Concepto de educación según nassif

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Para analizar cuál ha sido la condición de las mujeres desde la perspectiva de la moral existencialista conviene presentar la relevancia que supuso, en la historia de la filosofía occidental, la publicación de la obra El Segundo Sexo de la filósofá Simone de Beauvoir. Este ensayo de filosofía feminista supuso en 1949 (año de su publicación) toda una revolución en la sociedad europea y en los círculos filosóficos y académicos. Por primera vez se teorizaron, de forma crítica, política y radical, cuestiones acerca de la feminidad y de cómo esta afecta a la libertad plena y a los derechos de emancipación de las mujeres. Veremos cómo, en el análisis beauvoriano, convergen el feminismo y el existencialismo, es decir, la autora tratará de analizar cuáles han sido las condiciones que han imposibilitado a las mujeres desarrollar ese proyecto vital propio y auténtico que describe el existencialismo y cómo esta ha quedado reducida a la condición de Alteridad, “lo que no es el hombre”. El eje principal sobre el que se sustenta toda la filosofía beauvoriana es: la desnaturalización de la desigualdad o, lo que es lo mismo, la politización del discurso. Esta clave se expresa de forma evidente en la famosa cita beauvoriana “No se nace mujer, se llega a serlo”.

La filósofá francesa tratará, en la reflexión de su obra, pensar radicalmente “¿Qué es una mujer?” ¿Qué se ha entendido culturalmente como lo femenino? ¿Por qué la insistencia en considerar a la mujer como “lo Otro”? ¿Por qué el existencialismo niega completamente la “condena a la inmanencia” bajo la que ha sido reducida la mujer?. A continuación, veremos como la feminidad guarda relación con la moral existencialista, obstaculizando a las mujeres convertirse en sujetos o en el “ser-para-sí”. Asimismo, nos adentraremos en la complejidad del concepto Alteridad y matizaremos en qué consistiría la “relación de vasallaje” o complicidad con el poder haciendo alusión a la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo. A continuación, se desarrollará la diferenciación establecida por nuestra autora entre sexo y género, así como los términos trascendencia e inmanencia. Por último, concluiremos recogiendo brevemente las soluciones que posibilitarían una convivencia donde tanto hombres como mujeres puedan ejercer una libertad auténticamente humana: “libertad-con-otros”. 

Beauvoir utiliza la categoría de “lo Otro” para describir la situación de la mujer en un mundo que, según la propia autora, le es ajeno, le es masculino, en el que los hombres son quienes tienen el poder y quienes crean el mundo desde un punto de vista androcéntrico, que deja de lado a la mujer. Por esta razón la mujer sólo se determina y se diferencia con respecto al hombre, siendo para él únicamente un cuerpo sexuado. 

La autora afirma, siguiendo el pensamiento de Lévi Strauss, que “la Alteridad es una categoría tan originaria como la conciencia y que es fundamental en el pensamiento humano”. Así afirma Beauvoir que “ningún colectivo se define nunca como Uno sin enunciar inmediatamente al Otro frente a sí”. La autora concibe la Alteridad como un a priori de la especie humana. Por lo tanto, es una categoría universal que encontramos en todas las culturas en un sentido de reciprocidad. Los pueblos primitivos se denominan entre ellos otros, siempre de una manera recíproca, pero Beauvoir observa que esta reciprocidad se pierde cuando la categoría se aplica a la mujer. Así explicará la división de la sociedad en dos grandes grupos, opresores y oprimidos, categorías que corresponden a hombres y mujeres. 

