Intelectualismo moral

1.FREUD, LA PSICOLOGÍA DE LO INCOSCIENTE

Distingue en el ser humano una estructura psíquica compuesta por tres elementos:

-Ello: se refiere a lo inconsciente e irracional en el ser humano en el ámbito de los impulsos primarios (instintos). Distingue entre impulsos sexuales (la lívido), y los impulsos de auto conservación. Estos dos tipos de impulsos funcionaban conjuntamente como aspectos de un individuo total al que se le denomina “Eros”. Existen otro tipo de impulsos llamados de autodestrucción los cuales se manifiestan en forma de agresividad. Estos impulsos agresivos, reciben el nombre de “Thanatos” (muerte, porque son opuestos a los impulsos vitales “Eros”).

Todos estos impulsos primarios se rigen por el principio de placer, es decir, la exigencia de satisfacción inmediata e incondicional de su necesidad, sin respetar ningún orden légico, ningún orden lógico, ni ninguna limitación objetiva procedente de la realidad, de la sociedad o de la propia conciencia. Puesto que la realidad no hace posible casi nunca esta satisfacción, esos impulsos pueden producir fantasías, sueños o comportamientos neuróticos a través de las cuales se consigue una satisfacción de tipo sustitutorio.

-Superyó: conjunto de normas, prescripciones sociales y morales que hemos interiorizado durante la infancia en el proceso de nuestra educación. La sociedad tiende a reprimir los impulsos inconscientemente limitando el principio de placer, ya que la vida de sociedad exige de cada individuo el sacrificio de sus impulsos irracionales y su egoísmo por el bien común. Por lo tanto, el superyó es la instancia moral que presiona sobre el individuo exigíéndole el control de los impulsos del ello y el cumplimiento de las obligaciones sociales interiorizadas. La autoridad moral no está solo fuera de nosotros, sino también dentro como fuera de contención y represión.

-Yo: conciencia irracional del individuo, el escenario de una lucha continua entre el ello y el superyó. La duda la inicia el principio del placer que rige los impulsos inconscientes, cuyo deseo de satisfacción choca con las prohibiciones morales del superyó. Por este motivo, el yo intenta sustituir el principio de placer por el principio de realidad que pospone la satisfacción inmediata de sus necesidades por una satisfacción inmediata aunque segura y aceptable por la sociedad. La función del yo en este conflicto es activar el juicio y la decisión voluntaria para actuar como árbitro consciente y racional en nuestra lucha. Cuando no es capaz de hacer esto y el conflicto no se resuelve por la acción de la conciencia, entonces interviene la represión para hundir el problema en el inconsciente, produciendo malestar y neurosis. En definitiva el individuo humano que ha de vivir necesariamente en sociedad, siente a cada momento la amenaza de que afloren a su vida consciente las fuerzas y los deseos reprimidos de su inconsciente, especialmente sus impulsos sexuales y agresivos. Para actuar en esta situación, el yo ha de fortalecerse ampliando su formación y su cultura con el objetivo de ser capaz de satisfacer sus impulsos de manera racional y respetuosa con los demás.

2.EL RELATIVISMO DE LOS SOFISTAS

En pleno auge de la democracia ateniense, unos maestros llamados sofistas, ofrecen enseñanzas sobre asuntos humanos: antropología, derecho o política. Eran escépticos en cuanto a la capacidad del entendimiento humano para alcanzar la verdad, por lo que consideraban que no se puede distinguir entre lo verdadero y lo falso, escepticismo el cual conduce al relativismo al considerar que la verdad o las verdades morales dependen de las circunstancias. No hay criterios universales sino que todo es opinable y por tanto relativo. Si no existen verdades universales, se hace necesaria la búsqueda de un saber práctico que sirva al ciudadano para regular su vida diaria. El concepto de verdad se sustituye por el de unidad. La auténtica sabiduría consistía en traer opiniones mejores y soluciones más útiles. La sabiduría y el sabio son tales en la medida en que sirven para mejorar la situación del ser humano.

Todo esto consigue un relativismo marcadamente escéptico que se caracteriza por la imposibilidad de obtener verdades universales. Según Protágoras, (uno de los principales sofistas), no tiene sentido hablar de lo que las cosas son, si no de lo que le parece a cada uno. Aplicando al campo de ética, significa que no se puede definir que es el bien o el mal, la justicia o cualquier valor moral, si no que serán buenas o justas aquellas cosas que así le parecen a cada uno. Desde este punto de vista, nadie puede achacar enor a otro, porque ninguna opinión es más verdadera que otra, sin embargo, si que es posible afirmar que una opinión sea mejor que otra si así parece a juicio de la mayoría. De este modo, para los sofistas, el virtuoso es aquel capaz de averiguar qué es lo que la mayoría considera justo y conveniente conociendo al resto de ciudadanos en la asamblea pública (Ägora) de que tal cosa es conveniente. Por lo tanto, el hombre virtuoso es el ciudadano virtuoso.

3.SÓCRATES. INTELECTUALISMO ÉTICO

Esta teoría afirma que si alguien actúa de un modo virtuoso es porque conoce lo que es el bien, DE ESTE MODO, LA VIRTUD Y LA Sabiduría VAN SIEMPRE UNIDAS. El que más sabe es el que mejor actúa, por esta razón, esta teoría recibe el nombre de “intelectualismo ético”. La inteligencia y el saber son los caminos que más conducen al comportamiento correcto y por tanto a la virtud, por lo tanto para Sócrates, la persona malvada o injusta es en realidad ignorante. Tanto para Sócrates como para su discípulo Platón, los valores morales son objetivos y universales. Los virtuosos serían aquellos que hayan alcanzado el conocimiento verdadero, siendo así capaces de distinguir ente bien y mal. La causa de que los seres humanos actúen mal, no está en la en una debilidad propia, si no en un temor intelectual a juzgar como bueno o conveniente lo que no es, ya que el ser humano no se equivoca a sabiendas. En definitiva, para hacer el bien hay que saber lo que es el bien, Sócrates defiende la existencia de unos valores éticos universales, pero no pretende enseñarlos ni exponerlos mediante discursos, sino ayudar con sus preguntas a que su interlocutor llegue a descubrirlos en su interior. Este método fue llamado mayéÚtica, que literalmente significa “oficio de ayudar a dar la luz”, ya que a Sócrates piensa que la verdad está dentro de cada uno de nosotros , y el papel del nuestro, consiste en ayudar al discípulo a encontrar por sí mismo. Más adelante, Platón justifica la existencia de valores morales universales en el interior de cada uno por medio de su teoría de la reminiscencia.

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