablar de cosas iguales , cuadradas o circular. Ademas como podríamos conocer las ideas si no pertenecen a este mundo?. Todo se explicaria si admitimos que conocer es recordar(anamnesis). El alma conocio las ideas antes de encarnarce; luego , a raiz de su castigo, se olvido de ellas;pero, como el mundo sencible es una copia del mundo de las ideas, cirve de ocacion para que poco a poco y con esfuerzo, en el alma produzca la reminiscencia de lo ya conocido.



Si la ciencia se ocupa de lo universal, los objetos de la ciencia no pueden ser otros que las ideas. Pero si las ideas estan en un mundo distinto del sencible, Aquí aparece la doctrina del conocimiento como reminisencia (Proceso por el cual el alma recuerda las ideas, que conocia en la permanencia en el mundo intelegible pero que olvido al encarnarce en un cuerpo a partir de la experiencia sencible, por eso aprender no es otra cosa que recordar).
Mientras permanece en el mundo de las ideas el alma conoce todo cuanto existe; pero al encarnarce olvida todo cuanto sabe.

 El aprendizaje se gradua en dos niveles: La opinion y la ciencia

La opinion no es un conocimiento estricto, sino una forma del conocimiento estricto, sino una forma de creencia maso menos generalizada pero carente de fundamento. Tiene dos grados la conjetura aventurada o la conviccion mas o menos verosimil, ambas propias del mundo sencibley estan basadas en los sentidos no son conocimiento seguro.   Tambien hay dos grados de la ciencia el conocimiento matematico que hace uso de lo sencible para alcanzar sus concluciones y la dialectica, conocimiento de las ideas dirigido por la razon, que presena la culminacion de este proceso y la verdad absoluta.                                 

EL SER HUMANO, CUERPO Y ALMA

El hombre es cuerpo y alma, pero esta como perteneciente al mundo de las ideas es mas valiosa que el cuerpo, conciderando una carcel para el alma, y la muerte significa una liberacion. El alma esta dividido en tres partes: 

-El apetito

deceos relacionados con las necesidades basicas.

-La voluntad

fuente de pasiones nobles

-La razon

es el que nos impulsa a la vida intelectual y la ordenacion de la vida.

ETICA Y POLITICA, El hombre y el estado juntos

Mediante el alma racional se adquiere el conocimiento y se controlan las pasiones Saber y felicidad, son las finalidades del hombre. Para que el saber sea posible, el ser humano debe gozar de equilibrio en su alma y este se alcanza, haciendo que cada parte del alma desempeñe la labor que le corresponde (virtud). La armonia entre las partes del alma, bajo el dominio del alma racional, proporcionaal hombre justicia que es el estado moral supremo

.(Para Platon, las virtudes fundamentales son aquellas que corresponden a la parte del alma y a los grupos que componen el estado, prudencia, valor y templanza o moderación)y la justicia, que supone la armonia entre todas ellas).

Teoría del conocimiento

Sócrates afirmaba que «El hombre es capaz de conocer la verdad, de superar la opinión, elevándose al conocimiento de los conceptos, de lo universal». Y su prácticapedagógica y la «mayéutica«, lo llevó a deducir los conceptos universales que se hallan presentes, incluso en el alma del hombre más ignorante, el que si es guiado correctamente, llega a descubrirlos

La teoría del conocimiento de Platón explica la presencia de los conceptos universales en el alma recurriendo a la Teoría de la Reencarnación, aprendida por Platón de los pitagóricos.2

Para Platón, el conocimiento tiene como objeto encontrar una definición inequívoca al saber de todas las cosas.

El saber más elevado será entonces el conocimiento de lo universal y el más bajo será el conocimiento de lo particular. Esta doctrina supone una separacion irreconciliable entre el saber Universal y el mundo real, pero para Platón este concepto de lo Universal no implica una forma abstracta, sino que a cada uno de estos conocimientos universales le corresponde una realidad concreta.

Para Platón son las ideas las que se pueden conocer en forma accesible, pero no niega realidad al mundo de las cosas. Sin embargo, Platón no pudo determinar cual es la relación que existe entre lo particular y lo universal.

