La Estética de lo Sublime: Transformación del Pensamiento Clásico al Romanticismo

El tercer ingrediente que erosiona la concepción clasicista: lo sublime

Joseph Addison escribe en solitario en The Spectator; aunque a veces aparece un personaje que le responde, se trata de él mismo. Cada día dedica el número a un asunto específico. Los números 411 al 421 corresponden a las fechas del 21 de junio al 3 de julio de 1712. En estas entregas, Addison se dedica a reflexionar sobre los placeres de la imaginación, realizando una profunda reflexión estética.

Su objetivo era divulgar asuntos públicos y ofrecer temas de conversación originales a los burgueses que leyeran el periódico. Existía una clara pretensión de democratizar el conocimiento y empatizar con un público que no necesariamente debía ser especialista en la materia.

La caracterización de los placeres según Addison

En su obra Los placeres de la imaginación, Addison distingue dos tipos de placeres:

  • Placeres primarios: Son aquellos que se satisfacen directamente a través de los sentidos, siendo el sentido de la vista el que mayor gratificación proporciona.
  • Placeres secundarios: Provienen de una recreación interior de lo que los sentidos han suministrado. Addison analiza cómo somos capaces de recrear elementos para crear algo nuevo que no tiene por qué ser una copia fiel del original.

En nuestro interior, existen facultades que juegan con los datos suministrados. Aquí introduce en escena la imaginación (Fancy). Más allá del entendimiento, existen mecanismos que permiten imaginar según las relaciones que causan placer. Addison otorga una importancia crucial a la facultad imaginativa, señalando que ciertos placeres son más penetrantes cuando se aplican elementos no científicos o racionales a las asociaciones de ideas.

El papel del artista y la renovación cualitativa

En la página 78 del dossier se destacan los siguientes puntos:

  1. A partir de la información acumulada por los sentidos, es posible reconstruir elementos totalmente nuevos.
  2. La figura del artista: Es aquel que posee una mayor capacidad imaginativa y presenta las asociaciones de forma original. Citando a John Locke, el conocimiento no surge de la experimentación bruta, sino de una serie de contactos con la realidad. El artista es capaz de ver estas asociaciones de forma renovada, realizando una renovación cualitativa del objeto.

Este placer secundario equilibra la representación respecto a la naturaleza de las cosas. Por tanto, la representación adquiere una importancia superior a la mera contemplación de los objetos.

Cultura, costumbres y el canon literario

Si nos deleita observar distintos usos y costumbres al viajar, también disfrutaremos cuando se nos presentan aspectos culturales propios desde perspectivas distintas. En este punto, cabe mencionar Kafka y sus precursores de Jorge Luis Borges. Borges propone que Kafka construye a sus propios precursores: si Kafka no hubiera escrito, no habríamos configurado sus influencias de la misma manera. Cada autor del canon modifica la percepción de lo anterior.

La transición hacia la Ilustración y la noción de lo sublime

Muchos de estos ingredientes del siglo clasicista habrían carecido de importancia si no se hubieran unido en la Ilustración. Una vez erosionado el clasicismo, es posible buscar sus causas. Introducir la imaginación como fuente de placer tiene consecuencias directas: Addison se pregunta si lo único que place es la belleza.

Surge así una belleza que no encaja con los cánones clasicistas. Se introduce la noción de lo sublime para explicar experiencias que, además de placer, producen sensaciones como el temor o los escalofríos, abriendo el debate sobre la experiencia del arte.

El horror y la seguridad: El ejemplo del monstruo

La imagen de un monstruo muerto ilustra la experiencia de lo sublime: sentimos el placer de sabernos a salvo, pero a la vez el horror de contemplarlo. Al ser una representación, se puede sentir temor y placer simultáneamente por la sugestión de la imagen.

Addison define tres características para lo sublime:

  • Grandioso: Aquello que trasciende los límites.
  • Singular: Lo extraño y novedoso.
  • Bello: La lucha entre lo armonioso y los límites.

Addison utiliza referentes clásicos para explicar estos conceptos: Homero representaba lo grandioso, Ovidio lo singular (ejemplo de oscuridad para Góngora) y Virgilio lo bello y armonioso. Lo sublime es, en esencia, una experiencia de «terror a salvo»; la capacidad imaginativa nos permite sentir terror sin olvidar que no es real.

La evolución de lo sublime en el siglo XVIII

Para los románticos, lo sublime no es marginal, sino un elemento central. Durante el siglo XVIII, esta idea recibió diversas influencias.