Simone de Beauvoir utiliza la categoría de la otra en el sentido de la fenomenología hegeliana, relación parcial y unilateral de conciencias entre hombre y mujer y, como ya se ha dicho, la ausencia de reciprocidad. Como hemos visto, utiliza esta categoría para explicar la división de la sociedad en dos grandes grupos: opresores (hombre, “Amo”) y oprimidos (mujer, “esclavo”). Es por esto que Beauvoir tomará la dialéctica hegeliana del Amo y el esclavo para abordar la falta de simetría en la relación entre hombres y mujeres. La dialéctica consiste en la relación dinámica entre dos conciencias que luchan por el reconocimiento. El filósofo alemán definía al esclavo como una conciencia que no ha arriesgado la vida y ha quedado por ello supeditada al Amo. Según Beauvoir, la mujer como el esclavo está en relación de asimetría con el hombre (equivalente al Amo) ya que no ha sido capaz de arriesgar su vida, o lo que es lo mismo, de llevar a cabo un proyecto de vida auténtico (concepto fundamental a la hora de comprender el existencialismo beauvoriano). El esclavo se reconoce como humano en la conciencia libre del señor y lo ve como su ideal; del mismo modo, la mujer depende para sus decisiones de la voluntad del hombre: “ella es solo lo que el hombre decide”, y es reconocida, por consiguiente, como Alteridad, lo Otro, lo opuesto, lo que no es el hombre. La mujer, al igual que el esclavo, ha interiorizado la necesidad que tiene del hombre (Amo), la alienación ha hecho que la mujer interiorice la necesidad que tiene del hombre y esto ha supuesto que ésta quede condenada a la inmanencia, ha quedado reducida a “ella es sexo”, a ser-en-sí, a la inmanencia y a la cosificación total. 

En El Segundo Sexo, Beauvoir analiza cómo la situación de la mujer coacciona su libertad, describiendo para ello la opresión patriarcal. Simone de Beauvoir, al igual que Sartre y demás filósofos existencialistas, van a tener la concepción del ser humano como un ser libre; para ellos el ser humano es ontológicamente libertad. Para nuestra autora, el acto fundacional de la moral es aquél en el que el ser humano asume su libertad. Según Beauvoir, la libertad no tiene límites, es infinita, pero está condicionada por la situación. La situación hace que las posibilidades que ofrece la libertad sean finitas, pudiendo aumentar o disminuir desde fuera, por lo tanto la libertad no siempre es absoluta. Para Beauvoir la situación o contexto delimita la libertad, y constituye en muchos casos una barrera impenetrable para el sujeto.
Así, la realización de la libertad depende del conjunto de determinaciones que señalán el contexto.  

Para Beauvoir los proyectos son aquello que diferencia a los seres humanos de los animales, que los rescata de la inmanencia y los conduce a la trascendencia. Los proyectos harán que la vida del ser humano esté en constante movimiento, que no sea estable, un proyecto sólo se acabará cuando se inicie otro. El ser humano se identifica con su proyecto porque es aquello que ha elegido y aquello con lo que se ha comprometido, aquello por lo que ha luchado. El ser humano está continuamente construyéndose.

Para Beauvoir el sujeto no es absoluto ni tiene libertad, es un sujeto social que está en interacción con otros sujetos, es en parte libre y en parte socialmente construido y limitado. 

Hombres y mujeres no constituyen dos categorías simétricas, no se reconocen mutuamente como iguales. El hombre ha afirmado como Sujeto a lo largo del tiempo, pues siempre se ha reconocido lo masculino como lo neutro, como dijo Protágoras: “el hombre es la medida de todas las cosas”; mientras que la mujer lo ha hecho como la Alteridad, quedando así, relegada bajo los intereses masculinos. Las mujeres han sido heterodesignadas por los varones y, por ello, han caído en la denominada por nuestra autora como “mala fe”, la mujer ha tendido siempre a la alienación, a huir de sí y refugiarse en el hombre por la angustia que le produce su libertad, por su imposibilidad de desarrollar un proyecto vital auténtico y de trascender. Asumir la propia existencia con autenticidad requiere de un esfuerzo moral y se opone completamente a la noción de “mala fe”. El hombre se ha impuesto como lo esencial, lo soberano, lo que es Sujeto, lo Absoluto. La mujer ha quedado reducida a lo inesencial, a la Alteridad pura con respecto al Absoluto. La mujer es objeto y no sujeto. El hombre, lo esencial, se afirma para sí, es capaz de ejercer su propia libertad, y la mujer queda relegada al ámbito del en sí, cae en la facticidad, evade su libertad y se somete: “El hombre se concibe sin la mujer pero ella no se concibe sin el hombre”. 

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