Ética o filosofía moral
Ética o filosofía moral → una de las ramas más antiguas de la filosofía. Tiene como objetivo estudiar la conducta humana y abordar conceptos como lo bueno y lo malo, la felicidad, el deber, etc. Hay tres niveles de reflexión:
Niveles de reflexión
- Metaética: interesada en la naturaleza, el origen y el significado de los conceptos básicos de la ética.
- Ética normativa: búsqueda e interpretación de sistemas de valores que permitan conducir al ser humano hacia la mejor vida posible.
- Ética aplicada: interpretación de casos y controversias éticas específicas.
Ética vs. moral
Ética → fruto de la reflexión personal y libre. Es una actividad cuyo objetivo es estudiar la moral, las teorías éticas y encontrar la mejor solución. La ética es crítica y propone principios y valores que pueden aspirar a cierta universalidad.
Moral → nace de una tradición, generalmente ligada a una creencia o costumbre. La moral se impone a los individuos durante su educación y exige una determinada norma en el comportamiento (por ejemplo: que te enseñen que robar no está bien).
Dilemas éticos
Dilemas éticos → elementos que ponen a prueba nuestras creencias y nos obligan a reflexionar. Hay varios tipos:
- Dilema hipotético: coloca al sujeto en una situación muy poco probable en la vida real (por ejemplo, el dilema de las vías del tren).
- Dilema real: situación que resulta cercana al sujeto. No suelen ser extremadamente dramáticos, aunque pueden ser muy angustiantes.
- Dilema abierto o de solución: se presenta una situación y las circunstancias que la rodean; se pretende que el sujeto escoja cómo resolverla.
- Dilema cerrado o de análisis: la situación planteada ya ha sido solucionada de una u otra forma; la atención se centra en el protagonista y en las razones de su actuación.
- Dilema completo: se informa a la persona sobre las consecuencias de todas las opciones que puede tomar.
- Dilema incompleto: no se hacen explícitas todas las consecuencias de las decisiones; la interpretación depende en gran medida de la capacidad del sujeto para imaginar ventajas y desventajas.
Corrientes éticas principales
Ética de la virtud
Centrada en el agente. Es sensible a las motivaciones y a las circunstancias. Fue dominante en la Edad Media gracias a la unión con la ética cristiana, perdió fuerza en la Edad Moderna y ha vuelto a tener protagonismo en el siglo XX.
Ética deontológica
Para que una norma o un principio sea justo debe ser universal. El ser humano es un fin en sí mismo y nadie debe ser tratado como medio para los fines de otros. Incluye imperativos morales que no admiten instrumentalizar a las personas (no hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti).
Ética consecuencialista
La ética valora las decisiones por sus consecuencias. Si se trata del bien común, son mejores las acciones que producen el mayor bien para el mayor número de personas.
Intelectualismo moral
Sólo actúa inmoralmente quien desconoce en qué consiste el bien. Esta teoría es cognitiva: afirma que es posible conocer el bien y que ese conocimiento es el requisito para obrar bien. (Analogía: si quieres montar en bici necesitas una bici; si conoces el bien, debes hacerlo.)
Hedonismo
Se considera hedonista cualquier pensamiento que identifica el placer con el bien y entiende la felicidad como una vida placentera. Según Aristipo, la finalidad de la vida es el placer entendido como goce sensorial. Epicuro define el placer como la ausencia del dolor.
Estoicismo
La vida buena se consigue mediante la imperturbabilidad del alma: indiferencia ante el placer y el dolor externos. Esto se alcanzaría gracias al conocimiento y al dominio de las pasiones.
Iusnaturalismo ético
Teorías que sostienen la existencia de una ley moral natural y universal que determina lo que está bien y lo que está mal. Esta ley es objetiva y procede de fuera del sujeto. Tomás de Aquino sostiene que Dios creó al ser humano a su imagen y semejanza y que las personas hallan en su interior una ley natural.
Emotivismo
Se centra en las emociones: no existe un conocimiento ético objetivo. David Hume afirma que las normas y los juicios morales surgen del sentimiento de aprobación o rechazo que nos provocan ciertas acciones.
Formalismo
La moral no debe ofrecer normas concretas de conducta, sino señalar la forma que debe tener toda norma moral. Según Kant, sólo una ética de estas características puede ser universal y garantizar la autonomía del ser humano.