Platón explica con más claridad este problema cuando se refiere al arte, nos dice que el artista representa una tercera version del hombre. Según Platón, el hombre ideal es la meta que todos los humanos tratan de alcanzar, luego existen los hombres particulares que son copias del ideal y por último esta el artista que imita una copia.

Solo puede captar al hombre ideal el que posee el pensamiento sobre el hombre osea el objeto de la inteligencia a partir de una imagen.

Por ejemplo, en la Geometria se parte de una hipótesis y se continua avanzando mediante un diagrama visible para llegar a una conclusión. El geómetra supone una figura geométrica partir de gráficos y figuras, procurando distinguir objetos que solo se pueden ver con la inteligencia.


Mediante el razonamiento abstracto y habiendo entendido los principios, la mente puede sacar conclusiones sin contar con la imágenes visibles.Platón supone que el conocimiento de lo real se puede alcanzar de un modo absoluto, pero no sucede lo mismocon las cosas del mundo sensible, que para él es ilusorio y está sujeto al cambio. Razón por la que no pueden ser objeto de conocimiento científico.

Porque el objeto de conocimiento debe ser inmodificable, estable y permanente como para lograr su definición con claridad.El conocimiento se logra mediante juicios sobre conceptos universales y no sobre particulares y solo pueden ser verdaderos los juicios sobre lo permanente y estable.Ni la percepción sensible ni la creencia verdadera pueden ser objeto de conocimiento.

La teoría del conocimiento: el análisis del conocimiento en Platón

El análisis del conocimiento en Platón no es objeto de un estudio sistemático, abordado en una obra específica dedicada al tema, sino que, como ocurre con otros aspectos de su pensamiento, se plantea en varios de sus diálogos, por lo general en el curso de la discusión de otras cuestiones no estrictamente epistemológicas, si exceptuamos el Teeteto, diálogo en el que el objeto la discusión es el conocimiento.

El análisis del conocimiento

A los planteamientos iniciales de la teoría de la reminiscencia, expuesta en el Menón y en el Fedón, con ocasión de la demostración de la inmortalidad del alma, seguirá la explicación ofrecida en la República (libro VI) donde encontramos la exposición de una nueva teoría -la dialéctica- que será mantenida por Platón como la explicación definitiva del conocimiento. En el Teeteto, obra posterior a la República, no encontraremos ninguna ampliación de lo dicho en ésta respecto al conocimiento, sino una crítica a la explicación del conocimiento dada por los sofistas, basada en la percepción sensible, con objeto de definir cuáles son las condiciones que debe cumplir el verdadero conocimiento, condiciones que se habían planteado ya en la República al explicar la teoría dialéctica.

La explicación del conocimiento en los filósofos anteriores

El problema del conocimiento había sido abordado ya por los filósofos presocráticos. Recordemos la distinción hecha por Parménides entre la vía de la opinión y la vía de la verdad. Existen, para Parménides, dos formas de conocimiento: una basada en los datos de los sentidos y la otra basada en la razón. La vía de la opinión, en la medida en que remite a los datos sensibles, procedentes de un mundo aparentemente en devenir, no constituye un verdadero conocimiento: su falsedad le vendría de la aceptación del no ser, fuente de todas las contradicciones; en efecto, si el no ser no es ¿cómo confiar en el conocimiento que derive de su aceptación? El verdadero conocimiento nos lo ofrece la vía de la razón, al estar basada en el ser y rechazar, por lo tanto, toda contradicción. Por lo demás, el ser es inmutable, por lo que el verdadero conocimiento ha de ser también inmutable. La verdad no puede estar sometida a la relatividad de lo sensible.

Para los sofistas, sin embargo, el conocimiento sensible es, simplemente, el conocimiento. La verdad o falsedad no pueden existir como absolutos, estando sometidas a la relatividad de la sensación. Si prescindimos de la sensación, prescindimos del conocimiento. Lo que me parece frío, es frío, según Protágoras, aunque a otro le pueda parecer caliente: y para él será caliente. La razón debe partir de los datos sensibles para realizar sus operaciones, por lo que depende absolutamente de ellos. No tiene sentido hablar de un conocimiento racional como si fuera algo distinto y aún opuesto al conocimiento sensible.

