Conciencia Ecológica y Política Ambiental: Fundamentos Éticos para la Sostenibilidad

La Política Medioambiental desde la Perspectiva de la Conciencia Ecológica

De una sólida conciencia ecológica salen a la luz fenómenos decisivos tales como la ética ambiental, la política ambiental, el ecologismo político y el derecho medioambiental. Confiar a las funciones de la justicia la tutela y el fomento del principio fundamental de la conservación de bienes, en toda su amplitud ecológica, representa la conexión más estrecha y constante con los programas de política ambiental.

Es también el punto en el que confluyen procesos tecnológicos, y son tales supuestos los que subyacen o interfieren en el planteamiento y las conclusiones de programas económicos, donde la explotación y la gestión de recursos ecológicos reclaman decisiones orientadoras y vinculantes conforme a las exigencias conmensurables de la justicia ecológica.

Calidad de Vida y Crisis Ecológica

Es importante precisar el origen del concepto calidad de vida en la teoría económica, y cómo su extrapolación al plano ecológico no es del todo completa. La calidad de vida es un aspecto vinculado sobre todo a parámetros socioeconómicos. Desde una perspectiva socioeconómica es fácil observar cómo los grupos socialmente vulnerables y económicamente débiles son los que más acusan la incidencia de la crisis ecológica en su calidad de vida.

Cuando la cuestión ecológica evoluciona desde un problema social hacia un problema político, la responsabilidad de protección y cuidado del medio ambiente sobrepasa la esfera individual, convirtiéndose en una obligación pública común. Esta nueva obligación significa una formación del medio ambiente a través de una planificación previa, implicando medidas que no solo rechazan los peligros, sino que tratan de prevenir los perjuicios futuros.

Sin embargo, para que la política medioambiental pueda ser realizada con éxito, es imprescindible una actitud conjunta. Debe ser la comunidad humana la que soporte la carga del cuidado del medio ante la magnitud del daño o amenaza ecológica.

El Surgimiento del Ecologismo Político

Desde esta perspectiva sociojurídica, la conciencia ecológica de los años sesenta se manifiesta en movimientos colectivos de signo ecologista que cada vez serían más abundantes y organizados. El ecologismo político surge como resultado del impacto de la crisis ecológica en el ser humano y por una creciente conciencia medioambiental de la sociedad.

  • F. Guattari plantea el movimiento ecológico como sustituto de las luchas de ideologías y de clases.

El ecologismo representa también uno de los movimientos sociales del que cabe esperar que se estructure y asuma funciones que han de desembocar en los principios y las directrices de una sociedad envuelta en la dinámica de la espiral ecológica. Para llevar la conciencia ecológica al ámbito político y jurídico se crea una ética ambiental, que es la cual propone principios a seguir para una defensa del medio ambiente.

La extensión y la complejidad del fenómeno ecológico y su representación en la conciencia pública determinan un ritmo y unas formas de interconexión en la praxis social y política más difíciles para el análisis que otros movimientos sociales coetáneos. De la justicia ecológica debe irradiar dinamismo.

Ética Ambiental: Raíces y Desarrollo

La constitución de la conciencia ecológica habrá de hallar sus raíces en el ámbito ético, haciendo urgentes los análisis y las propuestas de la ética ante el problema ecológico. Esta llamada que desde la conciencia ecológica se dirige a la ética, siendo esta última articuladora de valores o modelos de conducta, se debe a la necesidad de crear nuevas formas de vida que eviten el deterioro ecológico que sufrimos.

En este sentido, como afirma Nicolás M. Sosa, “la ética ecológica puede ayudarnos a esclarecer nuestras elecciones y opciones”. La relevancia de la ética en la crisis de nuestro planeta se fundamenta en el elemento moral como criterio de valor-guía en la acción humana.

La Ética de la Tierra de Aldo Leopold

La necesidad de que la relación del hombre con la naturaleza sea establecida sobre una base ética es descrita por Aldo Leopold en su Ética de la tierra: la ética de la tierra comprende la vida no humana y el medio no viviente como nivel más elevado de la evolución ética.