Utilitarismo
Defiende que la finalidad humana es la felicidad o el bienestar. Una acción es buena cuando nos acerca a la felicidad y mala cuando nos aleja. Para John Stuart Mill, la felicidad no se reduce al placer personal: el placer es considerado un bien común y existen placeres inferiores y superiores.
Ética discursiva
Es formal y no establece normas concretas; el criterio recuerda al kantiano: para Kant tenían validez aquellas normas que podían convertirse en ley universal. Para la ética discursiva, una norma es aquella que es aceptable para seres humanos con iguales derechos de igualdad y libertad. Jürgen Habermas afirma que sólo tienen validez las normas aceptadas en una situación ideal de diálogo, donde todos los participantes tienen los mismos derechos y oportunidades de argumentar, con la finalidad del entendimiento.
Otras distinciones y propuestas
Ética de mínimos y éticas de máximos
La ética de mínimos se ocupa de lo que es exigible a cualquier ser racional; es una ética de justicia. Las éticas de máximos ofrecen un modelo o ideal de vida buena como orientación. Ese ideal no es exigible: la felicidad no puede imponerse, se propone.
Principios que rigen la relación entre mínimos y máximos:
- Relación de no absorción: ningún poder público —ni político ni cívico— puede prohibir las propuestas de máximos que respeten los mínimos de justicia. Y ninguna ética de máximos debe intentar absorber la ética cívica anulándola, porque ello instauraría un monismo moral intolerable.
- Los mínimos se alimentan de los máximos: las exigencias de justicia son compartibles con relativa facilidad, pero no es necesario compartir los fundamentos de los máximos. Diversos proyectos de felicidad en una sociedad nutren los mínimos exigibles.
- Los máximos deben purificarse desde los mínimos: por ejemplo, entre los cristianos no se debe olvidar la justicia con la coartada de la caridad.
- Evitar la separación: la ética se compone de máximos y mínimos; la distinción no implica que sean alternativas. Una ética de máximos autosuficiente y ajena a las exigencias de justicia puede acabar sustituyendo a Dios por cualquier ídolo: interés egoísta, nación o preservación de privilegios, olvidando la justicia.
- Toda moral es pública.
Moral pública y privada
Algunos hablan de moral pública y moral privada como dos tipos de ética: la moral pública sería una ética estatal o política legitimada por instituciones democráticas y plasmada en leyes; las morales privadas serían las no estatales. La ética de mínimos es una ética pública y cívica: señala lo que es de justicia y lo que puede exigirse a los ciudadanos en una sociedad pluralista. No debe confundirse “pública” con “estatal”: la ética pública la hacen los ciudadanos; el Estado debe respetarla. Por tanto, es preferible hablar de una ética pública cívica común de mínimos y de éticas de máximos, que, aunque no sean compartidas por todos, también son públicas en cuanto a que se despliegan en la esfera social. Estatales, ninguna.
Las nuevas formas del amor romántico
El amor romántico, según la mayoría de autores que lo sitúan en el siglo XVIII, se inspira en estados cognitivo-emocionales que provoca el enamoramiento. Ese fenómeno imprime una forma acorde con el pensamiento dominante de la época y se estructura con la intención de convertir el enamoramiento en un estado permanente y en una forma de vida y relación entre amantes.
Desde el punto de vista psicológico, se basa en la proyección hacia otra persona de un modelo imaginario construido por el sujeto, que reúne características deseadas en la persona amada. A su vez, el sujeto amante asume el papel en el que le gustaría ser contemplado.
El amor romántico puede entenderse como una ideología colectiva caracterizada por enamorarse del enamoramiento y por querer que ésta sea la forma fundamental de la vida amorosa. Esta ideología promueve la libertad de elegir a quién amar y cómo amar, huyendo de modelos guiados por intereses materiales, económicos o sociofamiliar.
La evolución de esta forma de amor sigue la continuidad histórica del pensamiento: amar es una necesidad vital y el sexo se entiende como la forma física más íntima de sentir proximidad y fusión con otra persona. Freud sugiere que el origen del deseo erótico puede venir de capas muy profundas de la experiencia humana, lo que se presenta con apariencia de evidencia en la idea de continuidad evolutiva.