La crítica de Platón a las explicaciones anteriores

En el Teeteto, sin embargo, Platón realizará una crítica de las explicaciones del conocimiento dadas por Protágoras negando:                                                        1) que el conocimiento se pueda identificar con la percepción sensible, ya que la verdad se expresa en el juicio y no en la sensación;                                            2) que ni siquiera se puede identificar el conocimiento con el «juicio verdadero» ya que podría formularse un juicio que resultara verdadero y estuviera basado en datos falsos;                                                                                                                                                                                                                               


3) que tampoco se puede identificar el conocimiento con el «juicio verdadero» más una razón, pues ¿qué podría añadirse, mediante el análisis, a un «juicio verdadero» que no contuviera ya, y que le convirtiera en verdadero conocimiento? Platón admite, con Protágoras, que el conocimiento sensible es relativo; pero no admite que sea la única forma de conocimiento. Cree, por el contrario, con Parménides, que hay otra forma de conocimiento propia de la razón, y que se dirige a un objeto distinto del objeto que nos presenta la sensibilidad: las Ideas. El verdadero conocimiento ha de versar sobre el ser, no sobre el devenir, y no puede estar sometido a error, ha de ser infalible. El conocimiento sensible, pues, no puede ser el verdadero conocimiento ya que no cumple ninguna de esas características.




Ética


Al igual que ocurre con los otros aspectos de su filosofía la ética no es objeto de un tratado específico en el que se aborde el tema sistemáticamente. El hecho de que muchos de los diálogos platónicos comience con alguna interrogación acerca de la virtud en general, o de determinadas virtudes en particular, muestra claramente, sin embargo, que el interés por el análisis del comportamiento humano no es algo accidental en Platón. Como hemos visto en su concepción de la ciudad ideal, el objetivo de la vida del hombre no puede reducirse a la satisfacción de sus necesidades materiales; más allá de éstas, el hombre debe ser objeto de un desarrollo completo de su personalidad, de acuerdo con las partes más elevadas de su alma, la irascible y la racional, con el fin de alcanzar una felicidad identificada con la armonía de su vida.


Justicia y ética


Si la justicia en la ciudad reside en que cada clase social haga lo que debe hacer, la justicia en el hombre residirá también en que cada parte del alma haga lo que debe. Ello implica que la vida buena para el hombre es una vida en la que se atiendan las necesidades «materiales» y «espirituales». Como vimos anteriormente la idea de que el hombre debe dar las espaldas a todo lo que signifique materia o tenga algo que ver con la corporeidad, defendida en el Fedón, no será mantenida en los diálogos posteriores, en los que el alma deja de ser considerada como una entidad simple y enfrentada al cuerpo, y pasa a ser considerada como una entidad en la que podemos distinguir tres partes diferenciadas que permiten explicar, entre otras cosas, los conflictos psicológicos de la vida del hombre, las distintas tendencias que configuran su naturaleza. El conocimiento y la satisfacción de las necesidades intelectuales deben ir acompañados de salud, moderación en el disfrute de los bienes materiales, etc., lo que pone de manifiesto hasta qué punto la idea de que Platón rechaza de un modo absoluto lo corporal es injustificada. En el Banquete, por ejemplo, podemos observar cómo a través del Eros Platón concibe el ascenso hacia las Ideas partiendo del amor a la belleza que observamos en las cosas sensibles, luego a la belleza en el ser humano, hasta alcanzar la contemplación de la Belleza en sí, que se identifica con el Bien del que nos habla en la República y que representaría el grado superior de conocimiento.


El verdadero bien del hombre, la felicidad, habrá de alcanzarse mediante la práctica de la virtud. Pero ¿qué es la virtud?. Platón acepta fundamentalmente la identificación socrática entre virtud y conocimiento. La falta de virtud no supone una perversión de la naturaleza humana; por su propia naturaleza el hombre busca el bien para sí, pero si desconoce el bien puede tomar como bueno, erróneamente, cualquier cosa y, en consecuencia, actuar incorrectamente; la falta de virtud es equivalente, pues, a la ignorancia. Sólo quien conoce la Idea de Bien puede actuar correctamente, tanto en lo público como en lo privado, nos dice Platón en la República, al terminar la exposición y análisis del mito de la caverna. Cuando alguien elige una actuación que es manifiestamente mala lo hace, según Platón, creyendo que el tipo de conducta elegida es buena, ya que nadie opta por el mal a sabiendas y adrede. En este sentido la virtud cardinal sería la prudencia, la capacidad de reconocer lo que es verdaderamente bueno para el hombre y los medios de que dispone para alcanzarlo. La dependencia con respecto al intelectualismo socrático es clara en la reflexión ética de Platón.


