Contexto político de la Generación del 98

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CONTEXTO HISTÓRICO:
Debemos distinguir un doble aspecto: el contexto europeo y occidental y el específicamente español, pues España pertenece a la cultura occidental  pero Ortega sentía vivamente su atraso con respecto a ella. “El tema de nuestro tiempo” fue publicado en 1923, recién terminada la 1ª Guerra Mundial. La situación histórica refleja la contradicción de las dos posturas por sí solas insatisfactorias y cuya síntesis es para Ortega la tarea de nuestra época: de un lado, la democracia liberal y la cultura, con su racionalidad y sus valores, que manifiestan su incapacidad para conseguir una vida digna para todos y para detener las guerras. De otro lado, los movimientos fascistas (el nazismo alemán, la Falange en España) que empiezan a desarrollarse entonces proclamando abiertamente su irracionalismo y su antiliberalismo, y ganaban numerosos partidarios descontentos con la vida falsa y antiheroica que, según ellos, les ofrecía la democracia. En cuanto al contexto español, Ortega con su obra intenta actualizar y modernizar España. En ello coincide con el impulso regeneracionista de la generación anterior a él, la llamada del “98”. Pero la mayoría de ellos acabaron pretendiendo recuperar los auténticos valores españoles; Unamuno sosténía que más “europeizar España” había que “españolizar Europa”. De ahí su famoso “que inventen ellos”. Y Ortega, en cambio, es partidario decidido de la europeización de España, y declara que, en ese sentido, Europa significa, ante todo una cosa, técnica. En su empeño por la regeneración de España, Ortega desarrolló durante toda su vida una intensa labor como profesor, conferenciante, articulista de periódicos y editor. También, y fiel a su lema yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo a mí, Ortega desempeñó una significada labor política. Aunque su postura política era conservadora, moderada y elitista –su libro más influyente, leído en toda Europa, fue “La rebelión de las masas”-, lo desesperado de la situación española le llevó a defender la república, de la cual fue uno de los principales impulsores, y una política de profundas reformas. Durante la II República, siendo parlamentario, pronunció después su célebre discurso “No era esto”, con el que se distanciaba del curso revolucionario que tomaban los acontecimientos. Comenzada la Guerra Civil se negó a pronunciarse a favor de ninguno de los dos bandos. En 1950 se le permitíó regresar del exilio a condición de no mantener ninguna actividad política.

CONTEXTO FILOSÓFICO

El pensamiento de Ortega y Gasset representa el intento de pensar las categorías de la modernidad desde una óptica constituida por los problemas de la España de su tiempo. La crítica del Racionalismo imperante desde Descartes, y de las filosofías de la vida, lleva a nuestro pensador a adoptar la doctrina del punto de vista, radical, para cada individuo, que le obliga a afrontar su circunstancia histórica y vital desde sí mismo. Esto implica un desarrollo de problemas de hondo calado como son la teoría de las generaciones, el ser humano como ser histórico y la propia razón histórica, entre otros. Si algo caracteriza a la filosofía del Siglo XX es la diversidad y dispersión de enfoques, frente al desarrollo casi lineal de otras épocas de la historia de la filosofía (Edad Media o Edad Moderna). Por esta razón, el panorama de la filosofía contemporánea es muy complejo, si bien podríamos decir que se encuentra determinado, en sus primeras décadas, por la crisis de la concepción positivista de la ciencia y por los efectos desastrosos y traumáticos de las dos guerras mundiales y, más tarde, por un intento de restaurar el papel de la filosofía en el contexto de las ciencias. Si nos aventuramos a hacer una clasificación general de la filosofía contemporánea, podríamos distinguir tres grupos de corrientes de pensamiento, aunque existen entrecruzamientos muy significativos entres ellas: -Las estrictamente filosóficas: fenomenología, existencialismo, vitalismo, historicismo, hermenéÚtica…-Interés por el lenguaje y las metodologías científicas: filosofía analítica (atomismo lógico, neopositivismo, filosofía analítica del lenguaje), filosofía de la ciencia,estructuralismo…

