Filosofo heraclito-ideas

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  Tema Nº 1. La teoría de las Ideas 
 En la teoría de las Ideas de Platón afirma la existencia de dos mundos separados y distintos: por un lado, el mundo sensible de los objetos que nos rodean; por otro, el mundo inteligible de las Ideas. Platón ilustra esta dualidad de mundos con el célebre «mito de la caverna», expuesto en La República, libro VII, el texto que estudiamos. El mundo sensible es fugaz, sometido a transformaciones continuas y en él las cosas carecen prácticamente de realidad, porque no tienen en sí mismas su propia esencia.
En el mito se corresponde con el interior de caverna. El mundo verdaderamente real es el mundo inteligible, donde cada Idea tiene existencia por sí misma y es una esencia. En el mito este mundo está representado por el exterior de la caverna.
  Las Ideas son esencias: el verdadero ser de las cosas, su esencia, está no en las cosas, sino en las Ideas. El mundo sensible tiene realidad en tanto que participa del mundo de las Ideas. La Idea es una realidad permanente, inmutable, eterna, que no puede existir en el mundo cambiante y engañoso de los sentidos. Las Ideas, en tanto que esencias, son arquetipos, modelos eternos, formas insuperables. La tarea de los filósofos es sacar a los hombres del mundo sensible de las apariencias y conducirlos hasta el verdadero ser de las cosas, al mundo de las Ideas, el mundo verdadero, el mundo verdaderamente real. La Idea es lo verdaderamente real, lo que existe con más realidad, pero también aquello en lo que reside el verdadero conocimiento. Lo ontológico y lo epistemológico, el ser y el conocimiento, se unen en las Ideas.
Las Ideas existen separadas de las cosas particulares. No son un rasgo o carácterística común que esté en las cosas. Son realidades que poseen una existencia independiente de la mente humana: cada Idea existe como una realidad trascendente a las cosas
Las Ideas tienen idénticas carácterísticas a lo que el filósofo presocrático Parménides llamaba “el ser”: cada Idea es única, eterna e inmutable. Pero son también incorpóreas, y no pueden ser captadas por los sentidos como cualquier objeto, sino conocidas solamente por la inteligencia; son inteligibles, por lo que Platón habla de mundo inteligible. Las cosas concretas, por el contrario, son múltiples, temporales y mutables. 
Respecto a la relación existente entre las Ideas y las cosas, Platón dice que es de participación o imitación: las cosas participan de las Ideas o las imitan. Y las Ideas están, de alguna manera, presentes en las cosas. También afirma que las Ideas son causa de las cosas, no porque las produzcan, sino porque constituyen su verdadera esencia; o que sirven de modelo para las cosas particulares. En este sentido, las cosas concretas parecen perder su realidad en Platón, pues quedan reducidas a mero reflejo o imitación de las Ideas, pero carentes de valor por sí mismas. 
    Platón establece una cierta jerarquía entre las Ideas; en La República se mencionan tres Ideas que Platón considera superiores a las demás: la de Bien, la de Belleza y la de Justicia. Pero la Idea superior a todas es la de Bien, la que da consistencia a todas las demás. Es el ser por excelencia; de él derivan la Belleza y la Justicia. Es como la luz que ilumina todo y permite contemplar las demás Ideas. La Belleza vuelve bello el mundo de las realidades físicas. Por su parte, la Justicia armoniza las distintas partes del alma de cada individuo y regula el funcionamiento de la sociedad. En el correcto conocimiento de estas tres Ideas consiste según Platón la sabiduría. 
Pero la teoría de las Ideas o de la realidad es inseparable de la manera que tiene Platón de entender al ser humano. Platón defiende lo que se llama un dualismo antropológico, o una teoría que distingue dos partes en el ser humano. Puesto que su concepción sobre el mundo es dualista (lo divide en dos: mundo de las Ideas y mundo sensible), también lo es su concepción del ser humano, en el que distingue claramente alma y cuerpo.
Esta dualidad se muestra en el mito de la caverna cuando Platón compara la subida al mundo “de arriba” con la ascensión del alma al mundo inteligible. La superioridad del mundo de las Ideas sobre el sensible se traduce en la teoría del ser humano en una prioridad absoluta del alma sobre el cuerpo, hasta el punto de afirmar que «el hombre es su alma». Alma y cuerpo forman una unidad accidental. Según Platón el cuerpo es la cárcel del alma y supone un lastre negativo para ella, pues le crea necesidades, enfermedades, deseos y temores que le obstaculizan la búsqueda de la verdad. Es un estorbo del que el alma tiene 
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