Lacan y Descartes

1-El Racionalismo tiene por principales carácterísticas las siguientes:
1. Esto se refiere sobre todo a los principios generales de la realidad, ya que muchos racionalistas admiten que para establecer leyes más concretas es necesario recurrir a la experiencia. Por ejemplo, Descartes creía que la razón, por sí misma, podía llegar a la conclusión de que la cantidad de movimiento que existe en el universo es constante (el movimiento ni se crea ni se destruye), pero para determinar la forma concreta en que se transmite el movimiento era necesario recurrir a la experiencia.
2 . En consecuencia, el modelo de conocimiento racionalista es deductivo, no inductivo: se parte de axiomas conocidos de manera intuitiva por la razón, y de ellos se deducen consecuencias, que tienen que cumplirse necesariamente en la realidad. Por ello, las matemáticas, que no dependen de la experiencia y que pueden demostrarse racionalmente a partir de unos cuantos axiomas (como ya hizo Euclides en la antigüedad) son el conocimiento por antonomasia para los racionalistas.
3 . Estas ideas (que son contenidos mentales, en el sentido actual del término, y no entidades extramentales como las ideas platónicas) son principios que tiene la razón en sí misma, y a partir de ellos se producirá el proceso deductivo por medio del cual podemos conocer la realidad. Los racionalistas no sólo se refieren con ideas innatas a los principios de la lógica y las matemáticas, sino a otros conceptos, como por ejemplo la noción de Dios.
4 . En consecuencia, sólo existe un método correcto para razonar (aunque los racionalistas no terminen de ponerse de acuerdo en cuál es ese método) y sólo existe una ciencia. La aspiración a reunir todas las ciencias en un único sistema (generalmente unido a través de los principios metafísicos, de los que derivarían tanto la física como la ética) es un ideal típicamente racionalista.
2- EL MÉTODO
La preocupación por el método que debemos utilizar para obtener un conocimiento con suficientes garantías es una constante del pensamiento de la época moderna y constituye el punto de partida del sistema filosófico de Descartes. Lo que Descartes pretende es nada más y nada menos que reconstruir todo el conocimiento por medio de la deducción a partir de un enunciado de cuya verdad podamos estar totalmente seguros.
En esta tarea Descartes se está enfrentando, explícitamente, a dos posturas filosóficas, la escolástica y el escepticismo. Descartes fue muy crítico con los métodos empleados por los escolásticos, basados principalmente en la lógica silogística, y que según Descartes servían para exponer verdades conocidas, pero no para descubrir nuevas verdades. El objetivo de Descartes era precisamente obtener una forma de filosofía clara y sencilla, basada en muy pocos principios, en lugar de en la gran cantidad de principios lógicos, conceptos y definiciones utilizados por los escolásticos. A pesar de sus duras críticas a la filosofía académica de los escolásticos, Descartes no difiere de estos en sus conclusiones principales: la existencia de Dios y del alma inmortal y el concepto tomista de sustancia.
Descartes elabora un método exclusivamente deductivo (no experimental), cuyo modelo son las matemáticas, y que expone en su obra más conocida, Discurso del método, de 1637, escrito después de la condena a Galileo.
Siguientes reglas:
1.- – No admitir como verdadera cosa alguna que no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención y no comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu que no hubiera ninguna ocasión para ponerlo en duda.

2.- Dividir cada una de las dificultades que voy a examinar en tantas partes como sea posible y se requiera para su mejor solución.
3.- Conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos.
4.- Hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan generales que estuviera seguro de no omitir nada.
De este modo, Descartes está utilizando como criterio de evidencia una carácterística de los contenidos mentales (las ideas) sin tener en cuenta la relación de esta con la experiencia. Por tanto, la primera regla contiene mucho más que la simple duda metódica: contiene la definición de evidencia, la afirmación de que la evidencia depende de la razón y no de los sentidos (es decir, la postura racionalista de Descartes) y el germen de toda la metafísica cartesiana, ya que será precisamente a partir de ideas claras y distintas de donde deducirá Descartes la existencia de Dios y del alma inmortal.
La segunda regla consiste en el análisis, por medio del cual descomponemos un problema en las partes que lo componen. El objetivo de este análisis es obtener unas ideas claras y distintas de las partes que componen el fenómeno, y por tanto lo que se persigue es una intuición pura, meramente conceptual y separada de la experiencia sensible. Por ejemplo, en el campo de la Física Descartes defendía que había que descomponer los fenómenos físicos en partes simples, tales como figuras geométricas, puntos y líneas, a fin de poder comprenderlos.
