Impresiones de descarte

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Hume

1.EL Empirismo DE LOCKE Y Hume. Locke demostró que no existen ideas ni principios innatos. Locke se pregunta qué significa que ciertas ideas sean innatas. Cabe entenderla de dos maneras: o bien que toda mente los posee y los reconoce explícitamente o bien que la mente los posee implícitamente. Según Locke, en ninguno de los dos sentidos resulta aceptable la hipótesis innatista: a)No hay argumento sólido alguno para afirmar que existen principios explícitamente. El argumento que suele utilizarse es el del consenso universal; no existe este supuesto consenso universal, si lo hubiera no podría deducirse de él que tales principios son innatos. B)Locke se muestra igualmente crítico respecto la cual los principios innatos se poseen implícitamente. A este argumento replica Locke que el reconocimiento de estas verdades no comporta en absoluto que serán innatas y que si tales verdades se consideraran innatas, entonces habría que admitir que nuestra mente está llena de conocimientos innatos. El innatismo es una hipótesis carente de fundamento, ya que el origen de los conocimientos puede explicarse aceptando que proceden de la experiencia.
¿Cómo se originan nuestros conocimientos a partir de la experiencia? Tomar nuestras ideas complejas y descomponerlas hasta encontrar las ideas simples de que proceden, tomar nuestras ideas más simples y estudiar cómo se combinan y asocian formando ideas complejas. Se trata de estudiar los mecanismos psicológicos de asociación y combinación de ideas (psicologimo). LA NOCIÓN DE IDEA. El conocimiento es siempre conocimiento de ideas: no conocemos directamente la realidad, sino nuestras ideas de la realidad. Para Locke las ideas son el objeto inmediato de nuestro conocimiento o percepción y las ideas son imágenes o representaciones de la realidad exterior. Locke distingue entre ideas simples e ideas complejas; estas últimas provienen de la combinación de ideas simples. A)
Ideas simples: distingue dos subclases: las que provienen de la sensación(experiencia externa) y las que se originan en la reflexión (experiencia interna). Por reflexión obtenemos la idea de pensamiento. Dentro de las ideas de sensación, distingue las ideas de las cualidades primarias (figura) y las ideas de las cualidades secundarias (color). B)Ideas complejas;la idea de sustancia: En el conocimiento de las ideas simpes, el entendimiento humano es pasivo; en las ideas complejas, el entendimiento es activo. Distingue tres clases de ideas complejas: de sustancias, de modos y de relaciones. La sustancia, el soporte de las cualidades es incognoscible, es «un no se qué». Por tanto, no conocemos el ser de las cosas, conocemos sólo aquello que la experiencia nos muestra, es decir, un conjunto de cualidades sensibles. Al tratar de la existencia real, Locke distingue tres grandes ámbitos del yo, Dios y los cuerpos: 1-De la existencia del yo tenemos certeza intuitiva («pienso, luego existo»), 2- De la existencia de Dios tenemos certeza demostrativa (la existencia de Dios puede ser demostrada utilizando el principio de causalidad, Dios es la causa última de nuestra existencia), 3-De la existencia de los cuerpos tenemos certeza sensativa (nuestras sensaciones son producidas por ellos, razonamiento causal).