Características y creencias del amor romántico
La concepción del amor romántico tiene una serie de creencias que forman parte del saber colectivo y que han sido señaladas por autores como Nathaniel Branden, Robert J. Sternberg, Paul Verhaeghe, Clara Coria y Walter Riso. Entre las creencias más habituales se encuentran:
- Enamorarse no depende de la voluntad: surge espontáneamente; no es algo racional.
- El amor lo puede todo y provoca una sensación de gran bienestar casi omnipotente («el amor mueve montañas»).
- El amor lo justifica todo; se haría cualquier cosa por la persona amada.
- El amor es suficiente: si tienes amor no necesitas nada más.
- Provoca una entrega total a la persona amada: se confía plenamente y se hará lo que pida.
- Las dos personas se complementan: están hechas la una para la otra.
- El «verdadero amor» es incondicional: no importa lo que ocurra, siempre estará a su lado.
- Es exclusivo y excluyente: no puede compartirse y tiende a alejar a otras personas de la relación dual.
- El «verdadero amor» dura siempre: si se acaba, no era auténtico.
- El estado general del enamoramiento es felicidad total.
Reflexiones de autores
Nathaniel Branden sostiene que el amor romántico «nació dentro de una cultura predominante secular e individualista, que valoraba la vida en la tierra y reconocía la importancia de la felicidad individual». La libertad intelectual y económica surgieron juntas; los derechos individuales se hicieron relevantes. El gran beneficio de este tipo de amor es que «nuestro egoísmo se amplía para incluir a nuestra pareja».
Consecuencias del amor romántico
Las consecuencias no siempre son beneficiosas:
- La creencia en la omnipotencia del sentimiento puede llevar a pensar que no es necesario trabajar por la relación: «con el amor basta».
- Una persona románticamente enamorada puede tender a la pasividad, dejando la construcción de la relación en manos del supuesto poder del amor, cuando en realidad toda relación requiere trabajo conjunto.
- El proceso relacional es continuo y provoca cambios que pueden mejorar o deteriorar la relación. Los sentimientos no son la causa primaria de la relación sino su consecuencia en muchos casos.
- La entrega total y la incondicionalidad son falacias peligrosas; creerlas puede acarrear desastres. Querer no es lo mismo que soportar: cada persona es dueña de sí misma y sus sentimientos le pertenecen.
- La idea de complementariedad («media naranja») convierte a la persona en media persona, limitando sus capacidades. Verhaeghe considera que este tipo de relación es en parte una «coproducción Vaticano-Hollywoodense» que sirve a intereses económicos.
- Pensar que el amor lo justifica todo lo sitúa en el lugar del Bien Supremo, subordinando otras consideraciones éticas. Walter Riso critica la idea extendida de que «la mujer es el pilar de la familia», que puede producir en muchas mujeres la asunción de responsabilidades irracionales y su sometimiento en aras de un supuesto bien supremo, la familia.
Ética del cuidado
La ética del cuidado propone comprender el mundo desde la posición de estar inserto en una red de relaciones interdependientes, lo que genera responsabilidad hacia los demás. Se entiende como una forma de ayudar y proteger a los demás. Tiene distintas dimensiones:
- Cuidado de uno mismo.
- Cuidado de las personas con vínculo afectivo.
- Cuidado del entorno y de las demás personas en general.
Ética comprensiva
Modelos alternativos de vida se ofrecen como respuestas completas que, según sus proponentes, todo ser humano necesita. Estos modelos pueden ser necesarios para la convivencia en una ética cívica, ya que sus valores deben ser respetados por todos en cuanto contribuyen a la cohesión social.
Ecofeminismo
Ecofeminismo (o eco-feminismo): corriente del feminismo que integra la ecología. Es una teoría y movimiento social que sostiene vínculos entre la situación de las mujeres y lo natural, con el objetivo de conseguir justicia para las mujeres y transformar la relación entre los humanos y el resto de seres vivos. Busca una convivencia más pacífica en la Tierra. Surgió en los años 70 y tuvo mayor relevancia en los 80.
Entre los argumentos más comunes figura la idea de una mayor proximidad biológica entre la mujer y la naturaleza, lo que algunas versiones interpretan como una identificación mayor con lo natural; mientras que la socialización masculina se asocia a la cultura. Estas tesis han sido objeto de debate crítico y matizaciones dentro del propio movimiento.
Nota: Se han corregido ortografía, puntuación y gramática, y se ha estructurado el contenido en secciones para facilitar la lectura sin eliminar ni recortar la información original.
