El juicio ordinario

3.2.1 El contrato como sumisión: Hobbes

La teoría contractualista de Hobbes sobre el origen del Estado puede denominarse un contrato de sumisión, esto es, de sometimiento de los individuos al poder absoluta del Estado (asamblea o soberano).
Sus supuestos y puntos principales son los siguientes:
1) El hombre y el Estado, como cualquier otra realidad, son materia en movimiento.

. Pasión_y_deseo, apetencia_y aversión caracterizan la naturaleza y la conducta humanas.
El instinto de autoconservación y el poder como medio de satisfacer las * necesidades y las pasiones mueven a los hombres., entonces se produce la guerra de todos contra todos.

2) tal es el estado de naturaleza»–: «el hombre es un lobo para el hombre».
Y como, por tanto, el precepto -natural de acuerdo_y entendimiento entre los hombres-no «stá garantizado ni se cumple, se hace necesario un poder superior que lo imponga «sin la espadad los pactos no son sino palabras
3) El Estado viene requerido desde esa necesidad de erigir un poder co­mún y superior que ponga paz en la guerra de todos contra todos. Ello tiene lugar mediante un pacto o contrato.

a) Cada individuo entrega y enajena su poder.

b) La elección de uno que representa a todos y en quien se aúnan todas. Voluntades
c) A ese uno se le reconoce todo poder; de él se acata toda acción, a fin de que vele por «la la paz y la seguridad común.
4) El soberano y estado ese leviatán o Dios mortal, tiene un poder absoluto
5) En relación con el poder del soberano del estado y kien lo ejerce, el
resto_de los hombres no son sino súbditos.
Para un Estado absoluto como el hobbesiano no hay ciudadanos.

>3.2.2 El contrato líberáis Locke

1) Locke considera, a diferencia de Hobbes v de Rousseau que el hombre es social por naturaleza.

2) El estado de naturalezaen que vive el hombre es un estado de com­pleta libertad y de igualdad.
y en el que rige una ley natural que obliga a todos.
En tal estado, el hombre posee una serie de derechos entre los más importantes^ el derecho de seguridad y el derecho de propiedad.
constituir un «cuerpo político» o
Estado, que garantice la vida y los bienes de sus miembros.
«La finalidad máxima y principal –
señala Locke-
que buscan los hombres al reunirse en estados o comunidades, sometiéndose a un govierno, es la salvaguarda de sus bienes» {
Ensayo sobre el gobierno civil. Aguilar, Madrid, 1990).
4)
El contrato o pacto por el que se constituye el Estado no es ni un pacto de enajenación de derechos ni de sumisión o sometimiento a_ un poder absoluto –
3.2.3 El contrate social: Rousseau
Crítica a las teorías anteriores
Rousseau encuentra dos insuficiencias fundamentales en las teorías del contrato de Hobbes y de Locke:
1) En cuanto al primero, considera que su forma de contrato, el contrato de sumisión, niega la libertad natural del hombre y no establece ni per­mite las libertades civiles y políticas.
2) Con relación a Locke, Rousseau busca un contrato mucho más radical en el que el hombre reciba la libertad civil con todos sus derechos. Tin efecto, a juicio de Rousseau, el hombre «natural» no posee derecho y libertad verdaderos con anterioridad a su asociación en el Estado.
No obstante, afirma Rousseau: «El hombre ha nacido libre, y por doquie­ra está encadenado» (véase el texto). ¿Cómo se ha podido producir tal cambio? Y, sobre todo, ¿cómo -se pregunta- hay que instituir un orden social y político que respete la libertad de los hombres? ¿Cómo, en fin, legitimar el poder de ese orden?
Del estado natural se puede salir y pasar al estado civil de dos maneras: por un contrato de enajenación o por un contrato social.

El contrato de enajenación
Un contrato de enajenación sería aquel en el que un individuo enajena (es decir^ da o vende) su libertad, convirtiéndose en esclavo, a cambio de su vida o de una cierta seguridad.
El contrato social
El verdadero vínculo social ha de estar basado en un contrato libre. Es­to no significa, en modo alguno, que en el orden social y político esta­blecido por ese contrato no tenga que haber obligatoriedad de la ley y sometimiento a ella. El carácter genuino del contrato social está, preci­samente, en el sentido del sometimiento a la ley en libertad.

Los seres humanos no se someten sino a la ley que ellos mismos se han impuesto, libre y racionalmente. «Al darse cada uno a todos los demás -señala Rousseau-, no se da a ninguno en particular y, como no existe nin­gún miembro de la comunidad sobre el que no se gane el mismo derecho que el que a cada uno se le permite sobre sí mismo, así cada uno recobra lo que entrega en la misma medida, y recibe, al mismo tiempo, una fuerza mayor para afirmarse a sí mismo y mantenerse en lo que es y en lo que tiene» (op. Cit.). Con ello, los hombres pasan de un estado natural y de necesidad a un estado basado en la razón y fruto de la libertad.
Semejante comuni­dad social estaría, pues, muy por encima del estado de naturaleza.
En el Estado que surge del contrato social:
1) Todos los seres humanos están en la misma situación.

2) Se instituye un orden social y político justo y legítimo.

3) Se constituye, en fin, la voluntad general, es decir, esa comunidad (que no solo es social y política, sino también moral) en la que los individuos pasan a ser ciudadanos, miembros de una sociedad con derechos (los derechos del ciudadano)
Y con deberes, los deberes jurídicos (también morales) que comporta toda organización política y estatal de un Estado de derecho.

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