Herencia mórbida

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2.3 Razón y fe
San Agustín dudaba de como el ser humano podría llegar al conocimiento de las verdades. Buscó esa respuesta em el maniqueísmo, pero no estaba satisfecho con ella. Adoptó el escepticismo, pero después dijo que este pensamiento se auto superaba, ya que el que duda sabe que está dudando. Y esta capacidad le llevó a aceptar varias verdades: la existencia de un yo, de un sujeto. Cuando se pasó al cristianismo, siguió reflexionando sobre las posibilidades y los límites del conocimiento. Creía que se podía acceder a un conocimiento porque los sentidos nos dan información de estas. San Agustín era filósofo, era un hombre que tenía como objetivo comprender la verdad cristiana. Decía que la fe y razón eran diferentes, pero que ambas ayudaban al objetivo del hombre. La razón ayudaba a obtener la fe, pero la razón no es compatible con la fe. Este decía que para alcanzar el conocimiento se necesitaba tener autoconciencia. En nuestros interiores encontraríamos la verdad y la realidad. Con esto podremos tener acceso a las verdades, pero que solo es posible si tenemos la iluminación divina. Esta iluminación es necesaria para tener conocimiento, a esto lo llamó sabiduría y que el alma no estaría completa si no alcanza la sabiduría. Esto hace ver que es uno de los grandes deseos del hombre, el amor, y este amor era de gran importancia a su vez la del conocimiento platónico.


2.2 Demarcación entre neoplatonismo y cristianismo
Según San Agustín, pese a que la filosofía neoplatónica habla de Dios, confirma que todo
procede de él y que el hombre quiere reencontrarse con él, dicen que el proceso que emana
desde Dios hasta la naturaleza como un hecho el cual no interviene con la voluntad de Dios.

2.4 Dios y el mundo

San Agustín decía que todas cosas del mundo tienen en Dios ideas ejemplares, en un sentido platónico, desde la eternidad. A partir de estas, se crea el mundo. Esta teoría representaba la cristianización del pensamiento tanto de Platón como de Plotino. Este buscaba ajustar la cultura indoeuropea, idea de mundo eterno, con la cultura judía, idea de mundo creado. Diferencia las ideas que creen que es eterno, que el mundo ha sido creado, todas las cosas no son necesarias y su causa es Dios. La importancia de las cosas es porque se encarnan en la mente divina. El mundo material fue creado junto con el tiempo. Antes de que se creara el mundo no existía el tiempo, solo Dios eterno, es decir, que no estaba fuera de tiempo ni existía el antes y el después. Esto resulta un problema. San Agustín muchas veces se sorprende con los grandiosos asuntos que se plantea. Pero llega a considerar que ni pasado ni futuro existen, solo el presente, ya que el pasado es lo que recordamos y futuro lo que imaginamos.


2.5 Visión del ser humano

San Agustín interpretaba al ser humano dependiendo del modelo dualista platónico: el hombre tiene un alma inmortal y un cuerpo mortal. Esta alma no existíó eternamente, sino que fue creada por Dios. Y como herencia del pecado original tenemos un cuerpo que domina el alma. Todos tenemos el llamado pecado original, creado por Adán y Eva; con esto se explica el porqué el hombre va hacia el mal. Y para ser salvados necesita la gracia divina. 

Este tratará sobre el libre albedrío en uno de sus libros; con estas reflexiones del pensador, este tema iba a ser una cuestión abierta y constante en el pensamiento occidental.

La libertad es el deseo de amar y tener la felicidad. En el cristianismo, Dios era el bien supremos; gracias a él el hombre alcanza su felicidad y tiene todo lo que anhela. Cuando el ser humano lo desea y le ama, tendrá su total libertad y el hombre libre hará lo que quiera para su beneficio.

El libre albedrío es esa capacidad que tenemos para elegir con libertad, pero es frágil debido al pecado original. Solo podremos elegir y hacer el bien si tenemos la gracia divina, el don que da Dios a sus elegidos. Con la gracia, el libre albedrío se convierte en libertad y hace el bien.


1.3 La patrística

Una de las primeras cosas que hicieron los pensadores del cristianismo fue hacer entender el mensaje cristiano y hacer que se sepa diferenciarlos con los Evangelios (libros que estaban en el Nuevo Testamento de la Biblia). Con la extensión de la fe se empezaron a exigir saber interpretar de la forma correcta los pasajes bíblicos; adoptar conceptos de la filosofía griega que serían necesarios para saber sobre este pensamiento y distinguir entre razón y fe. También, tenían que evitar que hubiera herejías.

Los cristianos que desarrollaron esto son los padres de la Iglesia. Este periodo se llama patrística y se comprende entre los siglos II hasta el VII. A estos se les solía llamar apologistas o defensores del cristianismo. Muchos habían sido convertidos y estos luchaban contra los paganos y contra sectas que no iban a favor del cristianismo.

Los padres se centraron en adoctrinar creencias cristianas. El personaje más destacado en esta época era San Agustín, gracias a su filosofía se determinó el pensamiento del medievo.

Dos vertientes: la patrística latino-occidental y la patrística greco-oriental.

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