Contexto social politico y cultural de la filosofia

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Contexto Histórico


  Hacia la mitad del siglo XVI comienzan en Europa una serie de crisis, que van a cubrir todo el siglo XVII. En el plano social se corresponden con el desarrollo de la burguesía y en el plano ideológico con la necesidad que se experimenta de una nueva concepción del mundo basada en el concepto de razón.

    El desarrollo del capitalismo se verá en este siglo favorecido especialmente por la expansión del comercio marítimo y colonial. Se trata de un capitalismo de tipo comercial. Los hombres de negocios son, a la vez, banqueros y fundadores de nuevas industrias. Aparecen las bolsas y las grandes compañías comerciales. El capitalismo industrial surgirá en Inglaterra en la primera mitad del siglo XVII.

    El siglo XVII es el siglo de las monarquías absolutas: Luís XIV (el Rey Sol), en Francia; Felipe IV, en España; la dictadura de Cromwell, y el absolutismo de Carlos II en Inglaterra.  En el plano político es un periodo de gran inestabilidad y de crisis que se manifiesta en una serie de guerras y revoluciones. Es la época del expansionismo colonial que lleva a los estados europeos a luchar en todos los mares. En el continente europeo se desarrolla la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) por razones políticas y religiosas. La unidad religiosa medieval se pierde con la primera gran ruptura cristiana europea debida a la reforma luterana. Protestantes y católicos, y en Francia, los hugonotes, se enfrentan en guerras de religión. España, bajo el dominio de los Habsburgo, comienza la guerra entre los Estados católicos alemanes y los de dominio protestante. Igualmente, se ve obligada a intervenir en los países Bajos. Mientras que, en España y en Italia, la contrarreforma mantiene la unidad de la fe católica, el resto de Europa se agita por los ideales y las aspiraciones de la reforma llevada a cabo por Lutero. En Alemania y Holanda aparecen diversos movimientos heterodoxos en pugna continuada: luteranos, calvinistas y católicos. En Inglaterra entran también en liza política católicos, anglicanos y puritanos. La certidumbre intelectual religiosa pierde la fuerza de su autoridad, lo mismo que el clero el control de la moral pública.  No es exagerado afirmar que Europa se presenta como un continente roto en su unidad, y sus divisiones y conflictos internos dan la impresión de quiebra total, necesitada de búsqueda de fundamentos.

Contexto cultural y filosófico

A partir de la disgregación de la escolástica con la visión ockamista de la realidad, con el nominalismo y el relieve que, frente al concepto abstracto universal, se da al singular, el pensamiento sufre un gran detrimento en sus pilares básicos. La posesión de la verdad, con su dogmatismo correspondiente, procedente de la Edad Media, es abandonada ante los nuevos descubrimientos y avances de la ciencia que la ponen en entredicho. Hechos significativos que revelan este fenómeno y que muestran el resquebrajamiento de todo el subsuelo cultural son tres verdades consideradas, hasta entonces, como irrefutables: la Tierra plana, el geocentrismo y la unidad de revelación. Tres verdades que perdieron su autoridad. En el Renacimiento, la pregunta filosófica sobre el qué de las cosas, ante el descubrimiento de la esfericidad de la Tierra, el descubrimiento del Sol como centro del universo y la diversidad admitida de revelaciones divinas, se pone en entredicho. ¿Acaso puede el hombre conocer el qué de las cosas cuando ha estado en el error tantos siglos?, ¿No debemos dudar de la capacidad de la mente para obtener la verdad?.   Todos estos aspectos colocan a la filosofía en una situación de replantearse el problema de qué son las cosas. Para obtener la verdad, lo primero que hay que hacer es reflexionar e investigar en el mecanismo de la razón misma, con el fin de conocer sus posibilidades y de encontrar un suelo firme sobre el que poder edificar la filosofía. De qué de las cosas (mundo de la objetividad), se pasa al estudio de las ideas, de la razón (mundo del sujeto). No extraña, entonces, que en este contexto aparezca el pensamiento cartesiano. Descartes nació el 31 de marzo de 1593 en La Haya y murió el 11 de febrero de 1650 en Estocolmo. La situación cultural del mundo que vive Descartes es la siguiente: En la concepción de la ciencia existente en el siglo XVII continúa teniendo vigor la idea neoplatónica de que era menester que la naturaleza fuera explicada por medio de las matemáticas. En este punto, la aparición de la ciudad y de la burguesía tiene una gran importancia porque va unida al desarrollo del comercio y al consiguiente uso del dinero como instrumento de intercambio. Esta práctica monetaria exige el dominio de operaciones contables, lo cual va a propiciar el desarrollo de la Aritmética y del Álgebra.

En esta época predominan las investigaciones sobre asuntos teóricos, como el estudio de las oscilaciones del péndulo, de las trayectorias de los proyectiles, etc. También se realizan estudios sobre temas prácticos o técnicos, como son los relacionados con la navegación, la minería, la defensa y las diversas profesiones y oficios del momento.

Son dos, pues, las claves para entender la situación en la que se desarrolla la ciencia del siglo XVII: el ámbito experimental y la lectura de la naturaleza en lenguaje matemático. Ambas hay que entenderlas dentro del marco de la creencia en el mecanicismo universal que sostendrían Galileo, Bacon, Descartes y Newton.

    También hay que señalar que la época en que le tocó vivir a Descartes, la primera mitad del siglo XVII, coincide con el inicio y desarrollo de la modernidad. En el año 1637, contando Descartes con cuarenta y un años, aparece el Discurso del Método, junto con la Dióptrica, la Geometría y los Meteoros. La gran novedad es que el libro aparece escrito, no en lengua culta – el latín – sino en lengua vulgar, es decir, en francés. Esto es ya significativo del rechazo del pensamiento tradicional -la Escolástica- y de apertura a lo que será la modernidad. Por otra parte, el Discurso del Método está escrito en forma autobiográfica. Estos dos rasgos muestran que Descartes es consciente de que su filosofía constituye una ruptura con la filosofía anterior. Descartes va a reflejar en sus obras toda la problemática del momento histórico que le ha tocado vivir; por un lado, las características propias de los racionalistas y, por otro, una ruptura con toda la filosofía anterior.

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