Diecisiete lecciones de Teoría del Derecho

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Política de Kant:


La filosofía política kantiana entronca con las nociones propias de la filosofía política moderna: el estado de naturaleza y las teorías del contrato social. Hay una naturaleza, anterior a la organización política de los seres humanos, que es la fuente de derechos universales contra los que no se puede legislar, y que actúan por sí mismos como principios de organización de la vida política. Además de los derechos naturales, el legislador, en función de las necesidades históricas, podrá desarrollar leyes (el derecho positivo) que correspondan al desarrollo de la sociedad civil. En el estado de naturaleza, los seres humanos se encuentran en una situación de constante inseguridad, debido a las amenazas de otros que, por derecho natural, siguen su propia voluntad sin tener en cuenta la voluntad de los demás. Viviendo en familia o en pequeñas comunidades, los seres humanos se encuentran a merced de las violencias de otros seres humanos ajenos a su comunidad. En el interior del grupo hay normas de convivencia (derecho privado) y una autoridad que sanciona su incumplimiento. Pero no hay una autoridad que se imponga a todos los grupos dispersos, por lo que no hay seguridad. El Estado civil, instaurado mediante el contrato, supone la sumisión a una autoridad común, por lo que pasa a ser el terreno de la seguridad y del derecho. En el paso del Estado natural al Estado civil no hay ruptura, para Kant, sino continuidad: mediante la imposición de una autoridad común, los derechos naturales, que ya se poseían en Estado natural, se pueden ejercer realmente con seguridad. 

Ética de Kant:


La ética de Kant es completamente diferente a la propuesta por todos sus antecesores, ya que Kant comienza criticando las limitaciones y los problemas que a su juicio presentan todas las teorías éticas elaboradas en el pasado. 

Kant aspiraba a elaborar una ética universal, válida para todos los humanos. Éste filósofo denomina éticas materiales a las teorías elaboradas por los filósofos del pasado, ya que tienen un contenido.

El problema de estas éticas es que en sus propuestas sólo resultan válidas para quienes reconozcan la importancia del objetivo que se trata de alcanzar, por lo que son normas hipotéticas. Estas éticas materiales son heterónomas porque las normas no son establecidas por el propio individuo, sino que provienen de fuera de él. Como hay que recurrir a la experiencia para saber cómo comportarse, deducimos que estas éticas deben ser a posteriori.  Si queremos superar las éticas materiales deberemos elaborar otra teoría que en lugar de hipotética sea necesaria, que en vez de heterónoma sea autónoma y que en vez de a posteriori sea a priori. Debe ser necesaria porque aspiramos a que sea universal y válida para todos; tiene que ser autónoma porque debe ser el individuo el que elabore por sí mismo sus propias normas en vez de seguir las que proceden del exterior y debe ser a priori porque nos gustaría que las reglas de conducta fueran tan claras y seguras que no hiciera falta acudir a la experiencia para saber cómo tenemos que comportarnos. Esta ética en vez de material se llamará formal. La diferencia entre ambas éticas es que la ética formal no nos dice cuáles son las normas que debemos seguir, sino que solo nos indica cómo deben ser esas normas. Dentro de la razón práctica, Kant denomina máximas de conducta a las normas individuales de comportamiento que cada persona debe elegir por sí misma, ya que el individuo es autónomo y debe respetar el imperativo categórico.


Conocimiento Rousseau:


