Felicidad colectiva

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FELICIDAD. Ética de mil teleológica. Toma el fin para valorar una acción, felicidad = placer (cuantitativo y calificativo). Carácterísticas universalista. Qualificat.Facultat superiores-> inteligencia sensibilidad moral y estética. Prueba suficiente (el fin), condición necesaria (único fin). La suma de felicidad individuales hace la felicidad universal.Virtut.
Una primera cuestión que se plantea es clarificar el principio del que parte Mill, llamado principio de utilidad o de la mayor felicidad.
Mill defendíó unos principios ético-políticos que habían sido formulados antes por Bentham y que responden al nombre de utilitarismo. El utilitarismo es la teoría que defiende la felicidad como criterio moral, y la felicidad para el mayor número de personas como criterio polític.L utilitarismo defiende el principio de la mayor felicidad y, en preguntarse: ¿Qué es la felicidad?, Mill responde que es «el placer y la ausencia de dolor» La felicidad como finalidad no consiste, para él, en la búsqueda y consecución de «cualquier placer», sino que hay una jerarquía de placeres-lo que introducirá un cambio en el planteamiento inicial. Porque se está hablando de la felicidad, pero de la felicidad de un ser humano, y lo que para Mill es incuestionable es que, como tal ser humano, no deseará nunca bajar a grados de existencia inferiores.
DOCTRINA DE CERDOS un especial «sentido de la dignidad» relacionado con las facultades más elevadas se lo impide. Ilustrativo de lo que pretende dar a entender en su afirmación: «es mejor ser un ser humano insatisfecho que un cerdo satisfecho; mejor ser un Sócrates insatisfecho que un necio satisfecho». Porque, ser feliz, no es lo mismo que estar satisfecho, o contento. Por lo tanto, lo que definirá el ser humano será lo que determine de qué felicidad podemos hablar. ¿Qué es la felicidad dependerá de la concepción del ser humano que se tenga.

LA FELICIDAD ES UN FIN SUFICIENTE. LA FELICIDAD ES UN FIN NECESARIO

El único fin. La contundente afirmación que definía la felicidad como placer y ausencia de dolor siendo matizada y, al mismo tiempo, va cambiando el principio de que Mill partía. No se trata sólo de defender la felicidad como el fin del ser humano sino, más bien, de defender el desarrollo del ser humano como tal, o, dicho de otro modo, de defender el ser humano como fin en sí mismo. Cuáles son las carácterísticas, o en qué consistirá una «vida feliz». Educación, cultura intelectual y situación social adecuada son las condiciones necesarias para lograr un ponderado equilibrio, tranquilidad y emoción serán los factores claves para poder conseguir dicho objetivo. Objetivo que será posible, para el mayor número de personas, gracias a la educación. Esa felicidad como fin, aunque no niega la búsqueda del sacrificio como forma de vida, lo que considera es que este cobra sentido sólo coma medio para conseguir la felicidad de la mayoría: «la multiplicación de la felicidad es, de acuerdo con la ética utilitarista, el objetivo de la virtud «. Las consecuencias de la acción virtuosa serán las que calificarán la acción. Las precisiones sobre qué es la felicidad van introduciendo el problema de las relaciones entre individuo y colectividad, entre interés individual y los intereses colectivos, junto con otros problemas relacionados con aquest.Hi varias afirmaciones: 1 .- Que felicidad no es sinónimo de cualquier placer y que, por tanto, utilitarismo no es equivalente a hedonismo; 2 .- Que es posible, mediante la educación-formación de los individuos, lograr formas de vida individuales y colectivas que respondan a los principios de el utilitarismo y que, consecuentemente, la felicidad como fin colectivo sea alcanzable, y 3 .- Que se ha de clarificar el problema de la compatibilidad-incompatibilidad entre intereses individuales e intereses colectivos. Cada una de estas tesis significa la defensa de determinadas concepciones ético-políticas. Sin embargo, la felicidad, como criterio miedo a distinguir la acción correcta y la incorrecta actúa como hilo conductor del problema de la libertad, e introduce, entre otros, el problema de la educación como tema crucial para entender su concepción de ambos problemas: felicidad y libertad.5. Si mi propia felicidad radica en nada distinto, ¿por qué no he de darle preferencia? La cuestión se refiere a cuál es la sanción última del principio de utilidad, el principio que defiende la felicidad para el mayor número de personas y, en definitiva, plantea el problema de cuál es la justificación o prueba del mismo. La concepción de la felicidad que propone necesitará la adquisición del acrecimiento de un sentimiento de sociabilidad que haga que «el individuo tienda a experimentar como un deseo natural el hecho de que se produzca una armónía entre sus sentimientos y objetivos y los de los sus semejantes «. El principio utilitarista, la felicidad para el mayor número, es el único fin de la acción humana y, la promoción de la felicidad será la prueba para juzgar toda conducta humana. La prueba de dicho principio radica, por un lado, a considerar que la naturaleza humana es de tales carácterísticas y, por otro, a constatar que se constituye un sentimiento de sociabilidad tal en los seres humanos que hace posible la moralidad de la mayor felicidad para el mayor número.

