La coherencia entre los principios del conocimiento, los instrumentos del conocimiento y el resultado de conocimiento del proceso de conocimiento

1. La razón y los sentidos


Desde los inicios de la filosofía se discute sobre qué funciones cumplen la razón y los sentidos en el conocimiento.
Platón y Aristóteles ofrecen las dos primeras teorías filosóficas
sobre el problema del conocimiento y llegan a conclusiones opuestas.
1. Platón distingue entre «opinión» (doxa) y «ciencia» (episteme). La opinión es un conocimiento superficial y relativo cuya fuente son los sentidos.
El objeto de la opinión
son las apariencias, los objetos materiales y cambiantes del mundo físico. En realidad,la opinión no es ni tan siquiera conocimiento, sino una forma de ignorancia. La ciencia es el conocimiento que solo puede alcanzarse mediante la razón y cuyo modelo son las matemáticas. La verdad inapelable de los teoremas matemáticos impulsa a Platón a buscar un método semejante que nos permita descubrir las definiciones matemáticas de Belleza, Justicia, Bien… A estas definiciones, eternas e inmutables, las denomina Platón las denomina Ideas y las coloca en un mundo aparte.
2.Aristóteles también distingue entre conocimiento sensible y conocimiento racional, pero los valora de forma distinta que Platón, pues considera que los sentidos si son fuente de conocimiento. A través del conocimiento sensible se percibe lo concreto. A través del conocimiento racional se captan las esencias universales de las cosas.
Para Aristóteles, por tanto, los sentidos captan realidades particulares y sensibles y, después, sobre esa base la razón elabora conceptos que expresan las esencias
universales de las cosas.
En el Siglo XVII comienza la filosofía moderna con el objetivo primero de elaborar una teoría del conocimiento que permita alcanzar verdades seguras y firmes. En torno a esta
preocupación también se forman dos corrientes antagónicas: el Racionalismo y el Empirismo.


1. El Racionalismo, promovido por Descartes, sostiene que los sentidos no son fuentes fiables de conocimiento. La razón, al prescindir de Los sentidos y concentrarse sobre sí
misma, puede llegar a descubrir en su interior verdades innatas, absolutamente seguras e innegables. A partir de esas verdades o primeros principios, se puede llegar demostrar la existencia del alma y de Dios.
2. El émpirismo, representado principalmente por los filósofos ingleses John Locke y David Hume, afirma que el conocimiento humano no puede traspasarlos limites de La
experiencia sensible. Para los empiristas no existen ideas innatas, la única realidad que se puede conocer es la realidad empírica, porque la realidad que no impresiona la
sensibilidad no es accesible a la razón.


Los sentidos


Gracias a los sentidos, los animales entran en contacto con la realidad exterior y también con las transformaciones que se producen en sus propios cuerpos. El cerebro recibe toda esa
información, la procesa y posteriormente emite una respuesta ante la estimulación que ha activado las zonas cerebrales. Los sentidos, pues, nos permiten relacionarnos con la realidad
extracerebral.
Durante siglos se pensó que el ser humano poseía exclusivamente cinco sentidos. En cierta forma, muchas personas siguen creyéndolo dentro de su ingenuidad científica. Pero la realidad es bien distinta, ya que el ser humano posee un número elevado de receptores sensoriales.
Según la clasificación de Wenger y Jones, se distinguen cuatro tipos de receptores sensoriales:
a. Exteroceptores: Se hallan situados esencialmente en la superficie del organismo, por lo que su función consiste en captar la estimulación del medio ambiente. Responden,
por tanto, a estímulos originados fuera del cuerpo. Son exteroceptores los cinco sentidos clásicos: visión, audición, olfato, gusto y tacto.
b. interoceptores: Se hallan dentro del organismo; están localizados en los aparatos respiratorio, digestivo, urogenital y, en general, dentro de las vísceras. Reciben la estimulación interna, tal como el calor o el frío de los órganos corporales. Su respuesta consiste esencialmente en alteraciones viscerales. Gracias a ellos obtenemos sensaciones de hambre, de sed, de bienestar, etc.
c. Propioceptores. Están situados en los músculos, tendones, articulaciones, etc. Básicamente controlan las respuestas musculares. Estas sensaciones nos permiten andar, dominar el equilibrio del cuerpo, etc.
d. Nociceptores; Se encuentran repartidos por todo el organismo. Reaccionan primordialmente ante estímulos nocivos, transmitiendo al cerebro sensaciones de dolor primordialmente.