En la República nos habla Platón de cuatro virtudes principales: la sabiduría, el coraje o fortaleza de ánimo, la templanza y la justicia. Como hemos visto, establece una correspondencia entre cada una de las virtudes y las distintas partes del alma y las clases sociales de la ciudad ideal. La parte más elevada del alma, la parte racional, posee como virtud propia la sabiduría; pero la justicia, la virtud general que consiste en que cada parte del alma cumpla su propia la función, estableciendo la correspondiente armonía en el hombre, impone los límites o la proporción en que cada una de las virtudes ha de desarrollarse en el hombre.


El hecho de que Platón tenga una concepción absoluta del Bien hace que la función de la parte racional del alma siga siendo fundamental en la organización de la vida práctica del hombre, de su vida moral.

Sociedad y política: la naturaleza social del ser humano

A diferencia de los sofistas, para quienes la sociedad era el resultado de una convención o pacto entre los individuos, para Platón la sociedad es el medio de vida «natural» del ser humano. Si atendemos a las características de la vida humana, en efecto, podremos observar que el ser humano no es autosuficiente, ni en cuanto a la producción de bienes materiales necesarios para su supervivencia, ni en cuanto a los aspectos morales y espirituales que hacen de la vida del ser humano algo propiamente humano. Las tendencias que inclinan al ser humano al amor, a la amistad, a la convivencia en general, son tendencias naturales, por lo que no tendría sentido pensar que el medio, necesariamente social, en el que se desarrollan, fuera algo no-natural. Esta teoría de la «sociabilidad natural» del ser humano será mantenida posteriormente también por Aristóteles.

La vida social de los humanos

Por lo demás, forma parte de las convicciones sociales, firmemente asentadas en la época, la idea de que la vida del hombre se identifica, de alguna manera, con su vida social. El predominio de la ciudad-estado como forma de organización de la vida social en Grecia fortalecía el predominio de la vida comunal, hasta el punto de que difícilmente se podría concebir la vida del hombre manteniéndose ajena al Estado; no obstante, esa tendencia debía ser compatible con el individualismo que también se manifiesta en la vida y en las tradiciones culturales griegas.

De ahí las similitudes que establecerá Platón en la República entre la moral individual y la moral colectiva, o entre el gobierno de los bienes individuales y el gobierno de los bienes colectivos, que le permitirá comparar la naturaleza del hombre y la naturaleza del Estado con el fin de avanzar en sus investigaciones. Además, hemos visto que para Platón tenía que existir el Bien en sí (la Idea de Bien), por lo que difícilmente la referencia del buen comportamiento del individuo puede ser distinta de la del buen comportamiento del Estado. Tiene que existir un único modelo de comportamiento moral. Y ese modelo ha de tener un carácter absoluto.

La teoría política de Platón

Platón nos expone su teoría política, – que será revisada en el Político y en Las Leyes -, en la República, obra perteneciente a su período de madurez. La República es una obra que tiene por objeto de discusión determinar en qué consiste la justicia. Consta de diez libros que podemos agrupar en cinco partes, según los temas tratados: a) el libro primero en el que se plantea el tema de qué es la justicia sería una especie de prólogo, al que seguirían b) los libros II, III, y IV que tendrían por objeto estudiar la justicia en la ciudad ideal, c) cuyas formas de organización, de gobierno, características de sus clases sociales, etcétera, se establecerán en los libros V , VI y VII; d) estudiando posteriormente los males que arrastran a las ciudades hacia la ruina, la injusticia, en los libros VIII y IX; e) terminando la obra con la condena de la poesía y de aquellas formas de arte que nos muestran una mala imagen de las cosas, así como con una reflexión sobre el destino final del alma. Por supuesto que, en el curso de las sucesivas discusiones, serán tratados en la República otros temas de no menor importancia en la obra de Platón, como ya hemos visto anteriormente (teoría de las Ideas, antropología, teoría del conocimiento…)

El tema, – qué es la justicia -, se plantea, pues, en el libro primero, ofreciéndose diversas soluciones, según la opinión de los hombres buenos, la de los sofistas, etc., encargándose Sócrates, como es habitual en los diálogos platónicos , de demostrar las insuficiencias de las definiciones de justicia aportadas. Se plantea entonces la necesidad de encontrar un método que permita llegar a esa definición de un modo más preciso.

