Principio de causalidad filosofia

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HUME TEMAS

La experiencia como origen del conocimiento


La percepción externa nos permite el conocimiento del mundo exterior y la percepción interna el conocimiento de nuestra propia vida psíquica. La experiencia es el origen de nuestro conocimiento y también es su límite.

Hume es absolutamente contrario a la metafísica entendida como un saber que pretende ir mas allá de la experiencia. Y piensa que una pequeña dosis de escepticismo podría aplacar el orgullo de los pensadores dogmáticos. El escepticismo considera imposible alcanzar la verdad y recomienda la suspensión del juicio sobre las cosas. El escepticismo radical llega a negar la existencia del mundo externo. Hume adopta un escepticismo moderado .Nada nos asegura racionalmente de la existencia del mundo. Pero la viveza de las impresiones basta para fundar la creencia en un mundo exterior. Este escepticismo moderado nos cura del dogmatismo metafísico, el reconocer las limitaciones de nuestro entendimiento nos impide abordar cuestiones que no tienen su fundamento en la experiencia como son las cuestiones metafísicas.

Siguiendo la distinción que había hecho
Leibniz entre verdades de razón y verdades de hecho, Hume nos dirá que todos los objetos de la razón e investigación humana puede dividirse en dos grupos: relaciones de ideas y cuestiones de hecho.

Los objetos de la razón pertenecientes al primer grupo son «las ciencias de la Geometría, Álgebra y Aritmética y, en resumen, toda afirmación que sea intuitiva o demostrativamente cierta». La característica de estos objetos es que pueden ser conocidos independientemente de lo que exista «en cualquier parte del universo». Dependen exclusivamente de la actividad de la razón, ya que una proposición como «el cuadrado de la hipotenusa es igual al cuadrado de los dos lados de un triángulo rectángulo» expresa simplemente una determinada relación que existe entre los lados del triángulo, independientemente de que exista o no exista un triángulo en el mundo. De ahí que Hume afirme que las verdades geométricas demostradas por Euclides conservarán siempre su certeza. Las proposiciones de este tipo expresa simplemente relaciones entre ideas, sólo el principio de contradicción sirve para determinar su verdad o falsedad.

El segundo tipo de objetos de la razón, las cuestiones de hecho, no pueden ser investigadas de la misma manera, ya que lo contrario de un hecho es, en principio, siempre posible. No hay ninguna contradicción, dice Hume, en la proposición «el sol no saldrá mañana», ni es menos inteligible que la proposición «el sol saldrá mañana». No podríamos demostrar su falsedad recurriendo al principio de contradicción. Todas los razonamientos sobre cuestiones de hechos parece estar fundados en la relación de causa y efecto.

Si estamos convencidos de que un hecho ha de producirse de una determinada manera, es porque la experiencia nos lo ha presentado siempre asociado a otro hecho que le precede o que le sigue, como su causa o efecto. Las causas y efectos no puede ser descubiertas por la razón, sino sólo por experiencia.

Podemos hablar, pues, de dos tipos de conocimiento en Hume: el conocimiento de relaciones de ideas y el conocimiento de hechos. En el primer caso el conocimiento depende de las operaciones de entendimiento reguladas por el principio de contradicción; en el segundo caso las operaciones del entendimiento están reguladas necesariamente por la experiencia, ya que al depender de la ley de asociación de la causa y el efecto, siendo una distinta del otro, no hay razonamiento a priori posible que nos permita deducir una a partir del otro, y viceversa.

Según Hume, la relación causal se ha concebido tradicionalmente como una «conexión necesaria» entre la causa y el efecto, de tal modo que, conocida la causa, la razón puede deducir el efecto que se seguirá, y viceversa, conocido el efecto, la razón puede remontarse a la causa que lo produce.

La relación causal se basa en varios elementos. Los objetos que consideramos causas y efectos son contiguos. Hume descarta la acción a distancia, la contigüidad espacial es un elemento indispensable de la relación causal. La causa debe ser temporalmente anterior al efecto. Un objeto puede ser contiguo y anterior temporalmente a otro sin que pueda ser considerado causa de él. Debe existir una conexión necesaria y esta relación tiene mucha más importancia que las otras dos mencionadas anteriormente.

La máxima según la cual todo lo que comienza a existir debe tener una causa, no es según Hume ni intuitivamente cierta ni demostrable. Según esto, nuestra creencia de él, debe surgir de la experiencia y la observación; sólo mediante la experiencia sabemos de la existencia de un objeto a partir de otro. Esto significa que experimentamos con frecuencia la conjunción de dos objetos: la llama y la sensación de calor y recordamos que esos objetos han aparecido en un orden regular de contigüidad y sucesión; entonces, sin más requisitos, llamamos a uno causa y a otro efecto e inferimos la existencia del uno a partir de la del otro.

Una idea será verdadera si hay una impresión que le corresponde. Pero no hay ninguna impresión que corresponda a la idea de «conexión necesaria». Lo único que observamos en una relación causal es una sucesión de acontecimientos; la idea de que existe una «conexión necesaria» entre la causa y el efecto es una idea falsa.

Dado que la idea de «conexión necesaria» ha resultado ser una idea falsa, sólo podemos aplicar el principio de causalidad a aquellos objetos cuya sucesión hayamos observado. Sólo tiene valor aplicado al pasado, dado que de los fenómenos que puedan ocurrir en el futuro no tenemos impresión ninguna. Nuestra predicción de los hechos futuros no pasa de ser una creencia , por muy razonable que pueda parecer. En ningún caso la razón podrá ir más allá de la experiencia, lo que le conducirá a la crítica de los conceptos metafísicos (Dios, mundo, alma) cuyo conocimiento está basado en esa aplicación ilegítima del principio de causalidad.

En cuestiones de hecho sólo poseemos creencia, no certeza racional, aunque sean sentimientos muy vivos que se imponen a la mente y se convierten en principio regulador de nuestras acciones.

Muchas creencias son fruto de la educación y algunas de ellas son irracionales. El modo de desprendernos de ellas es recurrir a la experiencia, y si no resisten el contraste con la experiencia debemos deshacernos de ellas. Ciertas creencias si deben mantenerse, como la creencia en la existencia continua e independiente de los cuerpos, y la creencia de que algo que comienza a existir tiene una causa.

La Física versa sobre hechos, que reduce a leyes. Su finalidad es enseñarnos a controlar y regular acontecimientos futuros por medio de sus causas. La Física debe abstenerse de hablar de fuerzas o conexiones necesarias entre causa y efecto. Lo único que podemos observar es acontecimientos habitualmente conjuntados en el pasado, pero no podemos observar ningún vínculo entre ellos. Las leyes físicas son probables, pero eso es suficiente para manipular la realidad.

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