Epígrafe de Dios y filosofía

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Sólo existe un razonamiento evidente que supera el escepticismo más radical, si soy engañado por los sentidos, por la confusión entre el sueño y la vigilia… es porque pienso, y si pienso tengo que existir. Aún cuando un genio maligno me estuviera engañando sin cesar sería absolutamente indudable que yo tenga que existir y pensar para poder estar en el error. En esto no cabe engaño posible:

Pienso, luego existo

Este principio es superior a las matemáticas pues estas se presentan como ciertas sólo mientras que se piensan.

Cogito, ergo sum es la primera verdad evidente e indubitable. De ahí saca el criterio de certeza: todo cuanto percibo con igual claridad y distención será verdadero y por tanto se puede afirmar con certeza.
En definitiva la existencia del yo es evidente pues incluye el criterio de verdad, claridad y distinción. Es pues, el punto de partida de la filosofía, y con el cual se permite alcanzar otras evidencias, entendidas como, idea clara es aquella que no puede dejar de presentarse al espíritu que se abre a la representación, e idea distinta es aquella que se separa netamente de todas las demás y es imposible confundir con otra, captada por la intuición intelectual.

La naturaleza del yo o alma es la de sustancia pensante que posee ideas, conocimientos sobre objetos y que son independientes de las existencia de estos.

A diferencia de la filosofía anterior donde el pensamiento recae directamente sobre las cosas; para Descartes, el pensamiento recae sobre las ideas y no sobre las cosas. Esto ratifica la independencia entre idea y existencia del objeto referido en ella.

La afirmación de que el objeto del pensamiento son las ideas lleva a distinguir dos aspectos: las ideas como actos mentales, modos de pensamiento, por tanto iguales; y las ideas en cuanto que poseen, un contenido objetivo, por lo que son distintas entre sí. Las ideas deben ser analizadas y pueden ser, según su origen:


-Ideas adventicias:

son las que parece provenir de nuestra experiencia externa, la cual no está siquiera demostrada.

-Ideas facticias:

que construye la mente a partir de otras ideas.

-Ideas innatas:

que son las que el pensamiento posee por sí mismo.

Debido a que no está demostrada la existencia de un mundo exterior y que por ser construidas por mi mente su validez es cuestionable, las ideas adventicias y fácticas no pueden servir como punto de partida del pensamiento para la demostración de una realidad exterior. Tan sólo las innatas, que son encontradas como evidentes, son a partir de las que se construye el conocimiento. El fin de esto es demostrar la existencia de una realidad externa al yo, el mundo, a partir del conocimiento de la propia existencia.

Entre las ideas que mi yo posee, Descartes afirma que existe la idea de infinito y de perfección, la idea de Dios.
Descartes intenta demostrar la existencia de Dios a partir de la idea de yo. Presenta tres demostraciones:
    

· Prueba gnoseológica(a partir del origen y contenido de la idea)

Poseemos la idea de un ser perfecto que no puede provenir de la experiencia, porque esta es limitada; ni tampoco puedo ser yo el creador porque soy un ser imperfecto, de manera que debe ser una idea innata que ha sido creada y puesta en mí por alguien infinito y perfecto: Dios.
   

· Prueba de la casualidad(a partir de la propia finitud)

Yo soy un ser que, teniendo la idea de perfección no soy perfecto luego no me he creado a mí mismo porque me habría dado las perfecciones. Por lo tanto ha de existir un ser perfecto que me ha dado la existencia.

· Argumento ontológico

Tengo la idea de un ser perfecto por lo tanto ese ser debe existir ya que si no existiera le fallaría una perfección: la existencia. Así pues la idea de un ser perfecto implica la existencia de un ser perfecto.
La demostración de la existencia de Dios es una pieza fundamental en la metafísica. Ahora ya sé que fuera de mi yo hay otra realidad, la sustancia perfecta, Dios, un ser infinito y perfecto. Dios se convierte en principio y garantía del conocimiento. En Dios existen las verdades establecidas por él como las leyes naturales y las matemáticas.

La duda ha permitido a Descartes afirmar la existencia de tres sustancias:
La primera es el yo pensante, sustancia imperfecta pero dotada de razón y creada por Dios; la segunda es Dios, que es una sustancia infinita, perfecta y todopoderosa, por lo cual yo mismo y todas las cosas han sido creadas por él. No ha sido creado por nadie ni necesita otra idea para ser explicado y la tercera es la materia. Descartes demuestra que el mundo existe a partir de la existencia de Dios. Como Dios es bueno y veraz no va a permitir que me engañe cuando pienso que el mundo existe, por lo cual existe.

En los cuerpos, Descartes reconoce cualidades secundarias, es decir subjetivas (color); a diferencia de las primarias que son objetivas (onda electromagnética), es decir están verdaderamente en la sustancia.

La visión cartesiana del mundo es estrictamente mecanicista, es decir se limita al estudio del movimiento mecánico y afirma la existencia de leyes universales y necesarias como el Principio de Inercia y la Ley de Conservación del Movimiento.

Descartes resolvíó la cuestión de si yo pensante y el material son dos realidades independientes: como podría el yo pensante pensar algo y el cuerpo a continuación realizar la acción. Descartes explico que hay un punto en nuestro cuerpo, la glándula pineal, que se encuentra en medio del cerebro y en esta glándula se aloja el alma; desde allí conecta con el cuerpo y modifica los movimientos de este.
Descartes llega a afirmar que en el caso del ser humano, el cuerpo y el alma son sustancias que quedan incompletas si no se reúnen.

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