Sócrates recalca la necesidad de que la virtud, en este caso la justicia, sea común al hombre y a la ciudad; podríamos buscarla por lo tanto en uno y en otra; pero dada la mayor magnitud de la ciudad deberá estar la justicia inscrita en ella con caracteres más gruesos que en el individuo y, por lo tanto, más fáciles de encontrar.

Pero como no hay ninguna ciudad conocida de la que realmente podamos decir que es justa, Sócrates propone la creación de una ciudad ideal: siendo una sociedad perfecta no podrá carecer de ninguna perfección y deberemos encontrar en ella la justicia.


La Teoría de las Ideas

La teoría de las Ideas representa el núcleo de la filosofía platónica, el eje a través del cual se articula todo su pensamiento. No se encuentra formulada como tal en ninguna de sus obras, sino tratada, desde diferentes aspectos, en varias de sus obras de madurez como «La República», «Fedón» y «Fedro». Por lo general se considera que la teoría de las Ideas es propiamente una teoría platónica, pese a que varios estudiosos de Platón, como Burnet o Taylor, hayan defendido la tesis de que Platón la había tomado directamente de Sócrates. Los estudios de D. Ross, entre otros, han puesto de manifiesto las insuficiencias de dicha atribución, apoyando así la interpretación más generalmente aceptada.

La formulación tradicional

Tradicionalmente se ha interpretado la teoría de las Ideas de la siguiente manera: Platón distingue dos modos de realidad, una, a la que llama inteligible, y otra a la que llama sensible. La realidad inteligible, a la que denomina «Idea», tiene las características de ser inmaterial, eterna, (ingenerada e indestructible, pues), siendo, por lo tanto,ajena al cambio, y constituye el modelo o arquetipo de la otra realidad, la sensible, constituida por lo que ordinariamente llamamos «cosas», y que tiene las características de ser material, corruptible, (sometida al cambio, esto es, a la generación y a la destrucción), y que resulta no ser más que una copia de la realidad inteligible.

La primera forma de realidad, constituida por las Ideas, representaría el verdadero ser, mientras que de la segunda forma de realidad, las realidades materiales o «cosas», hallándose en un constante devenir, nunca podrá decirse de ellas que verdaderamente son. Además, sólo la Idea es susceptible de un verdadero conocimiento o «episteme», mientras que la realidad sensible, las cosas, sólo son susceptibles de opinión o «doxa». De la forma en que Platón se refiere a las Ideas en varias de sus obras como en el «Fedón» (el alma contempla, antes de su unión con el cuerpo, las Ideas) o en el «Timeo» (el Demiurgo modela la materia ateniéndose al modelo de las Ideas), así como de la afirmación aristotélica en la «Metafísica» según la cual Platón «separó» las Ideas de las cosas, suele formar parte de esta presentación tradicional de la teoría de las Ideas la afirmación de la separación («khorismós») entre lo sensible y lo inteligible como una característica propia de ella.

El dualismo sensible/inteligible

Una de las primeras consecuencias que se ha extraído de esta presentación tradicional de la teoría de las Ideas es, pues, la «separación» entre la realidad inteligible, llamada también mundo inteligible («kósmos noetós») y la realidad sensible o mundo visible («kósmos horatós»), que aboca a la filosofía platónica a un dualismo que será fuente de numerosos problemas para el mantenimiento de la teoría, y que Aristóteles señalará como uno de los obstáculos fundamentales para su aceptación.

