Mito de anaximandro

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Paso mito al logos

El paso del mito al logos hace referencia al proceso de pasar de explicar las cosas a través de historias y mitos a hacerlo de una forma racional. Este proceso implica el nacimiento de la filosofía como superación de las formas míticas y religiosas de pensamiento, y la aparición de un pensamiento racional que incluye tanto filosofía como ciencia. Según Platón esta mutación se da por la admiración, esto también lo dice Aristóteles: “Los hombres empezaron a filosofar movidos por la admiración; al principio admirados ante los fenómenos sorprendentes más comunes; después avanzando poco a poco y planteando problemas más grandes, como los cambios en la luna, el sol y las estrellas, y la generación del universo.” El paso del mito al logos no comporta una rotura total, es un cambio progresivo, lento y gradual que dura toda una época. Nace en la Grecia del siglo VII (cuna de la filosofía occidental) y es obra fundamentalmente de los filósofos de Mileto: Tales, Anaximandro y Anaxímenes. Aunque como he dicho, no es un cambio radical, y anteriormente podemos notar un cierto intento progresivo de racionalización en la obra de Hesíodo, “Teogonía”, donde hace una genealogía de los dioses siguiendo un orden más o menos ‘lógico’ con el fin de justificar el porqué de cada dios y su actuación.
El logos se va formando poco a poco. La recreación divina de los mitos se va diluyendo a través de los pensamientos racionales de filósofos como Heráclito, Pitágoras, Parménides, Anaxágoras, Sócrates, Platón, Aristóteles, que aunque no la abandonaron del todo, contribuyeron para llegar al punto en el que las explicaciones empezaron a estar prácticamente libres de la influencia del mito. 

– Idea importante: “La idea de que todo proviene de la naturaleza y que el mundo se explica a través de formas impersonales y no antropomórficas”.

¿Por qué en Grecia? Según Guthrie..


La concepción de filosofía griega se produjo cuando empezó a cobrar forma en las mentes de los hombres la convicción de que el caos aparente de los acontecimientos tenía que ocultar un orden subyacente, y que este orden era el producto de fuerzas impersonales. Para la mente de un hombre pre-filosófico, no hay especial dificultad en dar una explicación de la naturaleza aparentemente fortuita de casi todo lo que acontece en el mundo. Él es consciente de que es un ser impulsivo y emotivo, que actúa no sólo movido por la razón sino también por los deseos, el amor, el odio, el optimismo, los celos y la venganza.

Una vez llegado el momento de abandonar las formas de pensamiento mitológicas y teológicas, su desarrollo se vio facilitado por el hecho de que en ninguna ciudad-estado griega, las exigencias de una forma de sociedad teocrática impedían la libertad de pensamiento, como sucedía en los países orientales vecinos. Pero fue la curiosidad, y no el pensamiento de domar las fuerzas de la naturaleza, lo que les impulsó a intentar por primera vez una simplificación grandiosa de los fenómenos naturales, lo cual constituye su principal título de gloria.

Los pueblos egipcios y mesopotámicos, no tuvieron interés por la ciencia en sí misma, sino sólo en la medida en que sirviera a una finalidad práctica. Estos pueblos, pues, vecinos y, en algunas cosas, maestros de los griegos, se contentaron con desarrollar, mediante ensayos y errores, una técnica que surtiese efecto. Ellos siguieron usándola y no sintieron interés pro plantearse la cuestión de por qué surtía efecto, sin duda porque el ámbito de las causas continuaba gobernado por el dogma religioso, en lugar de abrirse al libre debate de la razón. En esto reside la diferencia fundamental entre ellos y los griegos. El griego preguntó: “¿Por qué?”, y este interés por las causas le indujo inmediatamente a otra pregunta: la pregunta sobre la generalización.

Causas internas:


El carácter de los griegos. Su talante apolíneo. Su equilibrio y la necesidad de profundizar en todas las cosas, sobre todo en la razón y las causas.

Causas externas:


Importancia de les circunstancias, el contexto y la situación política. Un pasado reciente (época oscura) donde: Hay crisis y guerras importantes. Civilizaciones clásicas que se pierden. Se producen las invasiones Dorias. Desaparecen los estados micénicos. Se propicia la destrucción de culturas. Un presente (época arcaica): La llegada de las Polis griegas. Transformación del mundo helénico, los griegos se extienden en colonias y entran en contacto con nuevas costumbres. Los valores cambian las formas de hacer las cosas, los modelos políticos. Desaparición de la figura de rey. Democrácia de Pericles. Fragmentación de la vida comunitaria. Gran progreso económico. Nacimiento de la escritura fonética que da mayor libertad y el hecho de pensar sobre aquello escrito. Las actividades comerciales en las colonias donde aparecen conflictos entre creencias.

Antígona


En la lectura de Antígona de Sófocles (422 a.C), la clásica tragedia griega, situada unos años después de la considerada época dorada de Grecia, época de la democracia de Pericles (461-431) donde hay un retorno a la preocupación antropológica sobre el comportamiento, la moral y los valores, se refleja un claro discurso que representa el conflicto entre las leyes de la divinidad (physis) y las leyes del hombre, de la ciudad (nomos).

Antígona, personaje muy cercano a la visión de Sócrates, representa las leyes de la divinidad, de la naturaleza; para ella son leyes universales que “se tienen que hacer” y que no se pueden transgredir. Hace una interpretación de conceptos como el amor, honor y justicia como valores absolutos, valores «en si» mismos de definicion única, igual que lo hacia Sócrates cuando criticaba a los sofistas y su profundo escepticismo.


Este, por su lado, representa les leyes del hombre y las vende como si fueran las leyes de la ciudad con la patria como telón de fondo de valor absoluto. Gobierna al pueblo con su tiranía a través del miedo, y su ego desmedido y característico le lleva al punto de desafiar las leyes de los dioses, de tal manera que, por haber sido impío, acaba desencadenando los desastres y recibiendo el castigo divino. El miedo que infunde se evidencia en el centinela que teme por su vida si no consigue encontrar al culpable.

Sófocles personaliza los rasgos característicos griegos en sus dos personajes a través de la dicotomía filosófica de lo apolíneo y lo dionisiaco. Por un lado, Antígona, representa el “arete” los rasgos de Apolo como la virtud, excelencia, honradez, sensatez, nobleza, etc. Por otro lado, Creonte, representa la “hybris” los rasgos de Dionisio como el orgullo, desmesura, soberbia, etc. Estas diferencias simbolizan los principios de la integridad contra el individualismo, la luz contra la oscuridad o la civilización contra la naturaleza. Antígona representa la revolución, la dignidad, el coraje de actuar según los propios valores; Creonte, por otro lado, simboliza el Estado, el orden, las reglas, que muchas veces llegan a extremos absurdos que los súbditos deben acatar debido al miedo. Los dos defienden leyes diferentes y reciben castigos diferentes, Creonte recibe el castigo de los dioses y Antígona recibe el castigo humano.

Temas secundarios que aparecen en el relato es la desigualdad entre la figura de la mujer y del hombre y también la subyugación del pueblo, todo esto reflejado en Ismena, la hermana de Antígona que, a pesar de estar de acuerdo, se cruza de brazos, agacha la cabeza y no se cuestiona sus derechos. También aparece el poder de Creonte, en donde este incurre en la desmesura, el ansia del poder político y como consecuencia la metabolé – cuando el héroe cae –. Creonte cae, sufre y se arrepiente y por eso al final despierta compasión y temor. Él atraviesa los límites que tiene permitido alcanzar y rompe la barrera buscando darle a Polinice una segunda muerte que no tiene ningún derecho a infringirle.

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