El juicio ordinario

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Tras rechazar el saber escolástico, propone un método y nos indica que debemos dudar de todo lo que creemos saber. Esta duda es metódica, un instrumento para alcanzar su objetivo: la intuición de una idea clara y distinta, evidente, sobre la que no quepa la más mínima duda. Su intención no es anular el conocimiento sino encontrar principios ciertos, sobre los que construir conocimiento verdadero. Al someter todo a duda, se plantea también QUÉ PRINCIPIOS MORALES pueden guiar nuestra vida mientras encontramos principios absolutamente ciertos. Pues, podemos suspender nuestros juicios, afirmar o negar, creer o no creer. Pero NO PODEMOS SUSPENDER NUESTROS ACTOS, no podemos dejar de actuar y tomar decisiones diariamente en nuestra vida cotidiana.

¿Cómo actuar, cuando nada es seguro, cuando todo vale y, por tanto, nada vale? Cómo conciliar: la irresolución provisional de nuestro juicio.
La necesaria resolución de nuestra voluntad, sin caer en el amoralismo. Trata de suplir la ausencia momentánea de certeza. Como no puedo permanecer irresoluto en mi vida diaria tengo que establecer una moral provisional que me marque unas normas para actuar correctamente. Esta moral provisional tiene tres reglas: La primera regla, obedecer las leyes y costumbres de mi país (No debemos entenderla como una muestra de conformismo acrítico, que supondría una aceptación pasiva de lo que hay.
Esta recomienda guiarnos por las opiniones de los hombres más sensatos, lo que precisa de observación y juicio. En caso de incertidumbre o duda, hasta que encontremos nuestros propios principios ciertos, lo mejor es atenernos a la tradición siguiendo a los más moderados y sensatos.). En la segunda, acción, no parálisis, Descartes propone la acción, no la parálisis. Actuar es preferible a la indecisión paralizante. Debemos continuamente decidir y actuar en la vida, y una vez tomada una decisión llevarla a cabo de forma constante, aunque no tengamos certeza.

(Analogía del viajero que se ha perdido en un bosque, no deben vagar errantes dando vueltas de un lado para el otro ni aún menos detenerse en un lugar sino caminar siempre lo más recto que puedan hacia un mismo lado y no cambiar el rumbo por débiles razones aun cuando no haya sido tal vez sino sólo el azar el que les haya determinado a escogerlo. De esta manera si no llegan a donde desean, al menos llegarán a alguna parte donde estarán mejor.)

Y por último, la tercera regla, conocida por ser dueños de nuestros juicios, la cual tiene influencia estoica, sigue el principio de que no nos afectan tanto los objetos como el juicio que emitimos sobre ellos. Se distingue claramente entre: Aquello que depende de nosotros y podemos controlar (juicios, deseos…) de aquello que está al margen de nuestra voluntad (mundo, sociedad, cuerpo…). Así, si nos afectan nuestros juicios sobre los objetos más que nuestros objetos, si conseguimos hacernos dueños de nuestros pensamientos, podremos alcanzar la felicidad. 

Descartes reconoce que la razón es importante para definir el campo de nuestras acciones, de la moral. Ante la falta de certidumbre debemos conformarnos con una moral provisional. Con una moral provisional se corre el riesgo de error, pero el error es preferible a la inacción. Como tenemos que obrar continuamente, corremos el riesgo de equivocarnos, corremos el riesgo de ser como ese paseante perdido en el bosque que no sabe cómo salir y toma distintos caminos, sin llegar nunca a salir. Propone que tomemos un camino recto y no lo dejemos, al final saldrá del bosque. Que tomemos una elección, solo una, y la sigamos firmemente, en vez de andar dando vueltas en círculos. La moral provisional es un seguro contra el amoralismo. Será nuestra guía hasta que la razón pueda decir la última palabra. Pero Descartes nunca elaboró una moral racional definitiva. Las máximas morales están claramente influenciadas por autores precedentes. 

Montaigne: Seguir las leyes, costumbres y religión del propio país, vista la diversidad de costumbres. Aristóteles: seguir las opiniones más moderadas, alejadas de todo exceso. Estoicos (Séneca): el consejo de ser firme y constante, o en el de vencerse a sí mismo antes que a la fortuna, no desear lo que no está en nuestro poder. Sócrates/Platón: el intelectualismo moral al afirmar que ha decidido emplear la vida en cultivar la razón, pues “basta juzgar bien para obrar bien”. La originalidad de Descartes radica en aplicar el proceso de revisión de sus opiniones a la moral.

La moral provisional, es tan solo una moral de moderación, para no caer en el amoralismo, es decir, la falta de moral, en un momento de la vida en la que no se tiene ningún tipo de certeza sobre nada, pero en el que es imposible suspender los actos propios, ya que durante toda la vida se hacen elecciones y se toman decisiones constantemente. De esta forma, a la hora de tomar decisiones se pueden seguir una serie de reglas o máximas en las que está basada esta moral provisional, para que así resulte menos complicado, la primera es seguir el ejemplo de los más sensatos del país en el que se viva, la segunda ser firme con las decisiones que se toman y seguirlas, y la tercera, que es más fácil modificar algo de lo que eres dueño y que depende de ti mismo, como tus juicios. Descartes obtiene estas máximas de influencias de autores precedentes. Como conclusión, indica que es mejor que cada hombre se dedique a la mejor ocupación (estudio, filosofía…) ya que lo conducirá hacia la felicidad.  Aunque en la moral provisional se corre el riesgo del error, hay que evitar por todos los medios la indecisión, ya que es mucho mejor tomar una opción y cometer un error, que quedarse paralizado y no actuar. De esta forma. Descartes presenta su moral provisional.

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