Fuentes del marxismo socialismo utópico

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El socialismo utópico

Los socialismo utópicos fueron teorías de diferentes individuos entre finales del s. XVIII y la 1ª mitad del s. XIX que pretendían crear una sociedad más humana en oposición a la deshumanización generada por la industrialización. Entre los utópicos más famosos están:

  • Ø El francés Saint-Simón.
  • Ø El ingles Robert Owen.

Robert Owen por ejemplo, fue un industrial que intento aplicar sus propias teorías en su fábrica. El término de utópico fue aplicado por Marx que consideró a estos socialistas como soñadores bien intencionados. En cambio el consideraba a su socialismo científico y filosófico.

Marxismo

El marxismo es una doctrina elaborada por los filósofos alemanes Marx y Engels. Sus textos más famosos son El Manifiesto Comunista y El Capital. Marx repudia a los socialistas anteriores calificándolos de utópicos, al tiempo que considera a su socialismo científico por creer que está llamado a realizarse necesariamente, por seguir las leyes de la historia.

Marx era desde el principio un filósofo materialista y ateo e hizo su tesis doctoral sobre los filósofos mecanicistas, presocráticos que basaban en el átomo el origen del universo. Pero la verdadera fuente de su filosofía es la concepción dialéctica de la realidad del gran filósofo alemán de la generación anterior Hegel.

La teoría de la dialéctica se basa en la idea de que el universo es producto de una sustancia inicial que se va desenvolviendo por la oposición de contrarios, tesis y antítesis que al enfrentarse se destruyen generando la síntesis (una nueva realidad que conserva lo mejor de la tesis y de la antítesis y la supera. Pero Hegel era un filósofo idealista, de manera que para él la sustancia inicial era el espíritu o la idea y su universo era panteísta.
Marx toma la concepción de la dialéctica pero prescinde de toda irrealidad porque para él solo cuenta la materia.

Y así surge la teoría del materialismo histórico.

Por ello, para Marx la historia está formada por clases sociales que a lo largo de los tiempos se enfrentan unas a otras hasta alcanzar el término de la historia: un momento en el que surja una sociedad sin clases y en la que los hombres alcanzarán la felicidad. Marx consideraba que la época de la revolución industrial se acercaba hacia la finalidad de la historia porque se había generado una clase burguesa minoritaria, pero cada vez más rica frente a una inmensidad de personas cada vez más pobres. Así pues, la revolución sería imparable, especialmente porque la burguésía había generado su riqueza apropiándose del beneficio del obrero, la plusvalía. Para Marx, el valor de los objetos se basaba únicamente en el trabajo empleado en producirlos, y llegaba la parte correspondiente al capital invertido y al capital humano, por lo que el beneficio debía corresponder en su totalidad al obrero.

Marx consideraba que debía existir un partido comunista que organizara la revolución, liderado por revolucionarios profesionales y que sus directrices fueran elegidas dictatorialmente. El gran imperativo moral era llevar la revolución a su término y para conseguirlo podían saltarse todas las normas modales y el derecho que según Marx eran creaciones de la sociedad burguesa que no eran aceptables.

En consecuencia, la ética marxista se sitúa al margen de toda moral y no respeta ni la verdad ni la vida humana, ya que todo es aceptable para conseguir el triunfo de la revolución. Esta concepción se basa en el desprecio hacia el ser humano, al que se le niega cualquier aspecto espiritual que lo privilegie en el mundo, y se reduce a su corporeidad material. Así el marxismo rompe con la tradición filosófica iniciada en Grecia. Grecia consideraba al hombre un ser natural cuyo lugar era el universo pero que ocupaba dentro de él, un lugar privilegiado porque su carácter racional era el único que daba sentido al mundo.

Para Marx, en cambio, lo importante es la sociedad y la fuerza dialéctica que la hace progresar y a esto se sacrifica la vida humana.

Las teorías marxistas fueron superadas por la historia, ya que la aparición de la 2º revolución industrial llevó a la creación del estado social.


En consecuencia, la ética marxista se sitúa al margen de toda moral y no respeta ni la verdad ni la vida humana, ya que todo es aceptable para conseguir el triunfo de la revolución. Esta concepción se basa en el desprecio hacia el ser humano, al que se le niega cualquier aspecto espiritual que lo privilegie en el mundo, y se reduce a su corporeidad material. Así el marxismo rompe con la tradición filosófica iniciada en Grecia. Grecia consideraba al hombre un ser natural cuyo lugar era el universo pero que ocupaba dentro de él, un lugar privilegiado porque su carácter racional era el único que daba sentido al mundo.

Para Marx, en cambio, lo importante es la sociedad y la fuerza dialéctica que la hace progresar y a esto se sacrifica la vida humana.

Las teorías marxistas fueron superadas por la historia, ya que la aparición de la 2º revolución industrial llevó a la creación del estado social.

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