Para Mill, sólo se desea nada si la idea de lograrlo es agradable. Incluso considerando que la voluntad sea distinta del deseo-lo que supondría la posibilidad de actuar deseando algo para que lo queremos, sin tener en cuenta las consecuencias placenteras que puedan tener-se explica por el hábito, de manera que podamos querer debido al hábito lo que ya no deseamos por si mismo, o que solo lo deseamos porque lo queremos. Lo que significa que sólo el deseo de algo placentero puede mover a actuar, de manera que hasta la virtud deberá asociar al placer. En definitiva, la configuración de una conducta virtuosa sólo será posible cuando haya habido una asociación entre deber y placer, y entre acción indebida y dolor. Esta es, en definitiva, la prueba del principio de utilidad. Pero, tal como decíamos, hay algo más. Mill une la búsqueda de la felicidad individual en la de la felicidad social, y ésto partiendo de dos presupuestos: que las relaciones humanas no serían posibles si no se tuvieran en cuenta los intereses de todos, lo que, a su vez, hace posible la sociedad entre iguales. Y que todo ello conforma, además, una costumbre o tendencia a considerar los intereses de los demás como propios. Mill lo expresa claramente: «En un estado de progreso del espíritu humano se da un constante de unidad con todo lo demás, sentimiento que, cuando es perfecto, hará que nunca se piense en, ni se desee, ninguna condición que beneficie un individuo particularmente, si no están incluidos los beneficios de los demás «. En última instancia, el principio de utilidad sólo tendrá sentido en un estar de progreso de la humanidad. Estos problemas sobre la sanción última del principio de utilidad introducen, a su vez, la cuestión de la relación entre la felicitó por el mayor número y la justicia como obligación, como deber moral. El problema es si los seres humanos actúan por deber o porque desean la felicidad, más exactamente, si la acción correcta desde el punto de vista moral es la acción justa ol’útil. En principio, la afirmación en el sentir que el fin del ser humano es promocionar la felicidad parece contravenir la moral como búsqueda de la virtud. Tot1 así, para Mill, la confrontación entre felicidad y justicia no es tal. Lo que defiende es que el principio de utilidad implica la igualdad de derechos, la idea de justicia. Como elemento ilustrativo de su punto de vista respecto a este problema, basta con citar su crítica a Kant. La concepción kantiana que el ser humano es fin de sí mismo y que hay que hacer digno de la felicidad, en vez de tender a ésta como un fin que el desvinculàs del deber, considera la acción moral como condición de posibilidad de la felicidad.Para Mill lo que hay en Kant, pero, es una aceptación tácita del principio de utilidad, ya que considera que en la primera formulación del imperativo kantiano: «Obra de tal modo que la regla de acuerdo con lo actúas pueda ser adoptada como ley de todos los seres racionales «, habría, virtualmente, un reconocimiento del interés colectivo de la humanidad. De modo que el imperativo sólo cobraría sentir cuando se tiene en cuenta el beneficio que podría tener la norma para los intereses colectivos de los seres racionales. Lo que interesa es mostrar que en última instancia, la felicidad no se opone a la justicia, lo que ocurre es que la aplicación de la idea de justicia restringe la universalidad de la norma y se subordina, en definitiva, a la idea de conveniencia social. El siguiente texto de Mill ilustra lo que decimos: «Toda la historia de las mejoras sociales ha consistido en una serie de transiciones por medio de las cuales una costumbre o institución tras otro ha llegado a alcanzar el rango de una injusticia o tiranía generalmente repudiada. Así ha ocurrido con la distinción entre esclavos y hombres libres, nobles y siervos, patricios y plebeyos. Y sin duda ocurrirá, y en parte ya está ocurriendo, con las aristocracias de color, raza y sexo «. Su defensa y precisiones del principio de utilidad han ido mostrando como el problema de la felicidad está relacionado con otras muchas cuestiones: la educación, el progreso, el deseo, la justicia, la sociabilidad, los intereses colectivos, etc. La vinculación del principio de felicidad con todas estas viene a mostrar cómo hay implícita en Mill una idea de lo que el ser humano debe ser, como se encuentra en él una determinada concepción del hombre. De modo que la atención se irá centrando cada vez más a investigar como es la realización de un ser humano, un ser humano que sea, sobre todo, él mismo.


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