Fase expositiva del método científico

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El pensamiento de Kant y la creencia de que existe la necesidad de llevar a cabo una crítica a la razón surgen por dos motivos. El primero de ellos es la situación de “minoría de edad” en la que se encuentra la mayor parte de la sociedad: viven de modo no ilustrado, de espaldas a la verdadera razón, sin utilizarla libremente debido a prejuicios, tradiciones, etc. de tal modo que no conocen la verdadera libertad, que es lo que otorga la razón. El segundo motivo para realizar esta crítica son las distintas interpretaciones de la razón que se han dado en la historia del pensamiento: los racionalistas afirmaban que la razón por sí sola era capaz de conocer la verdad y ofrecer una explicación de la realidad. Los empiristas afirmaban que el conocimiento se reducía a la experiencia y los irracionalistas sólo admitían al sentimiento como fuente de conocimiento. Estas interpretaciones antagónicas de la razón impónían, según Kant, una crítica a la razón para averiguar cómo se producía realmente el conocimiento científico y sus límites, para averiguar si la metafísica, que hasta entonces no era una ciencia, podría llegar a serlo
alguna vez. Este es el problema fundamental desde el que Kant enfoca toda la crítica. Según Kant, la metafísica se encontraba en situación de inferioridad respecto a las


otras ciencias por dos motivos: el primero es que mientras las ciencias progresan continuamente, apoyándose en lo anteriormente realizado, la metafísica avanza dando palos de ciego, retrocediendo constantemente y debatiendo los problemas ya planteados por Platón y Aristóteles. El segundo motivo es que mientras los científicos se ponen de acuerdo
entre ellos, los filósofos se llevan constantemente la contraria. Por estas razones Kant afirma que no es una ciencia, pero se pregunta si podrá llegar a serlo. Analizando la matemática y la física, se da cuenta de que encontraron el camino de las ciencias tras una revolución, un cambio de método y plantea la hipótesis de que la metafísica se encuentre en la situación de no haber encontrado el camino correcto que la convierta en ciencia, por lo que propone aplicar ese cambio de método para averiguar si puede llegar a serlo. Ese cambio de método es lo que Kant denomina “giro copernicano”. Según él, hasta entonces, racionalistas y empiristas estaban cometiendo un error a la hora de interpretar el conocimiento; lo concebían como algo propio del sujeto pero centraban su atención en el objeto de conocimiento. Kant llevará a cabo este “giro copernicano” en el conocimiento y centrará su atención en el sujeto que conoce porque el hombre es el que recoge los datos empíricos


las impresiones sensibles, para elaborarlas y estructurarlas, dando lugar al conocimiento. Así pues, el sujeto es un elemento activo en el conocimiento que da su manera de ser a los objetos, los cuales solo se conocen en cuanto que el hombre los adapta a su sistema de conocer. El conocimiento para Kant consta, pues, de dos elementos: un elemento material, que son los datos empíricos y que varían de una situación a otra, y un elemento formal, que son las condiciones transcendentales, universales y a priori (al margen de la experiencia sensible) que aporta nuestra razón y permiten elaborar los datos empíricos, dando lugar al conocimiento. Lo que Kant pretenderá será averiguar cuáles son esas condiciones trascendentales que permiten el conocimiento científico y a partir de ahí establecer los límites del mismo, para averiguar si la metafísica se encuentra dentro o fuera de esos límites. Para ello Kant analizará las tres facultades de conocimiento: sensibilidad, entendimiento y razón. La sensibilidad es la facultad pasiva por la cual recibimos las sensible, e “intuiciones puras” porque no son conceptos que elabore el entendimiento y son vacíos de contenido. Estas condiciones trascendentales ordenan y estructuran las impresiones sensibles, localizándolas en un espacio y tiempo determinados. De esta primera elaboración surge el fenómeno que es “lo que se presenta a nuestros sentidos”. La facultad de la 


sensibilidad la analiza Kant en la “Estética Trascendental”, donde también afirma que la matemática es una ciencia por emplear juicios sintéticos a priori, ya que los juicios de la matemática están basados en el espacio y en el tiempo. Pero para Kant, el fruto de la sensibilidad no es conocimiento, sino simplemente percepción. El entendimiento tendrá que recoger los fenómenos (elemento material) y reelaborarlos y estructurarlos mediante unos conceptos (elemento formal), dando lugar así
al conocimiento intelectual. Kant distingue entre dos tipos de conceptos: los conceptos empíricos, que elabora el
entendimiento a partir de la experiencia sensible mediante generalización y abstracción (a posteriori); y los conceptos puros, que elabora al margen de la experiencia (a priori). Según Kant, el entendimiento aplica estos conceptos puros o categorías a los fenómenos para estructurarlos y dar lugar al conocimiento científico. Se trata de conceptos vacíos de contenido que solo pueden ser aplicados a aquello de lo que se tenga una experiencia sensible, es decir, los fenómenos. Esto lleva a Kant a distinguir entre dos conceptos: fenómeno y noúmeno. Fenómeno es lo que se muestra a nuestros sentidos, la realidad en tanto que es conocida. Noúmeno es la “cosa en sí”, la realidad al margen de nuestro conocimiento de ella. Es también un