El énfasis en el papel del sujeto es un aspecto esencial de la filosofía moderna que se inicia con la obra de Descartes. Descartes es un filósofo racionalista, ya que rechaza los argumentos de autoridad, afirmando en cambio el poder de la razón para encontrar la verdad. La filosofía de Descartes aspira a diseñar un método que nos permita lograr verdades firmes y seguras sobre las que construir todos nuestros conocimientos. Para encontrar verdades absolutamente indudables, Descartes utilizó la duda metódica que consiste en no aceptar ningún conocimiento que tuviera la más mínima posibilidad de ser erróneo. Descartes va más allá, imaginando un genio maligno que nos engaña y confunde incluso en las cosas que parecen más verdaderas. Esta hipótesis es exagerada, extravagante e inverosímil, y la llega a llamar duda hiperbólica, pero su objetivo con esto era encontrar alguna verdad indudable, ya que al fin y al cabo, no podemos estar seguros de nada.  Descartes pretendía encontrar un camino adecuado para alcanzar verdades firmes e indudables, el cual seguiría una serie de reglas, claras y sencillas, que pretendían servir de orientación para encontrar la verdad. El modelo cartesiano se basa en en el uso sistemático de la razón, que considera la única fuente fiable para encontrar la verdad Según Descartes, dos operaciones que la razón puede emplear para captar conocimientos son la intuición, que proporciona conocimiento inmediato de verdades infalibles que pueden percibirse de forma evidente, clara y distinta. Las verdades más complejas sólo pueden lograrse mediante la deducción, que es un método indirecto que requiere seguir varias etapas encadenadas, y puede ofrecer verdades firmes y seguras si prestamos atención en no cometer errores en la cadena del razonamiento deductivo.  Descartes propone un método para alcanzar la verdad haciendo uso de estas dos operaciones, aplicándolas en cuatro etapas: Evidencia: Base firme y segura de la que parte la búsqueda de la verdad. Análisis: División de la cuestión estudiada en pares más sencillas, para estudiarlas separadamente y de forma individual. Síntesis: Una vez han sido estudiados y resueltos todos los elementos, es necesario recomponer la totalidad del problema para así ofrecer una respuesta completa de la cuestión. Repaso: Repasar con cuidado para asegurar que no se ha cometido un error en el método. Primero se enumeran los pasos para ver que no se ha omitido ninguno, luego se revisa con cuidado todas las operaciones para certificar que no se ha cometido ningún error. Solamente haciendo esto se puede estar seguro de que se ha resuelto el problema.

Problema de la Sociedad Ruso:


En el Discurso sobre el origen y el fundamento de la desigualdad entre los hombres Rousseau analiza el tránsito del hipotético estado de naturaleza al estado social como una degeneración (no un progreso) producto de las desigualdades sociales que surgen con la propiedad privada, el derecho para protegerla, y la autoridad para que se cumpla ese derecho. Las leyes establecidas en toda sociedad son siempre las leyes que defienden al poderoso, al rico y a su poder frente a los no poseedores de propiedad, a los pobres. Esta situación no es superable, según Rousseau, pero puede ser mitigada a través de una sana vuelta a la naturaleza y una educación que fomente el individualismo y la independencia del hombre. Rousseau manifiesta otra manera de paliar la degeneración a la que nos vemos abocados en el estado social, degeneración que resume en su célebre frase «el hombre nace libre, pero en todas partes se encuentra encadenado». Los hombres deben establecer “un nuevo contrato social” que los acerque a su estado natural. Este nuevo contrato es un pacto de la comunidad con el individuo y del individuo con la comunidad, desde el que se genera una voluntad general que es distinta a la suma de las voluntades individuales y que se constituye en fundamento de todo poder político. La soberanía ha de emanar de la voluntad general.  La libertad individual ha de constituirse, a través de la voluntad general, en libertad civil y en igualdad. 


P. DE Dios Tomás de Aquino:


Para él, la filosofía y el resto de las ciencias descansan solamente en la luz natural de la razón. El filósofo utiliza principios que son conocidos por la razón humana y saca conclusiones que son fruto del razonamiento. El teólogo, por el contrario, aunque utiliza su razón, acepta sus principios de la autoridad, de la fe en la Revelación. Algunas verdades son propias de la teología, puesto que no pueden ser conocidas por la razón y son conocidas sólo por la Revelación (los artículos de fe, como el dogma de la Trinidad, por ejemplo), mientras que otras verdades son propias sólo de la filosofía o de la ciencia, en el sentido de que no han sido reveladas (las verdades de razón, como los teoremas de la geometría, por ejemplo). Pero hay verdades comunes a la teología y a la filosofía (como la existencia de Dios, por ejemplo) que han sido reveladas, aunque al mismo tiempo pueden ser demostradas por la razón. A estas verdades comunes las denomina Santo Tomás preámbulos de la fe. Hay que diferenciar entre la teología dogmática, que se ocupa de la doctrina sagrada revelada por Dios, y la teología natural, que es una parte de la metafísica o filosofía, cuyo ámbito propio son esas verdades comunes tanto a la fe como a la razón, considerándolas desde el punto de vista de la razón. Las cinco vías tomistas son cinco argumentos que permiten a la mente humana demostrar la existencia de Dios a partir de la experiencia sensible. Todas ellas recurren al principio de causalidad, que enlaza los hechos empíricos con una realidad suprema que trasciende la experiencia.

