Concepto de educación según nassif

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La filosofía surge hacia los siglos VII y VI a. C. En las colonias griegas jonias, en Asía Menor (actual Turquía), e itálicas (Sicilia). Con su nacimiento, el mito sería sustituido por el pensamiento filosófico. Pero este paso no se produciría de forma brusca, pues el pensamiento de los primeros filósofos, conocidos como presocráticos por ser anteriores a Sócrates, se sitúa entre las explicaciones mitológicas y las racionales. Es decir, las primeras propuestas filosóficas, en su intento de explicación del cosmos, retienen elementos mitológicos y se expresan a través de un lenguaje y unos conceptos cercanos al mito si bien proceden ya de una reflexión racional, de un pensar directo, empírico y no simbólico. En consecuencia, las explicaciones filosóficas posteriores se irían desprendiendo poco a poco de los residuos mitológicos hasta ser puramente racionales, sustituyendo definitivamente al mito como explicación de la realidad.

Carácterísticas que ofrecía el logos para sustituir con éxito al mito: 1)

 Supone una explicación de los fenómenos naturales desde la propia naturaleza, es decir, sin recurrir a lo trascendente o sobrenatural. Además, insiste en el valor cognoscitivo (esto es, en la suficiencia) del entendimiento y de la razón para alcanzar el conocimiento.
 2) Procura demostrar las verdades que afirma y defiende la investigación, la reflexión y el diálogo para descubrir las leyes naturales, así como la naturaleza de las cosas.
 3) Su apuesta por la razón hace del logos un medio de comunicación destinado a todos los hombres. Es decir, todo ser humano, en cuanto dotado de razón, contaba con una herramienta para el diálogo y el entendimiento con los demás.
 4) Mientras que el mito da la verdad por alcanzada (es dogmático), el logos es una búsqueda constante de la verdad, siempre está en camino hacia ella.

– ¿Qué es el logos?:

 El logos es una explicación racional de la realidad.  En comparación con el mito, la respuesta del logos a las preguntas por la phýsis y el arjé se sitúa en elementos reales, es decir, objetivos, físicos, desde dentro de la propia naturaleza, sin recurrir a elementos externos o sobrenaturales, como hacía el mito.


2.1. ¿Qué es la naturaleza?:


Los primeros filósofos se preocuparon principalmente de explicar el cambio en el universo. Les llamaba la atención el ciclo de vida y muerte, de crecimiento y corrupción, en definitiva, el proceso continuo de transformación. Y se plantearon que, si todo cambia, las cosas son y no son a la vez (por ejemplo, lo que hace un tiempo era una semilla, ahora es una planta; o lo que ayer era hielo, hoy es un charco de agua). En consecuencia, se preguntaron qué son las cosas en verdad, qué hay detrás de las múltiples apariencias, es decir, si hay algo que permanezca a través del cambio incesante. Esto les llevó a la búsqueda de un principio permanente e inmutable, por encima de la variabilidad y capaz de explicarla. Partiendo de este planteamiento, el pensamiento de los primeros filósofos se organiza en torno a tres problemas conectados entre sí:

1) EL CONCEPTO DE NATURALEZA (PHÝSIS):


 Etimológicamente, tanto en griego (phýsis) como en latín (natura), el término naturaleza se refiere a ‘lo que nace, lo que surge, lo que es engendrado o engendra y, por tanto,  también a cierta cualidad innata o propiedad que pertenece a una cosa y que hace que esta sea lo que es’. Luego para los presocráticos, naturaleza tiene un doble sentido: por un lado, es la fuerza interna que impulsa a algo a crecer y a desarrollarse; por otro, es el sustrato inmutable, la realidad subsistente que está por debajo de todo cambio

2) LA BÚSQUEDA DEL PRIMER PRINCIPIO (ARJÉ):

De acuerdo con su idea de naturaleza, los presocráticos buscaron un elemento inicial y común que al transformarse diera lugar a todo lo existente, pero un elemento que, en el fondo, continuaría estando en todas las cosas a pesar de los cambios. Se trataría, por tanto, de un principio del que todo está hecho, del que todo procede y al que todo retorna. Y sus cualidades serían las de eterno, ilimitado, transformable e inextinguible. El arjé es el origen y causa de toda la naturaleza que permanece a todo cambio. Por ello, podemos decir que el arjé o causa primera es la esencia de la naturaleza. 