La tercera regla es la síntesis, y en ella se realiza una reconstrucción deductiva del fenómeno estudiado a partir de las partes obtenidas por medio del análisis. Es decir, se toman las ideas claras y distintas como principios y por medio de la deducción se extraen consecuencias que explican el fenómeno observado. A diferencia del silogismo, en el que sólo podemos deducir verdades que ya están implícitas en las premisas, la deducción cartesiana nos permite descubrir verdades nuevas ya que, por medio de la síntesis, estamos descubriendo las relaciones que existen entre las diversas partes (las ideas claras y distintas) cuando somos capaces de reconstruir los fenómenos a partir de ellas.
Descartes se limita a proponer una cuarta regla de enumeración, que simplemente recomienda repasar todo el proceso, pero sin introducir nada nuevo en él.
3- LA DUDA
Como hemos visto, el primer paso del método cartesiano es precisamente dudar de todo aquello que no sea totalmente evidente. Como Descartes pretende reconstruir todo el edificio del conocimiento a partir de alguna verdad evidente que garantice que este se encuentre a salvo del escepticismo, tendrá en primer lugar que dudar de todo aquello de lo que sea posible dudar, ya que su objetivo no se refiere a un asunto en particular, sino a la justificación del conjunto del conocimiento. Esta duda será, por tanto, universal, ya que se pondrá en cuestión todo el conocimiento aceptado anteriormente como válido, tanto el conocimiento que depende de la experiencia como el conocimiento matemático, que es independiente de ella. Además, esta duda será hiperbólica, puesto que no sólo dudaremos de aquello que sospechemos que pueda ser falso, sino también de aquello otro que nos parezca imposible que pueda serlo.
La duda cartesiana es teorética, ya que se limita a dudar de nuestro conocimiento sobre el mundo, pero no cuestiona las reglas prácticas. Finalmente, la duda cartesiana es metódica, es decir, se trata de una duda fingida, no real, que adoptamos como un paso más en el método que nos va a llevar al conocimiento cierto y seguro.
Los motivos más generales e hiperbólicos que Descartes encuentra para dudar son los siguientes:
Descartes da un paso más, y plantea que podemos dudar de que nuestras sensaciones se correspondan con algo.
Sin embargo, tengo constancia de que existen hombres que se equivocan al razonar, y por tanto puedo suponer que la razón humana esté constituida de tal manera que se equivoque sistemáticamente, con lo cual el conocimiento matemático tampoco sería un conocimiento cierto.
Esta duda acerca del razonamiento la plantea Descartes también de otra manera, suponiendo que los errores no se produzcan por un defecto congénito de la razón sino a causa de un ser (un genio maligno) que intervenga en mis operaciones mentales, de tal modo que me induzca a tomar lo verdadero por falso y viceversa. Como veremos más adelante, la hipótesis del genio maligno no es sólo una metáfora irónica que intenta ridiculizar los argumentos escépticos. En realidad, al suponer la existencia del genio maligno, Descartes está preparando el terreno para un argumento central en su metafísica, según el cual la garantía de que nuestro entendimiento funciona bien no proviene del mismo entendimiento (como sus fallos no procedían de él, sino de un genio maligno). De este modo, la existencia de Dios será el principio sobre el que se basará todo el resto del conocimiento.
Según Descartes, hay algo que queda fuera de toda duda: no puedo dudar de que estoy dudando, y esa será precisamente la primera evidencia sobre la que Descartes intentará levantar su sistema.
4-LA PRIMERA EVIDENCIA:

«PIENSO , LUEGO EXISTO.»
Las anteriores dudas nos dejarían sin conocimiento alguno, ni sensible ni inteligible, e incluso nos llevarían a dudar de la misma existencia del mundo, esto es, de una realidad externa a mí. Pero no implican dudar de mi propia existencia, sino que al contrario, suponen esta. En efecto, si puedo dudar, es que estoy pensando, y si estoy pensando, tengo que existir, tengo que ser algo que piensa. Esta es, pues, la primera verdad sobre la que Descartes pretende construir todo su sistema metafísico: puedo estar seguro de mi propia existencia en tanto que pensamiento (aunque no en tanto que cuerpo, puesto que a la proposición de que existo como cuerpo si le afectan las dos primeras dudas) Mi existencia la conozco por medio de una intuición inmediata, y esta verdad, que según Descartes conozco de manera clara y distinta, se va a convertir también en el criterio de certeza: todo aquello que pueda intuir de una manera tan inmediata como mi propia existencia, puedo asegurar que es verdadero.
5-Dios Y EL MUNDO.
Se comprueba pues la validez del método, ya que nuestra existencia es aceptada como algo indudable sobre un único fundamento: claridad y distinción. Así pues, a partir de la existencia del pensamiento tendremos que deducir la existencia de la realidad; es decir, de la idea del cogito deduciremos que otras ideas se presentan con el mismo grado de evidencia. El pensamiento no recae directamente sobre las cosas (al fin y al cabo, en principio no consta su existencia), sino sobre las ideas.
