Corrientes Fundamentales de la Filosofía Contemporánea del Siglo XX

Positivismo Lógico

También conocido como empirismo lógico, es una escuela filosófica de comienzos del siglo XX, influida de manera decisiva por los profundos cambios acaecidos en la ciencia en esos momentos. Podemos encontrar sus antecedentes en Wittgenstein, y son sus máximos representantes los miembros del Círculo de Viena, entre los que destacan Carnap y Neurath.

El positivismo lógico muestra las huellas, en el campo de la filosofía, de los estudios de Russell sobre la fundamentación de las matemáticas y de las transformaciones de la física de la mano de Einstein o Heisenberg. El positivismo lógico pretende unificar el empirismo con los recursos de la lógica formal.

Se caracteriza, en línea con los argumentos de Hume, por una acusada tendencia antimetafísica, pues considera que las proposiciones de la metafísica carecen de significación. No hay más que dos clases de proposiciones que tengan significado:

  • Las analíticas: que no se refieren a nada real y son propias de las matemáticas y la lógica.
  • Las sintéticas: propias de las ciencias naturales.

El resto de proposiciones carece de significado cognoscitivo. El principal problema que aborda es el de la verificación de las proposiciones, que se remite, en unos autores, a su referencialidad empírica y, en otros, a la validez lógica de la proposición.

Fenomenología

Escuela filosófica desarrollada en el siglo XX y cuyo máximo representante es Husserl. También forman parte de ella Sartre y Heidegger. La fenomenología se ocupa de la investigación del fenómeno; es decir, de lo que aparece, por oposición a la concepción noúmenica kantiana.

Para Husserl, toda conciencia es una conciencia de algo; es decir, no hay conciencia pura sin contenidos. Esa condición de ser «conciencia de…» es lo que Husserl llama intencionalidad de la conciencia. La conciencia es siempre intencional. Por otro lado, todo objeto es un objeto para alguien; es decir, para una conciencia. No hay objetos en sí independientes de un sujeto para el que sean tales objetos.

Es justamente el sujeto el que, al conocer, constituye ontológicamente al objeto como tal. Para Husserl, conciencia y objeto son dos conceptos correlativos: toda conciencia es conciencia de algo (un objeto) y todo objeto solo es tal para una conciencia. Ese contenido de conciencia es el fenómeno.

Existencialismo

Escuela filosófica del siglo XX cuyos máximos representantes son Jean-Paul Sartre y Martin Heidegger. El existencialismo, como su nombre indica, plantea que la existencia es previa a la esencia. Es decir, el ser humano nace sin una esencia establecida y se va construyendo como consecuencia de su proceso vital.

De ahí la importancia del concepto de situación: es la situación la que permite al sujeto construirse y le abre el abanico de posibilidades entre las que elegir su proyecto. El existencialismo defiende la libertad radical del ser humano hasta el punto de que Sartre dirá que estamos «condenados a la libertad», pues no podemos dejar de elegir: «La libertad es la textura de mi ser», escribe.

Esa libertad produce angustia en el sujeto que se ve arrojado al mundo y, dado el carácter ateo del existencialismo, debe tomar sus propias decisiones con total autonomía. El existencialismo tiene también una dimensión literaria en la que, además de Sartre (con su novela La náusea), destacan autores como Camus (La peste, El extranjero) o Unamuno (San Manuel Bueno, mártir).

Estructuralismo

Después de la Segunda Guerra Mundial surgió en Francia una corriente metodológica en el ámbito de las ciencias humanas (antropología, lingüística, psicología, filosofía, crítica literaria, etc.). Sus autores más representativos son Lacan (psicoanálisis), Althusser (filosofía), Dumézil (mitología) y Barthes (crítica literaria).

El origen del mismo lo podemos encontrar en la obra del lingüista Ferdinand de Saussure, con su Curso de Lingüística General. Propone abordar su objeto de estudio (ya sea un mito, un sueño, una novela, etc.) de un modo sincrónico, no diacrónico; es decir, considerando las relaciones entre los elementos coexistentes que lo constituyen al margen de su evolución o desarrollo en el tiempo.

El conjunto de esas relaciones puede verse como un sistema de oposiciones, de tal modo que cada elemento del conjunto se define por su situación en tal sistema. Tal sistema de oposiciones es, para esta corriente, la ESTRUCTURA. Los hombres, como las piezas de un ajedrez, no tienen significado y no existen fuera de las relaciones que los constituyen y especifican su conducta. El hombre, un ser inmerso en estructuras psicológicas, económicas y sociales, pierde su sentido como «yo», «conciencia» o «espíritu».

Teoría Crítica

Escuela filosófica que surge en los años 20 del siglo XX de la mano de autores como Adorno, Horkheimer, Marcuse o Fromm, y que intenta fusionar las tradiciones teóricas de Marx, Freud y Nietzsche, así como disciplinas como la filosofía, la sociología y la psicología.

Tomando como base el marxismo, la Teoría Crítica intenta aplicarlo al ámbito de la cultura, no solo de la economía como había sido lo usual hasta el momento. Desde esa perspectiva, Adorno y Horkheimer, en su obra más conocida, Dialéctica de la Ilustración (1947), acuñan el concepto de cultura de masas para hacer referencia a la influencia que los medios de comunicación poseen en el control social y en la configuración de sujetos controlados ideológicamente.

Marcuse, por su parte, dedicará buena parte de sus esfuerzos a intentar una fusión de marxismo y psicoanálisis, y a denunciar también los mecanismos ideológicos de dominación. Las obras de Marcuse tuvieron una influencia directa en los movimientos revolucionarios de Mayo del 68.

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