concepto límite, aquello que escapa a nuestras facultades de conocimiento, el límite de lo que podemos conocer. Son todas aquellas realidades de las que no tenemos experiencia sensible y que, por lo tanto, no podemos conocer aunque sí pensar.
Esta facultad del entendimiento la analiza Kant en la “Analítica Trascendental” donde afirma también que la física es una ciencia por emplear juicios sintéticos a priori, ya que los juicios de la física están basados en las categorías. Por último, en la “Dialéctica Trascendental”, Kant analiza la razón, que es la facultad de lo incondicionado ya que busca la condición última que le permita explicar y unificar todo el conocimiento. Según Kant, la razón tiende a ir más allá de la experiencia sensible,
elaborando ideas sobre lo extraempírico. Así, mezclando las distintas categorías, elabora unas ideas o juicios universales: alma, mundo, Dios, que es lo que Kant denomina “ideas englobantes” que le permiten unificar y englobar todo el conocimiento. Mediante la idea de alma englobamos todos los fenómenos internos; bajo la idea de mundo todos los fenómenos externos; y la idea de Dios nos sirve para englobarlo todo, ya que Dios es causa del alma y del mundo, de toda la realidad. Como estas ideas están formadas a partir de las categorías y no tenemos ninguna experiencia sensible de ellas, Kant dirá que son noúmenos, “puros entes pensados”, por lo que no


podremos aplicarles las categorías (que solo se pueden aplicar a los fenómenos) para obtener un conocimiento científico de ellas; no podremos conocerlas aunque sí pensarlas. De todo esto Kant extrae una consecuencia inmediata: si no se puede tener conocimiento científico de estas ideas, y estas ideas son el objeto de la metafísica, entonces la metafísica jamás podrá ser una ciencia. Una vez demostrado que la metafísica no puede ser una ciencia, Kant se plantea el poder llegar a alcanzar un conocimiento de estas ideas en el ámbito de la moral, de la razón práctica, que abarca los noúmenos. Dirá que estas ideas son postulados de la razón práctica y la metafísica quedará, pues relegada al ámbito de la moral, de la razón práctica. Una vez llevada a cabo la crítica y la vista de las conclusiones, Kant se pregunta sobre la utilidad de esta crítica a la razón. Dirá que a primera vista puede parecer que su utilidad es negativa, pues restringe el conocimiento científico al ámbito de la experiencia sensible, de lo fenoménico, ya que sólo se pueden aplicar las categorías a los fenómenos. Pero a continuación afirma que su utilidad también es positiva porque hace que nos demos cuenta de que cuando sobrepasamos los límites de la experiencia, no ampliamos nuestro conocimiento, sino que reducen otros usos o empleos de la razón, en concreto de la razón práctica, amenazando incluso con suprimir este ámbito de la razón práctica. 


De manera que una crítica que relega la razón teórica a su campo a favor de la razón práctica, es muy positiva, ya que se eliminan los obstáculos con que antes se encontraba la razón práctica. Ésta será la conclusión final de la Crítica de la razón pura, la distinción entre los dos ámbitos de la razón, la razón teórica y la razón práctica, así como la delimitación del ámbito
de la ciencia a la experiencia sensible y su separación del ámbito de la moral.


“Metafísica y ciencia”: según Kant, la metafísica se encontraba en situación de inferioridad respecto a las otras ciencias por dos motivos: el primero es que mientras las ciencias progresan continuamente, apoyándose en lo anteriormente realizado, la metafísica avanza dando palos de ciego, retrocediendo constantemente y debatiendo los problemas ya planteados por Platón y Aristóteles. El segundo motivo es que mientras los científicos se ponen de acuerdo entre ellos, los filósofos se llevan constantemente la contraria. Por estas razones Kant afirma que no es una ciencia, pero se pregunta si podrá llegar a serlo. En su Crítica de la Razón pura (CRP), Kant se propuso descubrir si la Metafísica era posible como Ciencia. Para hacerlo también tenía que descubrir cómo era posible la propia Ciencia. Kant no dudaba que ésta fuera un conocimiento fiable, sino que intentaba saber por qué lo es. Pretendía identificar así qué elementos conforman el conocimiento científico para compararlos con la Metafísica, de manera que si los cumplía considerarla como tal o, en caso contrario, no. Según Kant, el elemento básico que hace que un conocimiento sea científico es lo a priori: la necesidad (que un conocimiento no pueda ser de otra manera) y la universalidad (que siempre ocurra del mismo modo). Las leyes científicas tienen validez universal y expresan la 