– Descartes distingue:
1.- Ideas Innatas. Las encuentro en mí, nacidas de mi conciencia. No derivan de la experiencia (pienso, luego existo).
2.- Ideas Adventicias. Llegan de fuera y se refieren a cosas distintas a mí (árbol).
3.- Ideas Facticias. Construidas por mí mismo (caballo con alas).
– Ni las adventicias ni las facticias sirven de base para demostrar la existencia de la realidad extramental, ya que las adventicias vienen de fuera y las facticias son ilusorias. Así pues tendremos que buscar entre las ideas innatas, y la primera idea innata es la idea de Dios.
Entre las muchas ideas que posee la conciencia se encuentra la idea innata de Dios.
Pruebas de la existencia de Dios
1-Prueba Gnoseológica: la realidad objetiva de la idea innata de ser perfecto exige una realidad formal proporcional, y ésta únicamente puede ser Dios. Al preguntarme de donde proviene esta idea me doy cuenta de que no proviene ni de los sentidos (ya que estaban en duda) ni de mi mismo (ya que soy imperfecto), por tanto, proviene de Dios
2-Prueba de Causalidad: Soy un ser finito que no tengo en mí mi propia causa. Pero mi naturaleza posee la idea de infinito, y sólo concibo lo finito por comparación con lo infinito
3-La existencia es parte integrante de la esencia, por tanto, no es posible tener la idea de Dios sin admitir su existencia .
-La idea de Dios la utiliza Descartes para defender la positividad de la realidad humana y su capacidad de conocer la verdad. La razón del hombre es específicamente humana, no divina, pero su actividad se haya garantizada por aquel Dios que la ha creado. El error se encuentra en el hombre, es decir, sus facultades funcionan bien, pero de él depende el hacer buen uso de ellas. -A partir de aquí podemos avanzar hacia el conocimiento del mundo y de uno mismo en cuanto se halla en el mundo.
Como Dios garantiza mis facultades, y las facultades imaginativas y sensibles me atestiguan la existencia del mundo, no hay razón para ponerlo en discusión. Sin embargo, tenemos que ser prudentes y no tomar nada que no concibamos de forma clara y distinta. De todo lo que me viene del exterior sólo concibo de forma clara y distinta la extensión. La única propiedad del mundo material clara y distinta es la extensión, todas las demás cualidades son secundarias .
La extensión es la cualidad que puede ser medida y expresada numéricamente. Los cuerpos sólo se caracterizan por su extensión. Por tanto, la diversidad de los aspectos del mundo físico se ve reducida a una sola cualidad. En definitiva y como consecuencia de este postulado, Descartes, reduce el universo a extensión y movimiento.
El origen del movimiento está en Dios, que creó el mundo con una cierta cantidad de movimiento que permanece constante en todo momento.
6-LAS TRES SUBSTANCIAS.
Acto seguido, Descartes se pregunta si la única substancia que existe es Dios, y responde aplicando la noción de analogía, como ya hiciesen Aristóteles o los escolásticos. En sentido estricto, sólo Dios es substancia, porque el resto de las cosas son creadas. Pero en un sentido secundario, análogo, también podemos llamar substancia a aquellas realidades que sólo necesitan de Dios para existir, es decir, que son creadas por Dios pero que pueden existir con independencia de las otras realidades creadas. Dios es la substancia en sentido estricto, y para diferenciarla de los otros tipos de substancia de los que va a tratar, denomina a Dios “substancia infinita”.. Pero en un sentido secundario, análogo, también podemos llamar substancia a “aquellas realidades que sólo necesitan de Dios para existir”, es decir, que son creadas por Dios (y por tanto no son causa de su existencia) pero que pueden existir con independencia de las otras realidades creadas. A estas substancias las denomina Descartes “substancias finitas. Cada una de esas realidades tiene una propiedad principal que la define, que constituye su esencia y naturaleza: “res cogitans” (cosa pensante) y “res extensa” (la cosa que ocupa espacio).
7-EL DUALISMO CARTESIANO.
Así pues, Descartes, separa de manera radical los dos componentes esenciales del hombre, el alma y el cuerpo. La respuesta está en la glándula pineal. Esta glándula es la sede principal del alma. De esta forma para Descartes, un acto voluntario consiste en que el alma, cuando quiere hacer algo, provoca en la glándula pineal, a la que se encuentra estrechamente unida, el movimiento apropiado para causar el efecto correspondiente a su voluntad.
Descartes dijo originariamente que la consciencia involucra un alma inmanente, que observa una representación del mundo en la glándula pineal del cerebro.

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