Lo inteligible

En cuanto a las Ideas, en la medida en que son el término de la definición universal representan las «esencias» de los objetos de conocimiento, es decir, aquello que está comprendido en el concepto; pero con la particularidad de que no se puede confundir con el concepto, por lo que las Ideas platónicas no son contenidos mentales, sino objetos a los que se refieren los contenidos mentales designados por el concepto, y que expresamos a través del lenguaje. Esos objetos o «esencias» subsisten independientemente de que sean o no pensados, son algo distinto del pensamiento, y en cuanto tales gozan de unas características similares a las del ser parmenídeo. Las Ideas son únicas, eternas e inmutables y, al igual que el ser de Parménides, no pueden ser objeto de conocimiento sensible, sino solamente cognoscibles por la razón. No siendo objeto de la sensibilidad, no pueden ser materiales. Y sin embargo Platón insiste en que son entidades que tienen una existencia real e independiente tanto del sujeto que las piensa como del objeto del que son esencia, dotándolas así de un carácter trascendente. Además, las Ideas son el modelo o el arquetipo de las cosas, por lo que la realidad sensible es el resultado de la copia o imitación de las Ideas. Para los filósofos pluralistas la relación existente entre el ser y el mundo tal como nosotros lo percibimos era el producto de la mezcla y de la separación de los elementos originarios (los cuatro elementos de Empédocles, las semillas de Anaxágoras o los átomos de Demócrito); también Platón deberá explicar cuál es la relación entre ese ser inmutable y la realidad sometida al cambio, es decir entre las Ideas y las cosas. Esa relación es explicada como imitación o como participación: las cosas imitan a las Ideas, o participan de las Ideas.


Lo sensible

Por su parte la realidad sensible se caracteriza por estar sometida al cambio, a la movilidad, a la generación y a la corrupción. El llamado problema del cambio conduce a Platón a buscar una solución que guarda paralelismos importantes con la propuesta por los filósofos pluralistas: siguiendo a Parménides hay que reconocer la necesaria inmutabilidad del ser, pero el mundo sensible no se puede ver reducido a una mera ilusión. Aunque su grado de realidad no pueda compararse al de las Ideas ha de tener alguna consistencia, y no puede ser asimilado simplemente a la nada. Es dudoso que podamos atribuir a Platón la intención de degradar la realidad sensible hasta el punto de considerarla una mera ilusión. La teoría de las Ideas pretende solucionar, entre otros, el problema de la unidad en la diversidad, y explicar de qué forma un elemento común a todos los objetos de la misma clase, su esencia, puede ser real; parece claro que la afirmación de la realidad de las Ideas no puede pasar por la negación de toda realidad a las cosas.

La jerarquización de las Ideas

Las Ideas, por lo demás, está jerarquizadas. El primer rango le corresponde a la Idea de Bien, tal como nos lo presenta Platón en la «República», aunque en otros diálogos ocuparán su lugar lo Uno, (en el «Parménides»), la Belleza, (en el «Banquete»), o el Ser, (en el «Sofista»), que representan el máximo grado de realidad, siendo la causa de todo lo que existe. A continuación vendrían las Ideas de los objetos éticos y estéticos, seguida de las Ideas de los objetos matemáticos y finalmente de las Ideas de las cosas. Platón intenta también establecer una cierta comunicación entre las Ideas y, según Aristóteles, terminó por identificar las Ideas con los números, identificación de la que sí tenemos constancia que realizaron los continuadores de la actividad platónica en la Academia.

Antropología y psicología: el alma en la tradición griega y en Platón

La concepción del hombre en Platón está también inspirada en la teoría de las Ideas. El hombre es el resultado de una unión «accidental» entre el alma, inmortal, y el cuerpo, material y corruptible, dos realidades distintas que se encuentran unidas en un solo ser de modo provisional, de tal modo que lo más propiamente humano que hay en el hombre es su alma, a la que le corresponde la función de gobernar, dirigir, la vida humana. Tanto la concepción del alma como la de sus funciones en relación con el cuerpo sufrirán diversas modificaciones a lo largo de la obra de Platón, aunque se mantendrá siempre la afirmación de su unión accidental.

El alma en la tradición griega

La idea de que existe un alma (psyche), no obstante, no es en absoluto original de Platón. Tanto la tradición cultural griega como la de otras muchas culturas de la época dan por supuesto la existencia del «alma», y el término que utilizan para referirse a ella significa primordialmente «principio vital», entendiendo por ello una suerte de potencia o capacidad que da la vida a los seres. Parece obvio, pues, que todo ser vivo ha de poseer ese principio vital, o «alma», por definición. En la tradición griega el tema de la existencia del alma no representa, pues, ningún problema, desde esa perspectiva. En la tradición homérica, por ejemplo, encontramos referencias no sólo al alma, sino también a una vida posterior a la muerte; aunque esta vida posterior no pase de ser una imagen fantasmal de la vida plena sobre la tierra, y en que se cambiaría gustosamente de nuevo por la vida terrestre. Tampoco parece haber nada superior en el alma, en el sentido de que sea la parte más noble o elevada del hombre.