La ética tomista adopta un punto de vista eudemonista, considera la felicidad como el bien más elevado de cualquier persona, y teleológico, todas las acciones tienden a un fin. Según Santo Tomás, la felicidad perfecta sólo puede conseguirse en la vida futura y consiste en la visión de Dios. El bien para el hombre es aquello que conviene a su naturaleza, aquello a lo que tiene inclinación natural como ser racional, por lo que la ley moral no es otra cosa que la ley natural, es decir, aquella que emana de nuestra naturaleza. Puesto que deriva de las tendencias de la naturaleza humana, su contenido es evidente, universal e inmutable El hombre tiene, en común con todas las otras sustancias, una inclinación natural a la preservación de la vida. El ser humano tiene también, en común con los demás animales, una inclinación natural a propagar la especie y a criar hijos, y como ser racional, tiene una inclinación natural a buscar la verdad (especialmente la referente a Dios) y a vivir en sociedad. Dado que Dios es el Creador y el responsable del gobierno del mundo existe una ley eterna que es el origen y la fuente de la ley natural, la cual participa de la ley eterna. Santo Tomás define esta ley eterna como la razón que gobierna todo el universo y que existe en la mente divina. Esta ordenación general del Universo no regula del mismo modo el comportamiento humano y el de los otros seres naturales.


Moral Platón:


 

Según Platón, el bien y la justicia existen por sí mismos y son iguales para todos. A su vez era partidario del intelectualismo moral, con lo que expresa que si alguien se comporta incorrectamente no es por que sea malvado, sino que actúa así por su ignorancia.  El problema se encuentra en que no todo el mundo está capacitado para contemplar la Idea de Bien. Solo aquellas personas que renuncien a los deseos y se centren en la razón podrán llegar a contemplarla. De acuerdo con Platón solo las personas en las que predomina el alma racional podrán llegar a contemplar la Idea de Bien., El resto de seres humanos son incapaces  de realizar la ascensión dialéctica. Platón pensaba que cada tipo de alma está relacionada con un tipo de vida asociada a una virtud o excelencia. En una persona que predomina el alma racional destacará la inteligencia, en la que predomina la irascible destaca la valentía y en la que predomina la apetitiva destaca la moderación. Sin embargo, por encima de estas se encuentra la virtud más importante, la justicia. Platón creía que para que en un individuo reine la justicia el alma racional debe controlar al resto. Platón explica esta teoría comparando el alma humana como un carro guiado por un auriga y tirado por dos caballos alados. El auriga representa el alma racional, mientras que los caballos a las almas irascibles y apetitivas, este debe controlar a ambos caballos para ascender hasta el cielo (mundo de las Ideas) y no caer al suelo (mundo sensible).

Problema de la sociedad Platón:


