Hombre alineado

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6. EL Nihilismo


Para Nietzsche la propia tradición cultural occidental está envenenada por esa voluntad de muerte, voluntad de nada, carácterísticas; por ese Nihilismo que la va asfixiando poco a poco y que acabará final y necesariamente con ella. El Nihilismo es pues, una enfermedad mortal, y presenta un conjunto de síntomas denunciados por Nietzsche, a la cabeza de los cuales se hallan el hecho de que “los valores supremos se desvalorizan” y la muerte de Dios. Estos sucesos pueden verse ayudados:
Marx utilizaba el giro metafórico de “aliviar los dolores del parto de una nueva era”; Nietzsche se sirve de “lo que cae es preciso también empujarlo”. Se trata de acelerar el destino fatal, inevitable. El Nihilismo es lo que detecta Nietzsche en su crítica. La doctrina nihilista presenta una doble significación:

Nihilismo pasivo

La propia autodesvalorización de la religión, de la moral, la filosofía, la ciencia y el arte occidentales, es decir, el Nihilismo como algo que le ocurre, le sobreviene a la cultura occidental: una enfermedad mortal de necesidad.

Nihilismo activo

La destrucción critica que Nietzsche realiza de los resentidos, decadentes y antinaturales valores occidentales como paso previo que presupone ya su transmutación en valores nuevos.

El Nihilismo es un estado intermedio, una fase de transición hacia una nueva era con valores nuevos; como la dictadura del proletariado en tanto que estadio previo al establecimiento de una sociedad sin clases en la que el hombre, libre de toda cadena y de toda alineación, pueda realizarse plenamente sin trabas. Este hombre  se conoce como el superhombre.

9. EL ETERNO RETORNO Y EL “AMOR FATI”


La doctrina del eterno retorno constituye la gran intuición de Nietzsche, su inspiración más fundamental. La realidad en su perpetuo fluir toma la forma de una gran rueda en la que todo el proceso retorna eternamente, siendo siempre el mismo. Cada cosa ha sido ya infinidad de veces y volverá a ser ilimitadamente en el futuro. Esta doctrina se presta a través de diversas interpretaciones que se complementan. Nietzsche la considera tan decisiva que de ella llega a ofrecer argumentaciones filosóficas clásicas que nos permiten distinguir entre:

El eterno retorno desde una perspectiva cosmológica

Si el pasado es infinito, todo, absolutamente todo, ha tenido que ocurrir ya alguna otra vez. El presente ha tenido que ser ya alguna vez en un pasado infinito, ya que en un pasado infinito hay tiempo para todo, y lo mismo ocurre con el futuro: en un futuro infinito ha de volverse a repetir el presente infinitamente. De modo que el perpetuo fluir de la realidad adquiere la forma de una enorme rueda, la del eterno retorno de lo mismo. –

El eterno retorno desde una perspectiva filosófica

En clave filosófica, el eterno retorno se identifica con el sí gozoso a al existencia. No es que el instante querido retorne eternamente, sino que se hace infinito, se extiende ilimitadamente, se detiene. Si se da un sí gozoso a cada instante, gozoso será para siempre. Aquí aparece un innegable rasgo ROMántico en Nietzsche. El eterno retorno como un querer que el instante se congele, se haga eterno, recuerda el goetheano “detente, instante, eres tan bello”


EL CONCEPTO DE HOMBRE EN Marx


El pensamiento de Marx tiene un importante carácter ético y presupone una determinada antropología: un concepto de lo que es el hombre y de lo que puede esperarse de sus capacidades. La antropología de Marx destaca sobre todo la esencia práctica y social del hombre. El hombre es el resultadote la sociedad en a que le toca vivir. Esta sociedad le viene dada: no es algo que él elija: sino con lo que se encuentra tan pronto como tiene uso de razón, y que además, ha constituido este uso de razón. Esta sociedad esta configurada por las relaciones de producción. El hombre en Marx es un “homo gaber”, un ser productor, creador.  La historia del género humano puede escribirse como la sucesión de diferentes sistemas de producción: FeudalàCapitalistaàComunista.

La infraestructura económica

El poder de esta base es tan grande que hasta nuestras ideas y actitudes éticas dependen de ella. El ser humano se encuentra “prisionero” de estas cadenas productivas y además se siente alienado: realiza una actividad que no sirve a sus intereses y se lo enajena, priva, de lo que ha producido a cambio de una mísera cantidad de dinero.

La liberación de las cadenas

La antropología marciana incluye un programa de liberación del ser humano. Aplicando la concepción dialéctica hegeliana el propio sistema capitalista acabará estallando merced a sus contradicciones internas. Para evitar esta dilación, el ser humano, una vez que ha tomado conciencia del problema y de su propio potencial mediante la uníón de fuerzas individuales ha de contribuir al proceso, a acelerarlo. Se combina el determinismo material con la libertad humana al modo clásico: se trata de nadar a favor de la corriente, aunque inevitablemente en ella, y acelerar el proceso que conduce a la liberación.  

Marxismo como humanismo

El marxismo es un humanismo en la medida en que pretende alumbrar un nuevo hombre. Si la naturaleza del hombre es social, con el cambio de la sociedad cambiará también el hombre, su naturaleza. De modo que si se quiere cambiar al hombre, hay que cambiar la sociedad en la que vive. Marx pretende el ideal de una sociedad sin clases, sin propiedad privada en la que cada ser humano, cooperando con los demás, pueda desarrollar todas sus capacidades como hombre integral, no necesariamente especializado, pues la especialización es un modo de explotación. En una sociedad así podría cumplirse el imperativo marciano: “De cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades”.

LA Alienación O EXTRAÑAMIENTO DE SÍ MISMO EN EL TRABAJO

Que el ser humano se sienta alienado en el trabajo significa que se siente extraño al trabajar; que no se reconoce en el trabajo que realiza. Ello es así porque se lo explota económicamente; el trabajador crea un producto y recibe a cambio un salario muy inferior al valor por él producido. El hombre no puede reconocerse en una obra que se le enajena. El hombre es por ello infeliz en el trabajo; no se reconoce a si mismo al trabajar, sino “fuera de si”; solo fuera del trabajo puede reconocerse como ser humano. De lo que se trataría es de abolir este trabajo enajenado en una sociedad ideal sin propiedad privada ni clases, en la que el individuo pueda dedicarse al libre desarrollo de sus potencialidades, esto es, en la que consiga establecer una especie de identidad “trabajo=creación=ocio=juego”, es decir: una situación en la que el trabajo produce placer, recrea, de modo que el trabajador puede identificarse con lo que produce y con el acto de su producción.

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