El alma en Platón

Pero Platón no se limita a afirmar la existencia del alma, sino que la dota también de otras características además de la de ser «principio vital». Y es en estas características en donde se encuentra la originalidad de la interpretación platónica. El alma, nos dice Platón, es inmortal, transmigra de unos cuerpos otros y es, además, principio de conocimiento. En la medida en que conocemos «por» el alma, ésta ha de ser homogénea con el objeto conocido, es decir, con las Ideas, por lo que no puede ser material. La idea de que el alma es inmortal y transmigra le viene a Platón, casi con toda seguridad, de los pitagóricos. A su vez éstos la habían tomado con probabilidad del orfismo, movimiento de carácter religioso y mistérico que se desarrolla en Grecia a partir del siglo VIII, y cuya creación fue atribuida a Orfeo. Se trataba, al parecer, de una renovación del culto dionisíaco que se proponía alcanzar la purificación a través de rituales ascéticos, en la creencia de la inmortalidad y transmigración (metempsícosis) de las almas, que se encontrarían encerradas en el cuerpo como en una prisión. Pero, para quienes no fueran próximos al orfismo o al pitagorismo, la afirmación de la inmortalidad del alma no podía dejar de ser una afirmación sorprendente. De ahí la necesidad de Platón de demostrar dicha inmortalidad.


DIOS EN EL PENSAMIENTO DE PLATÓN


1.- La idea de lo ” divino”

Advirtamos desde el principio  que es inútil pretender hallar en Platón una idea de Dios como un ser  único,  transcendente, infinito y personal, lo que en Platón  se puede hallar, a este respecto, son innumerables personalizaciones limitadas y finitas de lo “divino”

Lo ” divino “ para Platón no se concentra en una sola entidad personal e infinita, sino que es una noción amplísima dentro de la cual caben innumerables realidades: el ser, los vivientes, los dioses particulares el Demiurgo etc..
 En el universo  todo lo que existe tiene vida y todo cuanto tiene vida es divino.
De esta forma habría que relacionar  su concepto de lo divino con su concepto de vida :Así pues ser viviente y ser divino son para Platón  ideas equivalentes. Quizás se podría referir  este concepto de lo divino con la idea de los presocráticos que afirmaban que todo el universo estaba animado y lleno de dioses

Entre estas distintas “divinidades ” hay una jerarquía que se corresponde con losgrados de su participación en el ser y en la vida.

            Según Platón la realidad  toda se encuentra realizada en dos mundos: El mundo de las ideas, o mundo  ideal  y el mundo  sensible y finito.

Todas la entidades que pertenecen al mundo Ideal,  no olvidemos la doctrina platónica de la existencia real de las ideas y el mito de la caverna, son las que participan  en un mayor grado de la divinidad, puesto que las Ideas son seres personales, eternos, vivientes,  inteligentes y perfectísimos: la Idea de Verdad, de Vida, de Belleza etc. , existen realmente en  ese superior mundo Ideal, y entre las Ideas, la Idea de Bien es la cumbre de toda  perfección y por consiguiente de la mayor participación de la divinidad.

Algunos han querido ver en la Idea de Bien la idea de Dios, puesto que Platón afirma que el resto de las Ideas participan de esta Idea de Bien,  sin embargo tal identificación no está en Platón, siendo una interpretación posiblemente coherente de su doctrina , pero no directamente platónica.

La escala de las “divinidades”va perdiendo perfección conforme se alejan del mundo ideal. Pero también las realidades temporales son divinas en cuanto participan de la Ideas: Todas las realidades terrenas son como sombras de las realidades eternas

Así es divino el Demiurgo, ser eterno, inteligente y  bueno , aunque situado fuera del mundo de las Ideas


De este Demiurgo creador y ordenador del mundo finito dice Platón ” Es difícil hallar al Hacedor y Padre de todas las cosas, y una vez hallado, es imposible  hablar de su naturaleza a todos los hombres”
 

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