3) EL CONOCIMIENTO (DE LA REALIDAD, DE LA PHÝSIS Y DEL ARJÉ):


Distinguen dos modos de conocimiento: empírico y racional. El empírico está basado en la experiencia de los sentidos. El racional está basado en la reflexión sobre lo que transmiten los sentidos, yendo más allá de estos y permitiendo llegar a la esencia y a la verdad (a la naturaleza y al arjé). Los primeros filósofos optaron por el racional. Al hacerlo, establecieron una contraposición entre esencia y fenómeno, es decir, entre la verdadera naturaleza de algo y el modo en que se muestra a nuestros sentidos. (Esta distinción se extendería por la historia de la filosofía, acentuándose especialmente en Platón). En consecuencia, lo que era un problema físico se convirtió en ontológico (búsqueda del ser).


2.2.- LOS MONISTAS:


 Son todos los que consideran que hay un único principio o un único arjé. El monismo es la doctrina filosófica según la cual hay un único arjé o principio a partir del cual surge todo lo demás y al cual todo regresa. Los principales filósofos presocráticos monistas son los siguientes:

Tales de Mileto (640-550 aprox.):


 Según él, el arjé es el agua o lo húmedo

Anaximandro de Mileto (610-545 aprox.):


 Según Anaximandro el arjé no es ninguno de los cuatro elementos, pues pensaba que, teniendo que ser infinito, si uno de ellos fuese el principio, los demás dejarían de existir. Para él es el ápeiron, un principio material indeterminado con las carácterísticas propias del arjé

AnaxíMenes de Mileto (585-528 aprox.):


 Para AnaxíMenes el arjé es el aire, de manera que las cosas se formarían por condensación y rarefacción

Pitágoras de Samos (572-492 aprox.):


 Sostiene que el arjé es el número, entendido no como algo material sino formal y abstracto. Según Pitágoras, el número en cuanto arjé es un principio explicativo.

Heráclito de Éfeso (544-484 aprox.):


 Para él la naturaleza es cambio y devenir, todo está en continuo movimiento y transformación. Según Heráclito,el arjé es el fuego, que expresa perfectamente el eterno fluir de las cosas, su cambio continuo o incesante

Parménides de Elea (540-470):


 En contraste con el planteamiento de Heráclito, este sostiene que el arjé es el ser, del que todo forma parte y fuera del cual no hay nada. Para Parménides la verdadera realidad consiste en este ser único, eterno, inmóvil e inmutable, que no fluye ni cambia, pues, para que así fuese, tendría que haber algo ajeno al mismo, lo cual supondría una contradicción.


2.3.- Los pluralistas


 El pluralismo es la doctrina filosófica según la cual hay una pluralidad originaria de elementos o principios independientes unos de otros e irreductibles entre sí, de cuya combinación surge todo. Cabe destacar tres filósofos presocráticos pluralistas:

Empédocles de Agrigento (492-432 aprox.):


 Para él el arjé son los cuatro elementos materiales: fuego, tierra, agua y aire. 
El amor, que lleva a la uníón, y el odio, que lleva a la separación 

Anaxágoras de Clazomene (500-428):


 Para este el arjé de las cosas es un número infinito de elementos, de gérmenes o semillas (materiales indestructibles, inalterables, invisibles y formadas de todas las cosas)
, diferenciados entre sí cualitativamente, que contienen en esencia. Inventó homeomerías 

Demócrito de Abdera (460-370 aprox.):


 Para Demócrito el arjé son los átomos (‘indivisibles’).
 Estos no se diferencian por sus cualidades sensibles (como las homeomerías), sino por su orden, figura y posición. Entre los átomos está el vacío, que permite la pluralidad, la agrupación y el movimiento


3.- EL GIRO ANTROPOLÓGICO DE LA FILOSOFÍA (LOS SOFISTAS Y SÓCRATES):


 Los primeros filósofos, los presocráticos, se ocuparon de problemas cosmológicos. Pero hacia el siglo IV a. C., la filosofía experimentó un giro antropológico al centrarse en temas relacionados con la naturaleza del ser humano y de la sociedad. Este viraje se debíó, por un lado, al escepticismo resultante de las teorías presocráticas; por otro, a los cambios político-sociales que instauraron la democracia. Se hizo entonces necesario reflexionar sobre cuestiones éticas y políticas.