-Filosofías de la cultura, centradas en el análisis de problemas sociales y de crítica a las ideologías: marxismo, psicoanálisis, Escuela de Frankfort… Intentar enmarcar a Ortega dentro de alguna de estas corrientes es difícil por cuanto que él mismo intentó desmarcarse de ellas. Sin embargo, recoge temas del vitalismo, del historicismo, del existencialismo…Sin que, con justicia podamos situarlo exclusivamente dentro de alguno de estos grandes movimientos filosóficos. Por otra parte, lo que sí parece claro es su distanciamiento de la llamada “concepción analítica de la filosofía”, a la que no alude para nada en su obra, pese a ser una corriente coetánea del autor. Ortega participa de las corrientes que han tomado como principal objeto de estudio el fenómeno de la historicidad, la vida y la irreductibilidad del ser humano. En este sentido la fenomenología será el primer intento de hacer un análisis de la existencia humana; más tarde el existencialismo; el llamado vitalismo que pone como eje de su reflexión sobre la “vida” y el historicismo. Las fuentes del pensamiento de Ortega: Era un perfecto conocedor de la historia de la filosofía, pero será la filosofía griega el primer objeto de su interés intelectual. Influye también en él la filosofía continental europea. Con Hegel piensa que la historia de la filosofía es la filosofía en Grecia y la filosofía continental a partir del Siglo XVII. Queda fuera del campo de interés filosófico la Edad Media, centrada casi exclusivamente en Dios, y la filosofía anglosajona, pues ni menciona a contemporáneos suyos como Moore, Carnap o Wittgenstein. Hay que señalar otra influencia: el pensamiento español, especialmente el krausismo. La gran fuente del pensamiento de Ortega es la filosofía alemana contemporánea. Algunos incluso han sostenido que su pensamiento no es original, que es un plagio que Ortega hace de sus maestros alemanes. Él mismo ha puesto de manifiesto la presencia de esta filosofía en su obra. La conocíó cuando marchó a Alemania a ampliar estudios universitarios, allí se impregnó especialmente del idealismo que quiso adaptar al contexto español. Tras estar en las universidades de Leipzig y Berlín llegó a Marburgo. En esta última conocíó a los neokantianos Cohen y Natorp, que se convertirían en sus indiscutibles maestros. CONTEXTO CULTURAL:
Ortega era un intelectual forzado a volverse hacia Europa en busca de nuevos estímulos. Tenía la necesidad de abrir las puertas de la cultura española a las nuevas corrientes del pensamiento, el arte y la erudición que imperaban en el resto de Europa. La labor filosófica que llevara a cabo durante el primer tercio de nuestro siglo se vio truncada por la tragedia física y moral de la Guerra Civil española. Hasta 1936 el panorama de la filosofía española no podía ser más positivo: en Madrid enseñaban filosofía figuras como García Morente, Zubiri y Gaos, que habían sabido rodearse de discípulos tan brillantes como María Zambrano y Julián Marías. Todos recibirían después el nombre de “Escuela de Madrid”, que fue desmantelada con la guerra y que vio cómo la mayoría de sus miembros tuvieron que ir al exilio. A partir de entonces el orteguismo pasó a ser conocido más fuera de nuestras fronteras que en España. Entre 1940 y 1960 la filosofía académica siguió los rumbos que marcaban los ganadores de la Guerra Civil, y en esos rumbos no tenía cabida el orteguismo. Los intelectuales adictos al régimen y algunos eclesiásticos trataron de desprestigiar la figura de Ortega después de la Guerra Civil. Los ataques disminuyeron a partir de los años cincuenta, cuando la dictadura de Franco intentó dar una fachada de liberalización, necesaria para reclamar un lugar entre los países industrializados de Occidente. Para muchos estudiantes universitarios y de escuelas superiores de los años cincuenta, leer a Ortega constituía un paso decisivo hacia la independencia personal y hasta empezaba a ser socialmente aceptable. Con la Ley de Prensa de 1966, se legalizó la publicación y venta de textos marxistas y de otros autores anteriormente prohibidos en España, con lo que la lectura y la cita de los textos de Ortega dejó de considerarse un signo de independencia de pensamiento. Textos más radicales se convirtieron en los cauces consagrados de la emancipación.

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