Pensamiento arcaico en la actualidad

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  • Pero en el siglo vi a. C., y por distintas razones de carácter histórico, el pueblo griego, que durante varios siglos había orientado su existencia basándose en los mitos, comenzó a dejar de creer en ellos. Entre esas razones hay que destacar el contacto con otras culturas que se produjo como consecuencia del comercio marítimo —ya que los griegos, para comerciar, establecieron colonias por todas las tierras que bañan el Mediterráneo—, la aparición de nuevas clases sociales —navieros, comerciantes, marinos, a los que el ideal de hombre que propónían los mitos, «terrateniente-guerrero», no les decía nada—, y el uso de la moneda. Al dejar de creer en los mitos, algunos griegos —fueron los primeros filósofos y también los primeros científicos—, comenzaron a valorar la razón como la principal capacidad humana, y se decidieron a utilizarla para interpretarse a sí mismos y también para interpretar la naturaleza y dar respuesta a los enigmas que les planteaban. Si hasta el siglo vi a. C. Los griegos habían confiado en la fe, en la imaginación y en el valor de la tradición para realizar esta tarea, y los resultados de esa confianza habían sido los mitos, a partir de esta época, comenzaron a confiar en la razón, en el logos, y los resultados de esta nueva confianza fueron la filosofía y la ciencia.

  • Racionalidad y pensamiento arcaico

    Además, y aunque pueda parecer lo contrario, el pensamiento arcaico no ha desaparecido del todo ni siquiera en el Siglo XXI. Una nueva forma de pensar nunca desplaza del todo a la anterior y, por eso, el pensamiento arcaico sigue influyendo hoy en día.

  • La filosofía a través de su historia

    A lo largo de la historia, todos los filósofos han utilizado, como instrumento para elaborar su pensamiento, la razón —aunque no siempre la hayan entendido de la misma manera—, y se han ocupado de la «totalidad», de la realidad como un «todo». Sin embargo, eso no quiere decir que hayan llegado a las mismas conclusiones. Sus visiones de la realidad son muy diferentes unas de otras. A diferencia de lo que ocurre en el mundo de la ciencia, la historia de la filosofía ofrece el espectáculo de numerosos personajes y escuelas que mantienen posiciones contrapuestas. Esta diversidad no es sino la consecuencia inevitable de la mayor amplitud y profundidad de su racionalidad. No se trata de pobreza, sino de abundancia, de riqueza en el conocimiento. La pretensión de radicalidad en que se sitúa la reflexión filosófica impide que sus conclusiones se puedan confirmar por medio de la experiencia y es la base de la posibilidad de que haya posiciones diferentes. Además, estas posiciones diferentes se deben a la misma historia. La filosofía es inseparable de su historia.

  • La filosofía en el mundo griego

    Los primeros filósofos griegos, entre los que hay que destacar a Tales de Mileto —el primero de todos ellos—, a Parménides y a Heráclito, identificaban la realidad con la naturaleza, puesto que la naturaleza era su mundo y su mayor enigma, y sobre ella centraron sus investigaciones. La filosofía de esta época se puede calificar de cosmológica. En el siglo IV a. C., y con Sócrates, Platón y Aristóteles, la filosofía dio un giro radical y se centró en el ser humano. De cosmológica, pasó a ser antropológica, lo cual no quiere decir, sin embargo, que se olvidara de la naturaleza, pero su estudio pasó a un segundo plano. Como estos filósofos estaban vinculados estrechamente a la aristocracia griega, una aristocracia que no necesitaba trabajar para vivir —para eso estaban los esclavos—, su visión del ser humano fue una visión «elitista», en la que la virtud se identificaba con el conocimiento, con la sabiduría.

  • La filosofía en el mundo medievalLa Edad Media es una época en la que la religión cristiana se encuentra en el centro de una cultura eminentemente geocéntrica que considera a Dios como el origen del universo y que sostiene que toda la realidad, incluido el ser humano, está orientada y encuentra su sentido en el cumplimiento de la voluntad divina. Ya no se considera que la filosofía sea el instrumento adecuado para señalarle al ser humano cómo debe vivir —para eso está la fe—, sino que se la ve como un instrumento para profundizar en el contenido de la fe, para conocer con mayor profundidad lo que dice la fe, que es la verdad. La filosofía se convierte en esta época en la esclava de la teología. El problema del que más se ocupan los filósofos de esta época, entre los que destacan Agustín de Hipona, en el siglo V, y Tomás de Aquino en el XIII, es el de conciliar la fe con la razón.






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