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Simone de Beauvoir, promotora de las ideas de emancipación femenina del Siglo XX, expresa a través de su vida y su obra
El segundo sexo, se expresa un modelo de mujer liberal y liberadora. Dicha obra, respondíó a las inquietudes femeninas del momento y la consagró como pionera del campo de investigación llamado estudios de género. En esta publicación, denuncia el sistema en el que existe un sexo dominado y un sexo dominador: el sistema social de género patriarcal. Gracias a ella se ha aprendido que feminidad y masculinidad son mitos culturalmente construidos. El axioma de la obra no nacemos, nos hacemos, invita a la invención de la propia existencia. Cada cosa que somos resulta de nuestra libertad.
Incluso cuando la elección se da en un marco de opresión infligida, nuestra responsabilidad moral exige valentía y compromiso. Una vida auténticamente humana es una vida con proyectos y metas que exigen, sin excusas, responsabilidad moral con uno/a mismo/a y con los/las demás. Liberar con nuestra libertad. Esta es su propuesta filosófica. Una parte de la obra de Simone de Beauvoir corresponde al existencialismo, a una hermenéÚtica propia. Para empezar, tres son las preguntas que dan sentido a la investigación de Beauvoir: ¿Qué es una mujer?, ¿Por qué la mujer es la alteridad? Y ¿Cómo viven las mujeres su situación?. En la primera de estas preguntas, Beauvoir problematiza el concepto objeto de consideración y posibilita la reflexión filosófica. En lo referente a la segunda pregunta podemos afirmar que se trata de la fase regresiva del método, es decir, el método regresivo-analítico. En cuanto a la tercera pregunta podemos decir que se trata de la fase progresiva de la investigación, es decir, el método progresivo-sintético. La obra de Simone de Beauvoir se caracteriza por tener una perspectiva existencialista, es decir, se basa en el principio sartriano de que la existencia precede a la esencia. No hay una esencia o naturaleza que nos defina. Nos define nuestra libertad, nuestras elecciones. Como Sartre afirma: el hombre y la mujer están condenados a ser libres. Dicha libertad, implica a otros ya que las decisiones que uno toma afectan a los demás. No puedo realizarme como ser libre pisoteando la libertad de los demás. Además, nuestro yo se construye interactuando con otras subjetividades, es decir, con otros sujetos. Esta responsabilidad moral provoca angustia y exige un compromiso. Los principios del existencialismo parecen fecundos para el feminismo al concebir al ser humano como libertad, como creador de proyectos y como proyecto propio. Esta filosofía emancipadora que invita a actuar como seres libres, invita a las mujeres a actuar como corresponde a todo ser humano. Es más, puede demostrar la falacia del eterno femenino, el cual es un conglomerado de carácterísticas que se les atribuye a las mujeres. También, a dicho eterno femenino se le puede llamar feminidad. 


Cuando Beauvoir afirma que no se nace mujer, se llega a serlo, su compromiso con el existencialismo es incuestionable. Ante la ausencia de algo llamado la naturaleza humana, la existencia precede a la esencia. Por tanto, Beauvoir traslada el antiguo problema entre el esencialismo y el antiesencialismo a la feminidad: “la mujer no nace, se hace”. Su situación en el mundo no es más que un constructo sociocultural. La propia autoconciencia de lo que ser mujer significa depende directamente de la comprensión de lo femenino de una determinada “sociedad-cultura”. A pesar de las similitudes entre el satirismo y su filosofía, en los 90 Beauvoir dejó de ser asimilada con el existencialismo de su compañero. ¿Por qué? Tenemos cuatro razones//La primera es que el existencialismo no es una corriente filosófica homogénea ya que posee matices muy distintos según los autores. Por ejemplo, el existencialismo ateo con rasgos místicos de Heidegger o con rasgos más trágicos de Sartre o más hedonistas de Beauvoir. Además, está el existencialismo con tendencia al solipsismo que se basa en concebir al ser humano como ser para-sí y no requiere de otros para existir como el de Sartre. Frente a este existencialismo existe aquel que concibe al ser humano como un ser-con-los-otros como el de Beauvoir o Heidegger. A continuación, existe el existencialismo más cercano a la ilustración como el de Beauvoir el cual acepta el progreso moral, frente al existencialismo de Sartre que no lo acepta. La segunda se basa en que Beauvoir asimiló otros elementos tomados de aquí y de allá que pasó por su propia rejilla a pesar de posicionarse en el existencialismo. Esta autora, tenía una gran facilidad para comprender los textos y ello le permitíó incorporar a Kierkegaard, Husserl, Hegel, Marx, Voltaire y Montaigne. Todos estos textos dieron la capacidad de identificar su existencialismo debido al carácter propio que estos poseían. Su obra, El segundo sexo, muestra la incorporación genuina de conceptos de otros filósofos tanto existencialistas como no existencialistas. La tercera razón es que da un giro singular a algunos conceptos del existencialismo compartidos. La cuarta y última razón es que su perspectiva filosófica está marcada por su temperamento, su situación y sus motivaciones con su amor a la vida y al disfrute del momento, su alegría de vivir y su capacidad de goce.//Por tanto, Beauvoir configuró un existencialismo que no se podía intercambiar con ninguna de sus fuentes pese a que está más cercano al de Sartre. El existencialismo de Beauvoir se basó en: 1- Poseer toques hedonistas e ilustrados, como la idea de progreso. 2- Ser una filosofía humanista, de la libertad, abierta al otro y a la situación y de carácter marcadamente moral. 3- Concebir al ser humano como trascendencia y como constitutivamente temporal, lo que implica, una visión evolucionista de la historia y de la actividad humana que no pierde de vista la facticidad que rodea nuestra existencia. 

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