Platón llegó a la conclusión de que para que un sistema político sea justo, es necesario que decidan quienes realmente saben que es lo adecuado. Así que el poder no debe de estar en manos del pueblo sino de los sabios que verdaderamente conocen lo que hay que hacer. Su propuesta política la expresa en La República, que está ligada a su teoría antropológica. De acuerdo con Platón, una sociedad solo será justa si en ella se establece un equilibrio entre los tres tipos de personas que la compone. De esta manera el gobierno se confía a los más sabios, la protección de la sociedad a los soldados y el abastecimiento a los productores. Así en una sociedad ideal quienes tienen un alma apetitiva se ocuparán de cuestiones materiales, en  cambio los que tienen un alma irascible han de ser soldados encargados de defender la sociedad. Por último, el gobierno de la sociedad debe estar reservado a aquellos en los que predomine el alma racional, ya que son los únicos capacitados para contemplar la Idea de Bien y comprender la Justicia. Platón consideraba que los capacitados para llegar a conocer la Idea del Bien eran los filósofos. Por ello el mando debería estar en sus manos, ya que ellos conocen en qué consisten las esencias que forman la verdadera realidad y que deben inspirar nuestra convivencia en la sociedad. Por ello, Platón pensaba que la mejor forma para gobernar era la aristocracia, el gobierno en manos de los mejores. Después y en orden descendente, catalogará a la timocracia (gobierno de los honorables), la oligarquía (gobierno de los ricos), la democracia (gobierno del pueblo que implica la perversión del orden) y, por último, la tiranía (que proviene del desorden democrático). Esta sociedad que presenta Platón es muy rígida y las personas no pueden elegir a que dedicarse sino que ya está definido desde su infancia. Y aunque esta sociedad carezca de libertad, en ella se plantea por primera vez la equiparación entre hombres y mujeres que se consideran igualmente capacitados para gobernar.


Conocimiento Marx:


La obra de Marx es el resultado de una triple influencia: la de la filosofía hegeliana; la de la economía política inglesa y la del socialismo francés. 1. De la filosofía hegeliana conservará algunos conceptos que resultarán fundamentales en su pensamiento. 2. Del socialismo utópico francés tomará las ideas socialistas y revolucionarias de su pensamiento político, como la idea de la lucha de clases. 3. De la economía política inglesa (Adam Smith y David Ricardo), tomará las herramientas técnicas del análisis económico y sobre todo la idea del valor-trabajo como eje articulador de toda actividad productiva. Marx considera que la filosofía de Hegel supónía la afirmación de que todo lo real no era más que una manifestación del Espíritu Absoluto, de la Idea. Marx rechazará esta concepción de la realidad como Espíritu Absoluto, al considerar que no es la conciencia (el pensamiento) la que determina la realidad, sino la actividad material el agente productor de la conciencia. Marx encontrará en la teoría del valor de David Ricardo el punto de partida para su propia teoría del trabajo. Según Ricardo, el valor del trabajo equivale a lo que cuesta renovar, regenerar, la capacidad de trabajo consumida. El patrón ha de pagar al trabajador lo necesario para que éste recupere sus fuerzas y esté en condiciones de seguir trabajando. Pero el trabajo, observa Marx, es una mercancía especial: su consumo no sólo satisface una necesidad sino que, además, genera un producto que es superior a lo consumido, genera plusvalía. Al retribuir al trabajador, mediante el salario, lo necesario para recuperar su «fuerza de trabajo», esa plusvalía no se le restituye, sino que queda en manos del patrón. Y la acumulación de esas plusvalías es lo que da origen al capital. De ahí la producción de las desigualdades sociales, de la división en clases, de la conversión del trabajo en instrumento de alienación y esclavitud, en lugar de realización y libertad de los seres humanos. 

PROBLEMA DE Dios:


La filosofía hegeliana se había bifurcado en dos corrientes, la derecha y la izquierda hegeliana. La izquierda hegeliana, representada por Bruno Bauer y Ludwig Feuerbach (1804-1872) realiza una interpretación crítica de la filosofía de la religión, partiendo de la crítica que Hegel había hecho del cristianismo. Según Feuerbach la causa de la alienación religiosa está en que el hombre no reconoce que la idea de Dios es algo que él mismo ha creado. La idea de Dios es una proyección de las cualidades humanas más elevadas (Reducción de la Teología a Antropología) El hombre no reconoce que la imagen de la divinidad es obra suya y ve a Dios como algo exterior y extraño que le exige adoración y obediencia. Marx creyó que la crítica de Feuerbach a la religión era inadecuada porque este filósofo no consiguió entender la razón última de la aparición de la religión. Marx considera que la alienación religiosa se produce a partir de las propias condiciones miserables de existencia: el individuo se refugia en un mundo trascendente para escapar de la miseria económica real. La religión es un poderoso medio de justificar los privilegios de las minorías dirigentes y de aletargar la capacidad de respuesta del resto de la sociedad (La religión es el opio del pueblo) La superación de la alienación religiosa consiste en la transformación de las condiciones que hacen posible la ilusión religiosa, es decir, consiste en la actividad revolucionaria (praxis) y en la destrucción de la ideología que falsifica la realidad.