2.Hume:TEORÍA DEL CONOCIMIENTO. Nuestro conocimiento se elabora a partir de percepciones, que se pueden dividir en impresiones e ideas, y la actividad del entendimiento, combina ideas simples, formando ideas complejas. PERCEPCIONES. Son contenidos de conciencia; son de dos tipos: 1-Impresiones: son los actos inmediatos de la experiencia. La experiencia puede ser externa o interna, hay dos tipos de impresiones: impresiones de sensación e impresiones de reflexión; mediante las impresiones las impresiones de sensación conocemos las cualidades de los objetos del mundo exterior; mediante las impresiones de reflexión conocemos nuestros estados internos. 2-Ideas: son copias derivadas de las impresiones; se diferencian de las impresiones en que son más débiles que las impresiones y pueden aparecer en un orden temporal distinto. Otras carácterísticas son: no hay ideas innatas, las ideas no se obtienen por abstracción, tampoco son arquetipos ejemplares, ni universales, ni modos del pensamiento. La imaginación produce ideas complejas agrupando las impresiones o ideas simples; agrupación que se produce siguiendo tres leyes: 1-Ley de semejanza: nos hace agrupar ideas en virtud de un parecido o identidad, 2-Ley de contigüidad en el espacio y en el tiempo: tendemos a establecer una relación entre las ideas en base a su proximidad temporal o espacial, 3-Ley de causalidad (relación causa-efecto): en toda relación causa efecto lo que en realidad cemos siempre es que a un hecho sigue otro hecho contiguo. TIPOS DE CONOCIMIENTO. 1-Relaciones entre ideas. Este conocimiento se refiere a la relación existente entre las ideas; estas idea procedentes de la experiencia, la relación entre las mismas es independiente de los hechos; se formulan en proposiciones analíticas y necesarias, 2-La experiencia, justificación y límite del conocimiento de hechos. El conocimiento de hechos no puede tener otra justificación que la experiencia, las impresiones. Al clasificar los elementos del conocimiento en impresiones e ideas, Hume sienta las bases del empirísmo más absoluto. ¿Queremos saber si una idea cualquiera es verdadera? Muy sencillo: comprobemos si procede de alguna impresión.
Si podemos señalar la impresión correspondiente, estaremos ante una idea verdadera; en caso contrario, estaremos ante una ficción. Nuestros conocimientos están, pues, limitados por las impresiones.

3CRÍTICA DE LA IDEA DE SUSTANCIA Y CAUSALIDAD Y 4.COSTUMBRE Y CREENCIA. Nuestro conocimiento de los hechos queda limitado a las impresiones y a las ideas, pero no puede haber conocimiento de hechos futuros, ya que no poseemos impresión. ¿Cómo podemos estar seguros de que tendremos impresiones de los hechos futuros? Hume observó que en todos los casos nuestra certeza sobre lo que acontecerá en el futuro se basa en una inferencia causal. La idea de causa es la base de nuestra inferencia acerca de los hechos de los que no tenemos una impresión actual. Hume observa que esta relación se concibe normalmente como una conexión necesaria (no puede no darse) entre la causa y el efecto. Como esa conexión es necesaria, podemos conocer con certeza que el efecto se producirá necesariamente. Idea verdadera es la que corresponde a una impresión. ¿Tenemos alguna impresión que corresponda a esta idea de conexión necesaria entre dos fenómenos? No, nunca hemos observado que exista una conexión necesaria entre ambos hechos. Lo único observable es que entre ambos hechos se da una sucesión constante, que tras lo primero siempre sucede lo segundo. Que además de esta sucesión constante, existe una conexión necesaria entre ambos hechos es una suposición incomprobable. Resulta que no sabemos, simpemente creemos, suponemos que sucederá así. Que nuestro conocimiento de los hechos futuros por inferencia causal no sea conocimiento, sino creencia no significa que no estemos absolutamente ciertos acerca de los mismos: todo tenemos certeza absoluta. Esta certeza proviene del hábito, de la costumbre. ¿Hasta dónde es posible extender la certeza basada en la inferencia causal? La inferencia causal solamente es aceptable entre impresiones: podemos pasar de una impresión a otra, pero no de una impresión a algo de lo cual nunca hayamos tenido experiencia.


