El Raciovitalismo: Superación del Realismo y el Idealismo
La evolución intelectual de Ortega y Gasset culmina en la razón vital, que busca superar el realismo (la verdad está en las cosas, independientes del sujeto) y el idealismo (las cosas son solo contenidos del pensamiento). Para Ortega, la base ya no estará solamente en las cosas o en el pensamiento, sino en la vida, en el propio vivir. La verdad radical es la coexistencia del sujeto y del mundo.
La realidad ya no se entiende como algo estático, sino como algo dinámico. El mundo está siendo para nosotros y nosotros somos frente a él, porque actuamos en él, lo miramos, lo soñamos, lo sufrimos y amamos. En la vida de cada uno confluyen ambos polos. La vida es lo que hacemos en el mundo.
Las Dimensiones del Vivir
- Vivir es darse cuenta: Sintiendo que estamos vivos, de nuestra existencia y de lo que nos rodea. Vivir es la capacidad de tomar conciencia de lo que somos y realizar un proyecto personal.
- Vivir es encontrarse en el mundo: El mundo es todo aquello que nos afecta, es el deseo por encontrarse con lo que tenemos fuera de nosotros.
- Vivir es fatalidad: No elegimos venir al mundo ni escogemos la circunstancia en la que aparecemos. Aparecemos como arrojados en la existencia y debemos decidir qué hacer con ella a partir de las opciones limitadas que nos han tocado.
- Vivir es libertad: La limitación del marco en el que nacemos no es total; tenemos siempre un margen en el que tenemos que elegir. No tenemos una naturaleza predefinida. Por ello, la vida conlleva cierta dosis de angustia o desasosiego al no tener asegurado lo que seremos.
- Vivir es ser en el tiempo: El ser humano está abierto hacia el futuro en el que se proyecta. La vida es proyecto: lo que seremos determina lo que somos. La realidad humana incluye lo que todavía no es.
La Razón Vital y su Carácter Histórico
El raciovitalismo considera que la razón es una dimensión irrenunciable del ser humano que nos ayuda a orientarnos en la existencia, al tiempo que señala sus límites y reconoce la existencia de instancias irracionales. La razón vital es una razón interdependiente de la vida de la cual surge, pero que a la vez puede modificar. Es una razón abierta, creativa, narradora de un mundo del que se nutre a la vez que lo crea.
Pero la razón vital no es intemporal, sino que es histórica. Parte de un mundo que no solo pertenece a este momento, sino que tiene un pie en la historia, en todas las narraciones que como eco ondean por el presente. Hacerse cargo de la propia circunstancia requiere escuchar las voces que siguen estando aquí, aunque dichas en un pasado muy lejano en algunos casos.
La Vocación y la Elección Personal
Hundiéndose en la propia circunstancia, para narrar la propia perspectiva del mundo y decirla ante otros, la persona debe ir aprendiendo de sí misma, debe ir haciéndose consciente de sí misma, de sus capacidades, y debe comenzar a proyectarse, a imaginarse en un futuro. Porque este quehacer, este proyectarse, conlleva elección. Elegir entre una serie de posibilidades, en las que no es lo mismo elegir A, B o C, sino que en cada decisión nos vamos haciendo de determinada manera.
Vosotros, que sois jóvenes y que estáis en la edad de decisiones importantes en el devenir de vuestras vidas, tenéis que elegir, y lo tenéis que hacer de una manera consciente, apostando por vosotros mismos, por vuestra vocación.
Convivencia, el Héroe y el Hombre Masa
Pero, ¿y si tu vocación es la de ser un tirano? ¿Qué mecanismos de control hay para un convivir? En su libro «Estudios sobre el Amor», Ortega propone el amor como plenitud. Yo, mi circunstancia y mi mundo no pueden llegar a la plenitud si los otros no llegan. Cada uno debe ser héroe y no personaje o masa. Es en la apertura común, en el ir haciéndose cada uno su vida, pero al mismo tiempo con otros, porque vivir también es convivir.
El Héroe frente al Hombre Masa
¿Quién es el héroe? El héroe es el que está continuamente pensándose, imaginándose, haciéndose. No acepta meta ni llegada a una identidad fija, muerta. El hombre es un ir hacia el ser, nunca «será sido». El hombre siempre está haciéndose a sí mismo. Solo la muerte pondrá fin a este continuo quehacer. Una vida que tiene que vivirla cada quien, cada quien la suya, porque nadie puede vivirla por uno.
Frente al héroe nos encontramos con el hombre masa, que desaparece en la multitud, se esconde en ella; no se elige a sí mismo, sino que tiene asignado un papel o, como mucho, elige de un catálogo predefinido una identidad hecha, con un lenguaje ya establecido, con unos disfraces y máscaras que poner. El hombre masa se cree que ya ha llegado a ser, que ya no se tiene que hacer más; por lo tanto, parece más muerto que vivo.