Aristóteles Política:


Aristóteles afirma que el hombre es un ser social (político) por naturaleza, y el que no es capaz de participar en la vida social o es demasiado autosuficiente para tener necesidad de ella, o es una bestia o un Dios (es decir, está por debajo o por encima de lo humano) No hay que confundir la sociabilidad humana con la del animal. Los animales son capaces de formar asociaciones (como las abejas), pero Aristóteles insiste en que la asociación humana tiene carácter político, al surgir de la capacidad específicamente humana de hacer distinciones morales a través del lenguaje, señalando lo que es justo o injusto. Según Aristóteles la ciudad o Estado (pólis) es anterior al individuo, lo que no significa un sacrificio del individuo en relación con el Estado, sino que el individuo sólo puede llevar una vida plena y desarrollar sus potencialidades si forma parte de una pólis bien gobernada. De ahí la subordinación de la Ética a la Política Aristóteles clasifica las formas de gobierno utilizando dos criterios: el número de los que gobiernan y el bien que persigan al gobernar, el buen gobierno busca el bien común  y el mal gobierno busca el bien particular del que gobierna. Aplicando estos criterios se obtienen tres formas legítimas de gobierno y tres formas degeneradas. – Monarquía: es el estado gobernado por un individuo que persigue el bien común. La forma degenerada sería la Tiranía. – Aristocracia: es el estado gobernado por unos pocos que persiguen el bien común. En cambio, Oligarquía es el estado gobernado por unos pocos que no persiguen el bien común. – Politeia: es el gobierno de todos los individuos persiguiendo el bien común. Su forma degenerada sería la Democracia. 

PROBLEMA DE Dios:


La Filosofía Primera (Metafísica) no investiga un género particular del ser (como, por ejemplo, la Física, que se ocupa del ser en movimiento) sino el ser en cuanto ser. Es la ciencia más universal, pues estudia aquello que tienen en común todos los objetos físicos: el ser. En el mundo físico nada es plenamente real en la medida en que todo contiene un elemento de materia, de potencialidad no realizada. Por tanto, será parte de la tarea de la Filosofía Primera hallar si existe algún ser que sea actualidad pura, sin las trabas de la materia (potencialidad). Si solamente existieran seres físicos, la Física (Filosofía Segunda) debería ser la ciencia primaria, pero, si existe una sustancia inmóvil, su ciencia es la Filosofía Primera o Teología. Según Aristóteles, el movimiento es el paso del ser en potencia al ser en acto. Para pasar de la potencia al acto es necesaria la acción de una causa. Nada puede moverse, cambiar u originarse por sí mismo porque ello equivaldría a estar en potencia y en acto al mismo tiempo. Pero, puesto que el movimiento existe, debe haber una causa última: un retroceso infinito de los estados intermedios, que causan el movimiento porque a su vez son movidos por otra cosa, no explica nada. En consecuencia, debe existir una sustancia cuya esencia es la actualidad (Acto Puro), sin mezcla de materia o potencialidad: Dios (Motor Inmóvil) Dios mueve el mundo como causa final, como objeto del deseo (igual que el objeto de amor atrae al amante). El impulso interno en todos los seres naturales hacia el logro de su forma propia es visto por Aristóteles como un empeño por imitar (en la medida en que lo permitan las limitaciones de su materia) al ser que es actualidad pura sin materia: Dios. El Dios aristotélico no crea el Universo, que es eterno, sólo lo mueve. El universo no ha tenido un comienzo ni tendrá un final, es eterno como Dios.
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