Evolución del Alcance Ético

La formulación de la Ética de la Tierra se centra en la evolución de la ética. En este sentido:

  1. La ética aplicada únicamente al “yo” supone el nivel más rudimentario de desarrollo.
  2. Avanza incluyendo a las familias.
  3. Más tarde, a la sociedad, consecuentemente a la nación.
  4. Después se experimenta una ética internacional, que abarca a toda la humanidad.
  5. Por último y como escalón más elevado, ética aplicada al medio ambiente.

Esta última etapa del alcance ético significa “la transición más difícil de la evolución ética”, donde cambia el papel del ser humano, de conquistador de la tierra a miembro de la misma.

Sin embargo, aun reconociendo que la conciencia ecológica (como estado de madurez) ha supuesto un factor decisivo en el avance de la ética, no podemos afirmar que la conciencia ecológica conduzca a una nueva ética, en el sentido de que la ética tradicional no ha abordado el tema medioambiental. Lo que sí se exige a la ética tradicional es un nuevo desarrollo, nuevas actitudes para abordar el problema del medio ambiente, lo cual conduce a una nueva ética ambiental.

Momentos de la Relación Hombre-Naturaleza en la Ética

Podemos distinguir tres momentos en la consideración ética de la naturaleza:

  1. Primer momento: La actuación debía depender de la naturaleza, no porque esta fuese susceptible de sufrir daños, sino porque una actuación contraria a la naturaleza estaba condenada al fracaso para el hombre.
  2. Segundo momento: Aparece una nueva forma de pensar: el dominio de la naturaleza, un proceso dinámico de subordinación progresiva de la naturaleza al hombre.
  3. Tercer momento (Actual): Hay que destacar la nueva realidad que la ciencia de la ecología nos ha desvelado: un medio natural finito, susceptible de ser gravemente dañado.

En definitiva, la ética ambiental ha ampliado la definición de “vida”, extendiéndola hasta el medio ambiente.

Implicaciones Morales de la Crisis Ecológica

Por ello, la respuesta a la crisis ecológica desde la ética, que debe orientar el comportamiento humano, lleva implícita una revolución planetaria. El nuevo orden económico internacional es el que amenaza los procesos y el equilibrio ecológico. Estamos obligados moralmente a mantener a la tierra en una condición tal que haya posible una vida digna.

Se trata de ampliar el principio ético del respeto a la persona humana para comprender de la misma forma el respeto a la naturaleza, exigiendo que ni el hombre ni la naturaleza se conviertan en víctimas.

Debate sobre la Suficiencia de la Ética Tradicional

En este sentido, la necesidad de dar respuesta al tema de la ecología por parte de la ética actual puede resolverse, según Patzig, dentro de los límites de la ética tradicional, sin necesidad de proposiciones auxiliares.

Para Patzig, ningún argumento racional puede hacer que ignoremos los intereses existenciales de las generaciones futuras, frente a los intereses menos urgentes que nosotros podemos satisfacer; es decir, la defensa del medio ambiente está implícita en la ética tradicional.

Dieter Birnbacher se pregunta si es suficiente para la ética medioambiental el contenido normativo de la ética individual y social (tradicional), o si, por el contrario, la ética medioambiental tiene que desarrollar su contenido normativo propio con independencia de nuestra responsabilidad limitada a las relaciones sociales.

Fundamentación Teleológica y Deontológica

Birnbacher cree haber encontrado la respuesta a través de la fundamentación teleológica y deontológica de las normas morales:

  • Teleológicamente: Se fundamenta una norma a través de los bienes externos a la moral (lo que se consigue al cumplirla).
  • Deontológicamente: Se fundamenta una norma a través del valor moral autónomo del seguimiento de la norma, independientemente de los bienes que se realizan (el sentimiento de “haber obrado bien”).

Esto es lo que quiere decir al señalar que sobre la humanidad tenemos obligaciones deontológicas directas, mientras que sobre la naturaleza tenemos obligaciones teleológicas indirectas.

Para Kant, el deber ético del hombre respecto al orden natural es un deber indirecto para la humanidad, ya que lo no-humano carece de moralidad, y por tanto no son fines en sí mismos, sino solo medios.

Siguiendo nuestro intento de fundamentación de una ética ecológica, encontramos una valiosa aportación en el trabajo de Tribe, con la implantación de árboles de plástico en las calles de Los Ángeles. El sentido de esta metáfora es símbolo evidente de una lesión contra los principios de una ética medioambiental en desarrollo.

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