Edmund Burke y la indagación psicológica

En la segunda mitad del siglo, Edmund Burke publica La indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de lo bello (1756-1757). Desde una perspectiva psicológica, Burke distingue:

  • La belleza: Una construcción social que suscita empatía, tranquilidad, armonía y claridad.
  • Lo sublime: Una combinación de belleza y terror. Se manifiesta ante una tormenta, una catarata, la multitud, el estruendo, el silencio absoluto o la oscuridad inmensa.

Ante lo sublime, perdemos nuestra individualidad; la experiencia nos arrastra y nos anula. Es una vivencia no siempre placentera que trasciende la idea de límite.

El Tratado de lo Sublime de Pseudo-Longino

Un ingrediente fundamental es la revisión del Tratado de lo Sublime del Pseudo-Longino (siglo I o III d.C.). Este texto, escrito en griego y llegado de forma incompleta, aporta claves esenciales:

1. El «no sé qué» y la conmoción

Lo sublime se vincula con aquello que aparece cuando no hay límites. Se distinguía entre el estilo mediocre, medio y sublime. En el siglo XVIII, se establece que mientras lo bello agrada, lo sublime conmueve.

2. El entusiasmo y la irracionalidad

Lo sublime no intenta convencer mediante normas, sino que busca el entusiasmo a través de fragmentos que apelan a la irracionalidad y a momentos emocionales máximos donde se exploran los límites.

3. Natura vs. Ars

Se retoma la polaridad entre naturaleza y arte. El genio nace, no se hace mediante la técnica. Es un debate que recorre la antigüedad (Platón en el Ion y Aristóteles en la Poética) y cuestiona si es posible reducir lo sublime a reglas.

4. El talento literario y la retórica

La facultad de concebir nobles ideas y la vehemencia emocional son innatas. Sin embargo, la retórica es la herramienta que permite que un texto alcance la categoría de sublime.

5. Lo que no es sublime

El tratado también define lo que no es sublime, rechazando discursos que evitan las herramientas retóricas efectivas para cautivar a la audiencia.

6. El artista como visionario

El escritor capaz de lo sublime no evita los defectos, sino que alcanza la capacidad de conmover. Se introduce la idea del artista con una condición «divina», alguien que ve más allá del común de los mortales y propone representaciones novedosas y originales.

7. La belleza defectuosa y el riesgo

Lo sublime conlleva un componente de riesgo. La perfección de las reglas puede ser trivial, mientras que la grandilocuencia, aunque defectuosa para el clasicismo, busca despertar emociones intensas. Para los románticos, la imperfección describe mejor la realidad que la belleza clásica.

La Ilustración alemana y la síntesis de Kant

En la tradición alemana, figuras como Baumgarten (los sentidos como forma de conocimiento), Lessing (lenguajes distintos para artes distintas en el Laocoonte) y Winckelmann (recuperación del arte griego) preparan el terreno para Kant.

Immanuel Kant: Lo sublime matemático y dinámico

En su tercera Crítica (1790), Kant define lo sublime como lo absolutamente grande. Es la experiencia de una inadecuación entre lo percibido y nuestra capacidad de percibir. Divide lo sublime en:

  • Sublime matemático: Relacionado con magnitudes desmesuradas (el firmamento, el mar, el desierto).
  • Sublime dinámico: Relacionado con fuerzas desmesuradas (volcanes, tormentas, terremotos) que nos recuerdan nuestra insignificancia.

Para Kant, lo sublime es una experiencia que se resiste a ser representada o explicada racionalmente. Juega un papel de desestabilización del conocimiento: nos hace conscientes de que la naturaleza no siempre está organizada según nuestras categorías humanas.

El placer negativo y la libertad

Lo sublime es un placer negativo. Aunque conlleva un sentimiento de empequeñecimiento y hace que nuestro conocimiento zozobre, esa autoconciencia de la limitación es la condición necesaria para trascender los límites y asumir nuestro margen de libertad. La experiencia de lo sublime, al recordarnos nuestra finitud, nos permite construir mejor lo que sabemos.

Conclusión: El legado hacia la postmodernidad

El ciclo clasicista termina con lo sublime, convirtiéndose en la «receta» de los románticos. Este debate sobre la esfera pública y la puesta en duda de los preceptos establecidos sigue vigente. Incluso la postmodernidad, con autores como J.F. Lyotard, recupera la noción de lo sublime para analizar el arte contemporáneo, donde la delimitación y la claridad de los cuerpos y objetos vuelven a entrar en crisis.

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