3.1.- Los sofistas:


 Los sofistas no constituyen propiamente una escuela, pero tienen entre sí afinidades como para considerarlos un movimiento intelectual y cultural. Algunos de los sofistas más célebres fueron Protágoras, Gorgias, Hipias o Calicles. Los elementos comunes que comparten son básicamente tres: 

A) El convencionalismo de las leyes:


Los sofistas viajaron mucho y tuvieron conocimiento de las constituciones de muchas ciudades-Estado. Tal vez esto influyó en su creencia de que las instituciones políticas y las ideas morales no son fijas e inamovibles, sino que son inventos, convenciones, para vivir en sociedad. Por tanto, dependen de las circunstancias. Además, sostienen, fuera de la sociedad los hombres no tienen más ley que la natural de sus instintos.

B) El relativismo:


 La verdad o validez de una afirmación es relativa, pues depende de las circunstancias en que se formule. Desde el punto de vista ético, lo bueno y lo malo no son algo universal y fijo para todos, sino que también dependen de las circunstancias, cambiando en función de estas. Por tanto, no hay valores objetivos y universales, ni normas trascendentes.

 

C) El escepticismo:


Partiendo del convencionalismo y del relativismo, el escepticismo sostiene que todos nuestros conocimientos son dudosos y, por tanto, no se puede afirmar nada con seguridad.


2.3.- Sócrates:


Aunque Sócrates (470-399 a. C.) tiene similitudes con los sofistas, se distingue de ellos en dos cosas fundamentalmente. Primero, porque Sócrates se preocupó más de cuestiones morales que políticas. Además, se interésó por el conocimiento de uno mismo (como cuidado del alma) y del hombre en general. Según él, solo desde el conocimiento de la virtud se puede participar en lo público. De ahí que le importen más los temas morales que los políticos. En segundo lugar, Sócrates se desmarca de los sofistas al ser contrario a las tesis del convencionalismo, del relativismo y del escepticismo. Contra el relativismo, Sócrates defiende la existencia de verdades universales y naturales comunes a todos los hombres, más allá de cualquier época y cultura. Su punto de partida es que, para saber, hay que asumir la propia ignorancia («Solo sé que no sé nada»), pues nadie aprende si cree que sabe.



El método para alcanzar esas verdades universales consta de dos pasos: 

1) Ironía o refutación:

 Este primer paso es negativo en el sentido de que consiste en refutar los falsos argumentos, por tanto, la aparente sabiduría del interlocutor, revelando las contradicciones y prejuicios de este, a fin de que reconozca su propia ignorancia.

2) MayéÚtica (en griego ‘dar a luz’):

 Este segundo paso es positivo, pues ayuda al otro a descubrir la verdad. Consiste en un diálogo dirigido a la búsqueda de un concepto, haciendo que el interlocutor descubra por sí mismo en su interior esas nociones universales que suponen el verdadero saber.
Por consiguiente, Sócrates no enseña ninguna filosofía, enseña a pensar, a razonar, a interrogarse, a reflexionar. Por último, hay que añadir que Sócrates identifica el saber con la virtud moral, es decir, el conocimiento de los conceptos éticos universales con la práctica de la virtud, la cual lleva a alcanzar la felicidad. Esto es así porque, según él, el conocimiento del bien nos conduce a practicarlo, a la virtud, pues solo obrando bien, solo siendo virtuosos, seremos felices. Resumiendo, la razón es igual a la virtud y esta es igual a la felicidad. En consecuencia, nadie obra mal voluntariamente, sino por ignorancia. Esta doctrina socrática se conoce con el nombre de intelectualismo moral.
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