existencia de una relación necesaria en la Naturaleza. Además, a juicio de Kant, en el conocimiento científico se dan dos condiciones: unas son empíricas (asociadas a la información de los sentidos), y las otras son internas al individuo, que son las que la mente humana impone a la información que procede del exterior. Las primeras vienen de fuera de la mente y las segundas son esos elementos a priori. El objetivo de Kant era encontrar y definir estos últimos elementos, es decir, averiguar lo que de a priori hay en el conocimiento de la Matemática y de la Física (sus dos modelos de Ciencia). Analizando la matemática y la física, se da cuenta de que encontraron el camino de las ciencias tras una revolución, un cambio de método y plantea la hipótesis de que la metafísica se encuentre en la situación de no haber encontrado el camino correcto que la convierta en ciencia, por lo que propone aplicar ese cambio de método para averiguar si puede llegar a serlo. Ese cambio de método es lo que Kant denomina “giro copernicano”. Por eso, Kant sometíó a la Metafísica a un análisis racional, a una crítica para saber si es Ciencia o no. Ese examen de la Metafísica arrojó como resultado el que podamos pensar en ella de dos maneras. En la primera, que sí que sigue el camino de la Ciencia, Kant la entiende como “Teoría del conocimiento”, la suya propia: el Idealismo trascendental. 


Esta primera parte sí que sigue el camino de la Ciencia porque estudia y descubre qué hay de a priori en el conocimiento humano en general (lo transcendental). Sin embargo, la segunda parte de la Metafísica, es decir, el conocimiento sobre Dios, Alma y Mundo de la Metafísica tradicional, no ha alcanzado el camino seguro de la Ciencia porque no cuenta con la participación de la experiencia. Esta división nace en última instancia de la influencia de la sistematización que Ch. Wolff realizó de la Filosofía de Leibniz, que dividía la Metafísica en dos partes: Teoría del conocimiento y el estudio de Dios, alma y mundo.


La filosofía de Kant ha sido calificada como idealismo crítico o idealismo transcendental. Kant se sitúa en el centro de toda la tradición filosófica moderna, pues constituye un punto crucial. Es el más destacado representante de la Ilustración, su obra es la más alta cumbre de la Ilustración alemana y del Racionalismo crítico. Por un lado, recoge toda la tradición idealista desde Platón hasta Descartes, sometíéndola a una severa crítica y confrontándola con los resultados del Empirismo. Kant corrige el idealismo dogmático o absoluto cartesiano y lo transforma en idealismo crítico. Así, desempeña el papel de heredero legítimo de los problemas filosóficos planteados por el Racionalismo y el Empirismo, es la respuesta a la confrontación entre el pensamiento de Descartes y el de Hume. Por otro lado, hereda el viejo problema aristotélico de la Metafísica, tratando de darle en la Crítica de la razón pura una solución definitiva. Desde este punto de vista están en su obra las huellas de las grandes cuestiones que propone tanto la filosofía griega como la cristiana. Así, pues, Platón y su idealismo, Aristóteles y el problema de la Metafísica, san Agustín y santo Tomás con la problemática de la existencia de Dios, Descartes y Hume y la preocupación de ambos por el problema del conocimiento, son los antecedentes más claros de la filosofía kantiana. Además, hay que tener en cuenta la importancia que tiene en el pensamiento


kantiano el surgimiento de la ciencia moderna y, sobre todo, la Física de Newton como una constante referencia. En otro sentido, la repercusión de su pensamiento es incalculable. Kant será uno de los filósofos más influyentes en todo el pensamiento de Occidente. De Kant parten las principales corrientes del pensamiento moderno y contemporáneo. Toda la filosofía alemana posterior toma a Kant como punto de referencia. El idealismo ROMántico (Fichte, Schelling) que culmina con Hegel se constituye en torno a sus principales tesis: la razón, el yo, la dialéctica, la naturaleza, la historia. De él parte, en otra dirección, la filosofía de Schopenhauer que influye en la de Nietzsche, aunque tomándolo como referencia crítica. En la segunda mitad del Siglo XIX se produce un retorno a Kant, tras el predominio de Hegel por un lado y del positivismo por otro. Este retorno fragua en el neokantismo, primero de la Escuela de Marburgo (Cohen, Natorp, Cassirer), que ve en Kant sobre todo al teórico del conocimiento, y luego de la Escuela de Baden (Windelband y Rickert). También reciben la influencia de Kant el historicismo alemán (Simmel y Dilthey), así como la Fenomenología de Husserl, que se inspira en Kant y Descartes. Heidegger escribe su Ser y Tiempo a partir de una reflexión sobre la metafísica kantiana, en la que es central el concepto de tiempo. El marxismo del Siglo XX critica a Kant como pensador burgués.


pero un sector toma de él aspectos de su filosofía práctica (L. Goldmann). El kantismo penetra en Francia, Italia y Gran Bretaña de la mano de los principales pensadores nacionales. En España, Ortega y Gasset declaró haber vivido durante años en la atmósfera kantiana y lo consideraba imprescindible para pensar a la altura de nuestro tiempo. En las últimas décadas del Siglo XX, es notable la actualidad que ha adquirido Kant, sobre todo en el campo de la ética, la estética y la filosofía de la historia, sin olvidar la enorme influencia ejercida entre los juristas (Kelsen), que se mantiene aún viva.

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