Fases de la duda metódica Descartes

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Tiene una actitud parecida a la de Sócrates. Voy a desmontar los prejuicios, todo lo que se dice, todo lo que he aprendido en la escuela, a lo largo de la vida he ido adquiriendo conocimientos y ahora voy a someter todo esto a la duda.
Voy a comprobar si todo esto que me han enseñado es verdad o no. Es la actitud socrática, es la actitud que defiende la filosofía moderna. Esta actitud de examinar todo lo que está aquí no debe cambiar nunca. ¿Porque asumo con la verdad lo que estoy asumiendo?Entonces Descartes somete a la duda todo lo que ha aprendido y va a buscar algo que no tenga ningún tipo de duda de que es cierto. La primera lectura desde el exterior de esta actitud es dejar de creer en la autoridad de los antiguos. Esto es radicalmente moderno. A partir de ahora yo busco por mismo lo que es verdad y lo que no. Es una actitud individualista porque parte de uno mismo y hay una decisión de cuestionar todo lo heredado. Meditación es un término que viene del latín de la Edad Media. En la Edad Media había tres grandes actitudes que la primera era la lectio (lectura de la biblia), la meditatio y la completatio. A partir de la lectura de la Biblia, medito e intento comprender y finalmente cuando llego a la comprensión hay una completatio de que llego a contemplar finalmente la verdad que es Dios. Este es el proceso medieval de ascender en el conocimiento.      Aquí no hay una lectio porque Descartes está eliminando todas las sagradas escrituras, pero si hay meditación porque empiezo a sopesar lo que conozco o no. Descartes empieza a meditar siempre con la intención de dudar de todo. ¿Qué es aquello de lo que duda desde al principio? Curiosamente aquello que duda es lo mismo que todo aquello que ha dudado durante toda la tradición empezando por Parménides. Hay que dudar de la opinión que tenemos de las cosas. Estas opiniones se basan en escuchar lo que otros nos dicen y creer que es verdad. Pero Descartes pone la opinión en más relación con la información obtenida a través de los sentidos. Yo puedo ver de lejos lo que creo que es una persona y cuando me acerco más y lo compruebo se trataba de un árbol. Los sentidos nos pueden engañar. Descartes marca una pauta sistemática, metódica y radical. Va a dudar absolutamente de todo. Entonces aquí Descartes utiliza la estrategia de que o bien estoy loco o estoy soñando. Cuando estoy soñando también creo que todo está ocurriendo. ¿Por qué no puede ser todo esto un sueño? Pero si ya hay la más pequeña probabilidad de duda ya hay que someterlo a la duda y eliminarlo como candidato a establecer los fundamentos de la verdad. Este tema del sueño o de la ilusión es un tema muy Barroco. Este tema Barroco de que todo es un sueño, un teatro, una ilusión se recoge en el arte y en la arquitectura del Barroco. Las pinturas murales que se hacen en los techos para abrirse a un espacio en perspectiva engañaba a la gente. Este paso de la visión antigua a lo moderno provoca una situación de desconcierto. ¿Qué es la verdad? Esto que se busca, lo que se está perdiendo y aquí surge la figura del teatro, del sueño, etc. Resumiendo, ya están descartados los sentidos. Pero, Descartes dice que hay algo muy cierto de lo que no podemos dudar que son las matemáticas y la geometría. Entonces, Descarte supone la idea de que hay un Dios que lo está engañando. Es un Dios malo que pone todo su interés y capacidades en engañarme. Cuando yo pienso que 2+2 son 4, me está engañando. Como Dios es todo poderoso me está engañando y puedo dudar de las matemáticas también. ¿Entonces que me queda? Llega a la conclusión de que cuando yo pienso que 2+2 es 4, Dios me podrá engañar en el resultado, pero no en el hecho de que estoy pensando. El hecho de dudar hace que lleve un ejercicio de pensamiento, de pensar. Esto es una verdad. Los contenidos se pueden desmontar todos con la hipótesis del Dios engañador, pero no a la hora de realizar el ejercicio del pensamiento. De aquí, Descartes extrae su lema “Cogito ergo sum = pienso luego existo”.

Descartes llega a la verdad de que existe en la medida de que está pensando.
Es decir, existe el pensamiento. Esta es la primera verdad que encuentra y la más fundamental porque no se la puede someter a duda. Yo soy una cosa que piensa. Soy una cosa pensante.Esta verdad es una idea tan clara y distinta que no puedo dudar de ella. Llega a una verdad concreta, soy una cosa que piensa, y también llega a otra segunda verdad que le servirá para ganar otras verdades a continuación que es cualquier cosa que se me presente con la misma evidencia con la que se me presente esta primera verdad no lo podré negar. Tendré que aceptarlo como una verdad nueva. A partir de ahora tendrá que ver cuáles son las verdades que se le presentan de manera clara y distinta. Es aquí cuando llega a las verdades matemáticas. Esta verdad que es una cosa concreta me presenta a la vez una regla para aceptar lo que es verdad y lo que no. Es una regla que he de adoptar siempre para saber que he de tomar como cierto y qué no.  Sin embargo, Descartes vuelve a retomar la hipótesis del Dios que le engaña. ¿Y qué pasa si Dios me engaña con esta regla de verdad? Tendrá que demostrar que Dios no lo puede engañar. Descartes va analizando las ideas que tiene de Dios y él ve que tiene la idea de Dios en sí mismo. Y esa idea de Dios es la de un ser todopoderoso, eterno, infinito. ¿Entonces se pregunta, como puede ser que yo, un ser finito, haya generado una idea de infinito? Alguien la ha puesto en mí. ¿Y quien la ha puesto? Un ser infinito. Y llego a la conclusión de que Dios debe de existir solo para ponerme la idea de infinito. Este Dios no tiene nada que ver con el Dios cristiano. Esto es deísmo. Dios solo existe para que yo pueda tener un criterio de verdad. Tengo que recurrir a Dios para demostrar mi epistemología, es decir, mi teoría del conocimiento. Dios es aquí totalmente servicial a esta necesidad humana de conocer. Entonces si existe un Dios que es un ser infinito, un ser infinito no puede mentir ni engañar. Engañar es una carencia y como Dios es perfecto no tiene carencias. Si no me puede engañar yo ya puedo utilizar la regla de verdad. Lo que cumple la regla, lo que es claro y distinto, quiere decir que es verdad, que es verdad que existe.
¿Qué puedo decir de verdad del mundo que me rodea? Solo lo que tiene traducción matemática. Y aquí llega a formular su dualismo cartesiano que es que existen dos cosas: yo que pienso y la cosa extensa (la realidad que me rodea, pero solo una realidad matemática). Aquí recupera de Galileo la distinción entre las cualidades primarias y secundarias.
De la realidad solo puedo afirmar la extensión, es decir, lo que es cuantificable. Lo que no es cuantificable está sometido a la duda (los colores, sabores…). Descartes reduce la realidad que nos rodea a una pura abstracción matemática. Descartes no ha hecho otra cosa que demostrar mediante argumentos filosóficos lo que ya hizo la perspectiva del Renacimiento. La perspectiva del Renacimiento es una anticipación, mediante otra vía que es la del arte, pero para llegar a demostrar todo eso. 
Alberti decía que solo hay que representar en pintura solo aquello que es esencial en las cosas y lo esencial de las cosas es lo que la perspectiva muestra. Hay un dualismo radical entre el sujeto que piensa y una realidad totalmente matematizada/mecánica/cuantificable. Este sujeto que piensa también tiene pasiones, también siente, pero esto ya forma parte de la subjetividad de uno. Aquí se recupera con otra clave moderna un tema antiguo que es la distinción entre el cuerpo y el alma. El alma de antes era algo espiritual, ahora es la subjetividad de cada uno (emociones, sentimientos, recuerdos, sueños). Esto está dentro de la res congitans.
Y fuera de él, incluido su cuerpo, es un puro mecanismo, un autómata. Descartes compara a los animales como autómatas en movimiento siguiendo sus propios instintos. Cada uno de nosotros tiene un cuerpo extenso con el que puedo hacer cirugía y abrir el cuerpo y dentro me encontraré con res extensa, con cuantificación. Dentro del cuerpo no está la res congitans.

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