1-La realidad exterior. Según Locke, la existencia de los cuerpos como realidad distinta y exterior a las impresiones o sensaciones se justifica en una inferencia causal. Esta inferencia es inválida, a juicio de Hume, ya que no va de una impresión a otra, sino de las impresiones a una pretendida realidad, que está más allá de ellas y de la cual no tenemos impresión. Conclusión: La creencia en la existencia de una realidad corpórea distinta de nuestras impresiones es injustificable apelando la idea de causa. 2-La existencia de Dios. Locke había utilizado el principio de causalidad para fundamentar la afirmación de que Dios existe. A juicio de Hume, esta inferencia es injustificada porque no va de una impresión a otra, sino de nuestras impresiones a Dios, que no es objeto de impresión alguna. Ahora bien, si la existencia de un mundo distinto de nuestras impresiones y la existencia de Dios no son racionalmente justificables, ¿de dónde provienen nuestras impresiones? No lo sabemos no podemos saberlo: pretender constestar a esta pregunta es querer is más allá de nuestras impresiones y éstas constituyen el límite de nuestro conocimiento. Tenemos impresiones, no sabemos de dónde proceden. 3-El yo y la identidad personal. Había sido considerada indubitable no sólo por Descartes sino también por Locke, como objeto de una intuición inmediata. La crítica de Hume alcanza a la realidad del yo como sustancia, como sujeto permanente de nuestros actos psíquicos. La existencia del yo no puede justificarse apelando a una pretendida intuición, ya que sólo tenemos intuición de nuestras ideas e impresiones y ninguna impresión es permanente, sino que unas suceden a otras de manera ininterrumpida. El yo no es ninguna impresión, sino aquello a que se supone que nuestras ideas e impresiones se refieren. Si alguna impresión originara la idea del yo, tal impresión habría de permanecer invariable ya que se supone que el yo existe de este modo. Sin embargo, no hay impresiones constante e invariables. No existe el yo como sustancia, como sujeto de la serie de los actos psíquicos. Esta afirmación de Hume no permite explicar fácilmente la conciencia que todos poseemos de nuestra propia identidad personal. Para explicar la conciencia de la propia identidad, Hume recurre a la memoria; gracias a ella reconocemos la conexión existente entre las distintas impresiones que se suceden; el error consiste en que confundimos sucesión con identidad. Hume se dio cuenta de que su explicación no era satisfactoria, lo que le llevó a una actitud escéptica. FENOMENISMO Y ESCEPTICISMO. Los principios empiristas de su filosofía llevan a Hume al fenomenismo y al escepticismo. El conocimiento humano es un entramado de impresiones e idea que se asocian entre sí: no podemos encontrar ningún fundamento real de la conexión de las percepciones, ningún principio de unidad que sea distinto de ellas mismas: no conocemos una realidad exterior distinta de las percepciones; ni tampoco una sustancia pensante o yo como sujeto de las mismas. La realidad queda reducida a fenómenos. El fenomenismo lleva emparejada una actitus escéptica: Permitanme ser escéptico.

5.LA MORAL (EMOTIVISMO MORAL). Código moral es un conjunto de juicios a través de los cuales se expresa la aprobación o reprobación de ciertas conductas. La distinción entre lo bueno y lo malo se basa en la razón: ésta puede conocer el orden natural y determinar qué conductas y actitudes son acordes con el mismo; el conocimiento de la concordancia o discordancia de la conducta humana con el orden natural es el fundamento de nuestros juicios morales. Hume considera que el conocimiento intelectual no es ni puede ser el fundamento de nuestros juicios morales. Su principal argumento es: la razón no puede determinar ni impedir nuestro comportamiento; ahora bien, los juicios morales determinan e impiden nuestro comportamiento; luego los juicios morales no provienen de la razón. La premisa menor («los juicios morales determinan e impiden nuestro comportamiento») es evidente. La premisa mayor («la razón no puede determinar ni impedir nuestro comportamiento») se sigue de la teoría del conocimiento de Hume. En efecto, el conocimiento es o bien de relaciones entre ideas o bien de hechos. El conocimiento de las relaciones entre ideas (matemáticas) por sí mismo no impulsa a su aplicación: se aplican a las técnicas cuando se persigue un fin. En cuanto al conocimiento fáctico, se limita a mostrarnos hechos y los hechos no son juicios morales. Los juicios morales no se basan en la razón, se basan en el sentimiento. El sentimiento moral, es un sentimiento de aprobación o reprobación con respecto a ciertas acciones y maneras de ser de los seres humanos; es natural y desinteresado. Hume recoge una línea de pensamiento desarrollada en Inglaterra en el Siglo XVIII por Shatesbury y Hutcheson, corriente que ha encontrado su continuación en la doctrina del emotivismo moral.

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