La percepción subliminal


En la década de los cincuenta, en un cine de New Jersey, se llevó a cabo una experiencia sobre percepción cuyos resultados levantaron gran polémica científica. Mientras se exhibía una película, fueron proyectadas sobre la pantalla diversas frases publicitarias, tales como «Tome Coca-Cola*
Se conoce con ese nombre a la percepción que se produce por debajo del umbral de la conciencia. De esa manera, la persona no sabe o no es consciente de que está percibiendo
ciertas sensaciones, aunque se supone que la estimulación a la que está sometida su cerebro provoca efectos sobre él. Lo grave de este tipo de percepción es que, al no ser consciente el sujeto, no puede defenderse de sus efectos. Debido a sus posibilidades manipuladoras sobre las conciencias, pronto se prohibíó legislativamente el uso de esta técnica con fines publicitarios o ideológicos.
Aunque está prohibido el uso de la técnica subliminal empleada en el experimento del cine de New Jersey, la publicidad actual utiliza otros procedimientos subliminales que no están penalizados legislativamente. Una técnica subliminal muy empleada en publicidad es la de utilizar objetos fálicos para incrementar el efecto atractivo sexual que buscan con el anuncio. Así, nosotros vemos un objeto aparentemente inocente, pero nuestra percepción subliminal asocia ese objeto
a actitudes o deseos sexuales.


Escala de Inteligencia

Los primeros tests que se asemejan a los tests de inteligencia modernos fueron diseñados por el psicólogo francés Alfred Binet a fines del Siglo XIX. En 1881, el Gobierno francés aprobó una ley que hacía obligatoria la asistencia de todos los niños a clase. Anteriormente, a los estudiantes rezagados se los dejaba en el hogar, pero ahora los maestros debían ocuparse de una amplia gama de diferencias individuales. El gobierno le pidió a Binet que creara un test que detectara a
los niños cuyo aprendizaje era tan lento que no podían sacar provecho de un plan de estudios estándar.
Binet daba por sentado que la inteligencia debía medirse en relación con tareas que requiriesen capacidades de razonamiento y resolución de problemas, más que con habilidades motrices y de percepción.
Binet consideraba que un niño lento o rezagado era como un niño normal, con un crecimiento mental retardado. En los tests, el niño lento mostraba un nivel similar al de un niño normal más joven, mientras que las capacidades mentales de los niños brillantes eran carácterísticas de niños mayores. Binet diseñó una escala de ítems de la prueba de dificultad progresiva, que medía los tipos de cambios en la inteligencia comúnmente asociados con el crecimiento. La edad mental (EM) del niño aumentaba de forma proporcional con el nivel de la escala al que éste llegaba contestando los ítems correctamente. El concepto de edad mental era clave en el método de Binet. Con este método, la EM de un niño podía ser comparada con la edad cronológica (EC) determinada por su fecha de nacimiento.
Los ítems del test originariamente desarrollados por Binet fueron adaptados para los alumnos estadounidenses por Lewis Terman de la Universidad de Stanford. Terman estandarizó la administración del test y establecíó normas de nivel por edad, presentando el test a miles de niños de distintas edades.
Terman conservó el concepto de Binet de edad mental. Asimismo, Terman adoptó un práctico índice de inteligencia sugerido por el psicólogo alemán William Stern.
Este índice es el cociente intelectual (CI), que expresa la inteligencia como una proporción
de la edad mental respecto de la edad cronológica:
CI = (EM/EC) * 100


Los criterios de verdad


a)

La verdad como correspondencia o adecuación


En líneas generales se corresponde con el criterio de verdad empírica de las ciencias e la naturaleza; la verdad depende de la correspondencia entre lo que se afirma en la proposición y la realidad, y sólo puede determinarse por contrastación con la experiencia; por ejemplo, la proposición «hoy llueve» será verdadera si podemos comprobar que llueve.
Esta teoría, que ya fue expuesta por Aristóteles tiene la virtud de coincidir con el sentido común, Sin embargo, cuando se profundiza un poco más se torna problemática. Situar
la verdad en el acuerdo o adecuación entre el pensamiento y la realidad supone dos premisas
cuando menos cuestionables:

-Que existe una «realidad objetiva e independiente del pensamiento.
-Que el pensamiento puede acceder a esta realidad externa a él y concordar con ella.
La aceptación de ambos supuestos conduce al Realismo. Su negación nos lleva al idealismo. Y en cualquier caso, no está muy claro que la realidad sea «eso que percibimos por los sentidos» por lo que si queremos mantener este criterio de verdad deberemos afinar al máximo nuestro concepto de realidad.

b) La verdad como coherencia o no contradicción
Corresponde en términos generales al concepto de verdad formal de las matemáticas y la lógica: la verdad depende de la coherencia o no contradicción de la proposición con el resto
de las proposiciones del sistema al que pertenezca. Por ejemplo «3+2=5» es una proposición aritmética que es verdadera porque no contradice las reglas de la suma.
Esta teoría tiene la virtud de definir el concepto de verdad sin necesidad de hacer referencia a una realidad exterior. No necesitamos salir del pensamiento para determinar qué es lo
verdadero o lo falso. Por eso, la exactitud y seguridad de las matemáticas.
Por ejemplo, el enunciado, «la suma de los ángulos de un triángulo es de 180° es verdadero en la geometría euclidiana, porque se desprende de sus axiomas y principios. También se adecúan a la verdad como coherencia las deducciones de la lógica proposicional.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *